Cartas 108 a 126
Cta 108 A Celina
J.M.J.T.
El Carmelo, 18 de julio de 1890
Jesús... +
Celina querida:
¡Si supieras lo mucho que tu carta ha hablado a mi alma...! ¡La alegría inundaba mi
corazón como un océano inmenso...! Celina, todo lo que te tengo que decir tú ya lo
sabes, porque tú eres yo misma... Te mando una hoja1 que ha hablado mucho
mucho a mi alma; me parece que la tuya se va a abismar también en ella...
Celina, hace ya tanto tiempo..., y ya entonces el alma del profeta Isaías se
abismaba como la nuestra en las BELLEZAS ESCONDIDAS de Jesús... Celina,
cuando leo estas cosas, me pregunto: ¿qué es el tiempo...? El tiempo no es más que
un espejismo, un sueño... ¡Dios nos ve ya en la gloria y SE GOZA de nuestra
bienaventuranza eterna...! ¡Cuánto bien hace a mi alma este pensamiento!
Comprendo entonces por qué Dios no regatea con nosotros... Sabe que nosotras le
entendemos, y nos trata como a sus amigos, como a sus esposas más queridas...
Celina, ya que Jesús ha estado «solo pisando el vino» que nos da a beber, no nos
neguemos nosotras a llevar los vestidos teñidos [1vº] de sangre..., pisemos para
Jesús un vino nuevo que apague su sed, que le devuelva amor por amor. No nos
guardemos ni una sola gota del vino que podamos ofrecerle..., y entonces él,
mirando a su alrededor, verá que nosotras venimos a ayudarle...
Su rostro estaba como escondido... Celina, hoy también lo sigue estando, pues
¿quién comprende las lágrimas de Jesús...?
Celina querida, hagamos de nuestro corazón un pequeño sagrario donde Jesús
pueda refugiarse. Así, él se verá consolado y olvidará lo que nosotras no podemos
olvidar: «la ingratitud de las almas que lo abandonan en un sagrario desierto...»2.
«Ábreme, hermana mía, esposa mía, que tengo la cabeza cubierta de rocío y mis
rizos del relente de la noche» (Cantar de los Cantares). Eso es lo que Jesús nos dice
al alma cuando se encuentra abandonado y olvidado. ¡El olvido, Celina! Creo que
eso es lo que más pena le produce...
¡Papá...! No puedo, Celina, decirte todo lo que pienso, sería demasiado largo, y
además ¿cómo decir ciertas cosas que el mismo pensamiento apenas puede
traducir, profundidades que se encuentran en los abismos más íntimos del alma...?
Jesús nos ha enviado la cruz más escogida que, en su amor inmenso, ha podido
inventar... ¿Cómo quejarnos, cuando él mismo fue considerado como un hombre
herido por Dios y humillado...?
El hechizo divino3 hechiza mi alma y la consuela de una forma maravillosa en
todos los momentos del día. ¡Qué sonrisas, las lágrimas de Jesús...!
[1vºtv] Da a todos un abrazo de mi parte, y diles todo lo que se te ocurra... Me
acuerdo mucho de mi Leonia querida, de mi querida salesa4. Dile a María del
Santísimo Sacramento5 que Jesús le pide mucho amor, que espera de ella la
reparación de las frialdades que recibe, ¡su corazón ha de ser una hoguera donde
Jesús pueda calentarse...! ¡Tiene que olvidarse por completo de sí misma, para no
pensar más que en él...!
Celina, oremos por los sacerdotes, ¡sí, oremos por ellos! Consagrémosles nuestras
vidas. Jesús me hace sentir a diario que espera esto de nosotras dos.
C.T.6
[2rº]
J.M.J.T.
Del profeta Isaías (cap. 53)7
¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? El Cristo
creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No había en él
belleza ni esplendor; lo vimos sin aspecto atrayente. Despreciado, rechazado por
los hombres, como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos... Su rostro
estaba como escondido... Parecía despreciable y no lo reconocimos. Él soportó
nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores. Nosotros lo tuvimos por
leproso, herido de Dios y humillado... Pero él fue traspasado por nuestras
rebeliones, triturado por nuestros crímenes. El castigo que nos iba a traer la paz
cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Capítulo 538
¿Quién es ese que viene de Edóm y de Bosrá, con vestidos teñidos de rojo...?
¿Quién es ese que resplandece por la hermosura de sus vestidos y que camina con
una fuerza todopoderosa...? Soy yo, y mi palabra es palabra de [2vº] justicia, y
vengo para defender y para salvar. ¿Por qué están rojos tus vestidos, y tu ropa
como la de los que pisan el vino en el lagar? Yo solo pisé el vino, ningún pueblo
me ayudó. Miré a mi alrededor, y no había nadie que me ayudase; busqué, y no
hallé quien me socorriera...
Esos que están vestidos con blancas vestiduras ¿quiénes son y de dónde han
venido? Esos son los que vienen de la gran tribulación, los que han lavado y
blanqueado sus vestiduras en la sangre del cordero. Por eso están ante el trono de
Dios sirviéndole día y noche...9
Mi amado es un ramillete de mirra, descansará sobre mi corazón... Mi amado brilla
por la blancura y el resplandor de su rostro, los cabellos de su cabeza se parecen a
la púrpura real. Mi amado es adorable, su rostro inspira amor, y su faz inclinada me
urge a darle amor por amor10.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
(Fragmento de un cántico de Nuestro Padre san Juan de la Cruz11).
NOTAS Cta 108
1 Los textos extraídos de la Sagrada Escritura que le copia al final de la carta.
2 Celina acababa de escribirle: «El otro día fuimos por casualidad a una pobre
iglesita. Creí que las lágrimas iban a traicionar mis sentimientos, y me costó Dios y
ayuda contenerlas. Fíjate: un sagrario sin su velo, auténtico agujero negro, quizás
un nido de arañas, un copón tan pobre que me pareció de cobre, ¿y qué lo
recubría?, un trapo sucio que ya ni conservaba la forma de velo de un copón... En
ese copón, una sola hostia. Claro, que no se necesitan más en esa parroquia: ¡ni una
sola comunión durante el año, excepto por Pascua! Y luego, en estas parroquias
rurales, unos sacerdotes incultos que tienen cerrada la iglesia durante todo el día;
además, son viejos y sin recursos. ¡Teresa, me quedé hundida ante ese espectáculo,
se me hizo jirones el alma!» (LC 129, 17/7/1890).
3 Poesía compuesta por Celina.
4 Leonia deseaba volver a la Visitación, de donde había salido en enero de 1888
tras seis meses de vida religiosa.
5 María Guérin. Cf Cta 109. En realidad, ese nombre de carmelita dejará lugar,
como es sabido, al de «María de la Eucaristía».
6 Iniciales de Celina y Teresa.
7 Citado según la 1ª lectura del Oficio de las Cinco Llagas de N. S. y la 1ª lectura
del oficio de los Siete Dolores de la Virgen Santísima, que entonces se celebraban
los dos en cuaresma.
8 En realidad, Is 63,1-3.5, citado según la 3ª lectura del oficio de las Cinco Llagas.
9 Teresa cita las tres primeras antífonas de Laudes del oficio de la Preciosísima
Sangre.
10 Cita de las antífonas 4 y 2 de Vísperas de los Siete Dolores y del primer
responsorio de Maitines de esa misma fiesta.
11 Noche Oscura, canción 8. Es la primera vez que Teresa se refiere
explícitamente a san Juan de la Cruz; cf CG p. 543+r.
Cta 109 A María Guérin
27-29 de julio de 1890
J.M.J.T.
El Carmelo, julio de 1890
Jesús +
Querida Mariíta:
Da gracias a Dios por todos los dones que te ha concedido y no seas tan ingrata
que no los reconozcas. Me haces el efecto de una joven aldeana a quien un rey
poderoso viniera a pedir en matrimonio y que no se atreviera a aceptar bajo el
pretexto de que ella no es lo suficientemente rica ni educada en las costumbres de
la corte, sin reparar en que su prometido real conoce su pobreza y su debilidad
mucho mejor que ella misma... María, si tú no eres nada, no debes olvidar que
Jesús lo es todo; y por tanto, tu pequeña nada tiene que perderse en su infinito todo
y no pensar más que en ese todo, el único digno de ser amado1... Tampoco tienes
que desear ver el fruto de tus esfuerzos: Jesús quiere guardar para sí solo esas
pequeñas nadas que lo consuelan...
Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre siempre ilusionada el
camino de la virtud. Ella es débil, muy débil, y experimenta a diario esa triste
realidad. Pero, María, Jesús se complace en enseñarle, como a san Pablo2, la
ciencia de gloriarse en sus enfermedades. Es ésta una gracia muy grande, y pido a
Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí se encuentra la paz y el descanso del
corazón. Cuando una se ve tan miserable, no quiere ya preocuparse de sí misma y
sólo mira a su único Amado...
[vº] Mi querida Mariíta, yo no conozco otro camino que «el amor» para llegar a la
perfección... ¡Amar! ¡Qué bien hecho está para eso nuestro corazón...! A veces
busco otra palabra para expresar el amor, pero en esta tierra de exilio las palabras
son incapaces de emitir todas las vibraciones del alma, y tenemos que limitarnos a
esa única palabra: «¡Amar!»...
¿Pero a quién podrá prodigarlo nuestro pobre corazón, hambriento de amor...?
¿Quién será lo suficientemente grande para eso...? ¿Podrá un ser humano
comprenderlo..., y, sobre todo, saber corresponderle...? María, no hay más que un
ser capaz de comprender toda la profundidad de esa palabra: ¡amar...! No hay
nadie, fuera de Jesús, que pueda darnos infinitamente más de lo que nosotros le
damos a él...
¡María del Santísimo Sacramento...! Tu nombre te está diciendo tu misión...
Consolar a Jesús, hacer que las almas le amen... Jesús está enfermo3, y hay que
tener en cuenta que la enfermedad del amor sólo se cura con amor4... María,
entrega todo tu corazón a Jesús. Él tiene sed de él, está hambriento de él. Tu
corazón, he ahí lo que él ambiciona, hasta el punto de que, por poseerlo, consiente
en alojarse en un cuartucho sucio y oscuro5... ¿Cómo no amar a un amigo que se
reduce a tan extrema indigencia? ¿Cómo atreverse a seguir alegando la propia
pobreza, cuando Jesús se hace semejante a su prometida...? Era rico y se hizo
pobre para unir su pobreza a la pobreza de María del Santísimo Sacramento... ¡Qué
gran misterio de amor...!
[vºtv] Todos mis recuerdos a mi querida colonia.
Mi corazón está siempre con María del Santísimo Sacramento. El sagrario es la
casa del amor en la que nuestras dos almas están encerradas...
Tu hermanita, que te pide que no la olvides en tus oraciones,
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
nov. carm. (ind.)
NOTAS Cta 109
1 «Todo ... nada»: dialéctica de san Juan de la Cruz en la Subida del Monte
Carmelo.
2 Sor Genoveva añadió la enmienda: «de amor».
3 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, CE 11,11.
4 Véase Cta 108, n. 2.
Cta 110 A sor Inés de Jesús
30-31 de agosto de 1890
J.M.J.T.
Jesús +
Mamaíta querida, ¡gracias, sí, gracias...! ¡Si supieras todo lo que tu carta le dice a
mi alma...!
Pero la pequeña solitaria tiene que decirte el itinerario de su viaje. Helo aquí:
Antes de partir, su Prometido pareció preguntarle a qué país quería viajar y qué
ruta deseaba seguir, etc. etc. Su pequeña prometida le contestó que ella no tenía
más que un deseo: dirigirse a la cima de la montaña del amor1. Para llegar allá se le
ofrecían muchos caminos, y había tantos perfectos entre ellos, que se sentía
incapaz de elegir. Entonces dijo a su guía divino: «Tú ya sabes adónde quiero
llegar, tú sabes por quién deseo escalar la montaña [1vº] y por quién quiero llegar a
la meta, tú sabes a quién amo y quién es el único a quien quiero contentar. Sólo por
él emprendo este viaje; guíame, pues, por los senderos que a él más le gusta
recorrer. Con tal que él esté contento, yo me sentiré en el colmo de la felicidad».
Entonces Jesús me tomó de la mano y me hizo entrar en un subterráneo donde no
hace ni frío ni calor, donde no luce el sol y al que no visitan ni el viento ni la
lluvia. Un subterráneo donde no veo nada más que una claridad semivelada, la
claridad que difunden a su alrededor los ojos bajos de la Faz de mi Prometido...
Mi Prometido no me dice nada, ni yo le digo tampoco nada a él; tan sólo que le
amo más que a mí misma. Y en el fondo de mi corazón siento que es verdad, ¡pues
soy más de él [2rº] que mía...!
No veo que avancemos hacia la cumbre de la montaña, pues nuestro viaje se hace
bajo tierra; pero, con todo, me parece que nos acercamos a ella sin saber cómo. La
ruta que sigo no tiene ningún consuelo para mí, y sin embargo me trae todos los
consuelos, porque es Jesús quien la ha elegido y yo quiero consolarlo sólo a él,
¡sólo a él...! ¡Ay, qué verdad tan grande es que, si yo le ofrezco las uvas de mi
corazón, lo hago entre la B y la A2, porque ni yo misma entiendo nada!
[2vº] ¿Tengo que escribir al Sr. Lepelletier3 y al Sr. Révérony que voy a hacer la
profesión...?
Sobre todo no te olvides de ir a la bodega a tomar tu sorbito de vino4; y al beberlo,
piensa en tu hijita que, a buen seguro, tampoco está bebiendo los vinos azucarados
de Engaddi... Pide que ella sepa dárselo a su Esposo, salvando almas, y se sentirá
consolada...
NOTAS Cta 110
1 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del Monte Carmelo. Volvemos a
encontrar esa misma expresión en Cta 105, 112 y Cta 196 (Ms B 1vº).
2 Alusión hermética para nosotros.
3 Confesor de Teresa de 1886 a 1888.
4 Vino quinado prescrito a sor Inés.
Cta 111 A sor María del Sdo. Corazón
30-31 de agosto de 1890
Querida madrinita:
¡Si supieras cómo ha embelesado el alma de tu hijita tu canto del cielo...! Yo te
aseguro que ella no escucha en absoluto armonías celestiales. Su viaje de bodas es
tremendamente árido. Es cierto que su prometido le hace recorrer países fértiles y
de ensueño, pero la noche le impide admirar cosa alguna y sobre todo disfrutar de
todas esas maravillas.
Tal vez pienses que tu hijita se aflige por ello. [vº] Pero no; al contrario, es feliz
siguiendo a su Prometido únicamente por amor a él, y no por sus regalos... ¡Sólo
él! ¡Es tan hermoso, tan encantador! ¡Incluso cuando se calla...! ¡Incluso cuando se
esconde...!
¿Comprendes a tu hijita...? Está cansada de los consuelos de la tierra, y no quiere
más que a su Amado, sólo a él...
No te olvides de rezar mucho por la hijita que tú educaste1 y que es tuya.
NOTAS Cta 111
1 Cf CA 23.9.6.
Cta 112 A sor Inés de Jesús
1 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Jesús + Lunes
Te paso la carta que he escrito para papá. Si te parece que no puede ir así, hazme tú
un borrador; pero creo que no la va a entender... ¡Qué misterio el amor de Jesús a
nuestra familia...! ¡Qué misterio las lágrimas y el amor de este esposo de sangre1...!
Mañana estaré con el Sr. Youf2. Me ha dicho que le haga una breve relación3, pero
sólo desde que estoy en el Carmelo. Reza mucho para que Jesús me conserve la
paz que ME HA DADO.
Me sentí muy feliz al recibir la absolución el sábado... Pero no comprendo el retiro
[vº] que estoy haciendo, no pienso en nada. En una palabra, ¡me encuentro en un
subterráneo muy oscuro...! Pídele a Jesús, tú que eres mi luz, que no permita que
las almas se vean privadas por mi culpa de las luces que necesitan, sino que mis
tinieblas sirvan para iluminarlas a ellas... Pídele también que haga unos buenos
ejercicios espirituales y qué él esté tan contento como sea posible. Así, también yo
estaré contenta y aceptaré, si ésa es su voluntad, caminar toda mi vida por la ruta
oscura que estoy siguiendo, con tal que un día pueda llegar a la cima de la montaña
del amor, aunque creo que esto no será aquí en la tierra.
(Voy a tomar mi sorbito de vino; también esta mañana me habría apetecido, pero
no pude encontrar a nuestra Madre4.)
[vºtv] ¿Tengo que escribir a la señora Papinot...? Me parece que no vale la pena, no
lo entendería, ¿no sería quizás mejor esperar a la toma de velo...?
NOTAS Cta 112
1 Cf Cta 82, n. 2.
2 Capellán del Carmelo.
3 Es decir, una confesión general.
4 Se sobrentiende: para pedirle permiso.
Cta 113 A sor María del Sdo. Corazón
2-3 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Jesús
¡Si supieras el bien que me hacen tus palabras...! Son para mí como una música de
cielo, me parece escuchar la voz de un ángel...
¿Pero acaso no eres tú el ángel que me condujo y me guió en la ruta del destierro
hasta mi entrada en el Carmelo? Y aun ahora sigues siendo para mí el ángel que
consoló mi niñez, [vº] y veo en ti lo que las demás no pueden ver, pues sabes
esconder tan bien lo que eres en realidad, que el día de la eternidad muchas
personas se quedarán sorprendidas.
Pero tu hijita no se sorprenderá de nada; y por muy bellos que sean tu trono y tu
diadema, ella no se asombrará de lo que el amor del esposo divino dará a quien
modeló en su corazón el mismo amor al esposo de las vírgenes. Y tu hijita espera
ser también, en tu corona, una florecilla muy pequeñita que prestará su humilde
brillo a la gloria de su ángel visible en la tierra.
Cta 114 A sor Inés de Jesús
3 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Jesús +
Cordero querido:
Sí, para nosotras las alegrías irán siempre mezcladas con el sufrimiento. La gracia
de ayer1 exigía un broche final, y Jesús te lo ha dado a ti primero, y luego a mí a la
vez, ¡porque todo lo que a ti te hace sufrir me duele a mí en lo más hondo...!
Quisiera saber si nuestra Madre te ha consolado o si sigues apenada.
Me parece que tendríamos que dar las gracias al «santo anciano Simeón»2 y decirle
que llegó su carta. ¿Qué opinas tú?
Te paso esas líneas de sor Teresa de Jesús3. Me las entregó esta mañana. ¿He de
hacerle todo eso...? No tengo modelos, y además me parece que la ropa y la
Santísima Virgen4 corren más prisa, pero haré lo que me digas.
¿Crees realmente que Celina se va a morir5...? Ayer le prometí hacer la profesión
por las dos, pero no me atreveré a pedirle a Jesús que la deje en [vº] la tierra si no
es ésa su voluntad. Me parece que el amor puede suplir a una larga vida... Jesús no
mira al tiempo, pues en el cielo el tiempo ya no existe. No debe de mirar más que
al amor.
Pídele que me dé mucho amor también a mí. No pido amor sensible, sino un amor
conocido sólo de Jesús. Amarle y hacerle amar, ¡qué dulzura...! Dile también que
me lleve el día de mi profesión si voy a ofenderle después, pues quisiera llevarme
al cielo sin mancha alguna6 la blanca estola de mi segundo bautismo. Pero creo que
Jesús puede concederme la gracia de no volver a ofenderlo, o bien la de no cometer
más que faltas que no le OFENDAN7 sino que nos humillan y que hacen más
fuerte el amor.
¡Si supieras lo mucho que te hablaría de eso si tuviese palabras para expresar lo
que pienso, o, mejor, que no pienso pero que siento...! ¡Qué misteriosa es la vida...!
Es un desierto y un destierro... Pero en lo más hondo del alma sabemos que habrá
un día de LEJANIAS infinitas, de LEJANIAS que harán olvidar para siempre las
tristezas del desierto y del destierro...
El granito de arena
[rºtv] El Sr. abate Domin8 no sabe que voy a hacer la profesión, ¿se lo tengo que
decir? Me parece que si nuestra Madre aún no ha escrito a la Abadía, podría decir a
esas señoras que se lo comuniquen.
NOTAS Cta 114
1 La bendición de León XIII que Teresa había pedido para su profesión al Hno.
Simeón. Cf Ms A 76rº.
2 El Hno. Simeón de Roma, de las Escuelas Cristianas.
3 Sor Teresa de Jesús, que a menudo pedía a Teresa trabajos de pintura de difícil
ejecución.
4 La ropa que había que arreglar y una estatua de la Santísima Virgen que había
que adornar.
5 Cf Cta 104; y Cta 115, n. 2.
6 Cf Or 2.
7 Cf Ms A 80vº.
8 Capellán de las benedictinas de Lisieux.
Cta 115 A sor Inés de Jesús
4 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Te paso la carta de Roma1 para que, si quieres, se la hagas llegar a Celina. Tal vez
papá no la entienda, pero no será difícil conseguirlo, y si algún día lograse
entenderla, ¡se sentiría tan dichoso! ¿Tengo que mandarle también mis votos para
que él los bendiga? Si te parece que sí, dímelo mañana por la mañana para
escribirlos cuanto antes. Los pondríamos en medio de la corona, ¿pero no será
quizás mejor no hacer nada...?
Gracias por tu cartita, ¡si supieras cómo me ha gustado2...! Mi alma sigue en el
túnel, [vº] pero es muy feliz allí; sí, feliz de no tener ningún consuelo, porque
pienso que así su amor no es como el amor de las prometidas de la tierra, que están
siempre mirando las manos de su prometido para ver si les trae algún regalo, o su
rostro para sorprender en él una sonrisa de amor que las cautive...
Pero la pobre prometida de Jesús sabe que ella ama a Jesús sólo por él, y sólo
quiere mirar al rostro de su amado para sorprender en él las lágrimas que corren de
los ojos que la han cautivado con sus secretos encantos... Y quiere enjugar esas
lágrimas para hacer con ellas su aderezo el día de sus bodas. Un aderezo que será
también secreto, pero que su Amado sabrá entender.
NOTAS Cta 115
1 La Bendición Apostólica, que recibió por mediación del Hno. Simeón. Celina la
llevará cuando vaya a ver a su padre el 5 de septiembre.
2 Sor Inés le decía, entre otras cosas: «Querido granito de arena, no creo que
Celina se muera enseguida, sin embargo, no sería muy extraño. ¡Pero qué feliz
sería...! ¡Qué dicha ir a ver ese «Rostro desconocido» del que Job nos hablaba esta
noche...! Dejemos actuar a Dios en nuestra familia, ¡que no se moleste por
nosotros...! ¿No está en su casa...? Jesús se quejaba en sus tiempos de no tener ni
siquiera una piedra donde reposar su cabeza divina. Ahora le iba a resultar muy
difícil quejarse, pues nuestros corazones quieren servirle de almohadas muy suaves
y muy cálidas. (...)
«Granito de arena tan querido, ya no estoy apenada por la minucia de ayer tarde...
No hemos vuelto a hablar de ello, y yo me he guardado muy bien de decir una sola
palabra. ¡Dios mío, cómo se pasa todo aquí en la tierra! Y esto nos da ánimos. Hoy
estás sumida en la tristeza, mañana ésta se disipa, y pasado mañana el cielo se
oscurece. ¡Feliz mil veces el alma que se eleva por encima de todas estas
pequeñeces...! Es difícil, pero la gracia hace maravillas en el corazón fiel...
«Hija querida, dale gracias a tu Prometido, porque desde tus más tiernos años te ha
hecho seguir este camino de fidelidad... Si no te consuela, es porque estás entre sus
brazos; no caminas, es él quien te lleva... El niño en brazos de su Padre ¿tiene
necesidad de otro consuelo...? Yo me imagino a Jesús llevando a su granito de
arena y cargando con esa carga ligera, corriendo en busca de almas» (LC 137,
3/9/1890).
Cta 116 A sor María del Sdo. Corazón
7 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Me gustaría que las velas del Niño Jesús estuvieran encendidas cuando me dirija a
la sala capitular1, ¿quieres ir tú a encenderlas...? Por favor, no te olvides... No he
puesto las velas color rosa, porque las otras le dicen mucho más a mi alma:
empezaron a lucir el día de mi toma de hábito. Entonces estaban rosadas y nuevas.
Papá (que me las había regalado) estaba allí, y todo era alegría... Pero ahora el
color rosa se ha ido. ¿Hay todavía aquí en la tierra alegrías color [vº] de rosa para
la huerfanita de la Berezina...? ¡No!, para ella ya no hay más que alegrías
celestiales..., alegrías en las que todo lo creado, que no es nada, cede el paso a lo
increado, que es la realidad...
¿Comprendes a tu hijita...?
Mañana será la esposa de Jesús. Mañana será la esposa de aquel cuyo rostro estaba
oculto y a quien nadie conocía... ¡Qué alianza y qué porvenir...! Sí, lo sé muy bien,
mis bodas estarán rodeadas de ángeles, sólo el cielo se alegrará, y también la
pequeña esposa y sus hermanas queridas2...
NOTAS Cta 116
1 Al dirigirse a la sala capitular, donde Teresa emitirá los votos a la salida de misa,
la comunidad pasará en procesión ante la estatua del Niño Jesús del claustro.
2 Sor María del Sagrado Corazón le responderá: «Mi querida hijita, tus letras han
hablado muy hondo a mi alma... ¡Cómo ha hecho Jesús crecer en pocos años a la
«Huerfanita de la Berezina»! ¡Con qué amor de predilección ha amado a aquella
reina de largos cabellos rubios a la que nuestro pobre papaíto tanto quería!
También hoy sigue siendo su alegría, sigue siendo su gloria, encorvado como está
bajo la prueba, y mañana el cielo contemplará maravillado la nueva aureola que
brillará sobre su frente venerable. (...)
«Pide por tu madrina para que llegue a ser santa y para que también ella sepa
responder a ese don con que Dios la ha agraciado en su hijita. ¡Familia bendita!
¡Familia colmada por Jesús...!» (LC 138, 7/7/1890).
Cta 117 A María del Sdo. Corazón1
Recuerdo del 8 de septiembre de 1890
Día de eterno recuerdo, en el que tu hijita se ha convertido como tú en la esposa de
aquel que dijo: «Mi reino no es de este mundo», y en otro lugar: «Además, pronto
veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo a la derecha de Dios». Ese
es el día que nosotras esperamos... Día de las bodas eternas, en que nuestro Jesús
enjugará todas las lágrimas de nuestros ojos y en que nos sentará con él en su
trono...
Ahora su rostro está como escondido a los ojos de los mortales; pero a nosotras,
que comprendemos sus lágrimas en este valle de destierro, pronto se nos mostrará
en la patria su Faz resplandeciente, y entonces llegará el éxtasis, la eterna unión
gloriosa con nuestro esposo...
Pídele que yo, a quien tú iniciaste en los caminos de la virtud, pueda estar un día
muy cerca de ti en la patria.
Tu hijita.
NOTAS Cta 117
1 Dedicatoria al dorso de una estampa.
Cta 118 «Carta de invitación a las bodas de sor Teresa del Niño Jesús y de la
Santa Faz»1
8-20 de septiembre (?) de 1890
J.M.J.T.
El Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Dueño y Soberano del
mundo, y la gloriosísima Virgen María, Reina y Princesa de la Corte Celestial,
tienen a bien participar a Vd. el matrimonio de su hijo Jesús, Rey de reyes y Señor
de señores, con la señorita Teresa Martin, ahora Señora y Princesa de los reinos
aportados en dote por su esposo, a saber: la Infancia de Jesús y su Pasión, siendo
sus títulos de nobleza: del Niño Jesús y de la Santa Faz.
El señor Luis Martin, Propietario y Dueño de los Señoríos del sufrimiento y de la
humillación, y la señora de Martin, Princesa y Dama de honor de la Corte
Celestial, tienen a bien participarle a Vd. el matrimonio de su hija Teresa con
Jesús, el Verbo de Dios, segunda Persona de la Santísima Trinidad, que, por obra
del Espíritu Santo, al hacerse hombre nació de la Virgen María.
No habiendo podido invitarle a Vd. a la bendición nupcial que se les dio en la
montaña del Carmelo (sólo fue admitida la corte celestial), le pedimos que acuda a
la tornaboda, que tendrá lugar mañana, día de la Eternidad, en que Jesús, el Hijo de
Dios, vendrá sobre las nubes del cielo para juzgar a los vivos y a los muertos. (Por
ser la hora todavía desconocida, le invitamos a Vd. a estar preparado y a velar).
NOTAS Cta 118
1 Tenemos tres versiones de esta participación simbólica: a) el borrador que
transcribimos a continuación; b) una copia de sor Inés, muy semejante, entregada a
Celina (cf CG p. 581ss); c) el texto del Ms A 77vº, casi idéntico a la copia de sor
Inés.
Cta 119 A sor Marta de Jesús1
23 de septiembre de 1890
A mi querida compañera, en recuerdo del día más hermoso de tu vida2, de ese día
sin igual en que te consagraste a Jesús.
Consolemos juntas a Jesús de todas las ingratitudes de las almas, hagamos con
nuestro amor que se olvide de sus dolores.
Tu indigna hermanita,
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.3
NOTAS Cta 119
1 Dedicatoria al dorso de una estampa.
2 Teresa escribe: «de tu día».
3 Abreviatura de «religiosa carmelita indigna».
Cta 120 A Celina
23 de septiembre de 1890
J.M.J.T.
Jesús +
¿Cómo decirte, Celina, lo que está pasando dentro de mi alma...? Se siente
desgarrada, pero sé que esta herida está hecha por una mano amiga, ¡por una mano
divinamente celosa...!
Todo estaba dispuesto para mis bodas, ¿pero no te parece que le faltaba algo a la
fiesta? Es cierto que Jesús había puesto ya muchas joyas en mi canastilla, pero
faltaba todavía una de belleza incomparable, y ese diamante precioso Jesús me lo
ha regalado hoy... Celina..., mis lágrimas han corrido al recibirlo..., y siguen
todavía corriendo, y casi me las reprocharía si no supiera «que existe un amor cuya
única prenda son las lágrimas»1.
Sólo Jesús ha dirigido este asunto, sólo él, y yo he reconocido su toque de amor...
Tú sabes muy bien cómo deseaba volver a ver esta mañana a nuestro papá
querido2. Pues bien, ahora veo claramente que la voluntad de Dios es que no esté
aquí. Él lo ha permitido sencillamente para probar nuestro amor... Jesús me quiere
huérfana, quiere que yo esté sola con él solo para unirse mas íntimamente a mí; y
quiere también darme en la Patria las alegrías tan legítimas que me negó en el
destierro...
Consuélate, Celina, nuestro esposo es un esposo de lágrimas y no de sonrisas.
Démosle nuestras lágrimas para consolarle, y un día esas lágrimas se cambiarán en
sonrisas de una dulzura inefable...
Celina, no sé si conseguirás entender mi carta, apenas puedo sostener la pluma...
[vº] Cualquiera otra te daría muchas explicaciones sobre la visita de nuestro tío en
el locutorio, pero tu Teresa tan sólo sabe hablarte el lenguaje del cielo. Celina,
¡comprende a tu Teresa...!
La prueba de hoy es un dolor difícil de entender. Ves que se te ofrece una alegría,
que es una alegría posible, una alegría natural, adelantas la mano... y no puedes
coger ese consuelo tan deseado... Pero, Celina, ¡qué misterioso es todo esto...! No
tenemos ya asilo aquí en la tierra, o por lo menos tú puedes decir como la
Santísima Virgen: «¡Qué asilo!». Sí, ¡qué asilo...! Pero no es una mano humana la
que ha hecho esto. Ha sido Jesús. ¡Es su «mirada velada» la que ha caído sobre
nosotras...!
He recibido una carta del Padre desterrado3, y te copio un pasaje: «Mi aleluya está
impregnado de lágrimas. Ninguno de tus padres estará ahí para ofrecerte a Jesús.
¿Habrá que compadecerte aquí abajo, cuando allá arriba los ángeles te felicitan y
los santos te envidian? Tu corona de espinas los vuelve celosos. Ama, pues, esos
pinchazos como prendas de amor de tu divino esposo».
Celina, aceptemos de buen grado la espina que Jesús nos ofrece. La fiesta de
mañana será una fiesta de lágrimas para nosotras4, ¡pero estoy segura de que Jesús
se va a sentir tan consolado...!
Quisiera decirte muchas más cosas, pero me faltan las palabras... Me encargaron
que te escribiera para consolarte, pero seguro que he cumplido muy mal el
encargo... ¡Si al menos pudiese comunicarte la paz que Jesús ha infundido en mi
alma en lo más recio de mis lágrimas! ¡Eso es lo que le pido para ti, que eres yo
misma...!
Celina... Las sombras declinan y la apariencia de este mundo pasa. Pronto, sí,
pronto contemplaremos ese rostro desconocido5 y amado que nos fascina con sus
lágrimas.
Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 120
1 Cita de una poesía de Celina. Cf Cta 108.
2 Para su toma de velo. Cf Ms A 75rº/vº.
3 El P. Pichon.
4 Cf Ms A 77rº.
5 Ver Cta 115, n. 2.
QUINTO PERÍODO
EN EL NOVICIADO. LOS AÑOS OSCUROS
(septiembre de 1890-febrero de 1893)
Cta 121 A María Josefa de la Cruz1
J.M.J.T.
Jesús + Monasterio del Carmelo,
28 de septiembre de 1890
Querida Hermana:
Su carta me ha llegado muy a lo hondo, y le agradezco las oraciones que ha hecho
por mí. Yo tampoco la he olvidado a usted y he encomendado a Dios todas sus
intenciones.
Por fin ya soy toda de Jesús. A pesar de mi indignidad, él ha querido tomarme por
esposa. Ahora tengo yo que darle pruebas de mi amor, y cuento con usted, querida
Hermana, para ayudarme a dar gracias a Nuestro Señor.
Las dos hemos recibido grandes [vº] gracias, y espero que pronto un mismo lazo
nos una a Jesús para siempre.
He tenido la dicha de recibir la bendición del Santo Padre para el día de mi
profesión. El religioso que me la consiguió me escribía cuán numerosos son los
enemigos de la Iglesia. En Roma, la lucha contra nuestro Santo Padre el Papa no
cesa un instante. ¡Es desolador...!
¡Qué bueno es ser religiosas para orar y aplacar la justicia de Dios! Sí, la misión
que se nos ha confiado es muy hermosa, y la eternidad no será lo suficientemente
larga para agradecer a Nuestro Señor la porción que nos ha asignado.
Querida Hermana, encomiendo a sus oraciones a mi querido padre, tan probado
por la cruz y tan admirable en su resignación. Me atrevo también a encomendarme
a las oraciones de su santa comunidad.
Reciba, querida Hermana, el religioso afecto de quien se siente extremadamente
feliz de llamarse
Su menor hermana,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 121
1 Marcelina Husé, sirvienta de los Guérin, que había entrado en las benedictinas de
Bayeux en julio de 1889.
Cta 122 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + 14 de octubre de 1890
Querida Celina:
No quiero dejar que salga la carta de María sin añadir yo unas letras para ti.
Nuestra querida Madre me da permiso para hacer la oración contigo... Celina, ¿no
es eso lo que hacemos siempre juntas...?
Celina querida, lo que tengo que decirte es siempre lo mismo: ¡oremos por los
sacerdotes1! Cada nuevo día nos muestra cuán raros son los amigos de Jesús... Me
parece que lo que más debe de dolerle es precisamente eso: la ingratitud. [1vº]
Sobre todo el ver que las almas que se han consagrado a él dan a otros el corazón
que le pertenece a él de una manera tan absoluta...
Celina, hagamos de nuestro corazón un pequeño jardín de delicias donde Jesús
pueda venir a descansar... No plantemos más que lirios en nuestro jardín. Sí, lirios.
Y no admitamos en él otras flores, pues éstas pueden ser cultivadas por otros,
mientras que los lirios sólo las vírgenes pueden ofrecérselos a Jesús...
«La virginidad es un silencio profundo de todas las preocupaciones de la tierra».
No sólo de las preocupaciones inútiles, sino de todas las preocupaciones. Para ser
virgen, no hay que pensar más que en el Esposo, que no admite a su lado nada que
no sea virgen, «pues quiso nacer de una madre virgen, tener un precursor virgen,
un tutor virgen, un amigo predilecto virgen, [2rº] y finalmente un sepulcro virgen».
Él quiere también una esposa virgen, ¡su CELINA...!
Alguien ha dicho también que «cada uno ama lógicamente a su tierra natal; y como
la tierra natal de Jesús es la Virgen de las vírgenes, y él nació por su voluntad de un
Lirio, le gusta encontrarse entre corazones vírgenes».
¿Y tu viaje2? Parece que lo olvido..., pero no, mi corazón te está siguiendo hasta
allá y comprendo todo lo que sientes... ¡lo comprendo todo...! Todo pasa: el viaje a
Roma, con sus desgarrones, ha pasado..., nuestra vida de antes ha pasado...
También la muerte pasará, y entonces gozaremos de la vida, no por siglos, sino que
millones de años serán [2vº] para nosotras como un día, y otros millones de años
les sucederán llenos de descanso y de felicidad3... ¡Celina...!
Rézale mucho al Sagrado Corazón. Tú bien sabes que yo no veo al Sagrado
Corazón como todo el mundo4. Yo pienso que el corazón de mi Esposo es sólo
para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en la soledad de este
delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a
cara...
No te olvides allí de tu Teresa. Simplemente susurra su nombre, y Jesús
comprenderá. ¡Hay tantas gracias vinculadas a ese santuario, sobre todo para los
corazones que sufren...!
Me gustaría escribir a Leonia, pero me es imposible, ni siquiera tengo tiempo para
repasar esta carta. Dile que me acuerdo mucho de ella, etc. etc. Estoy segura
[2vºtv] de que el Corazón de Jesús va a concederle muchas gracias, etc. etc. Dile
todo eso, ¿me entiendes...?
Tu Teresa del Niño Jesús
de la Santa Faz,
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 122
1 Cf Cta 94, n. 4.
2 Peregrinación a Paray-le-Monial, acompañada de Leonia, con ocasión del
segundo centenario de la muerte de la beata Margarita María, el 17 de octubre de
1890.
3 Cf Arminjon, op. cit., p. 316.
4 Cf PN 23, introducción.
Cta 123 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
15 de octubre de 1890
Jesús +
Querida tía:
Me ha emocionado enormemente todo lo que me ha enviado para mi santo. No sé
cómo agradecérselo ni por dónde empezar.
En primer lugar, querida tiíta, me mandó a su encantadora María, que me ha
felicitado mi santo en nombre de todos los que amo.
[1vº] Los dos preciosos tiestos que me regalaron mis hermanitas queridas, Juana y
María, me han gustado mucho. Los he colocado al lado del Niño Jesús, y a todas
las horas del día imploran para mis dos hermanitas tantas gracias y bendiciones
como florecillas tiene cada planta...
Y finalmente, querida tiíta, sus deliciosos pasteles han venido a coronar la fiesta y
a llenar el corazón de su Teresa de gratitud hacia usted que me da todos estos
mimos.
Y me hace sentirme mucho más emocionada, querida tiíta, el saber lo mucho que
usted está sufriendo y que, a pesar de [2rº] ello, todavía se acuerda de su Teresita.
Pero si usted se acuerda de ella, también ella se acuerda mucho de usted y no cesa
de pedirle a Dios que le devuelva el céntuplo de todo lo que hace por nosotros.
También rezo mucho por mi querida Juanita: que Dios la haga tan feliz como se
puede serlo en la tierra. Le pido también que la consuele del gran vacío que ha
debido de dejarle la partida de mi hermana querida1. [2vº] Tampoco me olvido de
mi querido tío, y le pido que le dé un abrazo muy fuerte de mi parte.
La dejo, querida tiíta; o, mejor, dejo la pluma, que tan mal sabe cumplir la misión
que mi corazón le confía. Este no se aleja de usted ni un solo instante.
Su hijita
Sor Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 123
1 Tras su casamiento con el Dr La Néele, el 1 de octubre, Juana Guérin vive en
Caen, a unos cincuenta kilómetros de Lisieux.
Cta 124 A Celina
J.M.J.T.
20 de octubre de 1890
Jesús +
Querida Celina:
Tu Teresa quiere felicitarte tu santo... Hace ya mucho tiempo que está pensando en
él, así que este año no va a ser la última en hacerlo.
Celina, quizás ésta sea la última vez que se festeje tu santo en la tierra1...
¡Quizás...! ¡Qué esperanza tan dulce...! Tal vez el año que viene la humilde [1vº]
flor Celina, desconocida en la tierra, esté ya colocada sobre el corazón del Cordero
divino; y entonces los ojos extasiados de los ángeles contemplarán, en vez de una
pobre florecilla sin belleza, un lirio de una blancura deslumbrante...
Celina, ¡qué misteriosa es la vida!, no sabemos nada... no vemos nada... Y sin
embargo, Jesús ha revelado ya a nuestras almas lo que el ojo del hombre no vio...
Sí, nuestro corazón intuye lo que el corazón no puede comprender, pues a veces
carecemos de pensamientos para expresar un no sé qué que sentimos dentro de
nuestra alma...
[2rº] Celina, te mando dos Celinas2 para tu santo. Tú sabrás comprender su
lenguaje... Un mismo tallo las sostiene, un mismo sol las ha hecho crecer juntas, el
mismo rayo hizo que se abrieran, y sin duda alguna ¡un mismo día las verá
morir...!
Los ojos de las criaturas no se dignan fijarse en una humilde flor Celina, y sin
embargo su blanca corola está llena de misterio: en su corazón lleva encerrado un
gran número de otras flores, los hijos de su alma (las almas), y además su cáliz
blanco es rojo por dentro, ¡cual si estuviese empurpurado por su propia sangre...!
[2vº] Celina, el sol y la lluvia pueden caer sobre esa florecilla ignorada, sin ajarla.
Nadie se preocupa por cogerla... Pero ¿acaso no es virgen también ella...? Sí,
porque sólo Jesús la ha mirado, porque él la ha creado sólo para él... ¡Por eso es
más feliz que la rosa brillante, que no es sólo para Jesús...!
Celina, te estoy felicitando tu santo de una manera poco común, se puede decir.
Pero sé que comprenderás las palabras incoherentes de tu Teresa...
Celina, me parece que Dios no tiene necesidad de muchos años para realizar su
obra de amor en un alma. Un rayo de su corazón puede, en un instante3, hacer que
su flor se abra para la eternidad...
Tu Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 124
1 Celina tiene problemas cardíacos. Cf Cta 104.
2 Dos flores de áster común (cf Cta 98) sostenidas por un mismo tallo. Aun se
conservan prendidas encima de la palabra «Jesús» en el encabezamiento del
autógrafo.
3 Cf Cta 114; Or 6; Cta 224.
Cta 125 A la señora de Guérin
J.M.J.T.
Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1890
Querida tía:
¡Con cuánta ilusión vengo a felicitarle su santo! Hace ya mucho tiempo que pienso
en este hermoso día, y me alegro de poder acercarme a mi tiíta querida para decirle
cuánto la quiere la última y la más pequeña de sus hijas. Ella quiere ser en todo la
última y la más pequeña, pero en el afecto y en la ternura nunca se [1vº] dejará
ganar por sus hermanas mayores... Además, ¿no tiene derecho el benjamín a amar
más que los otros...?
¡Cuántos recuerdos me trae esa fecha del 19! Mucho tiempo antes de que llegara,
ya me llenaba yo de alegría: primero, porque ese día era la fiesta de mi tía querida;
y luego también por las ricas golosinas de que ese día me llenaban. Ahora aquellos
años ya han pasado, los pajarillos han crecido, después abrieron sus alas y volaron
de aquel nido tan dulce de su niñez. Pero, querida tiíta, al crecer, el corazón de su
hijita ha crecido también en cariño hacia usted, y ahora sobre todo es [2rº] cuando
comprende todo lo que le debe... Para pagar mi deuda, no tengo más que un medio:
al ser muy pobre y al tener por esposo a un Rey poderoso y sumamente rico, le
encargo a él que derrame profusamente los tesoros de su amor sobre mi tía querida
y le devuelva así todas las delicadezas maternales de que supo rodear ni niñez.
Querida tía, no le digo adiós, pues cuento con pasar todo el día a su lado y espero
que usted sepa adivinar el corazón de su hijita,
Teresa del Niño Jesús
rel. carm. ind.
Cta 126 A Celina
J.M.J.T.
Jesús + 3 de abril de 1891
Querida Celinita:
Esta tarde hemos visto a Margarita M.1. No tengo tiempo para hablarte
detalladamente de esta visita, pero no puedo decirte el bien que ha hecho a mi
alma... ¡Felices nosotras que hemos sido escogidas por el esposo de las vírgenes...!
Marg. nos ha confiado secretos íntimos que no cuenta a nadie. Tenemos que rezar
[1vº] mucho por ella, pues se halla muy expuesta... Dice que ningún libro la ayuda.
He pensado que los «Misterios de la vida futura»1 podrían tal vez ayudarla y
afianzar su fe que está en mucho peligro... Nos dijo que puede leer libros sin que lo
sepa su marido.
Sería bueno que le dieses ese libro, diciéndole que hemos pensado que podría
interesarle; pero que lo comience por el capítulo tercero, donde hay una estampita,
pues los tres primeros no creo que tengan interés para ella. Creo que sería mejor
[2rº] que hicieses como si no conocieras este libro y que simplemente cumples
nuestro encargo, pues se molestaría si supiese que hemos dicho una sola palabra de
sus confidencias. Preferiríamos que ni la señora Maudelonde ni nuestra tía
supiesen que prestamos este libro a Marg. En fin, hazlo lo mejor que puedas, y dile
que lo tenga todo el tiempo que quiera... Si no puedes dárselo sin ser vista, tal vez
sería mejor no hacer nada. En fin, procura al menos hablarle de él. Yo, por mi
parte, tengo unos deseos [enormes] [2vº] de que lea algún libro en el que pueda
encontrar respuesta a muchas de sus dudas... Creo que ésta podría ser una obra
muy agradable a Dios. Él me ha dado a mí la idea, pero ya sabes que Teresa nada
puede sin Celina, se necesitan las dos para hacer un trabajo completo. Por eso,
¡ahora le toca a Celina acabar lo que Teresa ha comenzado...! Celina, ¡si supieras
cuánto te quiero, y cuán puro es el amor que te tengo...!
Celina querida, tu Teresita está siempre contigo, porque tú estás en su corazón y
eres la mitad de su corazón...
Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz
rel. carm. ind.
NOTAS Cta 126
1 Margarita María Maudelonde, sobrina de la señora de Guérin, casada con René
Tostain, un magistrado ateo, cf CA 2.9.7.
2 La obra de Arminjon.