Cartas 170 a 184
Cta 170 A sor Teresa Dositea (Leonia)
J.M.J.T.
Jesús + 20 de agosto de 1894
Querida hermanita:
Quisiera escribirte una larga carta, pero no dispongo más que de unos minutos,
pues están esperando estas líneas para llevarlas al correo.
Desde que nuestro padre querido se fue al cielo, pienso en ti más que nunca, y
supongo que a ti te pasa lo mismo que a nosotras. La muerte de papá no me parece
una muerte, sino una verdadera vida. [1vº] Vuelvo a encontrarle después de seis
años de ausencia, lo siento en torno a mí mirándome y protegiéndome...
Querida hermanita, ¿no estamos todavía más unidas, ahora que miramos al cielo
para descubrir en él a un padre y a una madre que nos han ofrecido a Jesús...?
Pronto se verán realizados sus deseos, y todos los hijos que Dios les dio estarán
unidos a Él para siempre...
Comprendo el vacío que va a producirte la partida de Celina, pero sé lo generosa
que eres con Nuestro Señor, y, además, ¡la vida pasa tan pronto...! Después, nos
reuniremos para no separarnos ya más y nos alegraremos [2rº] de haber sufrido por
Jesús...
Querida hermanita, perdóname esta horrible carta y no mires más que al corazón
de tu Teresa, que quisiera decirte tantas cosas que no sabe expresar...
Saluda, por favor, respetuosamente a la madre superiora y a tu maestra.
Quisiera que dieras la carta a Celina1 lo antes posible, cuando vaya a verte.
Adiós, querida hermanita, no te olvides de rezar por las más pequeña y la más
indigna de tus hermanas,
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 170
1 La carta anterior, Cta 169.
Cta 171 A sor Teresa Dositea (Leonia)
J.M.J.T.
Jesús + 11 de octubre de 1894
Querida hermanita:
¡Cuánto me alegro de que tu santo caiga ahora el mismo día que el mío...! Estoy
segura de que, el día 15, santa Teresa te va a colmar de sus gracias; voy a pedirle
mucho por ti, lo mismo que a la beata Margarita María...
¡Si supieras, querida hermanita, cuánto rezamos por ti..., y sobre todo cuántos
sacrificios ofrecemos, creo que te emocionarías mucho...! Desde que sabemos de
tus pruebas, nuestro fervor ha aumentado, te lo aseguro; todos nuestros
pensamientos y nuestras oraciones son para ti.
Yo tengo una gran confianza en que mi querida salesita va a salir victoriosa de [vº]
todas esas grandes pruebas y en que un día será una religiosa modelo. ¡Dios ya le
ha concedido tantas gracias!, ¿podrá abandonarla ahora que parece haber llegado a
puerto...? No, Jesús duerme, mientras su pobre esposa lucha contra las olas de la
tentación. Pero nosotras lo llamaremos tan tiernamente, que se despertará
enseguida, increpará al viento y a la tempestad, y se restablecerá la calma...
Hermanita querida, ya verás cómo a la prueba le sucederá la calma, y cómo más
tarde te alegrarás de haber sufrido. Además, Dios te sostiene visiblemente en la
persona de esas SANTAS Madres que no cesan de prodigarte sus cuidados y sus
consejos, tiernos y maternales...
Por favor, hermana querida, encomiéndame a sus oraciones, y tú, querida Teresa,
recibe el cariño cada vez mayor de tu hermanita,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
Cta 172 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
Jesús + 17 de noviembre de 1894
Querida tía:
Con el alma todavía aromada por la hermosa carta de mi tío a sor María
Magdalena1, vengo a felicitarle su santo.
¡Si supiese, querida tiíta, lo orgullosa que estoy de tener unos parientes como
ustedes...! Me siento feliz de ver qué bien sirven a Dios los que amo, y me
preguntó por qué razón me concedió la gracia de pertenecer a una familia tan
maravillosa.
Me parece que Jesús se va a gusto a descansar en vuestra casa, como lo hacía en
otro tiempo en Betania. Es [1vº] «el divino Mendigo de amor»2, que pide posada y
que dice «gracias», y que pide siempre más, en proporción a las dádivas que
recibe. Él sabe muy bien que los corazones a los que se dirige comprenden «que el
honor más grande que Dios puede hacer a un alma, no es darle mucho, sino pedirle
mucho»3.
Por eso, ¡qué dulce será para usted, querida tía, oír un día que el mismo Jesús le da
el título de madre..! Sí, usted es verdaderamente su madre, él nos lo asegura en el
Evangelio con estas palabras: «El que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi
madre». ¡Y usted no sólo cumple su voluntad, sino que le entrega a seis de sus
hijas para que sean sus esposas...! De modo que usted es seis veces su madre, y los
ángeles del cielo podrían dirigirle estas hermosas palabras: «Y tú te alegrarás en
tus hijos, porque todos serán bendecidos y se reunirán con el Señor». Sí, todos son
bendecidos, y en el cielo, querida tía, usted tendrá una corona trenzada de rosas y
de lirios...
Y las dos rosas4 que brillarán entre ellas no serán su ornato menor. Ellas
reproducirán en la tierra las virtudes de mi tía y aromarán así a nuestro triste
mundo, de manera que Dios pueda seguir encontrando aquí en la tierra algunas
flores que seduzcan su mirada y detengan su brazo, dispuesto a castigar a los
malvados...
Querida tiíta, quería decirle muchas más cosas, pero vienen a buscar carta y sólo
tengo tiempo para repetirle una vez más mi cariño. Pienso también en el
onomástico de nuestra querida abuelita5, y le ruego que le dé un abrazo muy fuerte
de mi parte.
Su hijita
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 172
1 El señor Guérin era el «padrino» de toma de hábito de sor María Magdalena. La
«madrina» de toma de hábito era la señora de Virville, cuñada de la madre María
de Gonzaga.
2 Cf RP 5.
3 P. Pichon.
4 Francis y Juana.
5 La señora Fournet.
Cta 173 A sor Teresa Dositea (Leonia)
enero de 1895
J.M.J.T.
Jesús +
Querida hermanita:
Con gran alegría te envío mi felicitación al comenzar este año nuevo. El que acaba
de pasar ha sido muy fructífero para el cielo: nuestro padre querido ha visto lo que
«el ojo del hombre no puede ver», ha escuchado la armonía de los ángeles..., y su
corazón comprende y su alma goza ya de las recompensas que Dios tiene
preparadas para los que le aman.
Un día nos llegará también el turno a nosotras..., ¡quizás no veamos terminar el año
que comienza!, ¡tal vez una de nosotras oiga pronto la llamada de Jesús...!
¡Oh, qué hermoso es pensar que [1vº] bogamos hacia la ribera eterna...!
Querida hermanita, ¿no te parece, como a mí, que la partida de nuestro padre
querido nos ha acercado más al cielo? Más de la mitad de la familia goza ya de la
visión de Dios, y las cinco desterradas de la tierra no tardarán en volar hacia su
Patria. Este pensamiento de la brevedad de la vida me da ánimos y me ayuda a
soportar las fatigas del camino. ¿Qué importa (dice la Imitación de Cristo1) un
poco de trabajo aquí en la tierra... Estamos de paso y no tenemos aquí morada
permanente? Jesús ha ido delante para prepararnos un sitio en la casa de su Padre,
y después volverá y nos llevará con él, para que donde está él estemos también
nosotras... Esperemos y suframos [2rº] en paz, la hora del descanso se acerca, las
ligeras tribulaciones de esta vida que dura un momento producen en nosotras un
peso eterno de gloria...
Querida hermanita, ¡cómo me gustan tus cartas, y, sobre todo, cuánto bien hacen a
mi alma! Me lleno de gozo al ver cómo te ama Dios y cómo te colma de sus
gracias... Te halla digna de sufrir por su amor, y ésa es la mayor prueba de ternura
que puede darte, pues el sufrimiento nos hace semejantes a él...
Hermanita querida, no olvides a la última y más pobre de tus hermanas. Pídele a
Jesús que sea muy fiel, que sea feliz, como tú, de ser en todas partes la más
pequeña y la última de todas2...
Te ruego que presentes mis mejores deseos a tus santas Madres y que les asegures
que estoy muy unida a ellas en el Corazón de Jesús.
Tu pobre hermanita,
(Teresa del Niño Jesús)
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 173
1 Im III,47, Réflexions. La cita continúa hasta el final del párrafo.
2 Cf CG p. 801s.
Cta 174 A sor Genoveva (Celina)
Finales de enero de 1895
Sor Genoveva de Santa Teresa.
¡Teresita es la primera que lo ha escrito...!1
NOTAS Cta 174
1 En 1889 (cf Cta 98, n. 1), Teresa había dado a Celina el nombre de «María de la
Santa Faz». A finales de enero de 1895, el Sr. Delatroëtte expresaba el deseo de
que se perpetúase el nombre de la madre Genoveva de Santa Teresa (+ 1891). El
asunto se aprueba una noche en la recreación. Al salir de la reunión, Teresa, muy
decepcionada, escribe estas palabras para consolar a su hermana. Esta tomará el
hábito el 5 de febrero.
Cta 175 A sor Teresa Dositea (Leonia)
J.M.J.T.
Jesús + 24 de febrero de 1895
Querida Leonia:
Me he sentido muy feliz al recibir tus noticias. Espero que sigas bien de salud y
que tus hermanas estén en vías de recuperación1.
Es muy poco el tiempo que puedo dedicarte, pero quiero encomendarme a tus
oraciones antes de la cuaresma, y prometerte que yo, por mi parte, me acordaré
todavía más de ti, si es posible, y que luego iré a cantar [1vº] contigo sin prisas el
aleluya, para resarcirme de no haber podido hacerlo hoy...
Quiero decir después de Pascua, pero me explico tan mal, que podrías creer que
voy a cantar el aleluya en cuaresma... No, me contentaré con seguir a Jesús en su
vía dolorosa, y suspenderé mi arpa en los sauces junto a los canales de Babilonia...
Pero después de la Resurrección, volveré a tomar mi arpa, olvidando por un
momento que estoy desterrada, y cantaré contigo la dicha de servir a Jesús y de
habitar en su casa, la dicha de ser su esposa en el [2rº] tiempo y para toda la
eternidad...
Querida hermanita, presenta, por favor, mis saludos respetuosos a esas santas
Madres, y tú recibe mi enorme cariño.
Tu hermanita más pequeña,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
P.D. Cuando escribas, dime el año de tu primera comunión, ¿quieres2?
NOTAS Cta 175
1 La gripe acaba de someter a prueba a la Visitación de Caen.
2 Leonia hizo la primera comunión el 23 de mayo de 1895. Cf Ms A 6vº.
Cta 176 A sor Teresa Dositea (Leonia)
Jesús + Domingo, 28 de abril de 1895
Querida hermanita:
Hubiera querido agradecerte antes tu carta, que me gustó mucho; pero como
nuestra Madre te contestó enseguida, no pude escribirte al mismo tiempo que ella.
Querida hermanita, estoy íntimamente convencida de que has encontrado tu
vocación, y no sólo como salesa, sino también como salesa de Caen. Dios nos ha
dado tantas pruebas de ello, que no podemos dudarlo... Esa idea (de ir a Le Mans)
me parece una tentación, y pido a Jesús que te libre de ella. Sí, comprendo muy
bien que el retraso de la profesión debe ser una prueba para ti; pero es una gracia
tan grande, que cuanto más [1vº] tiempo se tenga para prepararse a ella, más hay
que alegrarse. Yo recuerdo con alegría lo que pasó en mi alma algunos meses antes
de mi propia profesión. Veía acabarse mi año de noviciado, y nadie se ocupaba de
mí (debido a nuestro Padre superior, que me consideraba demasiado joven). Te
aseguro que me sentía muy apenada1, pero un día Dios me hizo comprender que en
ese mi deseo de pronunciar los sagrados votos había una búsqueda muy grande de
mí misma, y entonces me dije: Para la toma de hábito me vistieron un hermoso
vestido blanco guarnecido de encajes y de flores, ¿y quién ha pensado en
proporcionarme uno para mis bodas...? Ese vestido debo preparármelo yo solita.
Jesús quiere que nadie me ayude, fuera de él; por lo tanto, con su ayuda, voy a
poner manos a la obra y a trabajar con ardor... Las criaturas no verán mis
esfuerzos, que [2rº] quedarán ocultos en mi corazón. Procuraré que me olviden y
no buscaré otra mirada que la de Jesús... ¿Qué importa si parezco pobre y carente
de espíritu y de talentos...? Quiero poner en práctica este consejo de la Imitación de
Cristo: «Que éste se gloríe de una cosa, aquél de otra, tú no pongas tu gozo más
que en el desprecio de ti mismo, en mi voluntad y en mi gloria»2. O bien:
«¿Quieres aprender algo que te sea útil? ¡Gusta de ser ignorado y tenido en
nada...!»3.
Al pensar en todo esto, sentí una gran paz en mi alma, ¡sentí que allí estaba la
verdad y la paz! Y ya no volví a preocuparme por la fecha de mi profesión,
pensando que el día en que mi traje de novia estuviese terminado Jesús vendría a
buscar a su pobre esposa...
Querida hermanita, no me equivocaba; es más, Jesús se conformó con mis deseos,
con mi abandono total, y se dignó unirme a él mucho antes de lo que yo me
hubiera atrevido a esperar...
Ahora Dios [2vº] me sigue conduciendo por el mismo camino, no tengo más que
un deseo: el de hacer su voluntad. Tal vez te acuerdes de que antes me gustaba
llamarme a mí misma «el juguetito de Jesús»4. Todavía ahora soy feliz de serlo,
sólo que he pensado que el divino Niño tiene muchas otras almas llenas de virtudes
sublimes que se dicen también «sus juguetes»; y entonces pensé que ellas eran sus
juguetes lujosos y que mi pobre alma no era más que un juguetito sin valor... Y
para consolarme, me dije a mí misma que muchas veces los niños se divierten más
con los juguetitos que pueden tirar o coger, romper o besar a su antojo, que con
otros de mayor valor que casi ni se atreven a tocar... Entonces me alegré de ser
pobre y deseé serlo cada día más, para que a Jesús le gustase cada vez más jugar
conmigo.
Querida hermanita, ahora que he hecho de director espiritual, reza mucho por mí
para que ponga en práctica las luces que Jesús me da.
(Saluda, por favor, respetuosamente de mi parte a esas tus santas Madres.)
Tu pequeñísima hermana que te quiere
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 176
1 Cf Ms A 73vº.
2 Im III,49,7.
3 Im I,2,3.
4 Cf Cta 34, n. 2.
Cta 177 A María Guérin
7 de julio (?) de 1895
A mi querida hermanita1, de parte de su Teresita ¡que se acuerda mucho de ella...!
Y que, sobre todo, espera (temblando) que su querida María mantenga sus
promesas viviendo tan tranquila como un niñito en los brazos de su madre...
Pido mucho por ti, hermanita querida, y por todos los inolvidables parientes de La
Musse, que en estos momentos deben de estar haciendo grandes progresos en la
perfección pues aceptan con tanta generosidad el sacrificio de la separación...
[vº] Quiero y rezo cada vez más por mis queridos tíos. Y no sé hasta dónde llegará
este amor, ¡pues mi cariño aumenta cada día...!
NOTAS Cta 177
1 María pasa en La Musse sus últimas vacaciones en familia, antes de entrar en el
Carmelo el 15 de agosto.
Cta 178 A la señora de Guérin
20-21 de julio de 1895
J.M.J.T.
Jesús + 20 de julio de 1895
Querida tiíta:
Me ha emocionado mucho el ver que se acuerda de su Teresita; también ella se
acuerda mucho de usted, y si todavía no ha escrito a su tía querida, no ha sido por
indiferencia, sino porque su corazón está tan repleto de cariño y de veneración, que
no acierta a traducir sus pensamientos...
Sin embargo, tengo que intentarlo, aun a riesgo de decir a mi tiíta cosa que van a
disgustarla, ¿no sale la verdad de la boca de los niños? Pues bien, tendrá que
perdonarme si digo la verdad, pues soy y quiero ser siempre una niña...
Voy a darle una leccioncita espiritual y a mostrarle cuán bueno es Dios conmigo. A
mí me gusta mucho leer las vidas de los santos; el relato de sus acciones heroicas
me inflama el ánimo y me impulsa a imitarlos. Pero confieso que a veces me ha
ocurrido envidiar la suerte feliz de sus parientes, que han tenido la dicha de vivir
en su compañía y de gozar de sus santas conversaciones. Ahora ya no tengo nada
que envidiar, pues estoy en situación de contemplar de cerca las acciones de los
santos y de observar sus luchas y la generosidad con que se someten a la voluntad
de Dios1.
Querida tiíta, sé muy bien que le disgustaría que le dijese que es una santa. Sin
embargo, tengo muchas ganas de hacerlo... Pero si no se lo digo, puedo decirle una
cosa que no hay que decirle a mi tío, pues entonces ya no me seguiría queriendo. Y
esa cosa usted la sabe mejor que yo, y es [1vº] que mi tío es un santo como hay
pocos en la tierra y que su fe puede compararse con la de Abraham... ¡Si supiese
qué dulce emoción llenó ayer mi alma al ver a mi tío con su angelical Mariíta2...!
Nosotras estábamos sumergidas en un gran dolor a causa de nuestra pobre Leonia;
era una verdadera agonía. Dios, que quería probar nuestra fe, no nos enviaba
ningún consuelo, y yo no podía rezar otra oración que la de Nuestro Señor en la
cruz: «¡Dios mío, Dios mío, por qué nos has abandonado!», o como en el Huerto
de la agonía: «Dios mío, que se haga tu voluntad y no la nuestra». Por fin, para
consolarnos, nuestro divino Salvador no nos envió al ángel que lo sostuvo a él en
Getsemaní, sino a uno de sus santos, peregrino aún en esta tierra y lleno de su
fuerza divina. Al ver su serenidad y su resignación, nuestras angustias se disiparon
y experimentamos el apoyo de una mano paternal...
Tiíta querida, ¡qué grandes son las misericordias de Dios para con sus pobres
hijas...! Si usted supiese las dulces lágrimas que derramé al escuchar la
conversación celestial de mi santo tío... Me parecía ya transfigurado, su lenguaje
no era ya el de la fe que espera, sino el del amor que posee. Precisamente cuando la
prueba y la humillación venían a visitarlo, él parecía olvidarlo todo para no pensar
más que en bendecir la mano divina que le arrebataba su tesoro y que, en
recompensa, lo probaba como a un santo... Santa Teresa tenía mucha razón cuando
decía a Nuestro Señor, que la colmaba de cruces cuando emprendía por él grandes
trabajos: «Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos, ¡los tratas tan
mal...»3. [2rº] Y en otra ocasión decía que a las almas a las que Dios ama con un
amor ordinario les manda algunas pruebas, pero a las que ama con amor de
predilección les prodiga las cruces como la señal más cierta de su ternura4.
21 de julio
Había dejado ayer la carta sin terminar porque llegaron María y Leonia. Nuestra
emoción, al verla, fue muy grande; no logramos hacerle decir una sola palabra, de
tanto como lloraba. Finalmente acabó por mirarnos, y ya todo fue bien. No le doy
más detalles, tiíta, porque ya los sabrá todos por María, que se portó como una
verdadera mujer fuerte en las dolorosas circunstancias que acaban de producirse.
Así se lo dijimos, pero me di cuenta muy bien de que ese cumplido no le gustaba;
entonces la llamé «angelito» y ella me dijo, riendo, que esto le gustaba más que lo
de «mujer fuerte». Es de un humor, que hace reír hasta a las piedras, y eso distrae a
su pobre compañera. Les servimos en platos de barro, como a las carmelitas, lo
cual les divirtió mucho5.
¡Cuánta virtud tiene su Mariíta...! Es asombroso el dominio que tiene de sí misma.
No es precisamente energía lo que le falta para hacerse santa, y ésa es la virtud
más necesaria: con la energía se puede llegar fácilmente a la cumbre de la
perfección. Si pudiese darle un poco a Leonia, todavía le quedaría bastante a
nuestro angelito y no le vendría mal a la otra...
Querida tiíta, me estoy dando cuenta de que mis frases no son claras, me doy prisa
por entregar la carta a María, que no quería que le escribiese, diciendo que ella
cumpliría todos mis encargos o que me daría [2vº] quince céntimos para un sello;
pero no he querido esperar más tiempo para enviar a mi tía querida tan sólo «una
mirada», que, por expresiva que sea, no podría verla de tan lejos.
Quería hablarle de Juana y de Francis, pero no tengo tiempo. Todo lo que puedo
decir es que los cuento entre el número de santos que se me ha concedido
contemplar de cerca en la tierra, y que me alegrará verlos pronto en el cielo en
compañía de sus hijos6, cuyas resplandecientes coronas aumentarán su propia
gloria...
Querida tiíta, si no logra leerme, la culpa es de María. Déle como castigo un abrazo
de mi parte, y dígale que le dé a usted un abrazo muy fuerte en lugar mío.
Su hija más pequeña
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 178
1 El señor y la señora Guérin acababan de escribir el 18 de julio dos cartas
realmente admirables a la madre Inés de Jesús a propósito de la próxima partida de
su hija.
2 Se dirigían a Caen para recoger a Leonia, que había salido de nuevo de la
Visitación.
3 Cf Cta 155, n. 1.
4 SANTA TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, cap. 34. [Así cita la
edición francesa. Sin embargo, en todo ese capítulo no se encuentra ese
pensamiento de la Santa castellana. Sí hay en sus obras no pocos pasajes en esa
dirección; sin salirnos del Camino de perfección, véase, por ejemplo, el cap. 18,1:
«... a los que Dios mucho quiere, lleva por camino de trabajos, y mientras más los
ama, mayores...»; o cap. 32,7, al que seguramente se refiere la cita de la edición
francesa. N. del T.]
5 Leonia y María comieron, de manera excepcional, en el refectorio de las
hermanas torneras.
6 Los señores La Néele no pudieron tener hijos, lo que constituyó su gran
sufrimiento.
Cta 179 A sor Genoveva
Después del 8 de septiembre de 1895
¿La Señorita1 está contenta...?
El pobre Señor se ha dado mucha prisa en complacerla2.
NOTAS Cta 179
1 La «Señorita Lili» (Celina) y el «Señor Totó» (Teresa). Acerca de este apelativo,
reminiscencia de los Buissonnets, cf CG p. 817+a.
2 Teresa había pintado en unos zuecos el monograma IHS, marca simbólica de la
fundadora, que en adelante se le asignará a Celina.
Cta 180 A la señora de La Néele
J.M.J.T.
Jesús + 14-15 y 17 de octubre de 1895
Querida Juana:
Al leer tu carta, me parecía estar viéndote y oyéndote. Me ha producido una
enorme alegría comprobar la agradable enfermedad que mis tíos fueron a llevarte
de Lisieux; espero que aún no te hayas curado de tu crisis de alegría...; lo cual es
muy probable, ya que el célebre miembro de la Facultad1, a pesar de toda su
ciencia universal, no puede encontrar ningún remedio para su querida Juanita. Si
por casualidad descubriese alguno, por favor, que no se olvide de nuestro Carmelo:
desde que entró «el duendecillo que abrió las arrugas y encaneció el cabello» de su
querida Fifine2, todo el noviciado sufre ese contagio.
Es un gran consuelo para mí, la vieja decana del noviciado3, ver mis últimos días
rodeados de tanta alegría; eso me rejuvenece, y, a pesar de mis siete años y medio
de vida religiosa, muchas veces me falta la gravedad en presencia de ese gracioso
diablillo que alegra a toda la comunidad. ¡Si la hubieras visto el otro día con tu
fotografía y la de Francis, te habrías divertido mucho...! Nuestra Madre las había
traído a la recreación y las hacía pasar de mano [1vº] en mano; cuando le llegó el
turno a sor María de la Eucaristía, tomó las fotografías una después de otra,
dirigiéndoles sus más graciosas sonrisas y diciéndoles por turno: «Buenos días,
Fifine... Buenos días, Serafín». Estas expresiones de cariño hicieron reír a todas las
carmelitas, que están muy contentas de tener una postulante tan simpática. Su
hermosa voz constituye nuestra dicha y el encanto de nuestras recreaciones. Pero,
sobre todo, lo que alegra mi corazón mucho más que todos los talentos y las
cualidades exteriores de nuestro ángel querido, son sus buenas disposiciones para
la virtud.
Es muy grande, querida Juana, el sacrificio que Dios acaba de pedirte. ¿Pero no ha
prometido «a quien deje por él padre o madre o hermana cien veces más en esta
vida»? Pues bien, ¡por él, tú no has vacilado en separarte de una hermana a la que
quieres mucho más de lo que se puede decir! ¡Y Jesús se va a sentir muy obligado
a mantener su promesa...! Yo sé bien que, normalmente, esas palabras se aplican a
las almas religiosas; sin embargo, en lo hondo de mi corazón, yo siento que han
sido pronunciadas para los padres generosos que hacen el sacrificio de sus hijos, a
quienes quieren más que a sí mismos...
¿Y no has recibido tú ya ese céntuplo que Jesús prometió...? Sí, la paz y la
felicidad de tu Mariíta han traspasado las rejas de la clausura para ir a derramarse
en tu alma... Y tengo la íntima convicción de que pronto recibirás un céntuplo más
abundante: de que un angelito vendrá a alegrar tu hogar y a recibir tus besos de
madre...
[2rº] Querida hermanita, tendría que haber comenzado agradeciéndote el regalo
que quieres hacerme para mi santo. Me he emocionado mucho, te lo aseguro; pero
perdóname si te digo sinceramente lo que me gustaría. Ya que deseas darme gusto,
preferiría, en vez de pescado, un modelo de flores4. Pensarás que soy una egoísta,
pero, ¿sabes?, mi tío mima a sus queridas carmelitas, que están muy seguras de que
no se van a morir de hambre... A Teresita, a quien nunca le gustaron las cosas de
comer5, sí que le gustan mucho las cosas útiles para su comunidad, y sabe que, con
los modelos, podemos ganar dinero para comprar pescado. Esto parece un poco la
historia de la lechera, ¿no? En fin, si me regalas un ramo de agavanzos, estaré muy
contenta. Si no los hay, mándame vincapervincas o capullos de oro, incluso
cualquier otra flor corriente me gustaría igual.
Temo pecar de indelicadeza. Si es así, no hagas caso a mi petición y recibiré muy
agradecida el pescado que me regales, sobre todo si quieres añadirle las perlas de
que me hablaste el otro día...
Ya ves, querida Juana, cómo he cambiado y que, lejos de guardar silencio, hablo
como una cotorra y soy demasiado atrevida al pedir... ¡Es tan difícil guardar el
justo medio...! Por suerte, una hermana lo perdona todo, incluso las
inoportunidades del pequeño benjamín...
He interrumpido tantas veces la carta, que no tiene ilación. Había pensado muchas
cosas hermosas acerca del ciento por uno de que te hablaba al princi[2vº]pio, pero
me veo obligada a guardar esas cosas hermosas en lo hondo de mi corazón y a
pedir a Dios que las haga realidad en ti, pues no tengo tiempo de enumerártelas.
Tengo que ir «al lavado», a escuchar, mientras froto la ropa, a mi querido diablillo
que seguramente cantará que «Este lavado nos llevará a la ribera sin tempestad...»6.
Nuestras dos Madres y todas tus hermanitas te mandan un millón de recuerdos
cariñosos, lo mismo que a Francis. No me olvido que mañana se celebra la fiesta
de san Lucas, uno de sus patronos7, así que ofreceré por él la sagrada comunión y
pediré a Jesús que lo recompense por las molestias que se tomó en encontrarme las
medicinas...
Un abrazo de corazón, querida Juanita, y cuenta con el afecto y la gratitud de tu
más pequeña hermanita
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 180
1 Francis, médico.
2 El «duendecillo» es María Guérin, convertida ahora en sor María de la
Eucaristía; Fifine, Juana; y más abajo, Serafín es Francis.
3 Teresa tendría que haber dejado el noviciado el 8 de septiembre de 1893.
4 Con vistas a los trabajos de pintura, que se vendían en beneficio de la
comunidad.
5 Cf CA 31.8.5.
6 Copla compuesta por sor María de la Eucaristía.
7 Patrono de los médicos.
Cta 181 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
Jesús + 16 de noviembre de 1895
Querida tiíta:
La más pequeñita de sus hijas quiere unir su débil voz al maravilloso concierto que
sus hermanas mayores le harán oír con ocasión de su santo.
¿Qué me queda por desearle, querida tía...? Pienso que, después de todas las
felicitaciones que le habrán sido dirigidas, a mí no que queda más que decir con
todo el corazón: «¡Así sea...!»
Todos los años le repito lo mismo: en la tierra no encuentro palabras que puedan
expresar los sentimientos de mi alma. Por eso, me siento dichosa de unirme [vº] a
mis tres hermanas mayores, y sobre todo a nuestro querido benjamín1, para
ofrecerle mi felicitación en el día de su santo.
No tengo tiempo de escribirle más largamente, querida tiíta, pero estoy muy segura
de que usted sabrá adivinar todos los sentimientos de cariño de que rebosa mi
corazón.
El día de su santo ofreceré la comunión por usted y por nuestra querida abuela.
Le ruego, querida tía, que colme de besos a todos los que amo, en especial a mi tío
querido, y a él le encomiendo que le dé a usted un millón de besos de parte de su
hijita,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 181
1 Sor María de la Eucaristía.
Cta 182 A sor Genoveva1
J.M.J.T.
Jesús + 23 de febrero de 1896
Querida hermanita:
Me pediste que te dijera lo que va a pasar en el cielo el día de tus bodas. Voy a
intentar de hacerlo, pero siento, de entrada, que no voy ni siquiera a poder esbozar
unas fiestas que no pueden describirse, pues ni el ojo del hombre vio, ni su oído
oyó, ni su corazón puede imaginar lo que Dios tiene reservado para los que ama...
El 24 de febrero, a medianoche, san Pedro abrirá las puertas del cielo.
Inmediatamente después, saldrán los ángeles y los santos, con una alegría sin igual,
para formar la corte del Rey y de su prometida.
La Virgen Santísima, inmediatamente delante de la adorable Trinidad, avanzará,
llevando el aderezo real de la esposa, su hija querida. Con delicadeza enteramente
maternal, antes de bajar a la tierra, abrirá los abismos del purgatorio.
Inmediatamente, multitudes innumerables de almas se abalanzarán sobre su
liberadora para darle las gracias y para conocer de sus labios el motivo de su
inesperada liberación. La dulce Reina les responderá: «Hoy es el día de las bodas
de mi Hijo. Allá abajo, en la tierra del exilio, él se ha escogido desde toda la
eternidad a un alma que le fascina y le cautiva entre millones y millones de otras
almas que él ha creado también a su imagen. Esta alma privilegiada me ha dirigido
esta oración: "En el día de mis bodas, yo quisiera que se aleje todo sufrimiento del
reino de mi Esposo". Y en respuesta a su llamada, yo he venido a liberaros...
Ocupad un lugar en nuestro cortejo y cantad con los bienaventurados las glorias de
Jesús y de Celina».
Entonces todo el cielo bajará a la tierra y encontrará a la feliz prometida postrada
ante el sagrario2; al acercarse el cortejo, ésta, levantándose, saludará atentamente a
las falanges angélicas y a la multitud de los santos, y luego, acercándose a María,
le presentará su frente para que su beso maternal la prepare a recibir la señal y el
beso del Esposo... Jesús tomará de la mano a su amada Celina y la conducirá a la
pobre celdita del claustro de San Elías3 para que descanse allí unas horas. Toda la
corte celestial vendrá a alinearse en ese estrecho recinto, los ángeles querrán
comenzar su concierto, pero Jesús les dirá: «No despertéis a mi amada, dejadme
solo con ella, pues no puedo separarme de ella ni un instante».
La dulce Reina del cielo comprenderá los deseos de su divino Hijo y hará salir al
luminoso cortejo y los llevará hacia la sala de bodas4.
Inmediatamente comenzarán los preparativos para la fiesta. Miríadas de ángeles
trenzarán coronas como nunca se han visto en la tierra, los querubines prepararán
blasones más resplandecientes que los diamantes y sus primorosos pinceles
pintarán con trazos imborrables el escudo de armas de Jesús y de Celina5. Lo
pondrán por todas partes, en las paredes, en los arcos de los claustros, en le
refectorio, en el coro, etc., y los pintores serán tan numerosos que muchas obras
maestras no habrá dónde colocarlas; entonces un numeroso ejército de niñitos
vendrá a ofrecerse a sostenerlas durante todo el día ante el Esposo y la esposa. Los
ángeles, sonriendo, [1vº] se negarán a entregar sus blasones, pues los necesitarán
para adornar a todos los santos y para adornarse a sí mismos y así demostrar que
ellos son los humildes servidores de Jesús y de Celina. Para consolar a los niñitos,
darán a cada uno de ellos un precioso blasoncito para que también ellos participen
de la fiesta; luego los enviarán a deshojar rosas y lirios y continuarán con los
espléndidos preparativos para la fiesta...
Los pontífices y los doctores tendrán una gran misión que cumplir. A petición
suya, el Cordero abrirá el Libro de la Vida. De este libro, ellos extraerán preciosos
documentos sobre la Vida de Celina, y, para honrar a su Esposo, escribirán todas
las gracias de elección y todos los sacrificios escondidos que encontrarán escritos
en letras de oro por la mano de los ángeles. Quedará así compuesto, por obra de los
doctores, un gran número de estandartes, que ellos mismos se reservarán el honor
de llevar delante del cortejo real...
Los apóstoles reunirán a todas las almas que Celina ya engendró para la vida
eterna, y reunirán también a todos los hijos espirituales que aún debe engendrar en
el futuro para su divino Esposo.
Los santos mártires se guardarán muy bien de estar ociosos. Palmas sin igual y
flechas inflamadas se dispondrán con conmovedora delicadeza a lo largo de todo el
recorrido del cortejo real. Rendirán así homenaje al martirio de amor6 que deberá
consumar en poco tiempo la vida de la feliz esposa...
Necesitaría mucho tiempo para describir las múltiples ocupaciones de los santos
confesores, ermitaños, etc., y de todas las santas mujeres. Baste con decir que cada
uno de ellos desplegará todo su talento y toda su exquisitez para festejar
dignamente tan hermoso día...
Sin embargo, no puedo dejar en el olvido los cánticos de las vírgenes, las palmas y
los lirios que con alegría indecible presentarán a Celina, su hermana querida. Ya
veo a Cecilia, a Genoveva, a Inés, con su compañera Juana, la pastora, vestida con
su traje de guerra. Veo a Celina, la patrona de nuestra prometida, ofreciéndole un
ramo de las flores que llevan su nombre7...
Veo sobre todo a toda la Orden del Carmen, resplandeciente con una nueva gloria.
A la cabeza aparecerán santa Teresa, san Juan de la Cruz y la madre Genoveva.
Estas bodas son verdaderamente su fiesta, ya que Celina es su hija querida...
¿Y podrá ser ajena a la gloria de un día tan hermoso la alegre multitud de los niños
inocentes...? No, los veo jugando con sus coronas, que no se han ganado, y que se
disponen a colocar sobre la cabeza de la que quiere parecérseles y no ganar corona
alguna. Están orgullosos como reyes y mueven graciosamente a un lado y a otro
sus rubias cabezas, pues se sienten triunfadores al ver que su hermana mayor los
toma por modelo...
De pronto, se acerca una madre de una belleza indecible y se coloca en medio de
ellos, se detiene y, tomando de la mano a cuatro de los preciosos querubines, los
viste con [2rº] vestidos más blancos que los lirios y con diamantes que brillan
como el rocío al darle el sol... También se encuentra allí un venerable anciano de
cabellos plateados, que los colma de caricias. Todos los demás niños, al ver esto,
se quedan maravillados de semejante preferencia, y uno de ellos se acerca
tímidamente a Teresita9 y le pregunta por qué esa hermosa señora los viste con
tanta riqueza. «Es -responde Teresita con su voz argentina-, es que nosotros somos
las hermanas y los hermanos de la feliz prometida del Rey Jesús. Elena y yo vamos
a ser las damas de honor junto a los dos pequeños Josés, que nos llevarán de la
mano10. Papá y mamá, a quienes veis aquí junto a nosotros, nos llevarán con
nuestras hermanitas que aún están desterradas en la tierra, y cuando toda la familia
se encuentre reunida gozaremos de una felicidad inigualable». En el colmo de su
alegría, la pequeña Teresita se pondrá a aplaudir con sus lindas manitas más
blancas que las alas de los cisnes, y luego exclamará, saltando al cuello de su papá
y de su mamá: «¡Qué hermosura! ¡Sí, qué hermosura, las bodas de nuestra hermana
querida...! Ya hemos venido aquí otras tres veces para fiestas como ésta, la de
María, la de Paulina y la de Teresa (esa ladronzuela que me quitó el nombre), pero
nunca he visto tan grandes preparativos, ¡bien se ve que Celina es la última...!»
La pequeña Elena y los dos Josés harán también preciosos comentarios sobre su
dicha de pertenecer a la familia de la reina de una fiesta tan hermosa. Y entonces,
otros niñitos que los estaban escuchando, con la cabeza gravemente apoyada en su
manita, se levantarán con mucha gracia y declararán que también ellos son
hermanos de Celina. Y para demostrarlo, explicarán cómo y por parte de quién les
viene este ilustre parentesco. Y sólo se escucharán gritos de alegría, y la Virgen
Santísima se verá obligada a venir para restablecer la calma entre la tropa infantil.
Acudirán también todos los santos. Y al conocer el motivo de ese extraordinario
alborozo, les parecerá tan fascinante la idea, que se apresurarán todos ellos a hacer
una genealogía con la que demostrar que son todos parientes cercanos de Celina.
Y así, todos los pontífices, los gloriosos mártires, los guerreros (con san
Sebastián11 a la cabeza), en una palabra toda la nobleza del cielo se sentirá
orgullosa de dar el nombre de hermana a la esposa de Jesús, y la boda estará
formada por una sola y gran familia.
Pero volvamos al noble anciano, a la hermosa señora y a los cuatro querubines.
Una vez hayan acabado de vestirse, entrarán en la sala capitular, los ángeles se
inclinarán al verlos pasar, y les indicarán los magníficos tronos preparados para
ellos, a ambos lados de la humilde silla destinada a la querida Madrecita. Entre sus
manos, dentro de unas horas, se formarán los lazos indisolubles que deben unir a
Jesús y a Celina. Y así, esta Madre, pequeña a los ojos de las criaturas12 pero
grande a los ojos de Dios, cuyo lugar ocupa, recibirá las más abundantes
bendiciones de sus padres queridos para derramarlas sobre la cabeza de su hermana
e hija querida...
Los santos y todos los ángeles vendrán, uno a uno, a felicitar al venerable patriarca
y a su feliz esposa, que resplandecerán con una gloria totalmente nueva; y sus [2vº]
queridos hijitos exclamarán llenos de asombro: «¡Papá! ¡Mamá!. ¡Qué guapos que
estáis! ¡Qué pena que Celina no os vea...! Aunque sólo sea por hoy, mostradle
vuestra gloria». «Dejadme actuar a mí, hijos míos -responderá papá-, vosotros no
sabéis que si hoy me escondo es porque sé cuán gran premio sacará mi valiente13
de vivir sin consuelo en el destierro. Hace tiempo yo he sufrido mucho, y entonces
Celina era mi único apoyo; ahora quiero ser yo el suyo. Pero no penséis que quiero
quitarle el mérito del sufrimiento. No. Conozco muy bien el premio... Dios no se
deja vencer en generosidad14. Él es ya mi gran recompensa15 y pronto será la de mi
fiel Celina». «Es cierto -dirá a su vez mamá-, es mejor no mostrarnos a ella en
tierra extranjera, pues Celina tan sólo está desterrada por un instante, para luchar
y morir16. Pronto llegará el día en que Jesús será realmente su Señor y mi hijita la
Señora. Así me lo decía ella cuando pequeñita17, y veo que tenía toda la razón».
Esta conversación familiar será interrumpida por los ángeles, que vendrán a
anunciar con gran solemnidad que la novia está ya lista para dirigirse a la Misa de
Bodas. Entonces se formará el cortejo en un orden perfecto, e irán delante Jesús y
Celina, rodeada de su familia del cielo y de la de la tierra.
No puedo describir los transportes de amor de Jesús por Celina y la belleza
radiante de ésta (pues estará vestida con las ropas que la misma Virgen María
preparó para ella). Yo no sé si los habitantes del cielo habrán visto jamás una fiesta
tan hermosa, pero no lo creo. Por lo que a mí respecta, sí le digo a mi hermana
querida que ¡nunca he visto nada tan dulce para mi corazón...!
No hablaré del momento mismo de la unión, pues las palabras no pueden expresar
este misterio incomprensible que sólo en el cielo nos será revelado... Yo sólo sé
que en ese momento la Trinidad bajará al alma de mi Celina querida y la poseerá
totalmente, confiriéndole un resplandor y una inocencia superiores a las del
bautismo... Yo sé que la Santísima Virgen se convertirá en la mamá de su hija
predilecta de una forma más íntima y más maternal aún que en el pasado...
Yo sé que la pobre Teresita siente ya en su corazón una alegría tan grande al
pensar en el hermoso día que pronto va a empezar, que se pregunta qué sentirá
cuando llegue de verdad...
Hermanita querida, mi alma ha traducido muy mal sus sentimientos... Pensaba
tantas cosas sobre las fiestas en el cielo, que apenas he podido esbozar el tema...
Yo no tengo un regalo de bodas que ofrecer a mi Celina; pero mañana tomaré en
mis brazos a los preciosos querubines de los que le hablado, y ellos serán mi
regalo. Puesto que queremos ser siempre niñas, tenemos que unirnos a ellos, y así
yo seré la dama de honor de la señorita18 y llevaré un hermoso ramo de lirios.
Todo es nuestro, todo es para nosotras, ¡pues en Jesús lo tenemos todo19...!
La hermanita de Celina
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
[2vºtv] Me olvidé de decir que, al despertar, Celina encontrará a su lado a Jesús, a
María y a san José, a quien tanto ama, con papá, mamá y los angelitos. Ellos serán
quienes la arreglen. Y me olvidé también de hablar de la alegría de Jesús cuando
oiga a Celina pronunciar por [2rºtv] vez primera las palabras del Oficio divino20,
que ese día serán su oficio, el de ella, el de la esposa de su alma, la encargada de
hechizarle en medio de los campos...
NOTAS Cta 182
1 La profesión de sor Genoveva estaba fijada para el 24 de febrero. La novicia
pidió a su hermana que le describiese la «fiesta del cielo» con esa ocasión. Teresa
responde a su deseo, adaptándose a los gustos de Celina, en lo maravilloso y en la
ornamentación recargada, también a su estilo.
2 En la víspera de la profesión se acostumbraba hacer oración en el coro hasta la
medianoche.
3 La celda que ocupaba sor Genoveva.
4 A la sala capitular.
5 Cf Cta 183.
6 Cf el Acto de Ofrenda (Or 6).
7 Los asteres: cf Cta 98.
8 Cf PN 44.
9 María Melania Teresa Martin, muerta a los dos meses (1870).
10 Evocación de los otros tres hijos: Elena, José Luis y José Juan Bautista, muertos
en temprana edad.
11 «Yo quería mucho a san Sebastián», observa sor Genoveva. Cf Or 18.
12 Alusión a las dolorosas circunstancias que precedieron a la profesión de sor
Genoveva, debido al temperamento de la madre María de Gonzaga. Cf CG p. 1182.
13 Uno de los sobrenombres de Celina.
14 Máxima que le gustaba mucho al señor Martin; cf Cta 158.
15 Texto bíblico muy familiar a Teresa (cf Ms A 74º; Ms C 5vº; Cta 145vº; 183;
PN 17,15; RP 4,4vº; NPPA/AJ y G; en BT, pp. 52s), siguiendo al señor Martin, de
quien escribe sor Genoveva: «Muchas veces sorprendíamos a nuestro padre
querido en el mirador, y lo veíamos repetir, con la mirada perdida en el infinito y
con un profundo acento, esta frase de la Sagrada Escritura, que le encantaba: «Ego
sum merces tua magna nimis»» (...) Por eso hicimos imprimir este texto en la
estampa de su recordatorio» (G/NPHF, p. 214).
16 Cf LAMARTINE, «Réflexion» en Recueillements poétiques.
17) Cf carta de la señora de Martin a Paulina, del 9 de julio de 1873.
18 Cf Cta 179, n. 1.
19 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, Oración del alma enamorada.
20 Según la costumbre de la época, la nueva profesa presidía el Oficio coral el día
de su profesión.
Cta 183 A sor Genoveva1
24 de febrero de 1896
CONTRATO DE ALIANZA
DE JESÚS CON CELINA
YO, JESÚS, el VERBO ETERNO, el HIJO ÚNICO DE DIOS y de la VIRGEN
MARÍA, me desposo hoy con CELINA, princesa desterrada, pobre y sin títulos.
Me entrego a ella bajo el nombre de: EL CABALLERO del AMOR, del
SUFRIMIENTO y del DESPRECIO2.
No es mi intención todavía devolver a mi amada su Patria, ni devolverle sus títulos
y su riqueza. Quiero que comparta conmigo la suerte que quise elegir para mí en la
tierra... Aquí abajo mi rostro está escondido, pero ella sabe reconocerme cuando
que los demás me desprecien. Yo, a cambio, coloco hoy en su cabeza el yelmo de
la salvación3 y de la gracia, para que su rostro esté escondido como el mío... Yo
quiero que esconda los dones que ha recibido de mí, dejándome dárselos o
quitárselos a mi antojo, sin apegarse de ninguno de ellos, e incluso olvidando todo
lo que puede engrandecerla a sus ojos o a los de las criaturas.
En adelante, mi amada se llamará GENOVEVA DE SANTA TERESA (su título
más glorioso, el de MARÍA DE LA SANTA FAZ, permanecerá escondido en la
tierra4, para brillar en el cielo con incomparable resplandor). Será pastora del único
Cordero5 que hoy se convierte en su Esposo. Nuestra unión engendrará almas más
numerosas que las estrellas del firmamento, y la familia de la Seráfica Teresa se
alegrará con el nuevo esplendor que le será dado.
Genoveva soportará pacientemente la ausencia de su Caballero, dejándole combatir
solo para que sólo él tenga el honor de la victoria; ella se conformará con manejar
la espada del amor6. Su voz me hechizará, cual dulce melodía, en medio de los
campos de batalla. El más leve de sus suspiros de amor abrasará con ardor
renovado a mis tropas más escogidas.
El alimento que yo, la Flor de los campos y el Lirio de los valles, quiero dar a mi
amada será el Trigo de los elegidos y el vino que hace germinar a las vírgenes...
Recibirá este alimento de las manos de la Humilde y Gloriosa Virgen María,
Madre de los dos...
Yo quiero vivir en mi amada, y, en prenda de esta vida, le doy mi Nombre7, y ese
sello real será la señal de su omnipotencia sobre mí corazón.
MAÑANA, DÍA DE LA ETERNIDAD8, me alzaré el casco... Mi amada verá el
resplandor de mi Faz adorable... Oirá el NOMBRE NUEVO que le tengo
reservado... ¡Y recibirá, como Gran Recompensa a la BIENAVENTURADA
TRINIDAD! Después de haber compartido la misma Vida escondida, gozaremos
en nuestro Reino de las mismas GLORIAS, del mismo TRONO, de la misma
PALMA y de la misma CORONA... Y nuestros dos corazones, unidos para toda la
eternidad, ¡¡¡se amarán con un mismo AMOR ETERNO...!!!
Dado en la Montaña del Carmelo, bajo nuestra firma y con el sello de nuestras
armas, en la fiesta de mi Agonía9, el día veinticuatro de febrero del año de gracia
de mil ochocientos noventa y seis.
T. DEL NIÑO JESÚS, EDITORA DEL CABALLERO DIVINO
NOTAS Cta 183
1 La víspera de su profesión, sor Genoveva encuentra en su celda un sobre sellado
con la efigie de la Santa Faz y con esta dirección: «Envío del Caballero Jesús. A mi
queridísima esposa, Genoveva de Santa Teresa, que vive de amor en la montaña
del Carmelo, Tierra de destierro»; En el ángulo superior derecho, efigie de la Santa
Faz imitando un sello de correos; en el ángulo superior izquierdo: «Pergamino
precioso»; en el ángulo inferior izquierdo: «Certificada»; en el inferior derecho:
«Valor inestimable». Al dorso del sobre, un gran sello de cera parda, con las armas
del Carmelo y matasellos en tinta negra: «Montaña del Carmelo. 26 febrero 96.
Tierra de destierro». Dentro del sobre, un pergamino iluminado, en el que figuraba
el escudo de armas de Celina con su divisa: «El que pierde, gana», y el texto que
sigue.
2 Cf Ms A 73vº y Cta 185.
3 Según la traducción de la Regla del Carmelo.
4 Cf Cta 174, n. 1. En 1916 sor Genoveva recuperará el apellido «de la Santa Faz»,
convirtiéndose definitivamente en «Genoveva de la Santa Faz».
5 Cf PN 10,4,4+.
6 Cf Or 17.
7 Alusión al monograma IHS; cf Cta 179, n. 2.
8 Cf Cta 118 y Ms A 77vº.
9 El lunes 24 de febrero de 1896, al haber sido trasladada la fiesta de san Matías al
25 debido al año bisiesto, se celebró el Oficio de la Agonía de Nuestro Señor.
Cta 184 A sor Genoveva
24 febrero de 1896
J.M.J.T.
A ti, hija mía querida, te ofrezco como regalo de bodas la última lágrima1 que
derramé en esta tierra de destierro. Llévala sobre tu corazón y recuerda que para
una sor Genoveva de Santa Teresa el camino para llegar a la santidad es el
sufrimiento. No te costará amar la cruz y las lágrimas de Jesús si piensas
frecuentemente en estas palabras: «¡Él me amó y se entregó por mí!»
Madre Genoveva
NOTAS Cta 184
1 En la tarde del 5 de diciembre de 1891, Teresa había recogido la «última
lágrima» de la madre Genoveva (cf Ms A 78vº). Esta reliquia se la ofrece hoy a su
hermana en nombre de la fundadora.