Sta. Teresita de Lisieux

Cartas 156 a 169

Cta 156 A la madre Inés de Jesús

 

21 de enero de 1894

J.M.J.T.

El sueño del Niño Jesús1.

Mientras juega con las flores que su esposa querida le ha llevado a la cuna, Jesús

piensa qué podrá hacer para agradecérselo... Allá arriba, en los jardines del cielo,

los ángeles, servidores del divino Niño, trenzan ya las coronas que su corazón tiene

reservadas para su amada.

Mientras tanto, ha llegado la noche. La luna envía su resplandor de plata, y el Niño

Jesús se duerme... Su manita no suelta las flores con que se ha divertido a lo largo

del día su corazón continúa soñando con la felicidad de su esposa querida.

Muy pronto, allá en la lejanía, divisa unos objetos extraños que no tienen ningún

parecido con las flores primaverales. ¡Una cruz...! ¡Una lanza...! ¡Una corona de

espinas! Y sin embargo, el divino Niño no tiembla. ¡Eso es lo que él escoge para

demostrar a su esposa cuánto la ama...! Pero esto no basta todavía. Su rostro

infantil y tan hermoso, lo ve desfigurado, ¡sangrante...!, ¡irreconocible...! Jesús

sabe muy bien que su esposa siempre lo reconocerá, y que cuando todos lo

abandonen ella seguirá a su lado. Por el eso el divino Niño sonríe ante esa imagen

sangrante, y sonríe también ante el cáliz lleno del vino que hace germinar a las

vírgenes. Sabe que en la eucaristía los ingratos lo van a abandonar, pero Jesús

piensa en el amor de su esposa y en sus delicadezas. Ve cómo las flores de sus

virtudes perfuman el santuario, y Jesús niño sigue durmiendo dulcemente... Espera

a que las sombras declinen..., a que la noche de la vida sea reemplazada por el día

radiante de la eternidad...

En ese día Jesús devolverá a su amada esposa las flores que ella le dio, para

consolarlo, en la tierra... En ese día inclinará hacia ella su Faz divina, toda radiante

de gloria, ¡¡¡y hará gustar eternamente a su esposa la dulzura inefable de su beso

divino...!

[vº] Madre mía querida, acabas de leer el sueño que tu hija quería reproducir para

el día de tu santo. ¡Pero sólo tu pincel de artista podría pintar tan dulce misterio...!

Espero que sólo mires a la buena voluntad de quien se sentiría dichosa de haberte

agradado.

Eres tú, Madre mía, son tus virtudes lo que he querido representar en las florecitas

que Jesús aprieta contra su corazón. Las flores son todas sólo para Jesús. Sí, las


 

 

 

virtudes de mi Madre querida permanecerán siempre escondidas con el Niñito del

pesebre. Sin embargo, y a pesar de la humildad que quisiera ocultarlas, el perfume

misterioso que se desprende de esas flores me hace ya presentir las maravillas que

un día veré en la patria eterna, cuando me sea dado contemplar los tesoros de

ternura que ahora prodigas a Jesús2.

Tú lo sabes, Madre mía. Nunca podré expresarte toda mi gratitud por haberme

guiado como un ángel del cielo3 por entre los senderos de la vida. Tú fuiste quien

me enseñó a conocer a Jesús y a amarlo. Ahora que eres doblemente mi Madre,

sigue conduciéndome hacia el Amado, enséñame a practicar la virtud, para que en

el cielo no me vea colocada demasiado lejos de ti y puedas reconocerme por hija y

por hermanita tuya.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 156

1 Teresa comenta aquí el cuadro que había pintado para la primera celebración del

santo de la madre Inés de Jesús como priora.

2 Alusión a los choques que se habían producido ya entre la antigua y la nueva

priora, que exigen de ésta mucha humildad.

3 Cf PN 22, introducción.

 

 

 

Cta 157 A Celina

 

Marzo o mayo de 1894

J.M.J.T.

Los «codfiches»1 le han gustado mucho a nuestra Madre, y querría escribir unas

letras para darle las gracias a su Celino querido, pero no puede hacerlo. Está

también muy contenta por la carta de María2.

Que la pequeña desterrada esté triste sin estar triste, pues si no se centran en ella

las caricias de las criaturas, la ternura de Jesús sí que está CENTRADA toda en

ella. Ahora que Celina está sin albergue3, él, Jesús, está bien alojado, y está

contento de ver errante a su esposa querida, ¡eso le gusta! ¿Y por qué...? Yo no lo

sé... Es un secreto de Jesús. Pero creo que está preparando muchas cosas hermosas

en su casita... Tiene que trabajar tanto, que parece olvidar a su pobre Celina... Pero

no, sin que ella lo vea, él la mira por la ventana... Le gusta verla en el desierto, sin

otro oficio que el de amar4, sufriendo ¡sin siquiera sentir que ama...! Jesús sabe

muy bien que la vida es sólo un sueño, y por eso se alegra de ver a su esposa

llorando junto a los canales de Babilonia. Pronto llegará el día en que Jesús tomará

a su Celina de la mano y la hará entrar en su casita, que se habrá convertido en un

[vº] palacio eterno... Y entonces dirá: «¡Ahora me toca a mí...!» Tú me diste en la

tierra el único albergue al que ningún corazón humano quiere renunciar -es decir te

me diste a ti misma-, y ahora yo te doy por morada mi sustancia eterna5, es decir,

«a mí mismo». Esta será tu mansión por toda la eternidad. Durante la noche de la


 

 

 

vida tú anduviste errante y solitaria, ahora tendrás un compañero: yo, Jesús, tu

esposo, tu amigo, a quien se lo sacrificaste todo, ¡un compañero que te colmará de

alegría por los siglos de los siglos...!

 

NOTAS Cta 157

1 De la palabra inglesa cod-fish (bacalao), que se usaba impropiamente en la

Normandía para designar las conchas de Santiago.

2 María Guérin.

3 El señor Guérin proyectaba llevarse a su casa a su sobrina y a su cuñado, que no

estaban seguros en la calle Labbey. El traslado estaba previsto para junio.

4 Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, CE canc. 28.

5 Cf Arminjon, op. cit., p. 290; pasaje copiado por Teresa el 4 de junio de 1887.

 

 

 

Cta 158 A Leonia

 

Marzo (?) de 1894

J.M.J.T.

Querida Leonia:

¡No puedo expresar la alegría que sentí al saber que has sido aprobada para la toma

de hábito...! Comprendo lo feliz que debes de sentirte y comparto enormemente tu

alegría.

Querida hermanita, ¡qué bien ha sabido Dios recompensar tus esfuerzos! Me

acuerdo de lo que me decías en el locutorio antes de tu entrada en el arca santa. No

te importaba ser siempre la última, tomar el hábito sin solemnidad... No buscabas

más que a Jesús, y por él renunciabas a todo consuelo. Pero, como nos repetía a

menudo nuestro padre querido: «Dios nunca se deja ganar [1vº] en generosidad».

Por eso no ha querido que te vieras privada de la dicha de convertirte públicamente

en su prometida, en espera de que seas su esposa. Creo que los años de destierro

que has pasado en el mundo han servido para adornar tu alma con una vestidura

preciosa para el día de tus esponsales. A los tristes días del invierno han seguido

para ti los días radiantes de la primavera, y Jesús te dice, como a la esposa del

Cantar de los Cantares: «Ya ha pasado el invierno, han cesado las lluvias y se han

ido. Levántate, amada mía, paloma mía, y ven... Estoy a la puerta, ábreme,

hermana mía, amada mía, que tengo la cabeza cubierta de rocío, mis rizos del

relente de la noche». Hacía mucho tiempo que suspirabas por la visita de Jesús y le

decías, como la esposa: «¿Quién me dará, amado mío, poderte encontrar a solas

allá afuera?. Te podría besar sin que ya nunca [2rº] me criticara la gente...»

Al fin llegó ese día tan deseado... Tú, hermanita querida, aún no habías encontrado

a Jesús ante los ojos del mundo; pero después de haberlo buscado con mil

desvelos, he aquí que él mismo viene hacia ti... Tú te conformabas con encontrarle

fuera a solas, pero él desea besarte delante de todo el mundo, para que ya nadie

ignore «que él ha puesto su sello sobre tu frente y que nunca tendrás otro amador

que él»1...


 

 

 

Querida Leonia, me olvidaba de darte las gracias por tu carta. Debería haber

empezado por ahí, pero ¿verdad que entiendes que la alegría que siento por tu

inmensa felicidad es lo que me ha hecho cometer este olvido?

Espero que tus deseos se vean pronto cumplidos y que vuestro capellán se cure

rápidamente. [2vº] Te ruego, querida hermanita, que des mis respetuosos saludos a

tu buena y venerada Madre2. Me alegro, como tú, de que sea ella quien te dé el

santo hábito.

Te dejo, pero siguiendo unida a ti en el divino Corazón de Jesús.

Tu indigna hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 158

1 Cf Oficio litúrgico de santa Inés, antífona 3ª de Maitines; y PN 26.

2 Madre María de Sales; cf Cta 148, n. 3.

 

 

 

Cta 159 A Celina Maudelonde

 

J.M.J.T.

El Carmelo, 29 de marzo de 1894

Querida Celina:

Hubiera querido contestar antes a tu carta, que me causó mucha alegría. La

cuaresma me lo impidió; pero ya estamos en el tiempo de Pascua y puedo decirle a

mi querida primita1 que comparto su felicidad2.

La gran paz que experimentas es para mí una señal manifiesta de la voluntad de

Dios, pues sólo él puede derramarla en tu alma, y la dicha que gustas bajo su

mirada divina no puede venir más que de él.

[1vº] Querida Celina, no puede manifestarte mi cariño como lo haría si estuviese

aún en el mundo. Sin embargo, no por eso es menos intenso; al contrario, pienso

que te seré más útil en la soledad que si tuviera el consuelo de estar cerca de ti. Las

rejas del Carmelo no están hechas para separar corazones que sólo se aman en

Jesús; antes bien, sirven para hacer más fuertes los lazos que los unen.

Mientras tú sigues el sendero que Dios te ha trazado, yo rezaré por mi Celina, mi

compañera de la niñez. Pediré para ella que todas sus alegrías sean tan puras, que

pueda saborearlas bajo la mirada de Dios. [2rº] Pediré, sobre todo, que pueda

saborear la alegría incomparable de encaminar a un alma hacia Nuestro Señor, y

que esta alma sea la que pronto formará una sola con la suya. No dudo de que Dios

te concederá pronto esta gracia, y me sentiría muy dichosa si mis pobres oraciones

contribuyesen algo a ello.

Espero que mi querida Elenita esté ya restablecida, pues habría elegido un mal

momento para estar enferma... Por favor, dale un fuerte abrazo de mi parte, y a ella

le encargo que le dé a mi querida Celina mis besos más tiernos, estoy segura de

que no puedo escoger a nadie mejor para llevar a cabo esta grata misión...


 

 

 

La madre María de Gonzaga se une a tus tres primas del Carmelo en la [2vº]

alegría por tu felicidad, y te rogamos, querida Celina, que des nuestros respetuosos

saludos al señor y la señora Maudelonde.

Te dejo, querida Celina, quedando siempre muy unida a ti con el corazón. Tu

primita, que te querrá durante toda su vida y que no dejará de rezar por tu felicidad,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

P.D. - La madre priora del Carmelo de Saigón3 nos ha enviado un gran número de

objetos chinos, entre otros un mueblecito de salón que es una monada. Nuestra

Madre ha pensado hacer con ellos una rifa a beneficio de nuestra comunidad. Las

papeletas son a 0'50 francos, y estamos ofreciéndolas a todas las personas amigas

de nuestro Carmelo. Si deseas algunas, te las enviaremos con mucho gusto.

 

NOTAS Cta 159

1 Término afectuoso. No existía ningún parentesco entre las familias Martin y

Maudelonde, si bien las hijas de ambos estaban muy unidas desde la infancia; cf

Ms A 23rº.

2 Su próximo matrimonio con Gaston Pottier.

3 La madre Filomena de la Inmaculada Concepción, una de las carmelitas de

Lisieux, que había fundado en Saigón el primer Carmelo en tierras de misión en

1861.

 

 

 

Cta 160 A sor María Luisa Vallée

 

J.M.J.T.

Jesús + 3 de abril de 1894

Muy querida Hermana:

Me resulta imposible decirle cómo me ha llegado al corazón su atenta carta. Ya fue

para mí una gran alegría saber que le había gustado el cuadro del Niño Jesús1. Me

sentía recompensada por encima de todas mis esperanzas... Querida tía2 -

permítame seguir dándole este nombre-, en usted precisamente pensaba yo al tratar

de imaginarme qué podría regalar a nuestra Reverenda Madre para la celebración

de su primer santo como priora.

Sabía que a ella le gustaría mucho enviarle a usted un pequeño recuerdo; por eso,

puse toda mi alma en la composición de «El [1vº] sueño del Niño Jesús». Pero,

¡ay!, al no saber reproducir mi inhábil pincel lo que mi alma había soñado, regué

con mis lágrimas el vestido blanco de mi Niño Jesús, ¡lo cual, sin embargo, no

hizo bajar un rayo del cielo sobre su carita...! Entonces, en mi pena, me prometí a

mí misma no decir nada acerca de la intención que tenía al emprender mi trabajo.

Y, en efecto, sólo al ver la indulgencia de nuestra Madre, le confié mi secreto. Ella

tuvo a bien mirar el corazón y la intención, más que el arte de su hija, y, con gran

alegría de mi parte, mi Niño Jesús ha ido, en mi lugar, a trabar conocimiento con

mi santa tía de Le Mans.


 

 

 

He pintado al divino Niño de [2rº] manera que represente cómo se comporta él

conmigo... En efecto, él casi siempre está dormido... El Jesús de la pobre Teresa no

la acaricia como acariciaba a su Santísima Madre3. Eso es completamente natural,

¡pues la hija es tan indigna de la Madre...! Sin embargo, los ojitos cerrados de

Jesús hablan mucho a mi alma, y, ya que él no me acaricia, yo trato de agradarle.

Yo sé muy bien que su corazón está siempre en vela, y que en la patria de los

cielos se dignará abrir sus divinos ojos... Y entonces, al mirar a Jesús, tendré

también la dicha de contemplar junto a él a mis santas Madres de la Visitación.

Espero que ellas querrán reconocerme como hija. ¿No son ellas, de hecho, mis

madres, las que formaron el corazón de los dos ángeles visibles que me hicieron de

[2vº] verdaderas madres4...?

Me acuerdo perfectamente de mi viaje a la Visitación de Le Mans a la edad de tres

años5. Lo he revivido muchas veces con el corazón, y las rejas del Carmelo no

constituyen un obstáculo que me impida visitar a menudo a mi querida tía y a todas

esas venerables Madres que tienen a bien amar, sin conocerla, a la pobre Teresa del

Niño Jesús.

Le ruego, querida tía, que pague la deuda de gratitud de su sobrinita, dando las

gracias en su nombre a su Reverenda Madre y a todas las Hermanas, en especial a

sor Josefa de Sales6, cuyo afectuoso recuerdo me ha conmovido mucho.

QUERIDÍSIMA TÍA, me gustaría seguir hablando mucho más tiempo con usted,

pero estoy al final del papel y me veo precisada a dejarla, pidiéndole perdón...

Sor Teresa del Niño Jesús

su indigna sobrinita

 

NOTAS Cta 160

1 Cf Cta 156. La madre Inés de Jesús obsequió a su antigua profesora de la

Visitación el cuadro pintado por Teresa.

2 Paulina llamaba «tía» a su antigua profesora en recuerdo de su tía salesa, sor

María Dositea. Teresa hace otro tanto, por deseo de Paulina.

3 Cf Cta 162, n. 1.

4 María y Paulina, las dos educadoras de Teresa, conservaron una fuerte impronta

de sus años de internado en la Visitación de Le Mans.

5 El 29 de marzo de 1875; cf Ms A 7vº.

6 Luisa Gasse, compañera y amiga de Paulina en el internado.

 

 

 

Cta 161 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 26 de abril de 1894

Querido liriecito de Jesús:

Para cantar tus 25 años, te mando una pequeña poesía1 que he compuesto pensando

en ti...


 

 

 

Celina, estoy segura de que comprenderás todo lo que mi canto quisiera decirte.

Claro, que haría falta una lengua distinta de la lengua de la tierra para expresar la

belleza del abandono de un alma en las manos de Jesús; mi corazón no ha logrado

más que balbucir apenas lo que siente...

Celina, la historia de Cecilia (la santa del ABANDONO) ¡es también tu propia

historia! Jesús ha puesto ahí a tu lado a un ángel del cielo que te guarda siempre y

que te lleva de la mano para que tu pie no tropiece en ninguna piedra. Tú no lo ves,

y, sin embargo, es él quien desde hace 25 años ha preservado tu alma y quien le ha

conservado su blancura virginal, es él quien aleja de ti las ocasiones de pecado...

Fue él quien se te mostró en aquel sueño misterioso que te envió cuando eras niña:

veías a un ángel que llevaba una antorcha y que caminaba delante de nuestro padre

querido. Sin duda, quería darte a conocer la misión que más tarde ibas a cumplir.

¡Ahora eres tú el ángel visible de quien pronto irá a unirse a los ángeles de la

ciudad celestial!

Celina, no temas las tormentas de la tierra... Tu ángel de la guarda te cubre con sus

alas, y en tu corazón reposa Jesús, pureza de las vírgenes. Tú no ves tus tesoros.

Jesús duerme y el ángel permanece en su misterioso silencio. Sin embargo, están

ahí, con María, que te esconde, también ella, bajo su manto...

No temas, Celina querida. Mientras tu lira no deje de cantar para Jesús, nunca se

romperá... Es frágil, sin duda alguna, más frágil [vº] que el cristal; si se la dejases a

un músico inexperto, pronto se rompería; pero es Jesús quien hace vibrar la lira de

tu corazón... El se goza de que sientas tu debilidad: es él quien imprime en tu alma

los sentimientos de desconfianza en sí misma.

Celina querida, dale gracias a Jesús. El te colma de sus gracias de elección. Si eres

siempre fiel en agradarle en las cosas pequeñas, él se verá OBLIGADO a ayudarte

en las GRANDES...

Los apóstoles, sin Nuestro Señor, trabajaron toda la noche y no cogieron ni un solo

pez; pero su trabajo era grato a Jesús. Él quería demostrarles que sólo él puede

darnos algo. Quería que los apóstoles se humillasen... «Muchachos -les dice-,

¿tenéis algo que comer?» «Señor -respondió san Pedro-, nos hemos pasado toda la

noche bregando y no hemos cogido nada» Tal vez si hubiese cogido algunos

pececillos, Jesús no hubiese hecho el milagro; pero no tenía nada; por eso Jesús le

llenó enseguida la red, de suerte que casi se rompía.

Así es Jesús2: da como Dios, pero exige la humildad del corazón...

El mundo entero es ante él como un granito de arena que apenas si hace inclinarse

a la balanza, o como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra (Sb, cap. 11).

(Celina querida, si logras leerme será un milagro, pero no tengo tiempo para volver

a leer lo que he escrito...)

El tiempo pasa como una sombra, pronto nos reuniremos allá arriba. ¿No dijo Jesús

durante la Pasión: «Y pronto veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del

Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo»...?

¡Nosotras estaremos allí...!

Teresa del Niño Jesús


 

 

 

NOTAS Cta 161

1 Santa Cecilia, cf PN 3 y el fascículo Mes Armes (Cerf-DDB, 1975).

2 Cf CR p. 93.

 

 

Cta 162 A Celina1

 

26 de abril de 1894

(Texto de la estampa)

 

Jesús, ¿quien te ha hecho tan pequeño? El amor2.

(Texto del sobre)

 

Estampita

pintada por

Teresita

para los 25 años

de Celinita

con el permiso de

la Madrecita priora

 

NOTAS Cta 162

1 Para los 25 años de Celina, Teresa adjunta a la carta precedente una estampa a

color, de formato muy reducido: una viñeta que representaba a santa Teresa de

Avila acariciada por el Niño Jesús.

2 San Bernardo.

 

 

 

Cta 163 A sor Teresa Dositea (Leonia)

 

J.M.J.T.

Jesús + Domingo, 20 de mayo de 1894

Querida hermanita Teresa:

¡Qué alegría me ha dado tu carta...! Nunca daré suficientes gracias a Dios por todos

dones de que te colma.

Celina nos ha contado hasta los menores detalles de la hermosa fiesta del 6 de

abril1. ¡Cómo se habrá alegrado ese día nuestra mamaíta del cielo...! ¡Y con qué

amor habrá posado en ti su mirada nuestra tía de Le Mans2!

Me alegro mucho de que mi santa Madre Teresa se haya convertido también en la

tuya. Me parece que ése es un lazo que nos va a unir más estrechamente todavía.

No puedo decirte, querida hermanita, todas las cosas que quisiera. Mi corazón no

puede expresar sus sentimientos íntimos en [vº] el frío lenguaje de la tierra... Pero

un día, en el cielo, en nuestra hermosa patria, te miraré, y en mi mirada podrás ver


 

 

 

todo lo que querré decirte, porque el silencio es el lenguaje de los bienaventurados

habitantes del cielo3...

Mientras tanto, hay que ganar esa patria de los cielos... Hay que sufrir, hay que

luchar... Por favor, pide por tu Teresita, para que se aproveche del destierro de la

tierra y de los medios tan abundantes que tiene para merecer el cielo.

Celina nos ha comunicado el resultado de vuestras elecciones. He sufrido al ver

que perdías una Madre a quien amabas, pero me consolé pensando que la que la

reemplaza es verdaderamente digna de su santa predecesora4, y estoy

absolutamente segura de que ahora tienes, para guiarte hacia Jesús, a dos madres

realmente merecedoras de ese dulce nombre.

Te dejo, querida hermanita, pero sin alejarme nunca de ti con el corazón. Te ruego

que des mis respetuosos saludos a tus dos Madres.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 163

1 La toma de hábito de Leonia.

2 Sor María Dositea, de la que la novicia ha tomado en parte el nombre.

3 «¡El silencio es el lenguaje de los ángeles!»: sentencia pintada por la madre Inés

a la entrada del claustro donde duerme Teresa.

4 La madre María de Sales, superiora desde hace seis años, ha sido reemplazada

por la madre Juana Francisca, ex-maestra de novicias.

 

 

 

Cta 164 A sor Teresa Dositea (Leonia)

 

J.M.J.T.

Jesús + 22 de mayo de 1894

Querida hermanita:

Mis letras del domingo te llegarán al mismo tiempo que éstas, y por ellas verás que

ya entonces me alegraba de tu felicidad... Gracias por tu cartita, que me ha gustado

mucho, mucho...

Tienes mucha suerte, querida hermanita, [vº] de que Jesús esté tan celoso de tu

corazón. A ti te dice, como a la esposa del Cantar de los Cantares: «Me has robado

el corazón, hermana mía, esposa mía, me has robado el corazón con una sola

mirada de tus ojos, con uno solo de los cabellos que vuelan sobre tu cuello».

Jesús está muy contento de ti, lo sé. Si aún te deja ver algunas infidelidades en tu

corazón, estoy segura de que son todavía más numerosos los actos de amor que

cosecha.

¿Cuál de las dos Teresas será más fervorosa...? La que sea más humilde, la que esté

más unida a Jesús, la que sea más fiel en hacerlo todo por amor... [2rº] Recemos la

una por la otra para que seamos igual de fieles las dos... Robémosle a Jesús el

corazón con una mirada de nuestros ojos y con uno de nuestros cabellos, es decir,

con la cosa más grande y con la más pequeña. No le neguemos el más pequeño


 

 

 

sacrificio, ¡es tan grande todo en la religión...! Recoger un alfiler por amor puede

convertir a un alma. ¡Qué gran misterio...! Sólo Jesús puede dar un valor tan

grande a nuestras acciones. Amémosle, pues, con todas nuestras fuerzas...

[2vºtv] Tu hermanita que te quiere,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

 

 

Cta 165 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 7 de julio de 1894

Celina querida:

La carta de Leonia1 nos preocupa mucho...

¡Ah, qué desdichada será si vuelve al mundo! Pero te confieso que espero que no

sea más que una tentación. Hay que rezar mucho por ella. Dios puede darle muy

bien lo que le falta...

Nuestra Madre está de retiro, y por eso no te escribirá. Piensa mucho en ti y en

María, y va a rezar mucho por sus dos hijitas.

No sé si sigues aún en el mismo estado de ánimo que el otro día, pero, no obstante,

quiero citarte un pasaje del Cantar de los Cantares que expresa a las mil maravillas

lo que es un alma hundida en la sequedad y a quien nada puede alegrar ni consolar:

«Bajé a mi nogueral a contemplar los brotes del valle, a ver si la viña ya verdeaba,

a ver si florecían los granados... Y ya no supe dónde estaba... Y mi alma se turbó a

causa de los carros de Aminadab» (cap. 6, vers. 10 y 11).

Esta es la imagen de nuestras almas. Muchas veces bajamos a los fértiles valles,

donde nuestro corazón gusta de alimentarse -el vasto campo de las Escrituras2 que

tantas veces se ha abierto ante nuestros ojos para derramar sobre nosotras sus ricos

tesoros-, y ese vasto campo nos parece un desierto árido y sin agua..., ni siquiera

sabemos ya dónde estamos. En vez de la paz y de la luz, sólo encontramos

turbación, o, al menos, tinieblas...

Pero, al igual que la esposa, también nosotras sabemos la causa de nuestra prueba:

nuestra alma está turbada a causa de los carros de Aminadab... No estamos todavía

en nuestra patria, y la prueba tiene que purificarnos como el oro [1vº] en el crisol.

A veces nos creemos abandonadas. Los carros, los vanos ruidos que nos afligen,

¿están dentro de nosotras o están fuera? No lo sabemos..., pero Jesús sí que lo sabe.

La ve nuestra tristeza y de repente se deja oír su voz, una voz más dulce que el

soplo de la brisa de primavera3: «¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve para

que te veamos!» (Cant, cap. 6, 5.12).

¡Qué llamada, ésta de nuestro Esposo...! ¿Cómo? Nosotras no nos atrevemos ni

siquiera a mirarnos, de tan sin brillo y sin adornos como pensamos estar, y Jesús

nos llama, quiere mirarnos a placer. Pero no está solo: las otras dos Personas de la

Santísima Trinidad vienen con él a tomar posesión de nuestra alma... Jesús lo

prometió en otro tiempo cuando estaba para subir a su Padre y nuestro Padre. Dijo,


 

 

 

con una ternura inefable: «Si alguien me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo

amará, y vendremos a él y haremos en él nuestra morada».

Guardar la palabra de Jesús. Esa es la única condición para nuestra felicidad, la

prueba de nuestro amor a él. ¿Pero qué palabra es ésa...? Me parece que la palabra

de Jesús es él mismo..., él, Jesús, el Verbo, ¡la Palabra de Dios...! Nos lo dice más

adelante en el mismo evangelio de san Juan cuando ora al Padre por sus discípulos.

Se expresa así: «Santifícalos con tu palabra, tu palabra es la verdad». Y en otra

parte Jesús nos enseña que él es el camino, la verdad y la vida. Sabemos, pues,

cuál es la Palabra que tenemos que guardar. Nosotras no preguntaremos a Jesús,

como Pilato: «¿Qué es la verdad?» Nosotras poseemos la Verdad, guardamos a

Jesús en nuestros corazones...

Con frecuencia podemos decir, como la esposa, «que nuestro Amado [2rº] es un

ramillete de mirra», que él es para nosotras un esposo de sangre... ¡Pero qué dulce

nos sonará un día, cuando salga de su boca, aquella palabra de Jesús: «Vosotros

sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el

Reino como me lo transmitió mi Padre a mí» (Evangelio)

Las tribulaciones de Jesús. ¡Qué misterio! ¿O sea, que también él tiene

tribulaciones? Sí, claro que las tiene, y a menudo se encuentra solo pisando el vino

en el lagar. Busca consoladores y no los encuentra... Muchos sirven a Jesús cuando

los consuela, pero pocos se avienen a hacer compañía a Jesús cuando duerme

sobre las olas o cuando sufre en el huerto de la agonía... ¿Quién, pues, querrá servir

a Jesús por él mismo...? ¡Lo haremos nosotras...! Celina y Teresa se unirán cada

vez más, en ellas se cumplirá esta oración de Jesús: «Padre, que sean uno, como

nosotros somos uno». Sí, Jesús nos prepara ya su Reino, como su Padre se lo ha

preparado a él. Nos lo prepara dejándonos en la tribulación. Quiere que nuestro

rostro sea visto por las criaturas, pero que esté como escondido para que nadie más

que él nos reconozca... Pero también ¡qué felicidad pensar que Dios, la Trinidad

entera nos está mirando, que vive en nosotras y se complace en contemplarnos! ¿Y

qué es lo que quiere ver en nuestro corazón, sino «coros musicales en un campo de

batalla»? (Cant, cap.7, v. 1). «¿Cómo cantar un cántico del Señor en tierra

extranjera...? Nuestras arpas llevan ya mucho tiempo colgadas en los sauces de sus

orillas», ¡ya no sabemos utilizarlas...! Nuestro Dios, el huésped de nuestras almas,

lo sabe, y por eso viene a nosotras con la intención de encontrar una morada, una

tienda VACÍA en medio [2vº] del campo de batalla de la tierra. No pide más que

esto, y él mismo es el músico divino que se encarga del concierto... ¡Ah, si

escuchásemos esa inefable armonía, si una sola de sus vibraciones llegase a

nuestros oídos...!

«Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede

por nosotros con gemidos inefables» (san Pablo). Lo único, pues, que tenemos que

hacer es rendir nuestra alma, abandonársela a nuestro gran Dios. ¿Qué importa,

entonces, que carezca de los dones que brillan a exterior, si dentro de ella

resplandece el Rey de reyes con toda su gloria?


 

 

 

¡Qué grande tiene que ser un alma para contener a Dios...! Y, sin embargo, el alma

de un niño recién nacido es para él un paraíso de delicias4. ¿Qué serán, pues, las

nuestras, que han luchado y sufrido por conquistar el corazón de su Amado...?

Celina querida, te aseguro que no sé lo que estoy diciendo; esta carta no debe de

tener ni pies ni cabeza, pero creo que, a pesar de ello, tú me vas a comprender...

¡Quisiera decirte tantas cosas...!

No me contestes con una larga carta para hablarme de tu alma, unas pocas palabras

bastarán, prefiero que escribas una carta muy divertida para todas. Dios quiere que

me olvide de mí misma por dar gusto a las demás.

Abrazos a mi tío, a mi querida tía y a mi hermanita5. En cuanto a mi papá querido,

le sonrío y le cuido valiéndome de su ángel VISIBLE6, al que estoy tan

íntimamente unida que no formamos más que una sola cosa...

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 165

1 Esa carta hacía temer que Leonia no pudiera, tampoco esta vez, seguir en la

Visitación.

2 Im III,51,2.

3 Cf Soumet, citado en RP 3,5vº.

4 Cf RP 2,6vº.

5 María Guérin.

6 Celina.

 

 

 

Cta 166 A la señora de Pottier (Celina Maudelonde)

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de julio de 1894

Querida Celina:

Tu carta me ha producido verdadera alegría; me admiro de cómo la Santísima

Virgen se ha dignado escuchar todos tus deseos. Aun antes de tu matrimonio, ella

quiso que el alma a la que vas a unirte no forme sino una sola con la tuya por la

igualdad de sentimientos. ¡Qué gracia tan grande para ti el sentirte tan bien

comprendida, y, sobre todo, el saber que vuestra unión será eterna, que después de

esta vida podrás seguir amando al esposo a quien tanto quieres...!

Ya han pasado, para nosotras dos, los días benditos de nuestra infancia. Ahora

estamos en lo serio de la vida. El camino que seguimos es muy distinto, pero

nuestro destino es el mismo. [1vº] No debemos tener ambas sino una misma meta:

santificarnos en el camino que Dios nos ha trazado.

Me parece, querida amiga, que contigo puedo hablar con libertad, pues tú entiendes

el lenguaje de la fe mejor que el del mundo y el Jesús de tu primera comunión

sigue siendo el dueño de tu corazón; en él amas a esa hermosa alma que ya no

forma sino una con la tuya, y a él se debe el que vuestro amor sea tan tierno y tan


 

 

 

fuerte. ¡Qué hermosa es nuestra religión! En vez de encoger nuestros corazones

(como cree el mundo), los eleva y los hace capaces de amar, de amar con un amor

casi infinito, ya que está llamado a continuar después de esta vida mortal, que no se

nos ha dado sino para alcanzar la patria del cielo, donde volveremos a encontrar a

los seres queridos a los que hemos amado en la tierra.

Yo ya había pedido para ti, querida Celina, a Nuestra Señora la Virgen del Carmen

la gracia que obtuviste en Lourdes. ¡Cuánto me alegro de que te hayas impuesto el

santo escapulario! Es una señal segura de predestinación, y además ¿no estás [2rº]

así por él más íntimamente unida a tus hermanitas del Carmelo...?

Me encomiendas, querida primita, que rece por tu querido esposo, ¿piensas que

podría dejar de hacerlo...? No, ya no os puedo separar en mis pobres oraciones.

Pido a Nuestro Señor que se muestre tan generoso con vosotros como se mostró en

otro tiempo con los esposos de las bodas de Caná. Que él convierta siempre el agua

en vino..., es decir, que continúe haciéndote feliz y que suavice, en la medida de lo

posible, las adversidades que encontréis en la vida.

Las adversidades. ¿Cómo he podido poner esta palabra en mi carta, cuando sé que

para ti todo es felicidad...? Perdóname, querida amiga, goza en paz de la alegría

que Dios te concede, sin inquietarte por el porvenir. El porvenir te reserva, estoy

segura, nuevas gracias y muchas alegrías.

La madre María de Gonzaga aprecia mucho el que la recuerdes con cariño, y

tampoco ella olvida [2vº] a su Celinita. Nuestra Madre y sor María del Sagrado

Corazón comparten también tu felicidad y me encargan que te salude

cariñosamente.

Me atrevo a pedirte, querida primita1, que presentes mis respetuosos saludos al Sr.

Pottier, a quien no puedo dejar ya de considerar también como primo mío.

Te dejo, querida prima, quedando siempre muy unida a ti de corazón, y toda mi

vida me sentiré dichosa de llamarme

Tu hermanita en Jesús,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 166

1 Cf Cta 159, n. 1.

 

 

 

Cta 167 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 18 de julio de 1894

Celina querida:

No me extrañan tus pruebas, yo misma pasé por ellas el año pasado, y sé lo que

son1... Dios quiso que hiciese el sacrificio, lo hice, y luego, igual que tú, sentí la

calma en medio del sufrimiento.


 

 

 

Pero también experimenté otra cosa, y es que muchas veces Dios se conforma con

nuestra voluntad. Él lo pide todo, y si le negamos la más mínima cosa, nos ama

demasiado para forzarnos; pero cuando nuestra voluntad se ajusta a la suya, cuando

ve que sólo le buscamos a él, entonces se comporta con nosotras como se comportó

en otro tiempo con Abraham...

Esto es lo que Jesús me da a entender en lo más íntimo; pienso que estás en la

PRUEBA, que ahora se está realizando ya en ti ese cercenamiento que dices que

necesitas... (Jesús quebranta ahora tu naturaleza, te da la cruz y la tribulación.)

Cuanto más tiempo pasa, más segura estoy en mi interior de que un día vendrás

aquí. La madre María de Gonzaga me encarga que te lo diga2; estaba muy bien

dispuesta al leer tu carta; si la hubieras visto, te habrías emocionado...

[1vº] No tengas ningún miedo, ¡aquí encontrarás, más que en ninguna otra parte, la

cruz y el martirio...! Sufriremos juntas, como antiguamente los cristianos, que se

juntaban para darse ánimos unos a otros en el momento de la prueba3... Y luego,

vendrá Jesús y tomará a una de nosotras, y las demás se quedarán por un poco más

de tiempo en el destierro y en las lágrimas... Dime, Celina, ¿sería tan grande el

sufrimiento si estuviésemos una en Lisieux y la otra en Jerusalén...? ¿Habría

sufrido tanto la Santísima Virgen si no hubiese estado al pie de la cruz de su

Jesús...?

¿Crees quizá que no te comprendo? Pues te aseguro que leo en tu alma... Leo que

eres fiel a Jesús; si no quieres más que su voluntad, si no buscas más que su amor,

nada temas. Con esta prueba Dios purifica todo lo que pudiera haber de demasiado

sensible en nuestro afecto; pero el fondo mismo de este afecto es demasiado puro

para que él lo rompa... Escucha bien lo que voy a decirte: nunca, nunca nos

separará Jesús. Si yo muero antes que tú, no creas que me alejaré de tu alma,

¡nunca habremos estado más unidas...! ¿Es eso, tal vez, lo que Jesús quiere hacerte

sentir al hablarte de separación...? Pero, sobre todo, no sufras, no [2rº] estoy

enferma, al contrario4, tengo una salud de hierro; sólo que Dios puede romper el

hierro como la arcilla... Todo esto son niñerías, no pensemos en el porvenir (es de

mí de quien hablo, pues no considero una niñería la prueba que visita el alma de mi

Celina querida.)

¿Qué son las cruces exteriores...? Podríamos alejarnos la una de la otra sin sufrir, si

Jesús consolara nuestras almas... Lo que sí es una verdadera cruz es el martirio del

corazón, el sufrimiento íntimo del alma, y esa cruz que nadie ve nosotras podemos

llevarla sin separarnos jamás.

Sé muy bien que todo esto que te estoy diciendo, y nada, son exactamente la

misma cosa: tu prueba interior no cesará hasta el día señalado por Jesús. Pero como

él quiere servirse a veces de mí para hacer bien a tu alma, tal vez mis palabras sean

la expresión de su voluntad... ¡Es increíble cómo siempre tenemos las dos las

mismas pruebas! Más tarde o más temprano tenemos que beber de la misma copa.

Cuando la tormenta es muy fuerte en tierra, todo el mundo dice: «No hay que

temer por los barcos, pues la tormenta no ruge ahora en el mar»5. Pues bien, yo le

digo a Celina: la tormenta pasó sobre mi alma y ahora visita la tuya; pero no temas,

pronto renacerá la calma (a la tempestad seguirá una gran calma.)


 

 

 

¿Quieres saber noticias de mi hija6? Pues bien, creo que PERSEVERARA. No ha

sido educada como nosotras, desgraciadamente para ella, y su educación es la

causa de sus modales tan poco atrayentes, pero en el fondo es buena. Ahora me

quiere mucho, pero procuro no tocarla sino con guantes de seda blanca... Sin

embargo, tengo un título que me perjudica mucho7: soy un «perrito de caza», soy

yo quien corre todo el día detrás de la pieza. ¿Sabes?, los cazadores (las maestras

de novicias y las prioras) son demasiado grandes para meterse entre los matorrales,

pero un perrito... tiene fino el olfato y además ¡se cuela por todas partes...! Así,

velo de cerca por mi hija y los cazadores no están descontentos de su perrito... Yo

no quiero hacerle daño a mi conejito, sino que le lamo diciéndole con ternura que

su pelo no está lo suficientemente liso, que su mirada es todavía demasiado la de

un conejo montés, en una palabra, trato de convertirlo en lo que mis cazadores

desean: un conejito muy sencillo que sólo se ocupe de la hierbecilla que debe

pacer. Estoy bromeando, pero en el fondo pienso que el conejo vale más que el

perrito...; en su lugar, yo hace tiempo que me habría perdido para siempre en el

vasto bosque del mundo.

Te agradezco las dos fot.8. Son preciosas.

Teresa del Niño Jesús

[2rºtv] Te ruego que des cariñosos recuerdos de mi parte a todos los inolvidables

viajeros9 que se lo están pasando tan bien ahí. Comprendo lo que sientes con los

muchachos... Pero sólo es cosa de un momento, vendrá un día en que no verás a

muchos, ¡consuélate...!

Te mando dos cancioncitas que he compuesto, enséñaselas a mi querida Mariíta,

dile que la quiero y que rezo por ella..., ¡cómo agranda su alma el sufrimiento y

cómo la acerca a la meta...! La madre María de Gonzaga no le escribe porque la

carta va dirigida a nuestra tía, la próxima vez será... Pídele a nuestra tía «Mi

caótico de hoy», sor María del Sagrado Corazón ha querido dedicárselo a ella.

 

NOTAS Cta 167

1 Esta frase de Teresa alude a su deseo persistente de partir para el Carmelo de

Saigón; cf Ms C 9rº. Pero responde, sobre todo, a las confidencias de Celina, que, a

espaldas de sus hermanas, proyecta partir para el Canadá. Es necesario escuchar a

Celina exponer sus problemas a Teresa: «Teresa querida, no acierto a decirte cómo

me pesa esta vida... Cuando recibí tu carta, todo en mi alma era oscuridad. Y gocé

con tu carta, la saboreé... Pero ahora estoy como un tronco seco, nada se puede

sacar ya de mí. (...) Teresa querida, he estado meditando sobre ti y sobre el cariño

que nos tenemos... Y me ha parecido, no sé expresártelo muy bien, me ha parecido

que tú eras para mí demasiado..., que eras para mí un apoyo que me permitía

apoyarme demasiado..., que me cimentaba demasiado en ti y me basaba demasiado

en ti, que tú me eras demasiado indispensable..., en fin, adivina tú el resto... Y he

pensado que, para ser toda de Dios, tendría que dejarte... He oteado el porvenir y

creo que tendría que separarme de ti para no volverte a ver más que en el cielo...

En una palabra, mi Teresa querida, he sentido miedo y he tenido algo así como el

presentimiento de un sacrificio que supera a todos los sacrificios... Pasan los días, y


 

 

 

el corazón todo él se me estremece; pero siento el alma tan inundada de gracias,

que necesito hacerme a esta idea. Desde la última vez que te vi, he tenido

pensamientos muy profundos sobre infinidad de temas... La cruz se me presenta

totalmente desnuda..., y, con ella, multitud de realidades... Ciertamente, Dios hace

a mi alma extrañas llamadas allá en lo más íntimo de ella, y lo hace en medio de

una paz y una serenidad de alma realmente increíbles. Teresa querida, ¡no poder

hablar...! Y sin embargo, no te diría nada, no tengo nada que decirte...

«Teresa querida, ¡comprende a tu Celina sin necesidad de que te hable, sin

necesidad de que te diga una sola palabra...! ¡Ay, la vida, la vida! ¡Qué corta me

parece la vida, y qué felices seremos al volver a encontrarnos allá arriba...! Todo

me parece un sueño, y no lo entiendo...

«¡Teresa!, tu carta ha sido para mí un cántico del cielo, una dulce melodía...

¡Entiende todo lo que yo he comprendido! Pero, ¿sabes?, te quiero demasiado...

Teresa querida, mi corazón me molesta, y justo por eso tengo una especie de

certeza íntima de que Dios, para reinar sobre mi naturaleza, necesitará aún

romperla. ¡Necesito la cruz y la tribulación más amargas..., Teresa...!

«Estos días he estado fuera, y estoy sufriendo mucho por ello. Es una desazón

continua. Cuanto más pasamos los días entre risas alocadas hasta morirnos de risa,

más sufro de soledad; no puedo respirar. Además, me siento desdichada... Al no

estar acostumbrada a vivir con muchachos, me parece extraño pasar los días en su

compañía; y por santos y puros y limpios que sean, no logro acostumbrarme a ello.

¡Ay, Teresa de mi vida, ojalá comprendas lo que quiero decirte...! Estos días he

tenido escrúpulos, y todo eso junto, unido a la privación de mis prácticas piadosas,

me vuelve árida y triste...!» (LC 159, 17/7/1894).

2 El ascendiente de la madre María de Gonzaga sobre los superiores y sobre la

comunidad será determinante en favor de Celina.

3 Cf Ms C 8vº/9rº.

4 Teresa sufre una ronquera pertinaz.

5 Refrán local.

6 Sor María de la Trinidad, que había entrado el 16 de junio.

7 La madre María de Gonzaga es la maestra titular; la función de Teresa está mal

definida y es delicada.

8 «Fotografías»: probablemente de Celina con María Guérin.

9 Celina se encuentra en La Musse con los Guérin, el Dr. La Néele y su esposa, y

José de Cornière, amigo de la familia. «Nos disfrazamos y representamos toda una

historia de viajeros en cuadros vivientes» (LC 159, a Teresa).

10 Cf PN 5.

 

 

Cta 167 bis A la señora de Guérin1

 

19 de julio de 1894

Nuestra Madre no tiene tiempo de escribir a su querida Juanita. Le agradece mucho

su carta y sus preciosos modelos2


 

 

 

Teresa envía todo su cariño a sus inolvidables viajeros...

 

NOTAS Cta 167 bis

1 Postdata a una carta de sor María del Sagrado Corazón a la señora de Guérin.

2 Modelos de flores pedidos por la madre Inés.

 

 

 

Cta 168 A Celina

 

5-10 de agosto de 1894

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

Tu carta es preciosa1, y nos ha hecho derramar lágrimas muy dulces...

No tengas miedo, Jesús no te engañará, ¡si supieras cómo le encantan tu docilidad

y tu candor de niña...! Yo tengo el corazón desgarrado... He sufrido tanto por ti,

que espero no ser un obstáculo a tu vocación, ¿no ha sido depurado nuestro afecto

como el oro en el crisol...? Esparcimos, llorando, las semillas, y ahora pronto

volveremos juntas trayendo en nuestras manos las gavillas.

No le escribiré hoy al Padre, creo que será mejor [1vº] esperar su carta para ver lo

que dice él2... Si prefieres que escriba yo para justificarte, dímelo cuando vengas y

no tendré inconveniente en hacerlo...

¡¡¡Tengo el corazón destrozado...!!! Pero doy gracias a Dios por esta prueba que él

mismo ha querido; de esto estoy segura, pues es imposible que Jesús engañe a un

niñito como .

Las tres te queremos aún más que antes, si es posible, ¡nos dijo tanto tu mirada...!

Si oyeses a sor María del Sagrado Corazón, te aseguro que quedarías asombrada...

No vacila en decir que su amado Padre se ha equivocado... Pero él sólo ha sido el

instrumento dócil de Jesús, por eso Teresita no está enfadada con él...

[2rº] Dale las gracias a nuestra tía por su carta. Si se entera de que te he escrito,

dile que estamos profundamente apenadas.

(También la madre María de Gonzaga ha llorado mucho al leer tu carta. ¡Pobre

Madre!, no sabe absolutamente nada3..., ya ves lo discretas que somos.)

 

NOTAS Cta 168

1 Carta (no conservada) escrita poco después de la inhumación del señor Martin (2

de agosto). En ella Celina desvelaba por fin a sus hermanas sus proyectos y sus

temores respecto a su futuro.

2 El P. Pichon respondía el 20 de agosto: «Sí, sí, entrego a mi Celina al Carmelo, a

santa Teresa, a la Santísima Virgen».

3 Paréntesis oscuro hoy.


 

 

 

Cta 169 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 19 de agosto de 1894

Mi querida hermanita:

Esta será la última vez que te escribo al mundo... No podía decir mayor verdad en

la carta que te envié a La Musse cuando te prometía que pronto estarías en el

Carmelo.

No me extraña la tormenta que ruge en Caen. F. y J. han escogido un camino tan

distinto del nuestro, que no pueden comprender la sublimidad de nuestra

vocación1... Pero el que ríe el último ríe mejor... Después de esta vida de un día,

comprenderán quiénes fueron los más privilegiados, si nosotras o ellos...

¡Cómo nos emocionó tu pesca milagrosa!2... ¡Cómo nos hacen sentir esas pequeñas

delicadezas que nuestro padre está cerca de nosotras! Tras una muerte de cinco

años, ¡qué alegría volver a encontrarle el mismo de siempre, buscando como [1vº]

antes la forma de complacernos! ¡Y cómo va a devolverle a su Celina los cuidados

que ella le prodigó...! Él es quien ha logrado en tan poco tiempo que se aclarase tu

vocación3. Ahora que es un puro espíritu, le es fácil ir a estar con los sacerdotes y

con los obispos, y así ¡no ha tenido que tomarse tantas molestias por su Celina

querida como por su pobre reinecita...!

Me alegro mucho, querida hermanita, de que no sientas ningún atractivo sensible al

venir al Carmelo; eso es una delicadeza de Jesús, que quiere recibir de ti un

obsequio. Él sabe que hay más dicha en dar que en recibir. Sólo tenemos el breve

instante de la vida para dar a Dios..., y él se apresta ya a decir: «Ahora me toca a

mí...» ¡Qué dicha sufrir por quien nos ama hasta la locura y pasar por locas a los

ojos del mundo! Se juzga a los demás por uno mismo, y, como el mundo es

insensato, ¡piensa naturalmente que las insensatas somos nosotras...!

Pero, a fin de cuentas, no somos nosotras las primeras: [2rº] el único crimen que

Herodes echó en cara a Jesús fue el de estar loco4, ¡y yo pienso como él...! Sí, fue

una verdadera locura venir a buscar a los pobres corazoncitos de los mortales para

convertirlos en sus tronos. Él, el Rey de la gloria, que se sienta sobre los

querubines... Él, cuya presencia no pueden contener los cielos... Nuestro Amado

tenía que estar loco para venir a la tierra a buscar a los pecadores para hacer de

ellos sus amigos, sus íntimos, sus semejantes. ¡Él, que era perfectamente feliz con

las otras dos personas de la Trinidad, dignas de adoración...! Nosotras no podremos

nunca hacer por él las locuras que él hizo por nosotras, y nuestras acciones no

merecerán nunca ese nombre, porque no son sino hechos muy razonables y muy

por debajo de lo que nuestro amor quisiera realizar. Es, pues, el mundo el

insensato, pues ignora lo que Jesús hizo por salvarlo; es él el acaparador que

seduce a las almas y las lleva a fuentes sin agua...

No somos tampoco ni holgazanas ni pródigas. Jesús nos [2vº] defendió en la

persona de la Magdalena. Él estaba a la mesa, Marta servía, Lázaro comía con él y

con los discípulos. ¿Y María? María no pensaba en tomar alimento, sino en

agradar al que amaba; por eso, tomó un vaso lleno de un perfume muy costoso y,


 

 

 

rompiendo el vaso, lo derramó sobre la cabeza de Jesús, y toda la casa se llenó del

perfume del ungüento; pero los APOSTOLES murmuraban contra la Magdalena...

Lo mismo ocurre con nosotras: los cristianos más fervorosos, los sacerdotes

piensan que exageramos, que deberíamos servir con Marta en vez de consagrar a

Jesús los vasos de nuestras vidas con los perfumes que en ellos se encierran... Y sin

embargo, ¿qué importa que se rompan nuestros vasos, si Jesús recibe consuelo y el

mundo, aun a pesar suyo, se ve obligado a sentir el perfume que de ellos se

desprende y que sirve para purificar el aire envenenado que respira sin cesar?

La enfermera quiere que busques en Caen medio frasco de agua antihemorrágica

de Tisserand, de 2'50 francos. Si no hay más que frascos enteros, no lo compres,

pues también los hay aquí en Lisieux.

Sor María del Sagrado Corazón querría siete u ocho cascanueces.

 

NOTAS Cta 169

1 Desde Caen, donde estaba pasando unos días con la familia Guérin en casa de

sus primos La Néele, Celina escribía a Teresa: «Juana y Francis están de uñas

contra mí y usan un lenguaje lleno de amargura. Me reprochan un montón de

cosas, y cuando María les tapa la boca encuentran otro motivo de reproche. Lo

primero que dicen es que no tengo vocación, que mi destino es ser madre de

familia, que tendría que haber hablado mucho antes sobre mi inclinación a la vida

religiosa, que soy una alocada al decidirme tan deprisa, que si se me presentase un

buen partido lo aprovecharía, que es por una cabezonada y por desesperación por

lo que entro en un convento, etc. Luego se meten con vosotras: que sois unas

acaparadoras y que vosotras y yo hemos perdido muchos puntos en su estima, etc.

Después, que soy una ingrata, ¡irme tan rápido tras la muerte de papá!, que tendría

que terminar el luto en el mundo, madurar en él mi vocación y dedicar al menos un

año a mis tíos por sentido de gratitud, etc., etc. Es el nunca acabar..., y no alcanzo a

decirte lo enfadados que están. Nunca pensé que mi vocación, tan probada ya,

fuese a encontrar tan violenta oposición. Tengo 25 años, ya sé lo que hago, y nunca

di señales de inclinarme hacia el matrimonio. Hubieran debido adivinar que,

inmediatamente después de la muerte de nuestro padre querido, mi primera

preocupación sería la de orientar mi vida, en vez de reprochármelo. En fin, ¡tendrá

que ser así! ¡Pero son despiadados con las almas que se consagran a Dios! Es como

si para ellas todos los sufrimientos y todos los desprecios fueran pocos. Por eso

Juana preferiría verme en Jerusalén que en Lisieux» (LC 160, 19/8/1894).

2 Los Guérin llevaban todos los días a Celina de excursión a la orilla del mar: Luc,

Saint-Aubin, Lion, etc. En esa misma carta a Teresa leemos: «Todos los días voy al

mar. Ayer pescamos cangrejos de mar; yo no veía ni uno solo, le recé a papá y

apareció una enorme cantidad de ellos. Fue una verdadera pesca milagrosa, más de

100» (LC 160).

3 Cf Ms A 82vº.

4 Cf Récréations, p. 336 (21rº, 25-27).


 


 
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