Cartas 142 a 155
Cta 142 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 6 de julio de 1893
Querida Celina:
Tus dos cartas han sonado como una dulce melodía en mi corazón... Me siento
feliz al ver la predilección de Jesús hacia mi Celina. ¡Cómo la quiere, y con qué
ternura la mira...!
Ahora ya estamos las cinco en nuestro camino1. ¡Qué suerte poder decir: «Estoy
segura de hacer la voluntad de Dios»! Y su santa voluntad se ha manifestado
claramente respecto a mi Celina. Es a ella a quien Jesús ha escogido entre todas
para ser la corona y la recompensa del santo patriarca que ha cautivado al cielo por
su fidelidad. ¿Cómo te atreves a decir que has sido olvidada o menos amada que
las otras? Yo te digo que has sido ESCOGIDA de manera privilegiada, que tu
misión es tanto más bella cuanto que, siendo el ángel visible de nuestro padre
querido, eres a la vez la esposa de Jesús.
«Es verdad -piensa tal vez mi Celina-, pero en definitiva yo hago por Dios menos
que las otras, tengo muchos menos consuelos, y por lo tanto menos méritos». «Mis
planes no son vuestros planes», dice el Señor. El mérito no consiste en hacer
mucho ni en dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho... Se ha dicho
que hay más felicidad en dar que en recibir, y es verdad; pero cuando Jesús quiere
reservarse para sí la felicidad de dar, no sería educado negarse. Dejémosle tomar y
dar todo lo que quiera. La perfección consiste en hacer su voluntad2 y al alma que
se [1vº] entrega enteramente a él el mismo Jesús la llama «su madre y su hermana»
y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguien me ama, guardará mi palabra (es
decir, cumplirá mi voluntad), y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos en
él nuestra morada»
¡Ay, Celina, qué fácil es agradar a Jesús, cautivar su corazón! Lo único que hay
que hacer es amarle sin mirarse uno a sí mismo y sin examinar demasiado los
propios defectos...
Tu Teresa no se encuentra en este momento en las alturas, pero Jesús le enseña a
«sacar provecho de todo, del bien y del mal que halla en sí»3. Le enseña a jugar a la
banca del amor, o, mejor, no, él juega por ella sin decirle cómo se las arregla, pues
eso es asunto suyo y no de Teresa. Lo que ella tiene que hacer es abandonarse,
entregarse sin reservarse nada para sí, ni siquiera la alegría de saber cuánto rinde su
banca4. Pero, después de todo, ella no es el hijo pródigo, y por tanto no vale la pena
que Jesús le ofrezca un festín, porque «ella está siempre con él».
Nuestro Señor quiere dejar «las ovejas fieles en el desierto». ¡Cuánto me dice
esto...! Él está seguro de ellas: no pueden descarriarse, porque están cautivas del
amor. Por eso Jesús las priva de su presencia sensible para ofrecer sus consuelos a
los pecadores; y si las lleva al Tabor, es por breves instantes: los valles son, por lo
regular, el lugar de su descanso. «Allí es donde él sestea a mediodía».
La mañana de nuestra [2rº] vida ya ha pasado, hemos gozado de las brisas
perfumadas de la aurora, todo entonces nos sonreía, Jesús nos hacía sentir su dulce
presencia. Pero cuando el sol cobró fuerza, el Amado «nos condujo a su jardín y
nos hizo recoger la mirra» de la tribulación separándonos de todo y hasta de sí
mismo. La colina de la mirra nos fortaleció con sus perfumes amargos, por eso
Jesús nos hizo bajar de nuevo y ahora estamos en el valle y él nos conduce
suavemente a lo largo de las aguas.
Celina querida, no sé muy bien lo que te digo, pero creo que comprenderás, que
adivinarás lo que quisiera decirte. ¡Seamos siempre la gota de rocío de Jesús! Ahí
está la dicha, la perfección... Afortunadamente es a ti a quien estoy hablando, pues
otras personas no sabrían comprender mi lenguaje, y confieso que a muy pocas
almas les suena a verdadero. En efecto, los directores hacen progresar en la
perfección a base de un gran número de actos de virtud, y tienen razón; pero mi
director, que es Jesús5, no me enseña a llevar la cuenta de mis actos, él me enseña a
hacerlo todo por amor, a no negarle nada, a estar contenta cuando él me ofrece una
ocasión de demostrarle que le amo; pero esto se hace en la paz, en el abandono6, es
Jesús [2vº] quien lo hace todo y yo no hago nada.
Me siento muy unida a mi Celina. Creo que no es frecuente que Dios haya hecho
dos almas que se comprendan tan bien, sin que haya nunca entre ellas una nota
discordante. La mano de Jesús, al tocar una de las liras, hace vibrar al mismo
tiempo la otra... ¡Vivamos escondidas en nuestra Flor divina de los campos hasta
que declinen las sombras; dejemos que las gotas de licor sean apreciadas por las
criaturas! Puesto que nosotras le gustamos a nuestro Lirio, sigamos siendo
gustosas ¡su gota exclusiva de rocío...! Y a cambio de esta gota, que habrá sido su
consuelo durante el destierro, ¿qué no nos dará él en la patria...? El mismo nos lo
dice: «Quien tenga sed, que venga a mí y beba» Así pues, Jesús es y será siempre
nuestro océano... Como el ciervo sediento, nosotras suspiramos por ese agua que
se nos promete; pero nuestro mayor consuelo es ser también nosotras el océano de
Jesús, el océano del Lirio de los valles.
Sólo tu corazón podrá leer esta carta, pues a mí misma me cuesta descifrarla. Se
me acabó la tinta, he tenido que echar saliva en el tintero para arreglármelas, ¿no
es para reírse...?
Abrazos a toda la familia, pero sobre todo a mi Rey querido, que recibirá un beso
de su Celina de parte de su reina,
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 142
1 Leonia ha entrado de nuevo en la Visitación de Caen el 24 de junio.
2 Cf Ms A 2vº.
3 SAN JUAN DE LA CRUZ, Glosa a lo divino; cf Ms A 83rº y PN 30.
4 Cf CSG, p. 71.
5 Cf Ms A 71rº y80 vº.
6 Es la primera vez que esta palabra aparece en los escritos.
Cta 143 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1893
Mi querida Celinita:
No contaba con responder yo esta vez a tu carta1, pero nuestra Madre quiere que
añada unas palabras a la suya.
¡Cuántas cosas tendría que decirte! Pero como no tengo más que unos momentos,
quiero, ante todo, asegurar a la gotita de rocío que su Teresa la comprende...
Después de leer tu carta, me fui a la oración. Tomando el evangelio, pedí a Jesús
encontrar un pasaje para ti, y mira el que me salió: «Fijaos en la higuera o en
cualquier árbol: cuando veis que comienzan a echar brotes, os dais cuenta de que
está próximo el verano. Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está
cerca el reino de Dios»
Cerré el libro. Ya había leído bastante. En efecto, «estas cosas» que suceden en el
alma de mi Celina demuestran que el reino de Jesús se ha establecido ya en su
alma... Ahora quiero decirte lo que sucede en la mía, que sin duda es lo mismo que
sucede en la tuya.
Es cierto lo que dices, Celina: las frescas mañanas2 han pasado ya para nosotras, ya
no quedan flores que cortar, Jesús las ha cogido para sí. Tal vez algún día haga
brotar otras nuevas; pero mientras tanto, ¿qué debemos hacer? Celina, Dios no me
pide ya nada... Al principio me pedía una infinidad de cosas. Durante algún tiempo
pensé que ahora, como Jesús no me pedía nada, tendría que caminar dulcemente en
la paz y en el amor, haciendo solamente lo que él me pedía3... Pero tuve una
inspiración.
Dice santa Teresa que [vº] es necesario alimentar el amor4. Cuando estamos en
tinieblas, en sequedades, la leña no se encuentra a nuestro alcance; pero ¿no
tendremos que echar en él al menos unas pajitas? Jesús es lo bastante poderoso
para alimentar él solo el fuego; sin embargo, le gusta vernos echar en él algo que lo
alimente. Es éste un detalle que le agrada, y entonces arroja él al fuego mucha
leña. A él nosotras no le vemos, pero sentimos la fuerza del calor del amor.
Yo lo he visto por experiencia: cuando no siento nada, cuando soy INCAPAZ de
orar y de practicar la virtud, entonces es el momento de buscar pequeñas
ocasiones, naderías que agradan a Jesús más que el dominio del mundo e incluso
que el martirio soportado con generosidad. Por ejemplo, una sonrisa, una palabra
amable cuando tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado, etc.,
etc.
¿Comprendes, Celina querida? No es para labrar mi corona5, para ganar méritos, es
por agradar a Jesús... Cuando no tengo ocasiones, quiero al menos decirle muchas
veces que le amo. Esto no resulta difícil, y alimenta el fuego; aun cuando me
pareciese que está apagado ese fuego del amor, me gustaría echar en él alguna
cosa, y Jesús podría entonces reavivarlo.
Celina, temo no haber dicho lo que debiera. Tal vez pienses que yo hago siempre
esto que digo. Pues no, no siempre soy fiel. Pero no me desanimo nunca6, me
abandono en los brazos de Jesús. La gotita de rocío se hunde más adentro en el
cáliz de la Flor de los campos y allí encuentra todo lo que ha perdido, y mucho
más.
Tu hermanita
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 143
1 La del 12 de julio (LC 154). En su respuesta a la Cta 142, Celina decía entre
otras cosas: «Tu hermosa carta me ha gustado mucho y es todo un alimento para
mi alma. (...) En mi interior, todo es la nada, todo es noche oscura. ¿Dónde queda
el tiempo en que yo -tan transportada, tan fuerte, tan animosa- leía a san Juan de la
Cruz y, con el alma dilatada de alegría, volaba tan alto? Ha pasado ya el tiempo en
que cantaba: «De flores y esmeraldas, / en las frescas mañanas escogidas, /
haremos las guirnaldas...».
«Teresa querida, ¡tu me comprendes tan bien, y tu alma es un eco tan fiel de la
mía...! Sí, la mañana de nuestra vida ha pasado, y ahora ha llegado el mediodía, tan
pesado y agobiante...
«Sin embargo, me viene a la mente un pensamiento: y es que san Juan de la Cruz
no dice que el alma trence las guirnaldas en las frescas mañanas, sino con flores
escogidas en las frescas mañanas. Es, por tanto, ahora, en el mediodía, cuando el
alma trenza las flores que antes escogió en las frescas mañanas...
«Ahora ya no tiene para ofrecer a su Amado más que el ramillete ya escogido;
ahora ya no puede hacer otra cosa que anudarlo en uno solo de sus cabellos»...
«Teresa querida, ¿así que tú crees que basta con un solo cabello de nuestro amor...?
¿Crees que Dios no me pide que escoja nuevas flores y nuevas esmeraldas, que
practique muchas virtudes, que produzca «emisiones de bálsamo divino», sino
únicamente que trence con amor las flores de las frescas mañanas...? ¿Así que tú
crees que ahora sólo basta el amor? ¡Cuánto bien me hace este pensamiento! ¡Me
ha venido de pronto al escribirte, pues yo interpretaba de otra manera esas
palabras!. (LC 154, 12/7/1893).
2 SAN JUAN DE LA CRUZ, CE, can. 30.
3 En el autógrafo: «lo que me pedía en otro tiempo». El añadido es de sor
Genoveva y quedó registrado en los Procesos (CE II) y en la edición de 1948.
4 SANTA TERESA DE JESÚS, V 30,20.
5 Cf Cta 43 y 94; PN 13, 17; el Acto de Ofrenda (Or 6); Cta 182; carta de María de
la Eucaristía a la señora de Guérin del 10/7/1897.
6 El rechazo del desaliento es una actitud muy teresiana, ya desde su niñez; cf el
propósito de su primera comunión: «Nunca me desanimaré» (VT nº 74, p. 134) y
supra, Ms C n. 50.
Cta 144 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1893
Querida Celinita:
No me sorprende que no entiendas nada de lo que ocurre en tu alma. Un niño
PEQUEÑO completamente solo en el mar, en una barca perdida en medio de las
olas borrascosas ¿podrá saber si está cerca o lejos del puerto? Mientras sus ojos
divisan todavía la orilla de donde zarpó, sabe cuánto camino lleva recorrido y, al
ver alejarse la tierra, no puede contener su alegría infantil. ¡Pronto -se dice a sí
mismo- llegaré al final del viaje! Pero cuanto más se aleja de la playa, más vasto
parece también el océano. Entonces la CIENCIA del niñito se ve reducida a nada,
y ya no sabe hacia dónde va su navecilla. Como no sabe manejar el timón, lo único
que puede hacer es abandonarse, dejar flotar la vela a merced del viento...
Celina mía, la niñita de Jesús se encuentra completamente sola en una
barquichuela, la tierra ha desaparecido a sus ojos y no sabe a dónde va, ni si
avanza o retrocede... Teresita sí lo sabe: está segura de que su Celina está en alta
mar, de que la navecilla que la lleva boga a velas desplegadas hacia el puerto, de
que el timón, que Celina ni siquiera puede ver, no está sin piloto. Jesús está allí,
dormido, como antaño en la barca de los pescadores de Galilea. Él duerme... y
Celina no lo ve porque la noche ha caído sobre la navecilla... Celina no oye la voz
de Jesús. El viento sopla y ella lo oye soplar, ve las tinieblas... y Jesús sigue
durmiendo. Sin embargo, [1vº] si se despertara solamente un instante, sólo tendría
que «ordenar al viento y al mar, y vendría una gran calma», y la noche sería más
clara que el día. Celina vería la mirada divina de Jesús, y su alma quedaría
consolada... Pero entonces Jesús ya no dormiría, ¡y está tan CANSADO...! Sus pies
divinos están cansados de buscar a los pecadores, y en la navecilla de Celina Jesús
descansa tan a gusto...
Los Apóstoles le habían dado una almohada, el Evangelio nos cuenta este detalle.
Pero en la barquilla de su esposa querida Nuestro Señor encuentra otra almohada
mucho más suave: el corazón de Celina. Allí lo olvida todo, allí está como en su
casa... No es una piedra lo que sostiene su cabeza divina (aquella piedra por la que
suspiraba durante su vida mortal): es un corazón de hija, un corazón de esposa. ¡Y
qué contento está Jesús! ¿Pero cómo puede estar contento cuando su esposa sufre,
cuando vela mientras él duerme dulcemente? ¿No se da cuenta de que Celina no ve
más que la noche, de que su rostro divino está escondido para ella, y de que a veces
hasta la carga que siente sobre su corazón le parece pesada...?
¡Qué gran misterio! Jesús, el niñito de Belén, a quien María llevaba como una
«carga ligera», se vuelve pesado, tan pesado que san Cristóbal se queda
sorprendido... También la esposa de los Cantares dice que su «Amado es un
ramillete de mirra que descansa sobre sus senos». La mirra es el sufrimiento, y así
es como Jesús reposa sobre el corazón de Celina... Y sin embargo, Jesús está
contento de verla entre sufrimientos, se siente feliz de recibirlo todo de ella durante
la noche... Espera la aurora, y entonces... sí, entonces ¡¡¡qué despertar el de
Jesús...!!!
Celina querida, ten la seguridad de que tu barca está en alta mar, tal vez muy cerca
ya del puerto. El viento del dolor que la empuja es un viento de amor, y ese viento
es más rápido que el relámpago...
[rºtv] ¡Cómo me emocionó saber que Jesús te había inspirado la idea de los
pequeños sacrificios! Yo se lo había pedido, no contando con escribirte tan pronto.
Hasta ahora, nunca Nuestro Señor se me ha negado a inspirarte lo que le he pedido
que te diga1. Siempre nos concede las mismas gracias a las dos. Hasta me veo
obligada a llevar un rosario de prácticas2. Lo hago por caridad hacia una de mis
compañeras3. Ya te lo contaré detalladamente, es muy divertido... Estoy presa entre
unos hilos que no me gustan, pero que me son muy útiles en la situación en que se
encuentra mi alma4.
NOTAS Cta 144
1 Cf Cta 137, párr. 4; Cta 149, párr. 2; CA 13.7.9.
2 Rosario de cuentas móviles para contar los actos de virtud o los sacrificios. De
niña, Teresa se había servido de este sencillo medio ascético: cf Cta 11.
3 Sor Marta de Jesús, Cf Or 3.
4 Celina responde a esta carta el 27 de julio. Tu carta, escribe, «me ha hecho tanto
bien, que he dado gracias por ella a Nuestro Señor. No lo entiendo, pero siempre
me dices justamente lo que necesito que me digan...
«La imagen del niño en alta mar me ha dado mucho que pensar, y también esto
otro: «Jesús se siente feliz de recibirlo todo durante la noche... Espera la aurora, y
entonces..., sí, entonces ¡¡¡qué despertar el de Jesús...!!!». Esto, Teresa, me
transporta.
«Me ha emocionado, me ha emocionado mucho nuestra coincidencia en los
pequeños sacrificios. Sí, Jesús me los pide y yo no los rechazo. Me siento inclinada
a, «ya que Jesús no me da», dar yo sin medida y aprovechar las ocasiones» (LC
155, 27/7/1893).
Cta 145 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 2 de agosto de 1893
Querida Celinita:
Tu carta me ha llenado de alegría. El camino que sigues es un camino real. No es
un camino trillado, sino un sendero que ha sido trazado por el mismo Jesús. La
esposa de los Cantares dice que, al no encontrar a su Amado en el lecho, se levantó
para buscarle por la ciudad, pero en vano; y que en cuanto salió de la ciudad,
encontró al que amaba su alma...
Jesús no quiere que encontremos en el reposo su presencia adorable; él se esconde,
se rodea de tinieblas. No se comportaba así con la muchedumbre de los judíos,
pues vemos en el Evangelio que «el pueblo estaba PENDIENTE de sus labios».
Jesús cautivaba a las almas débiles con sus divinas palabras y trataba de hacerlas
fuertes para el día de la prueba... ¡Pero qué pequeño fue el número de los amigos
de Nuestro Señor cuando SE CALLABA delante de sus jueces...! ¡Y qué melodía
es para mi corazón ese silencio de Jesús...! El se hace pobre para que nosotras
podamos darle limosna, nos tiende la mano como un mendigo, para que cuando
aparezca en su gloria el día del juicio, pueda hacernos oír aquellas dulces palabras:
«Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer,
tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve enfermo y
en la cárcel y me socorristeis».
El mismo Jesús que pronunció estas palabras es quien busca nuestro amor, quien lo
mendiga... Se pone, por así decirlo, a nuestra merced. No quiere tomar nada sin
que se lo demos, y hasta la cosa más insignificante es preciosa a sus ojos divinos...
[vº] Celina querida, alegrémonos de la porción que nos ha tocado, ¡es tan hermosa!
¡Demos, demos a Jesús, seamos avaras con los otros, pero pródigas con él!
Jesús es un tesoro escondido, un bien inestimable que pocas almas saben encontrar
porque está escondido y el mundo ama lo que brilla. ¡Ah!, si Jesús hubiera querido
mostrarse a todas las almas con sus dones inefables, ciertamente ni una sola lo
hubiera desdeñado. Pero él no quiere que le amemos por sus dones: él mismo
quiere ser nuestra recompensa1. Para encontrar una cosa escondida, hay que
esconderse también uno mismo2. Nuestra vida ha de ser, pues, un misterio.
Tenemos que parecernos a Jesús, al Jesús cuyo rostro estaba escondido...
«¿Queréis aprender algo que os sea útil? -dice la Imitación-. Gustad de ser
ignorados y tenidos en nada»3. Y en otra parte: «Después de haberlo dejado todo,
es necesario dejarse, sobre todo, a sí mismo»4. «Que éste se gloríe de una cosa,
aquél de otra. En cuanto a vosotros, no pongáis vuestro gozo sino en el desprecio
de vosotros mismos»5.
¡Qué paz dan al alma estas palabras, Celina! Tú las conoces, ¿pero no sabes ya
todo lo que quisiera decirte...? Jesús te ama con un amor tan grande, que, si lo
vieras, caerías en un éxtasis de felicidad que te causaría la muerte. Pero no lo ves y
sufres...
¡Pronto Jesús «se levantará para salvar a todos los mansos y humildes de la
tierra»...!
NOTAS Cta 145
1 Cf Cta 182, n. 15.
2 SAN JUAN DE LA CRUZ, CE 1,9.
3 Im I,2,3,.
4 Im II,11,4.
5 Im III,49,7; cf Cta 176 y Ms A 71rº.
Cta 146 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 10 de agosto de 1893
Querida tía:
He visto gustosa cómo usted supo leer en el corazón de su hijita. No quiero, sin
embargo, que mi hermosa letra pierda el honor de ser admirada en el castillo de La
Musse... Por eso me he sentido muy feliz cuando nuestra Madrecita me confió la
dulce misión de contestar a su carta.
Querida tía, todas y cada una de las líneas que nos ha escrito me revelan su
corazón, que es el [1vº] de la más tierna de las madres. Pero también el de su
Teresita es un corazón de hija, lleno de amor y de gratitud...
Pido a Dios que cure a mi querido tío1. Y la verdad es que me parece que esta
súplica no puede dejar de ser escuchada, puesto que Nuestro Señor mismo está
interesado en esa curación. ¿No trabaja, acaso, el brazo de mi tío, escribiendo
incansablemente páginas admirables, destinadas a salvar almas y a hacer temblar a
los demonios2?
Creo que Dios nos está escuchando ya, y espero que disfruten en paz de los últimos
días que les [2rº] quedan por pasar en su hermoso castillo3. ¡Qué feliz debe de
sentirse Juana al poder gozar a sus anchas de la presencia de Francis, al que tiene
tan poco a su lado en Caen4! He rezado mucho para que desaparezca por completo
ese dichoso esguince, pues tiene que ser un negro nubarrón en el azul del cielo de
mi Juana.
Me acuerdo también de mi hermanita María. Me parece que desde que plantó su
morada en las copas de los árboles5, yo le debo de parecer muy pequeña y
despreciable. Cuando uno se acerca al cielo, descubre maravillas que no existen en
[2vº] los humildes valles. Me llamará mala, pero eso no me impedirá ofrecer la
sagrada comunión por Su Alteza el día de su santo...
No acierto a expresarle, querida tía, lo feliz que me siento cuando pienso que mi
querido papaíto está con ustedes, rodeado de cariño y de cuidados. Dios ha hecho
con él lo mismo que con su servidor Job: después de haberlo humillado lo colma
de favores, y todos esos bienes y ese cariño le llegan por medio de ustedes.
Querida tiíta, tengo todavía muchas cosas que decirle, pero no me queda espacio, y
no es respetuoso terminar así [2vºtv] una carta escribiendo de través. Perdóneme,
querida tía, y ojalá sepa intuir todo lo que quisiera escribirle, lo mismo que al resto
de la familia.
La madre María de Gonzaga y nuestra Madre les mandan muchos y muy cariñosos
saludos. Se sienten encantadas de saber que os va a ser presentada la señora de
Virville6.
Un abrazo con todo el corazón, querida tía, y siempre seré
Su respetuosa hijita,
Sor Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 146
1 El señor Guérin sufría de reumatismo en un brazo.
2 Desde octubre de 1891, el señor Guérin sostenía con su pluma y con su fortuna el
periódico conservador Le Normand.
3 El regreso de La Musse a Lisieux estaba fijado para el 18 de agosto.
4 El ejercicio de su profesión obligaba al Dr. La Néele a frecuentes ausencias.
5 María Guérin le había tomado un cariño especial a uno de los robles del parque.
6 Cuñada de la madre María de Gonzaga.
Cta 147 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 13 de agosto de 1893
Querida Celinita:
Sentimos mucho todos esos problemas que tienes con la sirvienta1.
Nuestra Madre no pensaba escribirte antes de que volvieras, pero es tan buena y
quiere tanto a su Celinito, que, al saber que estaba triste, ha querido darle un
pequeño consuelo permitiendo a tu Teresa escribirte unas letras.
No sabemos lo que debes hacer con la casa2. Deberías preguntarle a nuestro tío,
nosotras daremos por bueno lo que él decida; de todas formas, ya hablaremos de
ello de viva voz.
Tu pobre sirvienta es bien desgraciada con tener ese vicio tan feo, y sobre todo de
ser mentirosa; ¿no podrías convertirla, como a su marido3? No hay pecado sin
perdón, y Dios es [1vº] poderoso para dar conciencia aun a las personas que no la
tienen. Voy a rezar mucho por ella. Tal vez, en su lugar, yo fuese todavía peor que
ella, y tal vez también ella sería ya una gran santa si hubiese recibido la mitad de
las gracias de que Dios me ha colmado a mí.
Creo que Jesús es muy bueno al permitir que mis pobres cartitas te sirvan de
ayuda. Pero te aseguro que no caigo en el error de pensar que tengo en ello el
menor mérito. «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles».
Los más bellos discursos de los más grandes santos no lograrían hacer brotar un
solo acto de amor de un corazón si Jesús no estuviese adueñado de él. Sólo él sabe
servirse de su lira, nadie más puede hacer vibrar sus notas armoniosas. Pero Jesús
se sirve de todos los medios, todas las criaturas [2rº] están a su servicio y a él le
gusta utilizarlas durante la noche de la vida para ocultar su presencia adorable. Mas
no se oculta tanto que no se deje adivinar. En efecto, veo que muchas veces me da
luces, no para mí, sino para su Palomita desterrada, para su esposa querida. Esto es
muy cierto, y en la misma naturaleza encuentro un ejemplo de ello.
Imagínate un hermoso melocotón4 rosado y tan dulce, que todos los confiteros
juntos no lograrían imaginar un sabor tan dulce como el suyo. Dime, Celina,
¿acaso creó Dios para el melocotón ese precioso color rosa tan aterciopelado y tan
agradable a la vista y al tacto? ¿Gastó por él tanto azúcar...? La verdad que no. Fue
para nosotras y no para él. Pero lo más propio suyo, lo que forma la esencia de su
vida es el hueso; podemos quitarle toda su belleza, sin [2vº] quitarle su ser.
De la misma manera, Jesús se complace en prodigar sus dones a algunas de sus
criaturas, pero muchas veces es para atraer hacia sí a otros corazones; y luego,
cuando ha logrado su objetivo, hace desaparecer esos dones exteriores y despoja
completamente a las almas que le son más queridas. Al verse en tan gran pobreza,
esas pobres almas tienen miedo, les parece que no sirven para nada, puesto que lo
reciben todo de los demás y ellas no pueden dar nada. Pero no es así: la esencia de
su ser trabaja en secreto. Jesús va formando en ellas ese germen que ha de
desarrollarse allá arriba en los jardines del cielo. Se complace en hacerles ver su
nada y su propio poder. Para llegar a ellas, se sirve de los instrumentos más viles,
demostrándoles así que es él solo quien trabaja. Se da prisa en perfeccionar su obra
para el día en que, desvanecidas las sombras, no se comunicará ya a través de
intermediarios, sino en un cara a cara eterno...
(Nuestra Madre agradece a María5 su cartita, lo mismo que la madre María de
Gonzaga; les ha encantado.)
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 147
1 María, la esposa de Désiré, se daba a veces a la bebida.
2 La casa de la calle Labbey, alquilada por Celina en 1892, tras el regreso del señor
Martin a Lisieux.
3 Désiré había vuelto a la práctica religiosa después de una novena de Celina a San
José, en marzo de 1893.
4 Una de las frutas preferidas de Teresa; cf CA 24.7.1.
5 María Guérin, que deseaba entrar en el Carmelo.
Cta 148 A Leonia
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 13 de agosto de 1893
Querida Leonia:
¿Piensas, tal vez, que tu Teresa te tiene olvidada? ¡En absoluto! Tú conoces
demasiado bien su corazón para pensar eso. Me habría gustado escribirte al mismo
tiempo que nuestra Madre y que sor María del Sagrado Corazón, pero hubo un
malentendido y su carta salió antes de lo que yo pensaba. Hoy voy a desquitarme
pasando un rato contigo.
¡Si supieras, querida hermanita, las acciones de gracias que elevo al cielo por el
don que Dios te ha concedido! [1vº] Por fin tus deseos se han realizado. Como la
paloma que salió del arca, tampoco tú podías hallar sobre la tierra del mundo un
lugar donde posar el pie, y volaste durante mucho tiempo tratando de entrar en la
mansión bendita donde tu corazón había fijado para siempre su morada. Jesús se
hizo esperar, pero al fin los gemidos de su paloma lo conmovieron, extendió su
mano divina y, tomando a su prometida, la colocó sobre su corazón, en el
tabernáculo de su amor.
Se ha realizado así ya la predicción de nuestra santa tía1. La hija de la beata
Margarita María2 está en la Visitación y será ya para siempre la esposa de Nuestro
Señor.
Claro, que mi alegría es completamente espiritual, pues ya no volveré a ver aquí en
la tierra a mi querida Leonia, ya no volveré a escuchar su voz ni a desahogar mi
corazón en el suyo... Pero sé que la tierra es el [2rº] lugar de nuestro destierro,
somos viajeras que caminamos hacia la patria. ¿Qué importa la ruta que seguimos
no sea la misma, si nuestra meta común es el cielo? Allí nos reuniremos para no
separarnos jamás. Allí saborearemos eternamente las alegrías de la familia,
volveremos a encontrar a nuestro padre querido, aureolado de gloria y honor por su
fidelidad a toda prueba y sobre todo por las humillaciones en las que fue abrevado;
veremos a nuestra madre, que se alegrará de las tribulaciones que fueron nuestra
heredad durante del destierro de la vida, gozaremos de su dicha al contemplar a sus
cinco hijas religiosas, y con los cuatro angelitos que nos esperan allá arriba
formaremos una corona que ceñirá para siempre la frente de nuestros padres
queridos.
Querida hermanita, ya ves que también yo participo de tu alegría, que sé [2vº] que
es muy grande, pero que sé también que los sacrificios no dejan de acompañarla.
¿Sería meritoria, sin ellos, la vida religiosa? No, ¿verdad que no? Por el contrario,
las pequeñas cruces son las que constituyen toda nuestra alegría. Esas pequeñas
cruces no son más corrientes que las grandes, y preparan nuestro corazón para
recibir éstas cuando así lo quiera nuestro Maestro.
Te ruego, querida Leonia, que des mis respetuosos saludos a tu Reverenda Madre,
hacia la que conservo un afecto muy filial desde el día que tuve el honor de
conocerla3. ¿No pertenezco yo ya también un poco a su familia, al ser tú su hija y
yo tu indigna hermanita...?
Nuestra Madre, la madre María de Gonzaga y sor María del Sagrado Corazón
presentan también sus respetuosos saludos a la Madre superiora, y envían a su
querida Leonia sus mejores deseos de felicidad.
No olvides en tus oraciones, querida hermana, a la más pequeña de las carmelitas,
que tan unida está contigo en el corazón de la Santísima Virgen.
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 148
1 Sor María Dositea Guérin, salesa en Le Mans, escribía el 28 de abril de 1869:
«En cuanto a la pequeña Leonia, no puedo menos de pensar que será salesa».
2 Alusión a la curación de Leonia, cuando era niña, después de una novena que sor
María Dositea hizo a la beata Margarita María, en marzo de 1865.
3 La madre María de Sales Lefrançois, a quien Celina y Teresa habían conocido
con ocasión de una visita que hicieron a Leonia durante su primera estancia en la
Visitación (julio de 1887-enero de 1888).
Cta 149 A Celina
20 (?) de octubre de 1893
J.M.J.T.
Jesús +
Celina querida:
He encargado a Jesús que felicite en mi nombre a mi hermanita sor María de la
Santa Faz1... Sólo Jesús debe ser el vínculo divino que nos una. Sólo él tiene
derecho a penetrar en el santuario de su esposa... Sí, él, y sólo él, escucha cuando
nada nos responde2... Sólo él dispone los acontecimientos de nuestra vida de
dertierro. Él es quien a veces nos ofrece el cáliz amargo. Pero nosotras no le
vemos, él se esconde, oculta su mano divina, y no logramos ver más que a las
criaturas. Entonces sufrimos, porque la voz de nuestro Amado no se deja oír y la de
las criaturas parece despreciarnos...
Sí, el sufrimiento más amargo es el de no ser comprendidas... Pero nunca será ése
el sufrimiento de Celina y de Teresa. Nunca, pues sus miradas están puestas más
allá de la tierra y se elevan por encima de lo creado. Cuanto más se esconde Jesús,
tanto más sienten ellas que Jesús está cerca. En su delicadeza exquisita, él marcha
por delante, apartando las piedras del camino y alejando a los reptiles. Pero no es
nada todavía: él hace resonar en nuestros oídos voces amigas, y esas voces nos
advierten que no caminemos demasiado seguras... ¿Y por qué? ¿No es acaso el
mismo Jesús quien ha trazado nuestra ruta? ¿No es él quien nos alumbra y se
revela a nuestras almas...? Todo nos lleva a él, las flores que crecen al borde del
camino no cautivan [1vº] nuestros corazones3. Las miramos, las amamos, porque
nos hablan de Jesús, de su poder, de su amor, pero nuestras almas permanecen
libres. ¿Por qué turbar, pues, nuestra dulce paz? ¿Por qué temer la tormenta cuando
el cielo está sereno...?
¡Celina, querida Celina...! No son los precipicios lo que hay que evitar. Estamos en
brazos de Jesús; y si voces amigas nos aconsejan temer, es nuestro Amado en
persona quien así lo quiere. ¿Y por qué...? Porque, en su amor, ha escogido para
sus esposas el mismo camino que escogió para sí. Quiere que las alegrías más
puras se cambien en sufrimientos, a fin de que nuestro corazón, no teniendo, por
así decirlo, ni siquiera tiempo para respirar a gusto, se vuelva hacia él, que es
nuestro único sol y nuestra única alegría...
Las flores del camino son los placeres puros de la vida. No hay mal alguno en
disfrutar de ellos. Pero Jesús está celoso de nuestras almas, y desea que para
nosotras todos los placeres estén mezclados con amargura... Y aunque las flores del
camino conducen al Amado, son, sin embargo, un camino indirecto; son la placa o
el espejo que reflejan al sol, pero no son el sol...
No estoy diciendo a mi Celina querida lo que quisiera decirle, me explico tan mal...
Tal vez ella me entienda con medias palabras, ¡se las arregla tan bien Jesús para
cumplir los encargos de su pobre Teresa...!
Hay en el Cantar de los Cantares un pasaje que le cuadra a la perfección a la pobre
Celinita desterrada. Es éste: «¿Qué veis en la esposa sino coros musicales en un
campo de batalla?» ¡Sí, la vida de mi Celina es realmente un campo de batalla...!
Como pobre palomita, gime junto a los canales de Babilonia, ¿y cómo podrá cantar
los cánticos del Señor [2rº] en tierra extranjera...? Y sin embargo, tiene que cantar,
su vida tiene que ser una melodía (un coro musical). Es Jesús quien la retiene
cautiva, pero él está a su lado... Celina es la humilde lira de Jesús4... ¿Es completo
un concierto cuando nadie canta...? Si Jesús toca, ¿no tiene Celina que cantar...?
Cuando el aire sea triste, ella cantará el cántico del destierro, y cuando el aire sea
jubiloso, su voz dejará oír los acentos de la patria... Todo lo que pueda suceder,
todos los acontecimientos de la vida no serán más que ruidos lejanos que no harán
vibrar a la pequeña lira, sólo Jesús tiene derecho a posar en ellas sus dedos divinos.
Las criaturas son peldaños, instrumentos, pero es la mano de Jesús la que lo dirige
todo. En todo hay que verlo sólo a él...
No puedo pensar sin extasiarme en mi querida santa Cecilia. ¡Qué modelo para la
humilde lira de Jesús...! En medio del mundo, metida entre toda clase de peligros,
en el momento de unirse a un joven pagano que no respira más que amor profano,
me parece que Cecilia hubiese debido temblar y llorar... Pero no: al oír el sonido de
los instrumentos que festejaban sus bodas, Cecilia cantaba en su corazón5... ¡Qué
abandono...! Escuchaba, sin duda, unas melodías que no eran de la tierra; su
esposo divino cantaba también; los ángeles hacían resonar en el corazón de Cecilia
el sonido de sus conciertos celestiales... Cantaban como [2vº] en otro tiempo junto
al pesebre de Jesús: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que
Dios ama».
¡La gloria de Dios! Cecilia adivinaba que su esposo divino tenía sed de almas y
anhelaba ya la del joven romano que sólo soñaba en la gloria de la tierra; pronto
hará de él un mártir, y las multitudes marcharán en pos de sus huellas... Cecilia no
teme, porque los ángeles cantaron: «Paz a las almas que el Señor ama»; ella sabe
que Jesús está obligado a guardarla, a proteger su virginidad. Por eso, ¡qué
recompensa...!
Sí, es preciosa la casta generación de las almas vírgenes, canta frecuentemente la
Iglesia, y esta palabra sigue siendo hoy tan verdadera como en los tiempos de la
virgen Cecilia...
Celina querida, ¡qué contento está Jesús con su pequeña lira! ¡Tiene tan pocas en el
mundo! Déjale descansar a tu lado, no te canses de cantar, pues Jesús no se cansa
nunca de tocar... Un día, allá arriba en la patria, verás los frutos de tus trabajos...
Después de haber sonreído a Jesús en medio de las lágrimas, gozarás de los rayos
de su Faz divina y él seguirá tocando en su pequeña lira. ¡Tocará durante toda la
eternidad aires nuevos que nadie, excepto Celina, podrá cantar...!
NOTAS Cta 149
1 A propósito de este nombre, cf Cta 98, n. 1.
2 San Agustín.
3 Cf CE 3,5.
4 Teresa se siente a gusto con este instrumento «melodioso», cuyo simbolismo le
es familiar: cf Cta 102, 140, 142, 147, 161; PN 3(3f); PN 5,14; PN 17,14; PN
18,40; PN 20,4; PN 47,1; PN 48,5; RP 1,19vº; RP 2(4 f.); RP 3,13rº; RP 5, estr. 5;
RP 7,5vº; Or 4.
5 Oficio litúrgico de santa Cecilia; cf Cta 54, n. 2.
Cta 150 A la señora de la Néele
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 22 de octubre de 1893
Querida Juana:
Ahora me toca a mí pedirte disculpas, pues he tardado mucho en agradecerte todas
esas golosinas1. Pero tenía una cierta esperanza de expresarte mi gratitud de
palabra, y por esta razón he tardado en escribirte.
No, no he tenido el mal pensamiento de que mi hermanita me tuviese olvidada,
sino que me parecía de lo más natural que se contentase con rezar una oración por
su Teresita. [1vº] Por eso, me emocioné mucho más de lo que sé decirte al recibir
tu amorosa carta. También la felicitación de mi querido primo me emocionó
mucho. Y por último, los tarros de mermelada vinieron a colmar todas tus
delicadezas para conmigo...
Nuestra Madre santa Teresa era tan agradecida, que decía graciosamente «que le
ganaban el corazón con una sardina»2. ¿Qué habría dicho si hubiese conocido a
Francis y a Juana...? Pero el cielo no está tan lejos de la tierra que ella no pueda
verlos y bendecirlos. Tengo incluso la seguridad de que le tiene un cariño
espe[2rº]cial a mi querida Juana. Nuestra santa Madre tenía también una hermana
que se llamaba Juana, y, al leer su vida, me conmovió mucho ver con qué ternura
velaba por sus sobrinitos. Por eso, sin dejar a un lado a santa Ana3, me dirijo a
santa Teresa para alcanzar por su intercesión la gracia de ser tía también yo4. No
dudo de que me escuchará enviando a mi querida Juana una familia bendita, que
dará a la Iglesia grandes santos y grandes santas5.
El retraso no me desanima, pues sé que en la curia de Roma se necesita mucho
[2vº] tiempo para hacer santos, y no puedo enfadarme con Dios porque ponga todo
su cuidado y todo su amor en la preparación de esas almas infantiles que un día
confiará a mi Juana.
Te pido, hermanita, que invoques a santa Teresa; estoy segura de que santa Ana
estará contenta de que lo hagas. La unión hace la fuerza, y las dos, juntas, nos
alcanzarán la gracia que pedimos.
Querida Juana, te ruego que seas mi intérprete ante Francis, dándole las gracias por
su felicitación. Un abrazo cordial, con todo el cariño de esta hermanita,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
[2vºtv] Nuestra Madre y sor María del Sagrado Corazón te envían todo su cariño y
no cesan de rezar para que los deseos de su querida Juanita se vean plenamente
escuchados.
NOTAS Cta 150
1 Con ocasión del santo de Teresa, el 15 de octubre.
2 Carta a María de San José, septiembre de 1578.
3 Cf Cta 136, n. 3.
4 Tía al estilo de la Bretaña...
5 Cf Cta 152, n. 2.
Cta 151 A Leonia
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 5 de noviembre de 1893
Querida Leonia:
Me siento enormemente feliz con tu felicidad. Tus cartas son para mí una
verdadera alegría. Veo, sin ningún género de duda, que estás verdaderamente
donde te quiere el Señor.
¡Qué bueno ha sido el Señor con nuestra familia! No ha permitido que ningún
mortal se convirtiera en esposo de ninguna de nosotras.
Acabamos de hacer unos hermosos ejercicios espirituales como preparación para la
[1vº] fiesta de nuestra Santa Madre. El Padre1 nos ha hablado, sobre todo, de la
unión con Jesús y de la belleza de nuestra vocación. Nos ha hecho ver todas las
ventajas de la vida religiosa, y en especial de la vida contemplativa. Nos ha puesto
una comparación que me ha encantado. «Mirad -nos decía- los robles de nuestros
campos, cómo crecen a lo ancho: echan ramas a derecha e izquierda, nada los
contiene, por eso no alcanzan nunca gran altura. Por el contrario, mirad los robles
de los bosques que están presionados por todos los lados: no reciben luz más que
desde arriba, por eso su tronco está desprovisto de todas esas ramas disformes
[2rº] que les roban la savia que necesitan para elevarse hasta lo alto. No ven más
que el cielo, y, así, toda su fuerza se dirige hacia allá y pronto alcanzan una altura
asombrosa. En la vida religiosa, el alma, al igual que el joven roble, se encuentra
presionada por todos los lados por la regla, y todos sus movimientos se ven
cohibidos, obstaculizados por los árboles del bosque...; pero ve luz cuando mira al
CIELO, sólo allí puede descansar su mirada, nunca debe tener miedo de elevarse
demasiado hacia allá».
Querida hermanita, creo que te gustará que te hable de estas cosas. Nuestra
felicidad está en hablar de los asuntos del alma, en sumergir nuestros [2vº]
corazones en el infinito...
Te pido perdón por enviarte unas cartas tan mal escritas; pero, hermanita querida,
prefiero dejar correr la pluma a impulsos del corazón a redondear las frases y
escribirte una página literaria.
Te ruego que saludes respetuosamente de mi parte a la Madre superiora.
No me olvides en tus oraciones, acuérdate de mí junto a Jesús tanto como yo me
acuerdo de ti.
Te dejo, querida Leonia, quedando muy unida a ti en el corazón de nuestro divino
Esposo.
Tu indigna hermanita,
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 151
1 El P. Armando Lemonnier, de los Misioneros de la Liberación (Calvados).
Volverá a predicar en 1894 y 1895, y revisará el Acto de Ofrenda (Or 6).
Cta 152 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1893
Querida tía:
¡Qué delicia para su Teresita, poder felicitarla cada año en el día de su santo! Sin
embargo, no tengo nada nuevo que decirle, pues hace ya mucho tiempo que sabe
cuánto la quiero.
Querida tiíta, no tengo miedo de aburrirla repitiéndoselo una vez más, y ésta es la
razón que me hace pensar así: cuando estoy junto al sagrario, yo no sé decirle a
Nuestro Señor más que una cosa: «Dios mío, tú [1vº] sabes que te quiero». Y
siento que mi oración no le cansa a Jesús. Como conoce la impotencia de su pobre
esposa, se conforma con su buena voluntad. Yo sé también que Dios ha derramado
en el corazón de las madres algo del amor del que desborda su propio corazón... Y
la madre a quien me dirijo ha recibido el amor maternal en tan larga medida, que
no puedo tener miedo a verme incomprendida...
Por lo demás, mi impotencia no durará eternamente: en la patria celestial podré
decirle a mi querida tiíta muchas cosas que no pueden expresarse con palabras
humanas.
Mientras tanto, pido a Nuestro Señor que deje mucho mucho tiempo en la tierra a
quien [2rº] sabe trabajar tan bien por su gloria, y le deseo que pueda ver «a los
hijos de sus nietos»1. Tal vez mi hermanita Juana sonreiría si leyese estas líneas,
pero yo tengo mucha más confianza que ella y sigo esperando «al gran santo y al
gran pontífice»2, seguido de un gran número de otros angelitos.
Querida tía, mañana ofreceré la sagrada comunión por usted y por la señora
Fournet; me acuerdo mucho de ella y pido a Nuestro Señor que se la conserve
todavía mucho tiempo3.
Le ruego, querida tía, que dé un abrazo de mi parte a mi tío, y a él y a mis
hermanitas les encargo que la colmen a usted de mi parte de las más tiernas
caricias.
Su benjamín, que está orgullosa de su título,
Sor Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 152
1 Salmo incorporado, en aquella época, a la liturgia del matrimonio.
2 Alusión a un sueño que había tenido Juana, poco después de su peregrinación a
Auray. Soñó que sus oraciones eran escuchadas y que una voz misteriosa le hacía
escuchar estas palabras: «Será un gran santo y un gran pontífice». Cf PN 38, 6.
3 La señora Fournet se estaba reponiendo de una crisis cardíaca.
Cta 153 Al señor Guérin
Diciembre (?) de 1893
J.M.J.T.
Querido tío:
Nuestra Madre está mucho mejor1, pero se encuentra muy débil, aunque ella diga
lo contrario.
Gracias, gracias por todos los cuidados que usted le dispensa. Espero que sea muy
obediente, pues estaría muy mal no obedecer a un tío tan paternal...
A la madre María de Gonzaga le han conmovido mucho sus atenciones; le da las
gracias prodigando toda serie de atenciones a su querida priora.
[vº] Perdóneme, querido tío, voy tan de prisa que no sé lo que le digo, pero espero
que usted sabrá adivinar nuestro agradecimiento. Rezamos mucho por la señora
Fournet.
Un abrazo a usted y a mi tía en nombre de sus tres carmelitas,
Sor Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 153
1 La madre Inés de Jesús.
Cta 154 A Leonia
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 27 de diciembre de 1893
Querida Leonia:
Me alegro mucho de poder enviarte mi felicitación para el año 94. La súplica que
hago junto a la cuna de Jesús es la de verte pronto revestida con la santa librea de
la Visitación. Digo verte, pero sé que sólo tendré esta dicha en el cielo. ¡Qué
alegría entonces de volvernos a encontrar tras el exilio de la vida...! ¡Cuántas cosas
tendremos para decirnos! Aquí abajo la palabra es impotente, pero allá arriba
bastará una sola mirada para entendernos, y creo que nuestra felicidad será todavía
mayor que si no nos hubiéramos separado.
Tu cartita me ha gustado mucho, veo que eres realmente [vº] feliz y no dudo de
que Dios te concederá la gracia de quedarte para siempre en el arca santa. Estamos
leyendo en el refectorio la vida de santa Chantal; para mí es un verdadero placer
escucharla, pues eso me acerca todavía más a la Visitación, a la que quiero tanto.
Además, veo la íntima unión que siempre existió entre ella y el Carmelo, y eso me
hace bendecir a Dios por haber escogido a estas dos Ordenes para nuestra familia.
La Santísima Virgen es verdaderamente nuestra Madre, ya que nuestros
monasterios están especialmente dedicados a ella.
Querida hermanita, no dejes de rezar por mí durante el mes del Niño Jesús. Pídele
que yo sea siempre pequeña, ¡muy pequeña...! Yo le haré para ti la misma súplica,
pues conozco tus deseos y sé que tu virtud preferida es la humildad.
Querida Leonia, no olvides presentar mis respetuosos saludos a la venerada Madre,
y recibe el sincero cariño de la última y más pequeña de tus hermanas,
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.
rel. carm. ind.
Cta 155 A los señores Guérin
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 29 de diciembre de 1893
Queridos tíos:
Sólo tengo unos minutos para enviarles mi felicitación de Año Nuevo. Nuestra
Madre acaba de decirme que su carta la van a llevar mañana por la mañana. Pero
no necesito mucho tiempo para expresar a mis queridos parientes los votos que
formula mi corazón por su felicidad. Quisiera, si fuese posible, que el nuevo año
no les reservase más que alegrías. Pero a Dios, que sabe [1vº] la recompensa que
tiene reservada para sus amigos, suele gustarle hacerles ganar sus tesoros a través
de sacrificios. Nuestra santa Madre Teresa decía, bromeando, estas palabras tan
verdaderas a Nuestro Señor: «Dios mío, no me extraña que tengas tan pocos
amigos, ¡los tratas tan mal...!»1.
Sin embargo, aun en medio de las pruebas que envía, Dios está lleno de
delicadezas. La enfermedad de mi querido papaíto es para mí una prueba evidente
de ello. Esta cruz es la más grande que yo hubiera podido imaginar; pero después
de habernos hecho probar su amargura, Nuestro Señor quiso endulzar, por la mano
de nuestros queridos [2rº] parientes, el cáliz de dolor que nos había presentado y
que yo esperaba beber hasta las heces...
¡Si supiesen, queridos tíos, qué amoroso y agradecido es el corazón de su
Teresita...! No acierto a decirles todo lo que querría, y es ya hora de Maitines.
Perdonen lo deslavazado de mi carta y mi letra de gato1..., miren sólo el corazón
de su hija,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
Les ruego que den a la señora Fournet la más sincera felicitación de parte de su
hijita.
NOTAS Cta 155
1 Cf Histoire de sainte Thérèse par les Carmélites de Caen, d'après les
Bollandistes, t. II, p. 366. Cf Cta 178. [Santa Teresa, en carta del 10/11 de marzo
de 1578 al P. Gracián, escribía, hablando de san Juan de la Cruz: «De fray Juan
tengo harta pena no lleven alguna culpa más contra él. Terriblemente trata Dios a
sus amigos; a la verdad no les hace agravio, pues se hubo así con su Hijo»
(SANTA TERESA, Cartas, 3ª ed., Burgos, Monte Carmelo, 1983, p. 304) . Es
también conocida la leyenda popular que resume así el P. Otilio: «Dícese que en
cierta ocasión en que la Santa se quejaba a Dios nuestro Señor porque deseando
ella servirle, todo fuesen contradicciones y dificultades, nuestro Señor se le
apareció y le dijo: -¡Hija, así trato yo a mis amigos! -¡Por eso tenéis tan pocos!,
dicen que le respondió la Santa» (OTILIO RODRIGUEZ, Leyenda áurea
teresiana, Madrid, Espiritualidad, 1970, p. 39ss, donde habla también de las
diversas versiones de dicha leyenda). N. del T.]
2 Ultima carta que escribe Teresa con la letra ladeada. La madre Inés de Jesús le
permitió, por fin, la escritura derecha.