Sta. Teresita de Lisieux

Cartas 53 a 71

Cta 53 A Celina

 

17 de junio de 1888

J.M.J.T.

Domingo, junio de 1888

Querida Celina:

Me harías un gran favor si me enviases lo ANTES posible la tela que compraste

para hacerte un delantal. Necesito también la falda escocesa que tenías para

disfrazarte. Envíame también todas las cintas blancas aprovechables que tengas;

hay una que yo llevaba en la cabeza el día de mi primera comunión; puedes coger

también la del sombrero1... Es para representar a santa Inés2...

Hermanita querida, ¡qué bueno es Dios contigo! ¡Si pudieses comprender qué

gracia tan grande recibiste el viernes3! Creo, realmente, que es la gracia que

estabas esperando. ¿Recuerdas que me decías: «Pero yo no he recibido la gracia

decisiva»4? Estoy convencida de que es ésa. Ahora tienes que ser toda de Jesús. Él

es más que nunca todo tuyo. Él ha puesto ya en tu dedo el anillo misterioso de los

esponsales5. Él quiere ser el único dueño de tu alma.

Hermana querida, tú y yo somos verdaderamente HERMANAS en el sentido más

hondo de esta palabra.

Adiós. Desde lejos mi corazón lee en el tuyo.

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

[tv] Dale un beso de mi parte a mi incomparable Rey.

 

NOTAS Cta 53

1 El sombrero de su primera comunión.

2 En la fiesta de la madre María de Gonzaga, el 21 de junio. Se trata de un sainete

compuesto por sor Inés de Jesús; se encuentra publicado en VT nº 71 (cf Poésies

II, pp. 180-183).

3 El 15 de junio Celina había anunciado a su padre su vocación al Carmelo.

4 El 9 de abril, día de la entrada de Teresa en el Carmelo, Celina había recibido

una propuesta de matrimonio que la dejaba indecisa sobre el camino a seguir.

5 Cf PN 26,3,2.

 

 

 

Cta 54 A sor Inés de Jesús

 

4 (?) de julio de 1888


 

 

 

J.M.J.T.

El balido del cordero amado de Jesús ha resonado en los oídos del corderito1 como

una dulce música... ¿Dónde ha aprendido el cordero la melodía de Cecilia2?

¡La eternidad! Sí, el corderito vive sumergido en ella. Quiere lanzarse a ella de un

salto detrás del cordero, pero necesita que la música de su dulce cordero le abra el

camino.

El grano de arena, a pesar de su pequeñez, quiere construirse hermosas

eternidades, y quiere construirlas también para las almas de los pecadores; pero,

¡ay!, todavía no es [vº] lo bastante pequeño ni suficientemente insignificante.

El cordero y el corderito tienen que alcanzar la palma de Inés; si no es por la

sangre, habrá de serlo por el amor... ¡He ahí el sueño del grano de arena!

¡Sólo Jesús! Nada más que él. El grano de arena es tan pequeño, que si quisiese

meter en su corazón a alguien que no sea Él, ya no habría sitio para Jesús...

Que el blanco cordero ruegue por el oscuro grano de arena, para que llegue a ser

brillante y luminoso en la eternidad.

La cañita3 de Jesús

 

NOTAS Cta 54

1 Acerca de este sobrenombre de Teresa, cf CG p. 378+b. «El cordero», sor Inés,

está haciendo desde el 1 de julio unos ejercicios espirituales de diez días.

2 Alusión al oficio litúrgico de santa Cecilia: «La virgen Cecilia cantaba en su

corazón a su único Señor» (primer responsorio de Maitines). Esta es la primera vez

que se menciona en los Escritos a esta santa.

3 La «caña» es un símbolo importante para Teresa, que aparece en su escudo de

armas (Ms A 85vº). Lo volvemos a encontrar en Cta 49 y 55 y en LC 84, 85, 120;

cf CG p. 379+g. En su toma de hábito, Teresa recibirá una caña como signo con el

que marcar algunas de sus ropas.

 

 

 

Cta 55 A sor Inés de Jesús

 

5-9 de julio de 1888

Gracias al cordero querido por haber hecho escuchar una vez más al corderito la

música del cielo. El dulce céfiro ha agitado suavemente a la cañita...

Eran las 9 pasadas cuando la caña descubrió el papelito1. No lucía ya la luz de la

tierra2, pero su corazón supo descifrar mejor que sus ojos la música de santa

Cecilia, ¡y no perdió ni una sola palabra...!

Sí, yo deseo esas angustias del corazón, esos alfilerazos de los que habla el

cordero. A la cañita no le importa en absoluto doblarse, no tiene miedo de

romperse, pues ha sido plantada al borde de las aguas; en [vº] vez de quedarse allí

en el suelo, cuando se dobla, sólo encuentra una onda bienhechora que la fortalece

y le hace desear que una nueva tormenta vuelva a desatarse sobre su frágil cabeza.

Toda su confianza reside en su debilidad, y no puede quebrarse porque, le ocurra lo

que le ocurra, sólo quiere ver en ello la mano de Jesús...


 

 

 

A veces, a la caña, una débil ráfaga de viento puede resultarle más insoportable

que las grandes tormentas; y entonces va a remojarse en su arroyo querido. Pero

tampoco esas débiles ráfagas de viento consiguen que se doble demasiado hacia la

tierra, son los alfilerazos...

Mas ningún sufrimiento es excesivo para conquistar la palma3...

 

NOTAS Cta 55

1 Un billete que sor Inés había deslizado bajo la puerta de la celda de Teresa.

2 Eran las 9 de la noche, hora solar.

3 La palma de santa Inés: cf Cta 54

 

 

 

Cta 56 A sor Inés de Jesús

 

11 de julio de 1888

¡Qué dicha volver a ver mañana el dulce rostro del cordero!1.

Pero el corderito suplica al cordero que no dé todavía el salto hacia el cielo. Si su

sitio está ya preparado para él, que piense en el pobre corderito, que espere un poco

más para que el corderito pueda saltar también, y entonces se irán los dos juntos a

su patria. Sus corazones, que nunca pudieron saciarse en la tierra, irán a abrevarse

en las mismas fuentes del amor.

¡Ah, el dulce festín! ¡Qué alegría ver a Dios2, ser juzgados por Aquel a quien [vº]

hemos amado sobre todas las cosas3!

He soñado que el cordero volaría pronto hacia su patria, pero espero que se quede

todavía un poco más en el exilio para guiar al pobre corderito...

 

NOTAS Cta 56

1 Durante los ejercicios espirituales, las hermanas llevaban el velo echado sobre el

rostro, en señal de soledad, cuando estaban en comunidad.

2 El deseo de «ver a Dios», aunque menos acentuado que el deseo de amar, no está

ausente ni es tampoco secundario en Teresa, como en ocasiones se ha querido

deducir erróneamente de CA 15.5.7. Cf PN 5,5, y 13; 17,15; 18,54; 22,17; (23,3);

24,27; 33,2; 36,4; RP 3,12v (3f); 19 rº/vº; Ms C 4vº; Cta 95, 96, 186, 254.

3 SANTA TERESA DE JESUS, Camino de perfección, c. 42. [Así en la edición

francesa. En realidad es C 40,8. N. del T.]

 

 

 

Cta 57 A Celina

 

J.M.J.T.

Sólo Jesús + Lunes, 23 de julio de 1888

Querida hermana:

Tu Teresa ha comprendido toda tu alma; incluso ha leído mucho más de lo que le

has escrito. He comprendido la tristeza del domingo, yo misma la he vivido toda


 

 

 

entera... A medida que iba leyendo, me parecía que nos animaba la misma alma;

entre nuestras almas hay algo tan sensible, que nos asemeja tanto... Siempre hemos

estado juntas; nuestras alegrías, nuestras penas, todo ha sido común. Y siento que

esto continúa en el Carmelo... Nunca, nunca jamás nos separaremos. ¿Sabes?, sólo

el lirio amarillo1 habría podido alejarnos un poco. Te lo digo porque estoy segura

de que tu lote será siempre un Lirio blanco, puesto que tú le has escogido y él te

escogió a ti primero... ¿Comprendes el lenguaje de los lirios...?

[1vº] Alguna vez me he preguntado por qué Jesús me había escogido a mí la

primera. Ahora lo comprendo: mira, tu alma es un lirio siempreviva2. Jesús puede

hacer con él lo que quiera. Importa poco que esté en un lugar o en otro. Siempre

será siempreviva. La tempestad no puede hacer caer el amarillo de los estambres en

su blanco cáliz perfumado: Jesús lo ha hecho así. Él es libre, y nadie puede pedirle

cuentas de por qué concede sus gracias a un alma en vez de a otra3.

Al lado de ese lirio Jesús colocó a otro, su compañero fiel4. Crecieron juntos, pero

uno era siempreviva y el otro no lo era, y Jesús tuvo que coger su lirio antes de que

se abriese la flor se entreabriera, para que los dos lirios fuesen para él... El uno era

débil, el otro fuerte. Y Jesús cogió al débil y dejó al fuerte para que se embelleciese

con un brillo nuevo... Jesús les pide TODO a sus dos lirios, no quiere dejarles nada

más que su blanca vestidura... ¡TODO! ¿Comprende la siempreviva a su

hermanita...?

[2rº] La vida, a menudo, resulta pesada. ¡Cuánta amargura, pero cuánta dulzura

también! Sí, la vida cuesta, es duro comenzar un día de trabajo; tanto el débil

capullo como el hermoso lirio lo han comprobado... ¡Y si al menos se sintiese a

Jesús...! ¡Por él, todo se haría a gusto! Pero no, él parece estar a mil leguas,

estamos solas con nosotras mismas. ¡Y qué enojosa resulta la compañía cuando no

está Jesús!

¿Pero qué hace, entonces, este dulce amigo? ¿No ve nuestra angustia y el peso que

nos oprime? ¿Dónde está? ¿Por qué no viene a consolarnos, puesto que no tenemos

otro amigo?

Pero no..., él no está lejos. Está muy cerca y nos mira y nos mendiga esta tristeza,

esta agonía... La necesita para las almas, para nuestra alma: ¡quiere darnos tan

hermosa recompensa, es tan grande lo que él anhela para nosotras!

Pero ¿cómo podrá él decir un día: «Ahora me toca a mí»5 si aún no ha llegado

nuestro turno, si todavía no le hemos dado nada? A él le cuesta mucho abrevarnos

de [2vº] tristezas, pero sabe que ésa es la única forma de prepararnos a «conocerle

como él se conoce y a convertirnos nosotras mismas en dioses». ¡Oh, qué destino!

¡Qué grande es nuestra alma...! Elevémonos por encima de lo que es pasajero,

mantengámonos a distancia de la tierra. Allá arriba el aire es puro. Jesús se

esconde, pero se le adivina... Derramando lágrimas, enjugamos las suyas, y la

Santísima Virgen sonríe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto por causa nuestra! Justo

es que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con ella...

Esta mañana leí un pasaje del Evangelio donde se dice: «No he venido a traer paz,

sino espada». No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no tenemos fuerzas


 

 

 

para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos juntas el hacha a la raíz del

árbol...6.

¡Pobre borrador de Teresa! ¡Qué carta, qué confusión! Si hubiese podido decir todo

lo que pienso, Celina [2vºtv] tendría lectura para rato...

Jesús es muy bueno al habernos concedido encontrar una madre como la que

tenemos7. ¡Qué tesoro! Si la hubieses visto, hermanita, traerme tu carta esta

mañana a las seis8...! Me emocionó...

Jesús te pide TODO, TODO, TODO, como se lo puede pedir a los más grandes

santos.

Tu pobre hermanita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 57

1 «El lirio amarillo en nuestro lenguaje íntimo significaba el matrimonio», anota

sor Genoveva.

2 «Siempreviva» [«immortelle» escribe Teresa: N. del T.]: flor simbólica que sor

Inés de Jesús aplicaba a Celina. Esto explica que Teresa escriba «immortelle» en

femenino, sin preocuparse de hacerlo concordar con «lis» [lirio, masculino: id.].

3 Cf Ms A 2rº/3rº.

4 La propia Teresa.

5 Cita de Arminjon, Fin du monde présent..., p. 290. Respuesta a Celina, que acaba

de citar: «Ahora me toca a mí» (LC 86), frase que había encontrado en un

cuaderno escolar en el que Teresa había copiado varios pensamientos de Arminjon

en 1887. La lectura de ese libro ejerció un influjo considerable en Teresa

adolescente (cf Ms A 47rº/vº; Cta 94, 107, 157, 169, todas ellas dirigidas a Celina).

La cita de san Pablo [en 2vº] está también en Arminjon.

6 Cf Im I, 11, 4.

7 La madre María de Gonzaga.

8 Al terminar la oración de la mañana.

 

 

 

Cta 58 Al señor Martin

 

J.M.J.T.

El Carmelo, 31 de julio de 1888

Mi querido Rey:

¡Si supieras cómo nos gustó tu carpa, tu monstruo! Hubo que retrasar la comida

media hora. María del Sagrado Corazón hizo la salsa. Estaba delicioso, sabía a

cocina de mundo. Era incluso mejor que la suntuosa cocina de Italia, lo cual no es

poco decir, porque ¡vaya banquetes...! ¡Y vaya compañía! ¿Te acuerdas, [1vº]

papaíto...? Pero no siempre es eso lo que abre el apetito, al menos a mí, pues nunca

he comido tanto como desde que estoy en el Carmelo. Me siento totalmente en mi

centro. Si la señorita Paulina1 estuviese ahí, diría que «he encontrado mi camino».


 

 

 

Tu Diamante no puede escribirte porque está de colada general, pero eso no le

impide pensar en ti, papaíto querido; te abraza con todo su corazón, y tú sabes que

el corazón de tu hija mayor no es precisamente pequeño.

Pienso en lo que tú tantas veces nos decías: «Vanidad de vanidades y todo

vanidad2, vanidad de la vida que pasa», etc. Cuanto más vivo, más verdad me

parece que todo es vanidad sobre la tierra.

[2rº] Siempre que pienso en ti, papaíto querido, pienso naturalmente en Dios, pues

me parece imposible encontrar a alguien más santo que tú en la tierra.

Cuando pienso que dentro de ocho días hará cuatro meses que estoy en el Carmelo,

no me lo puedo creer. Me parece que he estado siempre aquí, y por otra parte me

parece que fue ayer cuando entré. ¡Cómo pasa todo...!

Cuanto más vivo, papaíto querido, más te quiero. No sé cómo puede ser eso, pero

es la pura verdad; me pregunto lo que será al final de [2vº] mi vida...

Me siento muy orgullosa de mi título de Reina de Francia y de Navarra, y espero

merecerlo siempre. Jesús, el Rey del cielo, al tomarme para sí, no me ha quitado a

mi santo Rey de la tierra. ¡No!, si mi papaíto querido así lo quiere y no me

encuentra demasiado indigna, yo seré siempre: la Reina de Papá.

La Perla fina te manda un abrazo muy fuerte.

Adiós y hasta pronto, mi querido Rey. Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 58

1 Paulina Romet.

2 Im I, 1, 3.

 

 

 

Cta 59 Al señor Guérin

 

Jesús + J.M.J.T.

El Carmelo, 22 de agosto de 1888

Querido tío:

Acabamos de recibir una carta de nuestra tía donde nos cuenta todo lo que usted

está pasando. Aunque lejos de usted, también su sobrinita comparte su dolor y

quisiera estar cerca de su tío para consolarle; pero ¿qué podría hacer ella, en

realidad...? No, es preferible que esté en el Carmelo; aquí, al menos, puede pedir

todo lo que quiera al único que puede dar el consuelo, [1vº] que lo derrame

abundantemente en el corazón de su querido tío.

El estado del señor David1 nos apena mucho. Comprendo, querido tío, cuánto

deben estar sufriendo ustedes, pues no hay nada tan doloroso como ver sufrir a los

que amamos. Sin embargo, doy gracias a Dios con todo el corazón por la gracia tan

grande que ha tenido a bien conceder a esa hermosa alma. ¡Qué disposiciones para

comparecer ante él! Es verdaderamente admirable. Todo lo que nos ha contado

nuestra querida tía me ha llegado muy hondo.


 

 

 

Era imposible, tío, que Dios no le concediese a usted este consuelo después de todo

lo que hace [2rº] por su gloria. ¡Qué hermosa me parece la corona que Dios le

tiene reservada! No puede ser de otra manera, pues toda su vida no es más que una

perpetua cruz, y Dios no obra así más que con los grandes santos.

¡Qué dicha pensar que en el cielo nos reuniremos para no separarnos ya más!

Verdaderamente, sin esta esperanza la vida sería insoportable...

Querido tío, no sé lo que usted pensará de su pobre sobrinita, que deja correr la

pluma sin pensar mucho en lo que dice; si su corazón pudiese escribir, DIRIA

cosas muy distintas, pero se ve obligado a confiarse a esta fría pluma, [2vº] que no

sabe expresar lo que él siente. Lo pongo en manos de mi ángel de la guarda, creo

que un mensajero celestial cumplirá bien mi encargo; le envío al lado de mi tío

querido para que vierta en su corazón tanto consuelo cuanto nuestra alma puede

contener en este valle de lágrimas...

Adiós, querido tío. Le pido que salude de mi parte a la señora de Fournet, me

asocio de corazón a su dolor. A usted le envío toda la ternura que encierra mi

corazón, y continuaré rogando sin cesar por el señor David.

Su sobrinita, que quisiera disminuir un poco su dolor,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 59

1 El señor David, primo carnal de la señora Journet, madre de la señora Guérin,

estaba muy grave.

 

 

 

 

Cta 60 A la señora de Guérin

 

Jesús + J.M.J.T.

El Carmelo, 28 de agosto de 1888,

6 de la mañana

Querida tía:

Ayer tarde nos enteramos de la muerte del señor David. Aunque esperábamos

recibir en cualquier momento la triste noticia, me conmoví mucho al saber el

desenlace. Ruego a Dios que acoja en su paraíso a esa alma tan santa; tal vez esté

ya allí, pues con unas disposiciones tan perfectas como las suyas se puede ir

derecho al cielo.

[1vº] Pido a Dios, querida tía, que derrame en su alma el consuelo. Ya se mostró

muy bondadoso al escuchar todas las oraciones que ustedes le dirigieron para

ofrecerle el alma de su querido pariente. Si desde lo hondo de su soledad, su hijita

pudiese esperar haber tenido una pequeña parte en ello, se sentiría muy dichosa.

Pienso, querida tía, que en los momentos de gran tristeza necesitamos de mirar al

cielo; allí, en lugar de llorar, todos están alegres porque nuestro Señor posee un

elegido más, un nuevo sol1 ilumina con sus rayos a los ángeles del cielo, todos


 

 

 

viven ya el rapto del éxtasis divino y se extrañan de que nosotros podamos [2rº]

llamar muerte al comienzo de la vida. Para ellos, nosotros estamos en un estrecho

sepulcro, mientras que su alma puede trasladarse hasta el confín de las «playas

celestes, de horizontes infinitos»2... Querida tía, cuando se piensa en la muerte del

justo, no se puede por menos de envidiar su suerte. Para él ya no existe el tiempo

del destierro; para él ya no hay más que Dios, nada más que Dios.

¡Cuántas cosas, querida tía, tendría para decirle esta su hijita! ¡Piensa tanto, tanto,

su corazón! Esta mañana está toda ella perdida en la inmensidad y en la añoranza

de la muerte de los santos. Pero me falta tiempo para terminar este borrador, y

tengo que cortar, porque la campana acaba de advertirme que es hora de terminar.

Ofrezco este pequeño sacrificio a Jesús, para que se digne consolarles con su mano

bondadosa.

Su hijita, que está con el corazón cerca de usted y de sus queridas hermanitas3,

Teresa del Niño Jesús

 

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 60

1 Cf Arminjon, op. cit., p. 312.

2 Lamennais, Une voix de prison. A la señora de Martin le gustaba citar este texto.

3 Sus primas Juana y María Guérin.

 

 

 

Cta 61 Al señor Martin

 

J.M.J.T.

Jesús + Carmelo, 25 de agosto de 1888

Querido papaíto:

Por fin, ha llegado el día en que tu Reina puede felicitarte tu santo en todos los

tonos, ya que está en el Carmelo en compañía de tus joyas: el Diamante y la Perla

fina...

¡Pobre Reinecita! Debiera hacerse a un lado para dejar paso a las espléndidas

alhajas de su Rey; pero la verdad es que no puede, resignarse a ello. También ella

tiene su título y puede mostrarlo [1vº] a quien quiera verlo, está sellado por la

mano misma de su Rey: Reina de Francia y de Navarra. No tiene otra cosa, pero

creo que basta para ser admitida a la presencia de su Rey. Por lo demás, nadie

intenta disputarle su derecho, que hasta en el extranjero le reconocen: en Italia, en

Roma, todos sabían que la Reina estaba allí...

Mi querido Rey, tu reinecita querría tener magníficos presentes que ofrecerte, pero

no tiene nada. Además, ella no es nada fácil de contentar. Todos los palacios del

Vaticano, cargados de regalos, no le parecerían lo bastante bellos para su Rey. Ella

sueña con algo más [2rº] regio, necesita tesoros inmensos, horizontes infinitos1. Lo

que ella quisiera dar a su Rey no se encuentra aquí en la tierra, sólo Jesús lo posee.


 

 

 

Por eso va a pedirle que colme a su Rey de alegrías celestiales. A un padre que no

es de la tierra nada terreno puede llenarlo.

Ya ves, querido papaíto, que aunque parece que no te ofrezco nada, te hago un

magnífico regalo; si no cautiva tus ojos, cautivará al menos tu corazón, porque

espero que Dios escuche mi plegaria.

Sin embargo, papaíto querido, aun diciéndote que sólo deseo cautivar tu corazón,

te mando [2vº] una estampita pintada por tu reina. Espero que, a pesar de mi escaso

talento, te guste; la Perla fina ha querido ayudarme con sus consejos de artista y

compuso el precioso dibujo, pero se empeñó en que la pintase yo sola. El mérito no

es mucho; pero mi impericia es tan grande y mi Rey tan indulgente, que espero

darle un poquito de gusto enviándole esta estampita.

Hasta pronto, papaíto querido. Si tu Reina no está hoy a tu lado, no te quepa la

menor duda de que lo está con el pensamiento y con el corazón, te desea la mejor

de las fiestas que hayas tenido nunca en tu vida, y te abraza con todo su corazón.

Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 61

1 Cf Cta 60, n. 2.

 

 

 

Cta 62 A María Guérin

 

septiembre de 1888

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, jueves.

Querida hermanita:

Empecé a escribirte el martes por la noche, y hace un momento quise continuar la

carta; pero las cosas que entonces te decía no son las que hoy quiero decirte, así

que he preferido volver a empezar.

Gracias por tu preciosa carta. Si me hubiese escrito Mme. de Sevigné, seguro [1vº]

que no me habría dado mayor alegría.

Si mi primita se acuerda mucho de mí, también yo estoy con mucha frecuencia

espiritualmente con ella. Igual que tú, yo también necesito oír hablar a menudo de

mi Mariíta, y sobre todo hablar yo misma de ella. Me desahogo hablándole a Dios

de mi querida hermanita, no temo nunca que a él le parezca que le hablo

demasiado de ti, pues estoy segura de que a mi Mariíta Dios la tiene muy dentro de

su corazón.

Querido diablillo, ¡cuántas cosas tendría que decirte! [2rº] Pero el tiempo se pasa

volando, veo que se me escapa con asombrosa rapidez. Es tarde y te estoy

escribiendo a la luz de tu lamparilla; ya ves que mi escritura se resiente de mi prisa.

Lo que me consuela de tener tan mala letra es pensar que en el cielo no tendremos


 

 

 

necesidad de este medio para comunicarnos nuestros pensamientos, ¡será una

suerte para mí...!

Ayer recibí una visita. Te apuesto que no la adivinas ni a la de cien... Una elegante

dama de MUNDO, su querido marido, una señorita de dieciséis años y un señorito

de catorce... ¿Vas cayendo...? Era la madrina [2vº] que plantaba verbenas1... Venía

acompañada de su sobrina Th. Gilbert y de su sobrino Pedro. ¡Ay, mundo, mundo!

¡Si la hubieras visto en el locutorio! Al verme tras de la reja, casi cantaba:

«¡Cuánto pena mi corazón, mi corazón!»

Es hora de acabar con mi cháchara, y, sin embargo, no he dicho nada interesante a

mi querida primita. Pero ¿qué puede esperarse de una persona como yo, que

escribe sin pensar que su papel se va llenando de trivialidades, teniendo tantas

cosas serias que decir...? Perdóname...

[2rºtv] Termino, querida Mariíta, pidiéndote un favor: serías muy amable si,

mientras te paseas por ese hermoso parque2, pudieses encontrar algunos musgos

secos, cortezas de árboles, etc. Es para hacer trabajitos, belenes por ejemplo. Si es

molestia, no me lo envíes, sólo si lo encuentras paseándote.

Siento mucho que mi tía esté enferma. Me acuerdo mucho de ella y no dejo de

rezar por su pronta curación. Dale un beso muy FUERTE de parte de su hijita,

¡pero sin hacerle daño...!

[2vºtv] Dale un beso también a mi QUERIDA Juanita, y a Celina y Elena3. De

ellas, que no están enfermas, no tengo compasión: así que te pido que las beses lo

más fuerte que puedas.

Veo, querida Mariíta, que mis besos no tienen fin, pero todavía no he terminado,

pues no te los he dado a ti, que eres la encargada de repartirlos. Así que a todas las

personas a quienes se los vas a dar les pido que te devuelvan todos los que puedan.

Y como dudo que mi petición sea cumplida, te mando yo un beso yo con todo el

corazón, pero muy fuerte, tan fuerte que si tuvieses un flemón, se reventaría, como

pasó antes del viaje a Roma.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 62

1 Madamme Tifenne, madrina de Leonia.

2 En el castillo de La Musse, que acababan de heredar los Guérin a la muerte del

señor David.

3 Celina y Elena Maudelonde, primas carnales de Juana y María.

 

 

 

Cta 63 Al señor Martin

 

30 de septiembre de 1888

J.M.J.T.

El Carmelo, 30 de septiembre


 

 

 

Mi rey querido:

Tu Reinecita se siente abrumada bajo el peso y la magnificencia de tus regalos1, ya

se ve que es un Rey quien se los ofrece a su Reina.

Lo primero que vi llegar fue el encaje de punto de Alençon; es, de verdad,

absolutamente regio. No sé cómo darte las gracias [1vº] por tan hermosos regalos.

¿Dónde quedan ya los tiempos en que tu Reinecita saltaba de alegría ante una

chuchería de CINCO CENTIMOS que su Rey le regalaba?2. También ahora su

corazón se sentiría dichoso, pero el del Rey necesita dar más, por eso ofrece a su

Reina un encaje digno de LA REINA DE FRANCIA Y DE NAVARRA.

Es verdad, querido papaíto, que si tu Reina no es digna de tantas riquezas, éstas

nunca serán demasiado hermosas para el Esposo divino a quien tú la has entregado;

por eso, [2rº] seré feliz llevándolas; de lo contrario, realmente no me atrevería a

llevarlas, pues todavía no soy más la Huerfanita de la Berezina, y hasta el día de

mi toma de hábito no mereceré llevar mi título de Reina.

Todavía tengo una dulce misión que cumplir: la de darte las gracias, en mi nombre

de Reina y en nombre del Diamante de y la Perla fina, por el alud de peras,

cebollas, ciruelas y manzanas que salió del torno como de una cornucopia. ¿De

dónde venía todo aquello? Un viejecito dijo que se trataba de un señor que vivía

por el jardín de la Estrella3. [2vº] No podía ser nadie más que tú. Por eso, papaíto

querido, la provisión fue bien recibida y se le dispensó un buen recibimiento sin

hacernos de rogar. Tiene gracia la cosa: le costó menos entrar que a tu Reina, que

tuvo que ir a Roma para conseguir que le abrieran la puerta...

Las enormes cebollas me alegraron el corazón, me hicieron pensar en las de

Egipto, no las echaremos de menos como los israelitas. Pensé también en las de

Lion4, que costaban 0'50 céntimos y eran tan gordas.

Bueno, Rey mío, creo que tu Reina te está aburriendo con su cháchara, pero está

tan contenta que no puede menos de decírtelo. Te da las gracias por todo, y te

abraza con todo su corazón.

Teresa del Niño Jesús

 

NOTAS Cta 63

1 En previsión de la toma de hábito de Teresa, el señor Martin le manda ya una

pieza de encaje de punto de Alençon.

2 Cf Ms A 14rº.

3 Parque privado situado en las proximidades de los Buissonnets.

4 Teresa había visitado Lyon al regreso de su viaje a Roma.

 

 

 

Cta 64 Al señor Martin

 

8-15 de octubre (?) de 1888

Mi querido Rey:

Me gustaría escribirte una larga carta, pero no puedo, porque estoy de retiro. ¡No

sabes cuánto te quiere tu Reinecita...!


 

 

 

Como tengo que enviar una carta a la hija del Rey -la princesa Leonia-, he pensado

que la mejor forma de [vº] hacerle llegar mi mensaje era por medio del mismo Rey.

Y por esa razón me dirijo a «Su Majestad el Rey de Francia y de Navarra". Si no

brilla su dignidad a los ojos de los hombres, yo sé muy bien que en el cielo se

manifestará a los ojos de Dios. Y entonces, el menor de los elegidos será como el

jefe de un pueblo numeroso1, y, Rey mío, ¡qué dignidad...!

Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

 

NOTAS Cta 64

1 Citado en Im III, 58, 9.

 

 

 

Cta 65 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 20 de octubre de 1888

Mi querida Celina:

Así que mañana es tu santo1. ¡Cómo me gustaría ser yo la primera en felicitarte!

Pero si no es posible, puedo hacerlo al menos en mi corazón.

¿Qué quieres que te regale para tu santo? Si escuchase a mí corazón, le pediría a

Jesús que me enviase a mí todas las penas, todas las tristezas, todos los problemas

de la vida de mi querida Celina; pero, ya ves, no lo escucho, porque tengo miedo a

que [1vº] Jesús me diga que soy una egoísta, pues entonces querría que me diese a

mí lo mejor que él tiene, sin dejar ni siquiera un poco para su prometida, a quien

tanto ama.

Si le hace sentir la separación2, es para demostrarle su amor; por tanto, no puedo

pedirle eso a Jesús. Y, además, él es tan rico, tan rico, que tiene de sobra para

enriquecernos a las dos...

¡Y pensar que, si Dios nos diese el universo entero con todos sus tesoros, eso no

sería comparable con el más ligero sufrimiento! ¡Qué gracia tan grande cuando por

la mañana nos sentimos sin ánimo y sin fuerzas para practicar la virtud! Ese es el

momento de poner el hacha a la raíz del árbol3. En vez de perder el tiempo en

reunir unas pocas pepitas de oro, extraemos [2rº] diamantes, ¡y qué ganancia al

final de la jornada...! Es cierto que a veces nos despreocupamos durante algunos

instantes de acumular nuestros tesoros. Ese es un momento peligroso, pues se ve

una tentada de mandarlo todo a paseo; pero con un acto de amor, aun no gustado,

todo queda reparado, y con creces: Jesús sonríe, nos ayuda sin parecer que lo hace,

y nuestro y débil amor enjuga las lágrimas que los malos le hacen derramar. El

amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le parecen difíciles4. Jesús no

mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad, cuanto el amor con

que se hacen5...

Hace algún tiempo encontré una frase que me parece muy hermosa. Es ésta, creo

que te va a gustar: «La resignación es todavía distinta de la aceptación de la


 

 

 

voluntad [2vº] de Dios; existe entre ellas la misma diferencia que entre la unión y

la unidad. En la unión hay todavía dos, en la unidad no hay más que uno»6. ¡Sí, no

seamos más que uno con Jesús! Despreciemos todo lo que es pasajero. Nuestros

pensamientos deben dirigirse al cielo, pues allí está la morada de Jesús. Pensaba

hace unos días que no debemos apegarnos a lo que nos rodea, pues podríamos vivir

en otro lugar distinto de éste en que vivimos, y entonces nuestros afectos y

nuestros deseos ya no serían los mismos... No sé explicarte mi pensamiento, soy

demasiado torpe para hacerlo, pero cuando te vea te lo diré de palabra.

¿Por qué te habré dicho todas estas cosas que tú sabes mucho MEJOR que yo?

Perdóname. Necesitaba tener contigo una conversación como las que teníamos

antaño. Pero ese tiempo no pasó, seguimos siendo las dos una MISMA ALMA, y

nuestros pensamientos siguen siendo los mismos que eran en las ventanas del

mirador7...

Me llena de alegría pensar que un día celebraremos tu santo en la ciudad celestial.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

[2vºtv] Sí, es muy triste pensar que el Padre8 se va para el Canadá. ¡Pero nos queda

Jesús...!

 

NOTAS Cta 65

1 Santa Celina, virgen, patrona de Meaux y compañera de santa Genoveva.

2 La separación de Teresa.

3 Im I, 11, 4.

4 Ibid., III, 5, 4.

5 SANTA TERESA DE JESÚS, M7,4,15.

6 Mme. Swetchine: cf CA 23.7.5.

7 Cf Ms A 48rº.

8 El P. Pichon. Se embarcaba el 3 de noviembre en El Havre. Teresa ya no volvería

a verlo en esta vida.

 

 

 

Cta 66 Al señor Martin

 

15 de noviembre de 1888

Mi querido Rey:

¡Qué bueno es Dios por haberte curado!1 Te aseguro que tu Reinecita estuvo muy

preocupada, y realmente había motivos para ello, pues estuviste [1vº] muy

enfermo. Todo el Carmelo estaba en oración, y por eso Dios acabó por escuchar

sus plegarias y me devolvió a mi Rey. Pero ya sabes, querido papaíto, que ahora

que Dios ha hecho lo que deseábamos, te toca a ti hacernos completamente felices.

La Huérfana de la Berezina [2rº] te suplica que te cuides MUCHO, todo lo que

haga falta, ya sabes que la Intrépida nº 22 entiende de eso. Así que te ruego que

respetes ese título (que le ha dado el mismo Rey) y que te cuides cuanto sea

necesario.


 

 

 

Tu Reinecita está siempre a tu lado [2vº] con el corazón. ¿Cómo va a olvidar a su

Rey tan bueno...? Y, además, me parece que el cariño se agranda, si es posible,

cuando se ha sufrido tanto...

Adiós, mi Rey querido. Y sobre todo, cuídate mucho para dar gusto a tu Reina,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

 

NOTAS Cta 66

1 Cf Ms A 72rº. [El señor Martin había sufrido un nuevo ataque de parálisis. N. del

T.].

2 Sobrenombre que el señor Martin había puesto a Celina. La Intrépida nº 1 era

María.

 

 

 

Cta 67 A la señora de Guérin

 

18 de noviembre de 1888

J.M.J.T.

Querida tía:

Permítale a su hijita ir también ella a ofrecerle su humilde felicitación. Le va a

parecer bien poca cosa, comparada con las que ya habrá recibido; pero no importa,

su corazón no puede dejar de decir a su tía querida cuánto la quiere.

[1vº] Esta mañana, en la comunión, he pedido mucho a Jesús que la colme de sus

alegrías. ¡Ay, no es eso precisamente lo que él nos está enviando desde hace algún

tiempo! Es la cruz, sólo la cruz, lo que él nos ofrece para descansar... Si yo fuera la

única que sufriese, querida tía, no me importaría; pero sé muy bien hasta qué punto

ustedes comparten nuestro dolor1.

Yo quisiera, en este día de su santo, quitarle todas las tristezas y cargar sobre mí

todas sus penas. [2rº] Así se lo pedía hace un momento a aquel cuyo corazón late al

unísono con el mío; y comprendí que lo mejor que él podía darnos era el

sufrimiento, que no lo da más que a sus amigos predilectos. Y esta respuesta me

hacía ver que no estaba siendo escuchada, pues veía que Jesús amaba demasiado a

mi querida tía para quitarle la cruz...

Me ha emocionado mucho, querida tía, con la hermosa tarta que nos ha mandado.

En vez de [2vº] felicitarle nosotras su santo, es usted quien nos lo felicita a

nosotras. La verdad, ¡es demasiado! ¡Yo no tengo para regalarle a mi querida tía

más que una pobre estampita, pero confío que sólo mirará a la intención de su

hijita!

Adiós, querida tía, me parece que en la tribulación usted está más cerca aún de su

hijita,

Teresa del Niño Jesús

post. carm.ind.

La carta de sor María del Sagrado Corazón estaba ya terminada cuando recibimos

la tarta. Me encarga que se lo agradezca mucho.


 

 

 

 

 

NOTAS Cta 67

1 La enfermedad del señor Martin.

 

 

 

Cta 68 Al señor Martin

 

J.M.J.T.

El Carmelo, 25 de noviembre de 1888

Querido papaíto:

Tu Reina piensa constantemente en ti y reza todo el día por su Rey. Soy muy feliz

en el dulce nido del Carmelo, y lo único que deseo ya en la tierra es ver a mi Rey

completamente curado. Pero sé muy bien por qué nos manda Dios esta prueba:

para que ganemos el [1vº] cielo. Él sabe que nuestro padre es lo que más amamos

en la tierra; pero sabe también que es necesario sufrir para alcanzar la vida eterna,

y por eso nos prueba en aquello que nos es más querido.

Presiento también que Dios va a dar a mi Rey, en el reino del cielo, un trono

magnífico; tan bello y tan por encima de todo pensamiento humano, que se puede

decir con san Pablo: «Ni el ojo del hombre [2rº] vio, ni su oído oyó, ni su corazón

puede comprender lo que Dios tiene reservado para los que ama".

¿Y hay alguien a quien Dios ame en la tierra más que a mi querido papaíto...? La

verdad es que no puedo creerlo... Hoy, además, él nos está dando la prueba de que

no me equivoco, pues Dios prueba siempre a los que ama. Y estoy convencida de

que Dios hace sufrir tanto en la tierra, a fin de [2vº] el cielo les parezca mejor a sus

elegidos. Él dice que, en el último día, enjugará todas las lágrimas de sus ojos. Y,

sin duda alguna, cuantas más lágrimas haya que enjugar, tanto mayor será la

alegría...

Adiós, querido Rey mío, tu Reina se regocija pensando en el día en que reine

contigo en el hermoso y único verdadero reino del cielo.

Teresa de Jesús

post. carm. ind.

 

 

 

Cta 69 A María Guérin

 

Noviembre (?) de 1888

Jesús M.J.T.

Mi preciosa Muñeca:

No puedo resistir al deseo de darte las gracias por tu carta; me ha gustado mucho.

No puedes imaginarte cómo me acuerdo de ti. Mi Mariíta está siempre presente en

mi pensamiento. Además, aunque quisiera olvidar a mis primitas, no lo

conseguiría, ¡me alumbra tan bien mi linda lamparilla...!

[1vº] Teresa va a pedirte un nuevo favor. Acaba de decirme sor Inés que necesito

un par de zapatos forrados, como los que te vi muchas veces en invierno; son una


 

 

 

especie de botas forradas de astracán. Si mi tía quisiera comprármelos, me daría

una gran alegría. Se los podría probar Juana, que tiene exactamente el mismo pie

que yo.

Tengo muchas cosas que decirle a mi Muñeca, pero esperan estas letras y tengo

que dejarte, el jueves podré contarle muchas cosas a mi querida hermanita.

Mientras tanto, dale un fuerte abrazo a mi QUERIDA tía, a mi tío y a mi querida

Juanita.

[2rº] En cuanto a mi Lulú, me es imposible decirle cuánto la quiero, mi corazón

está demasiado lleno de cariño hacia él.

Me alegraría mucho poder tener los zapatos para esta tarde. No puedes imaginarte

lo bien que nos cuidan en el Carmelo: siempre tengo que estar comiendo y

calentándome los pies1...

Hasta el jueves, mi preciosa muñeca viviente. Me siento muy muy feliz, en el

colmo de mis deseos.

Teresa del Niño Jesús

Muchos recuerdos a mi querida Marcelina.

 

NOTAS Cta 69

1 Hasta los veintiún años, Teresa estuvo dispensada del ayuno. Y en este primer

invierno, le dieron sin duda a la postulante un infiernillo de brasas.

 

 

 

Cta 70 A la madre San Plácido

 

Primeros de diciembre de 1888

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, diciembre de 1888

Querida Profesora:

Su atento detalle me ha emocionado profundamente. Con mucho gusto recibí la

circular de las Hijas de María1. Puede estar segura de que no dejaré de asistir con el

corazón a tan hermosa fiesta. Porque ¿no fue en esa capilla bendita donde la

Santísima Virgen tuvo a bien adoptarme como hija suya en el hermoso día de mi

primera comunión y en el de mi ingreso en la Congregación de las Hijas de María?

Nunca podré olvidar, querida Maestra, lo buena que fue usted conmigo en esas

fechas tan importantes de mi vida. Y no dudo que la gracia insigne de mi vocación

religiosa [1vº] germinó aquel día feliz2 en que, rodeada de mis santas profesoras,

me consagré a María al pie de su altar, escogiéndola especialmente por Madre,

después de recibir a Jesús aquella mañana por primera vez. Me gusta pensar que la

Virgen no miró entonces mi indignidad y que, en su gran bondad, tuvo a bien

poner los ojos en la virtud de aquellas profesoras que con tanto esmero habían

preparado mi corazón para recibir a su divino Hijo. Me gusta pensar que por esa

razón la Virgen quiso hacerme todavía más perfectamente hija suya

concediéndome la enorme gracia de traerme al Carmelo.


 

 

 

Creo, querida Profesora, que habrá estado usted al corriente de la enfermedad de

mi queridísimo. Durante algunos días temí que Dios le arrebatase a mi ternura;

pero Jesús se dignó concederme la gracia de que se restableciese para el momento

de [2rº] mi toma de hábito.

Todos estos días estaba pensando escribirle, para comunicarle que había sido

aprobada por el capítulo3; pero como no sabía le fecha que Monseñor tendría a bien

fijar, seguía esperando. Confío, querida Profesora, que no haya tomado esta

demora por indiferencia. No, mi corazón sigue siendo el mismo, y creo que

después de mi entrada en el Carmelo se ha hecho todavía más tierno y más capaz

de amar. Por eso, me acuerdo con frecuencia de mis santas profesoras, y me gusta

nombrarlas a todas en particular delante de Jesús durante las horas benditas que

paso a sus pies. Me atrevo a pedirle, querida Profesora, que tenga a bien ser mi

intérprete ante ellas, encomendándome a sus fervorosas oraciones; en particular a

las de la Madre priora, hacia quien conservo el más filial y agradecido afecto. No

me olvide tampoco antes mis afortunadas compañeras, de quienes sigo siendo

siempre su hermanita en María.

Adiós, querida Profesora. Espero que no olvide en sus santas oraciones a la que es

y será siempre su agradecida hija,

Sor Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

 

NOTAS Cta 70

1 Como antigua alumna en el internado de las benedictinas e hijas de María, Teresa

había recibido la tarjeta de invitación para el 25º aniversario de la erección de la

Asociación, el 13 de diciembre. Según una tradición, sor Inés redactó le borrador

de esta carta, que Teresa se limitó a copiar.

2 Interpretación gratuita por parte de sor Inés, para «agradar» a la destinataria.

3 Admisión a la toma de hábito por parte del capítulo conventual.

 

 

 

Cta 71 A la señora de Guérin

 

J.M.J.T.

Jesús + 28 de diciembre de 1888

Querida tiíta:

Tengo una gran pena porque ayer noche, al no saber que mis hermanas iban a

escribirle, me dormí como una perezosa1. Esta mañana tengo ya muy poco tiempo,

y hasta tengo que quitárselo al Oficio2.

Querida tía, quisiera ser la primera en desearle un feliz año nuevo para 1889...

[1vº] Cuando pienso, querida tía, que pronto hará nueve meses que su hijita está en

el Carmelo, no me lo acabo de creer; me parece que fue ayer cuando estaba todavía

a vuestro lado... ¡Qué deprisa pasa la vida! Hace ya dieciséis años que estoy en la

tierra. ¡Pronto estaremos todos reunidos en el cielo! Me gusta mucho esta frase de

los Salmos: «Mil años a los ojos del Señor son como el día de ayer que ya pasó".


 

 

 

¡Qué rapidez! Pero yo quiero trabajar mientras luzca todavía el día de la vida,

porque enseguida vendrá [2rº] la noche, en la que no podré ya hacer nada3. Ruegue

por su hijita, querida tía, para que no abuse de las gracias que Dios le prodiga en el

fértil valle del Carmelo.

No puedo por menos de reír al ver mi carta. Porque no se parece en nada a una

carta de felicitación del año nuevo. Lo que pasa es que a usted, querida tía, yo le

hablo como una niña que da rienda suelta a su corazón sin pensar en lo que va a

decir...

¡Si supiera, querida tía, lo mucho que voy a pedir por usted y [2rº] por mi tío el día

de año nuevo...! No, usted no lo sabe, y no voy a intentar decírselo, la aburriría

porque sería demasiado largo.

¿Y mis primitas (mis hermanitas queridas)? ¡Cómo rezaré por ellas...!

Adiós, querida tía, y, por favor, dígale a mi tío cuánto le quiero; debería haberle

escrito a la vez que a usted, querida tía, pero soy demasiado boba para hablar a dos

personas a la vez... Le pido que me perdone, y les mando a los dos el mejor beso

de su más pequeño benjamín4,

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

[2vºtv] Acabo de acordarme de que aún no le he dado las gracias a mi querida tía

por la corona que piensa regalarme para mi toma de hábito5. ¡Si supiese lo

agradecida que le estoy y cuán grato será ese recuerdo para el corazón de su

hijita...!

 

NOTAS Cta 71

1 Durante la hora de tiempo libre antes de Maitines, de 8 a 9 de la noche, estaba

permitido acostarse a descansar.

2 En aquella época, una postulante podía ser dispensada con bastante facilidad del

rezo coral de las horas menores (prima, tercia, sexta y nona), que se rezaban a las 7

de la mañana.

3 Cf Im I, 1, Reflexiones.

4 Acerca de este sobrenombre de Teresa, cf CG p. 423+e.

5 Una corona de lirios artificiales: cf Cta 73.

 


 
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