Sta. Teresita de Lisieux

Cartas 127 a 141

Cta 127 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 26 de abril de 1891

Querida Celina:

Por cuarta vez tu Teresa te felicita el cumpleaños desde la soledad del Carmelo...

¡Y qué poco se parecen estas felicitaciones a las del mundo...! Lo que Teresa le

desea a su Celina no es la salud, la felicidad, la fortuna, la gloria, etc. ¡No, no es

nada de eso...!

Nuestro pensamiento no está puesto en la tierra del destierro, nuestro corazón está

donde está nuestro tesoro, y nuestro tesoro está allá arriba, en la patria, donde Jesús

nos prepara un sitio junto a él. Y digo un sitio, y no unos sitios, porque no me cabe

la menor duda de que, a quienes en la tierra no han sido más que un alma, les está

reservado un mismo trono en el cielo... Juntas crecimos, juntas nos instruyó Jesús

en sus secretos, en esos secretos sublimes que oculta a los poderosos y revela a los


 

 

 

humildes, juntas también sufrimos en Roma; nuestros corazones estaban entonces

estrechamente unidos, y la vida hubiera sido en la tierra el ideal de la felicidad si

Jesús no hubiera venido de nuevo a estrechar más aún nuestros lazos. Sí, al

separarnos, él nos unió de una manera que hasta entonces mi alma no conocía,

pues desde aquel momento no puedo desear nada para mí sola sino todo para las

dos...

¡Ay, Celina...!, hace tres años nuestras almas no habían sido rotas todavía, aún era

posible para nosotras la felicidad en la tierra. Pero Jesús nos dirigió una mirada [vº]

de amor, una mirada velada por las lágrimas, y esa mirada se convirtió para

nosotras en un océano de sufrimiento, pero también en un océano de gracias y de

amor. Nos arrebató a aquel a quien amábamos con tanta ternura, de una manera

aún más dolorosa que cuando nos llevó a nuestra madre querida en la primavera de

nuestra vida. ¿Pero no fue para que pudiéramos decir con verdad: «Padre nuestro,

que estás en el cielo»? ¡Qué consoladoras son estas palabras! ¡Y qué horizontes

infinitos abren ante nuestros ojos...!

Celina, la tierra extranjera no tiene para nosotras más que plantas silvestres y

espinas, ¿pero no es eso mismo lo que ofreció a nuestro divino Esposo? Por eso,

¡qué hermosa es también para nosotras la parte que nos ha tocado! ¿Y quién podrá

decirnos lo nos reserva la eternidad...?

Celina querida, tú que me hacías tantas preguntas cuando éramos pequeñas, me

pregunto cómo es posible que nunca me hayas hecho ésta: «¿Y por qué Dios no me

ha creado ángel?» Celina, voy a decirte lo que pienso: si Jesús no te ha creado

ángel del cielo, es que quiere que seas un ángel en la tierra. ¡Sí, Jesús quiere tener

su corte celestial aquí en la tierra, como la tiene allá en el cielo! Quiere tener

ángeles-mártires, quiere tener ángeles-apóstoles, y con esa misma intención ha

creado también una florecita que se llama Celina. Quiere que su florecita le salve

almas, y para eso no quiere más que una cosa: que su flor le mire mientras sufre su

martirio... Y ese misterioso intercambio de miradas entre Jesús y su florecita hará

maravillas y dará a Jesús una multitud de otras flores (sobre todo un cierto Lirio

marchito y ajado1, que habrá que cambiar en rosa de amor y de arrepentimiento...)

[rºtv] Celina querida, no te enfades porque te haya dicho que allá arriba en el cielo

ocuparemos un mismo sitio las dos, pues, ¿sabes una cosa?, pienso que una pobre

margarita puede brotar en la misma tierra que un lirio resplandeciente de blancura,

y que una perlecita puede ser engastada al lado de un diamante y pedirle prestado

su brillo...

¡Celina, amemos a Jesús hasta el infinito, y de nuestros dos corazones hagamos

uno solo para que sea más grande en amor...!

Celina, contigo no terminaría nunca. ¡Ojalá comprendas todo lo que quisiera

decirte para tus 22 años...!

Tu hermanita, que no es más que una sola cosa contigo...

(¿Sabes que, entre las dos, tenemos ahora 40 años? No es extraño que tengamos ya

experiencia de tantas cosas, ¿no te parece?)

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.2


 

 

 

 

 

NOTAS Cta 127

1 El P. Jacinto Loyson. Cf Cta 129.

2 Teresa firma, por distracción, «novicia» en vez de religiosa.

 

 

Cta 128 A sor María del Sdo. Corazón1

 

5 de julio de 1891

Recuerdo ofrecido a mi hermana querida en la fiesta

de la Preciosísima Sangre, para su salida del noviciado.

Sor Teresa del Niño Jesús

de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 128

1 Dedicatoria al dorso de una estampa. María deja a Teresa, con la que acaba de

pasar más de tres años en el noviciado.

 

 

 

Cta 129 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1891

Querida Celina:

Tus letras dijeron muchas cosas a mi alma; fueron para mí como un eco fiel que

repitiera todos mis pensamientos...

Nuestra querida Madre está todavía sufriendo mucho. Es muy triste ver sufrir así a

los que se ama. Sin embargo, no te preocupes demasiado, que aunque Jesús tenga

muchas ganas de gozar en el cielo de la presencia de nuestra Madre querida, no

podrá negarse a dejarnos aún en la tierra a aquella cuya mano maternal sabe

guiarnos tan bien y consolarnos en el destierro de la vida...

¡Y qué triste destierro es el destierro de este mundo, sobre todo en esas horas en

que todo parece faltarnos...! Pero entonces precisamente es cuando ese destierro es

precioso, entonces es cuando brillan los días de la salvación. Sí, Celina querida,

sólo el sufrimiento puede engendrar almas para Jesús... ¿Qué tiene de extraño que

nademos en sufrimientos, nosotras, cuyo único deseo es salvar un alma que parece

perdida para siempre1...?

Los detalles me interesaron mucho, aunque hicieron latir muy fuertemente mi

corazón... Pero voy a darte yo también algunos otros que no son más consoladores.

El desdichado pródigo ha ido a Coutances, donde [vº] ha repetido las conferencias

de Caen. Parece que tiene idea de recorrer así toda Francia... Celina... Además

dicen también que es fácil observar que los remordimientos lo roen por dentro:


 

 

 

recorre las iglesias con un gran crucifijo y parece hacer grandes gestos de

adoración... Su mujer le sigue a todas partes.

Celina querida, él es muy culpable, más culpable tal vez de lo que lo ha sido nunca

un pecador que se haya convertido; ¿pero no puede hacer Jesús lo que todavía no

ha hecho nunca? Y si no desease hacerlo, ¿habría puesto en el corazón de sus

pobres esposas un deseo que no pudiese convertir en realidad...? No, una cosa es

cierta: que él desea todavía más que nosotras volver al redil a esta pobre oveja

descarriada. Llegará un día en que Jesús le abrirá los ojos, y entonces ¡quién sabe

si no recorrerá toda Francia con un fin completamente distinto del que hoy se

propone! No nos cansemos de orar. La confianza hace milagros, y Jesús dijo a la

beata Margarita María: «Un alma justa tiene tanto poder sobre mi corazón, que

puede alcanzar de él el perdón para miles de criminales»2. Nadie sabe si es justo o

pecador. Pero, Celina, a nosotras Jesús nos concede la gracia de sentir en lo hondo

del corazón que preferiríamos morir antes que ofenderle. Y además, no son

nuestros méritos, sino los de nuestro esposo, que son nuestros, los que ofrecemos a

nuestro Padre del cielo, para que nuestro hermano, un hijo de la Santísima Virgen,

vuelva, vencido, a arrojarse bajo el manto de la más misericordiosa de todas las

madres...

[vºtv] Celina querida, tengo que terminar, adivina tú el resto, ¡hay volúmenes

enteros para adivinar...!

Salúdalos a todos en mi nombre, y todo lo que quieras decirles de mi parte yo lo

hago mío.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 129

1 El P. Jacinto Loyson, ex-carmelita; cf CG p. 641s.

2 Vie et Oeuvres de la Bienheureuse Marguerite-Marie Alacoque, t. I., p. 159.

 

 

 

Cta 130 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 23 de julio de 1891

Querida Celina:

Una vez más soy yo la encargada de contestarte... A la madre Genoveva le

emocionó mucho tu carta y ha pedido mucho por su Celinita. ¡Qué gracia tan

grande contar con las oraciones de un alma tan santa y ser amada por ella...!

La fiesta de ayer1 fue preciosa, fue realmente un preludio del cielo... Todos los

regalos nos gustaron mucho: el pescado, las cerezas, los pasteles. Dale muchas

gracias a nuestra tía y dile todo lo mejor que se te ocurra...

Celina querida, tus dos cartas han hablado [1vº] muy hondo a mi alma y me han

hecho derramar lágrimas... Lo de la declaración2 me hizo reír mucho; hay que

reconocer que no se quedó corto [el galán] al ir a buscar a la prometida del rey del


 

 

 

cielo. Sin duda que el pobre no vio «la señal que el Esposo ha puesto sobre tu

frente»3, esa señal misteriosa que sólo Jesús puede contemplar y con él los ángeles

que forman su corte real...

Celina, ¿por qué este privilegio extraordinario? ¿Por qué...? ¡Qué gracia más

grande ser virgen, ser la esposa de Jesús! Tiene que ser algo muy bello, muy

sublime, cuando la más pura y la más inteligente de todas las criaturas prefería

permanecer virgen a ser Madre de todo un Dios... Y ésta es precisamente la gracia

que Jesús nos otorga a nosotras; [2r] quiere que seamos sus esposas, y luego nos

promete también que seremos su madre y sus hermanos. Así lo dice en su

Evangelio: «El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo ése es mi madre y mi

hermano y mi hermana». Sí, quien ama a Jesús es toda su familia y encuentra en

ese corazón único, que no tiene IGUAL, todo lo que desea. ¡Encuentra allí su

cielo...!

Celina querida, seamos siempre los lirios de Jesús. La gracia que yo le pido es que

los saque de este mundo antes que el viento pernicioso de la tierra haga

desprenderse uno solo de los polvillos de sus estambres, polvillo que podría

amarillear un poco el brillo y la blancura del lirio. Jesús tiene que poder encontrar

en sus lirios todo lo que [2vº] desea encontrar en ellos, la pureza que no busca nada

fuera de él y que no descansa más que en él...

¡Ay, nada más fácil de manchar que un lirio...! Pues bien, yo digo que si Jesús dijo

a la Magdalena que a quien más se le perdona más ama, esto puede decirse con

mucha más razón cuando Jesús ha perdonado de antemano los pecados4...

¿Comprendes, Celina...? Y además, cuando las lágrimas de Jesús son la sonrisa de

un alma, ¿qué puede temer? Pienso que esas perlas misteriosas tienen el poder de

blanquear los lirios y de hacer que su brillo se conserve. Celina querida, la

apariencia de este mundo pasa, las sombras declinan, pronto estaremos en nuestra

tierra natal, pronto las alegrías de nuestra infancia, las veladas del domingo, las

charlas íntimas..., pronto todo eso nos será devuelto para siempre y con creces.

Jesús nos devolverá las alegrías de las que [2vºtv] nos privó por un instante... ¡y

entonces, de la cabeza radiante de nuestro padre querido veremos salir oleadas de

luz, y cada uno de sus blancos cabellos será como un sol que nos colmará de

alegría y de felicidad...!

¿Es, pues, un sueño la vida5...? ¡Y pensar que con este sueño podemos salvar a las

almas...! Sí, Celina, no olvidemos a las almas, sino olvidémonos de nosotras por

ellas, y un día Jesús, mirándonos, nos dirá: «¡Qué hermosa es la casta generación

de las almas vírgenes!»

[1rºtv] Un abrazo muy fuerte a mi Mariíta, a Leonia y a todos. En cuanto a ti,

Celina, ¡ya sabes el lugar que ocupas en mi corazón...!

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 130

1 Los sesenta años de profesión religiosa de la madre Genoveva.

2 La de Enrique Maudelonde.


 

 

 

3 Oficio litúrgico de santa Inés, antífona 3ª de Maitines. Cf PN 26, 7.

4 Cf Ms A 38vº.

5 SANTA TERESA DE JESÚS, Exclamaciones, 13,2.

6 Texto de oficio de Vírgenes.

 

 

 

Cta 131 A la señora de La Néele (Juana Guérin)

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de octubre de 1891

Querida Juanita:

No sé cómo agradecerte tu delicadeza.

Me ha emocionado mucho el ver que el nombre de Francis acompañaba al de

Juana para felicitarme; por eso, os envío a los dos mi agradecimiento.

Y le encargo a mi divino Esposo que pague él mi deuda. Puesto que [1vº] yo soy

pobre por su causa, es muy justo que él no me niegue lo que le pido para los que

amo.

Te aseguro, mi querida Juana, que si tú no olvidas a la más pequeña de tus

hermanas, ella también se acuerda mucho de ti, y tú sabes bien que para una

carmelita acordarse, y sobre todo amar, es rezar. Mis pobres oraciones no valen,

ciertamente, gran cosa; espero, sin embargo, que Jesús las escuche, y que en vez de

mirar a quien se las dirige, pose su mirada sobre quienes son objeto de las mismas.

De esta manera, [2rº] se verá obligado a acceder a todas mis peticiones.

Espero que Dios os mande pronto un Isidorito tan perfecto como su papá, o una

Juanita que se parezca en todo a su mamá... También pido que pueda venderse, por

fin, la farmacia1. Quisiera que no faltase nada a la plena felicidad de mi querida

hermanita y a la de mi primo. Pero en la tierra siempre habrá alguna nubecilla, ya

que la vida no puede transcurrir sin algo de eso y solamente en el cielo será

perfecta la alegría. Sin embargo, deseo que, en cuanto sea posible, Dios ahorre

[2vº] a los que amo los sufrimientos inevitables de la vida, aun a costa de tomar

sobre mí, si fuere necesario, las pruebas que a ellos les tiene reservadas.

Sor María del Sagrado Corazón me encarga que te dé muchas gracias por lo que

has enviado para el joyero. Ha sido muy amable de tu parte, tanto más cuanto que

nuestra Madre tenía ilusión de regalarte ese trabajito. No me queda espacio más

que para decirte una vez más gracias en mi nombre y en el de mis hermanas, y

enviarte, lo mismo que a nuestro querido primo, la seguridad del cariño de la

última de tus hermanas, que no es la más pequeña en la ternura que siente por ti...

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 131

1 La farmacia del Dr. Le Néele, en Caen.


 

 

 

Cta 132 A Celina

 

J.M.J:T.

Jesús + El Carmelo, 20 de octubre de 1891

Querida Celina:

Es la cuarta vez que te felicito tu santo desde que estoy en el Carmelo... Me parece

que estos cuatro años han apretado más aún los lazos que nos unían ya tan

estrechamente. Cuanto más avanzamos en la vida, más amamos a Jesús. Y como

nos amamos en él, nuestro afecto se hace tan fuerte, que es más unidad que unión

lo que existe entre nuestras dos almas...

Celina, ¿qué puedo decirte, no lo sabes ya todo...? Sí, pero quiero decirte por qué

las Celinas han florecido antes este año. Jesús me lo hizo comprender esta mañana

con ocasión de tu santo. Sin duda te habrás dado cuenta de que el invierno nunca

había sido tan riguroso como este año pasado; por consiguiente, todas las flores

han tardado en abrirse. Era algo completamente natural, y nadie se extrañó de ello.

Pero hay una florecita misteriosa que Jesús se ha reservado para instruir nuestras

almas. Esa flor es la flor-Celina... A diferencia de las demás, se abrió un mes antes

de la época de su floración... ¡¡¡¿Comprendes, Celina, el lenguaje de mi florecita

querida..., la flor de mi infancia..., la flor de los recuerdos...?!!! Las escarchas y el

rigor del invierno, en vez de [vº] retrasarla, la hicieron brotar y florecer... Nadie se

fijó en ello, ¡es tan pequeña esta flor, tan poco brillante...! Tan sólo las abejas

conocen los tesoros que encierra su cáliz misterioso, compuesto de una multitud de

pequeños cálices, a cuál más rico... Al igual que las abejas, Teresa ha comprendido

este misterio: el invierno es el sufrimiento, el sufrimiento incomprendido,

desconocido, tenido como inútil a los ojos de los profanos, pero fecundo y

poderoso a las miradas de Jesús y de los ángeles que, cual abejas vigilantes, saben

recoger la miel contenida en los misteriosos y múltiples cálices que simbolizan a

las almas, o, mejor, a los hijos de la florecilla virginal...

Celina, necesitaría volúmenes enteros para escribir todo lo que pienso acerca de

esta florecita. Para mí ¡es una imagen tan perfecta de tu alma! Sí, Jesús ha hecho

caer sobre ella las escarchas, en lugar del cálido sol de sus consuelos, pero el efecto

que él esperaba se ha producido: la humilde plantita ha crecido y florecido casi de

golpe... Celina, cuando una flor se abre, no hay más que cortarla, ¿pero cuándo y

cómo cortará Jesús su florecilla...? ¡Tal vez el color rosado de su corola esté

indicando que lo hará por el martirio...! Sí, siento renacer mis deseos1. Quizás

Jesús quiera, después de habernos pedido, por así decirlo, amor por amor, pedirnos

también sangre por sangre y vida por vida... Mientras tanto, tenemos que dejar que

las abejas liben toda la miel de los pequeños cálices, no guardarnos nada para

nosotras, dárselo todo a Jesús, y luego decir, como la flor, en la tarde de nuestra

vida: «¡La tarde, ha llegado la tarde!»2. Entonces, todo habrá terminado..., y a las

escarchas les sucederán los dulces [vºtv] rayos del sol, y a las lágrimas de Jesús las

sonrisas eternas...

¡No, no nos neguemos a llorar con él durante un día, pues gozaremos de su gloria

durante una eternidad...!


 

 

 

Querida florecita, ¿entiendes a tu Teresa...?

 

NOTAS Cta 132

1 Cf Or 2, n. 5.

2 Cita de una poesía de Celina, «La Rosée».

 

 

 

Cta 133 A la señora de Guérin

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de noviembre de 1891

Querida tía:

Es un placer para la más pequeña de sus hijas ir con sus hermanas mayores a

felicitarle su santo.

Todos los años veo con alegría la llegada de esa fecha del 19 de noviembre, que, si

está llena para mí de dulces recuerdos, es también rica en esperanzas para el

futuro...

Cuanto más avanzo en la vida, más saboreo lo dulce que es la fiesta de una madre.

¡Desde mi infancia, Dios parecía haberme arrebatado para siempre una alegría que

nunca había gustado! [1vº] Pero desde lo alto del cielo, la madre que no podía ya

prodigarme sus caricias inspiró a un corazón maternal, al que tanto quería, la

ternura de una madre hacia su pobre hijita; y desde entonces yo también he podido

saborear las dulces alegrías que se experimentan al felicitar a una madre querida...

Querida tiíta, desde que está en la montaña del Carmelo, su Teresita es todavía, si

cabe, más consciente del cariño que le profesa; cuanto más aprende a amar a Jesús,

más crece también su amor hacia sus familiares queridos.

El regalito1 que nuestra Madre ha tenido el gusto de hacer confeccionar para su

santo le dirá mejor que yo, querida tiíta, lo que yo no acierto a [2rº] decirle. Mi

corazón se llena de emoción al contemplar esos pobres cabellos, que

indudablemente no tienen otro valor que el delicado trabajo y la gracia con que han

sido colocados, pero que le eran tan queridos a aquel que Dios nos ha arrebatado2...

Querida tiíta, ¿verdad que me comprende...? Me siento feliz al ver que esos

cabellos le han sido obsequiados a la persona a quien más quiero en esta vida

después de mi padre querido, ¡esos cabellos que a él tanto le hubiera gustado

recibir!

Querida tiíta, esta carta no se parece en nada a una carta de felicitación, en la que

sólo se debe hablar de alegría y de felicidad. Pero yo no sé hablar más que con el

corazón, sólo él guía mi pluma y estoy completamente segura de que el [2vº]

corazón maternal al que mi dirijo sabrá entenderme e incluso adivinar lo que yo no

acierto a expresar...

Querida tía, tengo que poner punto final a esta carta, pero antes quiero enviarle

todos mis besos y le pido que diga a sus hijitas que a ellas les encargo que se los

den por mí; estoy segura de que estarán encantadas de la misión que les confío y de

que la van a cumplir a la perfección...


 

 

 

Su hijita le envía de nuevo todas sus felicitaciones y le pide, querida tiíta que

cuente con toda la ternura de su corazón de hija...

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 133

1 Un cuadro que contenía parte de los cabellos de Teresa, cortados tras su toma de

hábito.

2 El señor Martín estaba orgulloso de la cabellera de su «pequeño abejorro rubio»;

cf Cta 77.

 

 

 

Cta 134 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 26 de abril de 1892

Celina querida:

Este año la pradera del Carmelo me ofrece un presente simbólico que me siento

feliz regalándote para tus 23 años... Un día, entre la hierba, que blanqueaba toda

ella de sencillas margaritas, me pareció ver una de tallo más esbelto y que excedía

en belleza a todas las demás. Acercándome, vi sorprendida que, en vez de una

margarita, había dos bien distintas. Dos tallos tan estrechamente unidos, que me

hicieron pensar enseguida en los misterios de nuestras almas... Y comprendí que

si, en el orden de la naturaleza, Jesús se complace en sembrar a nuestros pies

maravillas tan encantadoras, no es sino para ayudarnos a adivinar los misterios,

más ocultos y de un orden superior, que él opera a veces en las almas...

Celina, creo que ya has comprendido a tu Teresa, creo que ya tu corazón ha

adivinado lo que pasa en este otro corazón al que el tuyo está tan estrechamente

unido, ¡que una misma savia es que los nutre...! Sin embargo, quiero hablarte de

algunos de esos misterios escondidos en mi florecita.

Jesús, para alegrar nuestra vista e instruir nuestras almas, ha creado una gran

multitud de pequeñas margaritas. Y veo con asombro cómo, al amanecer, sus

corolas rosadas están vueltas hacia la aurora: esperan la salida del sol. Tan pronto

como este astro radiante envía sobre ellas uno de sus cálidos rayos, las tímidas

florecillas entreabren sus cálices y sus lindas hojas forman una especie de corona

que, dejando al descubierto sus corazoncitos amarillos, dan de pronto a estas flores

un gran parecido con el sol que las hiere con su luz. Durante todo el día las

margaritas no cesan de mirar fijamente al sol, y van girando como él hasta la tarde;

luego, cuando [vº] él desaparece, ellas cierran enseguida sus corolas, que, de

blancas, se tornan de nuevo rosadas...

Jesús es el sol divino, y las margaritas son sus esposas, las vírgenes. Cuando Jesús

mira a un alma, le da inmediatamente su parecido divino, pero es preciso que esa

alma no deje de fijar en él solo su mirada.


 

 

 

Para explicar los misterios de las margaritas, tendría que escribir todo un volumen,

pero mi Celina lo comprende todo. Pero eso, quiero hablarle ahora de los caprichos

de Jesús...

Jesús, en su pradera, tiene muchas margaritas, pero están separadas, y cada una

recibe independientemente de las otras los rayos del sol. Un día, el esposo de las

vírgenes se asomó a la tierra y unió estrechamente dos pequeños capullos apenas

abiertos; sus tallos se fundieron en uno solo, y una sola mirada los hizo crecer.

Esas dos florecitas, hechas una sola flor, se abrieron juntas, y ahora la doble

margarita, con la mirada fija en su sol divino, cumple su misión, que es única...

Celina, sólo tú puedes comprender mi lenguaje. A los ojos de las criaturas, nuestra

vida parece muy diferente, muy distanciada; pero yo sé que Jesús ha unido

nuestros corazones de una manera tan maravillosa, que lo que hace latir a uno hace

también estremecerse al otro...

«Donde está vuestro tesoro allí está vuestro corazón». Nuestro tesoro es Jesús, y

nuestros corazones no forman más que una sola cosa en él. La misma mirada ha

cautivado nuestras almas, una mirada velada de lágrimas que la doble margarita ha

decidido enjugar. Su humilde y blanca corola será el cáliz que recogerá los

diamantes preciosos, para luego verterlos sobre otras flores que, menos

privilegiadas, no habrán fijado en Jesús las primeras miradas de sus corazones...

Tal vez, al atardecer de su vida, la margarita presente al esposo divino su corola

teñida de rosa1...

Adiós, Celina querida. La florecita que te envío es una reliquia, pues reposó entre

las manos de nuestra santa madre Genoveva2, que bendijo a Celina y a Teresa...

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 134

1 Alusión a la posibilidad del martirio, cf Cta 132.

2 La madre Genoveva falleció el 5 de diciembre de 1891. El hallazgo de la

margarita data, pues, de la primavera de 1891.

 

 

 

Cta 135 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + 15 de agosto de 1892

Celina querida:

No puedo dejar salir la carta1 sin añadirle unas letras. Para ello, tengo que robar

unos instantes a Jesús. Pero él no se enfada por eso, pues es de él de quien

hablamos juntas y sin él ninguna conversación puede el menor atractivo para

nuestros corazones2...

Celina, las vastas soledades y los horizontes maravillosos que se abren ante ti3

deben de hablar mucho a tu alma. Yo no contemplo todo eso, pero digo con san

Juan de la Cruz:


 

 

 

«Mi Amado las montañas,

los valles solitarios, nemorosos, etc»...4.

Y este Amado instruye a mi alma, le habla en el silencio, en las tinieblas...

Ultimamente me ha venido [1vº] un pensamiento que necesito transmitirle a mi

Celina. Un día, mientras pensaba qué podría hacer para salvar almas, unas palabras

del Evangelio me llenaron de luz. Una vez, Jesús decía a sus discípulos,

mostrándoles los campos de mieses maduras: «Levantad los ojos y contemplad los

campos, que están ya blancos para la siega». Y un poco más tarde: «La mies es

abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que

mande trabajadores».

¡Qué gran misterio...! ¿No es Jesús todopoderoso? ¿No son las criaturas de quien

las ha hecho? Entonces, ¿por qué dice Jesús: «Rogad al Señor de la mies que envíe

trabajadores»? ¿Por qué...? ¡Ah!, es que Jesús siente por nosotras un amor tan

incomprensible, que quiere que tengamos [2rº] parte con él en la salvación de las

almas. El no quiere hacer nada sin nosotras. El creador del universo espera la

oración de una pobre alma para salvar a las demás almas, rescatadas como ella al

precio de toda su sangre.

Nuestra vocación no consiste en ir a segar en los campos de mieses maduras. Jesús

no nos dice: «Bajad los ojos, mirad los campos e id a segar». Nuestra misión es

más sublime todavía. He aquí las palabras de nuestro Jesús: «Levantad los ojos y

mirad». Mirad cómo en mi cielo hay sitios vacíos, a vosotras os toca llenarlos,

vosotras sois mis Moisés orando en la montaña, pedidme trabajadores y yo los

enviaré, ¡no espero más que una oración, un suspiro de vuestro corazón...!

El apostolado de la oración ¿no es, [2vº] por así decirlo, más elevado que el de la

palabra? Nuestra misión, como carmelitas, es la de formar trabajadores evangélicos

que salven millares de almas, cuyas madres seremos nosotras...

Celina, si no fueran éstas las palabras mismas de nuestro Jesús, ¿quién se atrevería

a creerlas...? ¡Me parece tan hermoso nuestro destino!, ¿qué tenemos que envidiar

a los sacerdotes...? ¡Cómo me gustaría poder decirte todo lo que pienso! Pero no

tengo tiempo, ¡comprende tú todo lo que no puedo decirte por escrito...!

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El día del santo de Juana5 felicítala de nuestra parte con un ramito de flores; la

Regla no nos permite a nosotras hacerlo, pero dile que, precisamente por eso,

pensaremos aún más en ella. Da a todos un abrazo de mi parte y diles todo lo mejor

que se te ocurra. Si encuentras brezo, me encantaría.

Tu Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 135

1 Una carta de sor Inés de Jesús.

2 Cf Im II, 8, 1 y III, 34, 1.

3 Celina está de vacaciones en la Musse con los Guérin.

4 CE, canción 14. Cf PN 18, 22+.

5 La señora de Néele, cuyo santo se celebraba el 21 de agosto.


 

 

 

 

 

 

Cta 136 A María Guérin

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de octubre de 1892

Mi querida Mariíta:

Ya que has sido tú la encargada de felicitarme para mi santo de parte de toda la

familia, creo que a ti es a quien debo confiar la misión de dar las gracias, y ante

todo a mi querida tía. En primer lugar, por su cartita y por el gran paquete de

chocolate, que ha alegrado mucho a nuestra procuradora1; después, [1vº] por la

deliciosa crema de café; y luego, y sobre todo, por la querida y cariñosa cartita de

su enfermera, que no dudo que va a devolver rápidamente la salud a mi tiíta

querida. Le pido también al doctorcito2 de la calle del Oratorio que haga presente

mi agradecimiento al gran doctor y a su querida Juanita, que, a pesar de su

convalecencia, ha pensado en mi santo, lo cual me ha llegado al alma...

La leve recaída que, gracias a Dios, no ha tenido consecuencias para la salud de

Juana, me ha sugerido un pensamiento que quiero confiar a mi querido doctorcito.

Creo que [2rº] a la buena santa Ana le parecía que la tenían ahora un poco

olvidada3, y por eso se apresuró a atraer sobre sí la atención... Te aseguro que

desde entonces me acompaña constantemente su recuerdo. Cuando estoy con el

pensamiento al lado de mi querida hermanita de Caen, me viene automáticamente

santa Ana a la memoria y le encomiendo a la que amo.

Veo con agrado, mi querida Mariíta, que el aire de la ciudad de Caen no te lleva a

la melancolía. No dudo que tu alegre talante (mucho más que tu ciencia de doctor)

va a hacer que nuestras dos queridas enfermas se restablezcan muy pronto.

[2vº] Los bocados de reina, hechos por un pastelero tan distinguido como tú, me

parecen un plato muy delicado para unas carmelitas, ¿no podrías mostrar tu talento

haciendo pastas tan ligeras, que Juana pudiese, no sólo devorarlas con los ojos,

sino también comerlas sin que le hagan daño...?

Termino, querido doctorcito, pidiéndote que perdones mi mala letra. Da un abrazo

muy fuerte de mi parte a toda la familia y dales las gracias por todas las golosinas

que me han enviado en tan gran abundancia que temo haberme olvidado de alguna.

Dile a mi querida tía que le ruego deposite de mi parte un fuerte beso en tu mejilla,

y recibe el cariño de tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 136

1 Sor Inés de Jesús. La procuradora era la encargada de las compras.

2 María Guérin. El gran doctor es Francis La Néele.

3 El Dr. y la señora La Néele habían hecho en mayo una peregrinación a Santa Ana

de Auray, para alcanzar la gracia de tener un hijo.


 

 

 

 

 

Cta 137 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo 19 de octubre de 1892

Querida Celina:

Hace años, en los días de nuestra infancia, nos alegrábamos de que llegase nuestro

santo por los regalitos que nos hacíamos una a otra. El objeto más insignificante

tenía entonces a nuestros ojos un valor inigualable... Bien pronto la escena cambió.

Al más joven de los pájaros le salieron alas y voló lejos del dulce nido de su

infancia, ¡y entonces todas las ilusiones se desvanecieron! El verano sucedió a la

primavera, y a los sueños de la juventud la realidad de la vida...

Celina, ¿no fue en ese momento decisivo cuando se estrecharon todavía más los

lazos que encadenaban ya nuestros corazones? Sí, la separación nos unió de una

manera que las palabras no pueden expresar. Nuestro cariño infantil se trocó en

unión de sentimientos, en unidad de almas y de pensamientos. ¿Quién pudo

realizar esta maravilla...? Sólo aquél que cautivó nuestros corazones. «El amado

escogido entre millares. El solo aroma de sus perfumes basta para atraer tras de sí».

«A zaga de tu huella, / las jóvenes discurren al camino»1 (Cant. de los Cant.)

[1vº] Jesús nos ha atraído a las dos juntas, aunque por caminos diferentes. Juntas

nos ha elevado sobre todas las cosas quebradizas de este mundo, cuya apariencia

pasa. Él ha puesto, por así decirlo, todas las cosas bajo nuestros pies. Como

Zaqueo, nos hemos subido a un árbol para ver a Jesús... Por eso, podemos decir

con san Juan de la Cruz: «Todo es mío, todo es para mí; la tierra es mía, los cielos

son míos, Dios es mío y la Madre de mi Dios es mía»2.

A propósito de la Santísima Virgen, quiero confiarte una de las simplezas que

tengo con ella. A veces me sorprendo diciéndole: «Querida Virgen Santísima, me

parece que yo soy más dichosa que tú, porque yo te tengo a ti por Madre, mientras

que tú no tienes una Virgen Santísima a quien amar3... Es cierto que tú eres la

Madre de Jesús, pero ese Jesús nos lo has dado por entero a nosotros..., y él, desde

la cruz, te nos ha dado a nosotros por Madre. Por eso, nosotros somos más ricos

que tú, pues poseemos a Jesús y tú eres nuestra también. Tú, en otro tiempo, en tu

humildad, deseabas ser un día la humilde esclava de la Virgen feliz que tuviera el

honor de ser Madre de Dios; y ahora yo, pobre criaturita, soy no ya tu esclava sino

tu hija. Tú eres [2rº] la Madre de Jesús y eres mi Madre».

Seguro que la Santísima Virgen se ríe de mi ingenuidad, y, sin embargo, lo que le

digo es una gran verdad...

Celina, ¡qué gran misterio es nuestra grandeza en Jesús! Ya ves todo lo que Jesús

nos ha enseñado al hacernos subir al árbol simbólico del que te hablaba hace poco.

Y ahora ¿qué ciencia va a enseñarnos? ¿No nos lo ha enseñado ya todo...?

Escuchemos lo que él nos dice: «Bajad enseguida, porque hoy tengo que alojarme

en vuestra casa».

¿Pero cómo...? Jesús nos dice que bajemos... ¿Adónde tenemos que bajar? Celina,

tú lo sabes mejor que yo; sin embargo, déjame que te diga hasta dónde debemos


 

 

 

ahora seguir a Jesús. Una vez, los judíos le preguntaron a nuestro divino Salvador:

«Maestro, ¿dónde vives?», y él les respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los

pájaros del cielo nidos, yo no tengo donde reclinar la cabeza». He ahí hasta dónde

tenemos que bajar nosotras para poder servir de morada a Jesús: hacernos tan

pobres, que no tengamos donde reposar la cabeza.

Ya ves, querida Celina, lo que Jesús ha obrado en mi alma durante estos

ejercicios... Ya entiendes que se trata del interior. Por lo demás, el exterior ¿no ha

sido [2vº] ya reducido a la nada con la dolorosísima prueba de Caen...? En nuestro

padre querido, Jesús nos ha golpeado en la parte externa más sensible de nuestro

corazón. Ahora dejémosle obrar, él sabrá llevar a feliz término su obra en nuestras

almas...

Lo que Jesús desea es que lo recibamos en nuestros corazones. Estos, qué duda

cabe, están ya vacíos de criaturas, pero yo siento que lamentablemente el mío no

está totalmente vacío de mí misma, y por eso Jesús me manda bajar... Él, el Rey de

reyes, se humilló de tal suerte, que su rostro estaba escondido y nadie lo

reconocía... Pues yo también quiero esconder mi rostro, quiero que sólo mi amado

pueda verlo, que sólo él pueda contar mis lágrimas..., que al menos en mi corazón

sí que pueda reposar su cabeza querida y sentir que allí sí es conocido y

comprendido...

Celina, no puedo decirte todo lo que quisiera, mi alma es incapaz de ello... ¡Ay, si

pudiera...! Mas no, no está en mi poder... ¿Pero por qué desconsolarme? ¿No

piensas tú siempre lo mismo que yo...? Por eso, adivinas todo lo que no te digo.

Jesús se lo hace sentir a tu corazón. Además, ¿no ha establecido en él su morada

para consolarse de los crímenes de los pecadores? Sí, allí, en el retiro íntimo del

alma, es donde nos instruye a las dos juntas, y un día nos mostrará el [1rºtv] día

que ya no tendrá ocaso...

¡Feliz día de tu santo! ¡Qué feliz será un día tu Teresa cuando lo celebre en el

cielo...!

 

NOTAS Cta 137

1 SAN JUAN DE LA CRUZ, ce canción 25; cf Ms A 47vº/48rº.

2 Oración del alma enamorada.

3 Cf CA 11.8.4.

 

 

 

Cta 138 A la señora de Guérin

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1892

Querida tía:

La más pequeña de sus hijas se siente incapaz de expresarle su ternura y todos los

votos que formula por usted. Pero el corazón de una madre adivina fácilmente lo

que ocurre en alma de su hija. Por eso, querida tiíta, no voy a tratar de expresar

unos sentimientos que usted conoce ya desde hace mucho tiempo.


 

 

 

[1vº] Este año, Dios ha hecho rebosar de una alegría muy dulce mi corazón al

llamar del destierro a mi querido papaíto1. Al repasar en mi espíritu los años

dolorosos que acaban de transcurrir, mi alma desborda de gratitud. No puedo

quejarme de esos sufrimientos, que han pasado ya, y que han rematado y

embellecido la corona que Dios se dispone a colocar pronto en la frente venerable

de quien lo ha amado tanto y lo ha servido con tanta fidelidad...

Y además, esos sufrimientos me han enseñado a conocer mejor los tesoros de

ternura escondidos en el corazón de los familiares tan queridos que Dios me dio...

[2rº] «La obra maestra más hermosa del corazón de Dios es el corazón de una

madre»2. Yo sé bien qué gran verdad se encierra en esa frase, y doy gracias al

Señor de habérmelo hecho conocer por experiencia.

Querida tiíta, le aseguro que si usted tiene un corazón maternal para nosotras, su

hijita tiene uno que es enormemente filial, y por eso le pide a Jesús que la colme de

todas las gracias que un corazón de hija puede soñar para su madre querida.

Muchas veces, sólo el silencio es capaz de expresar mi oración, pero el huésped

divino del sagrario lo comprende todo, incluso el silencio del alma de una hija

[2vº] que está llena de gratitud...

Si no puedo estar presente el día del santo de mi querida tía, mi corazón estará muy

cerca de ella, y nadie la colmará más que yo de ternura.

Le ruego, querida tía, que dé un abrazo de mi parte a mi tío y a mis hermanitas

queridas.

La dejo, querida tía, quedando muy unida a usted, como una hija a su madre.

Su hija que la quiere

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 138

1 El señor Martin fue traído de vuelta a Lisieux el 10 de mayo de 1892.

2 Mons. Dupanloup, Conférences aux femmes chrétiennes.

 

 

 

Cta 139 A los señores Guérin

 

Jesús + El Carmelo, 30 de diciembre de 1892

Queridos tíos:

Es un verdadero placer para su benjamín ir a ofrecerles sus felicitaciones para el

nuevo año que va a empezar.

No quiero intentar decir aquí todos los deseos que formulo para mis familiares

queridos. Sería demasiado largo, y además con frecuencia el corazón encierra

aspiraciones que la palabra es incapaz de expresar. Hay [1vº] deseos que sólo Dios

puede comprender, o, mejor dicho, adivinar. A él, pues, quiero confiarle los votos

que eleva mi corazón por mis seres queridos.


 

 

 

Muchas veces, cuando estoy a los pies de Nuestro Señor, siento que mi alma

desborda de gratitud pensando en la gracia que él me hecho al darme unos

familiares como los que tengo la dicha de tener.

No me olvido de que el dos de enero será el cumpleaños [1rº] de mi querido tío.

Me siento orgullosa de haber nacido el mismo día que él, y espero que no se olvide

de rezar por su Teresita, que pronto va a ser una viejecita de veinte años. ¡Cómo

pasa el tiempo...! Me parece que fue ayer cuando mi tío me hacía saltar sobre sus

rodillas cantándome la romanza de Barba Azul con aquellos ojos terribles que casi

me hacían morir de miedo1... La tonadilla de Mirlitir me gustaba mucho más... El

solo recuerdo de esta canción todavía hoy me hace reír.

[2vº] Ya ven, queridos tíos, que el peso de los años no le ha quitado todavía a su

hijita la memoria; al contrario, se encuentra en una edad en que los recuerdos de la

infancia tienen un encanto del todo especial...

Les ruego, queridos familiares, que feliciten de mi parte a los que amo. No nombro

a nadie porque el papel que me queda no me bastaría, pero en mi corazón están

escritos todos los nombres y ocupan en él un espacio muy grande.

Su VIEJA sobrina, que les quiere con todo el corazón,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 139

1 Cf Ms A 18rº.

 

 

 

SEXTO PERÍODO

EL PRIORATO DE LA MADRE INÉS DE JESÚS

(febrero de 1893-marzo de 1896)

 

Cta 140 A la madre Inés de Jesús

 

J.M.J.T.

Jesús + 20 de febrero de 1893

Madre querida:

¡Qué dulce es para mí poder darte ese nombre...! Hace ya mucho tiempo que tú

eres mi madre. Pero ese dulce nombre sólo en el secreto de mi corazón se lo daba

yo a quien era a la vez mi ángel de la guarda y mi hermana. Hoy, Dios te ha

consagrado... Hoy tú eres verdaderamente mi Madre y lo serás ya por toda la

eternidad...

¡Sí, qué hermoso es este día para tu hija...! El velo que Jesús ha echado sobre este

día1 lo hace más luminoso aún a mis ojos: el sello de su Faz adorable ha quedado

impreso en ti, el perfume del ramillete misterioso2 se ha derramado sobre ti. Y, sin

duda, siempre será así: «Aquel cuyo rostro estaba escondido», Aquel que aún sigue

escondido en una pequeña hostia blanca y que no se comunica a las almas sino


 

 

 

velado, echará sobre la vida entera del apóstol amado de su Faz divina un velo

misterioso que sólo Él podrá atravesar...

Sí, el espíritu de la madre Genoveva reside plenamente en ti3, y su palabra

profética se ha hecho realidad4. A los treinta años, comenzaste tu vida pública, ¿no

fuiste tú quien proporcionó a todos los Carmelos y a tantas otras almas piadosas el

consuelo de conocer los detalles emocionantes y poéticos de la vida de nuestra

santa...? Pero ya entonces Jesús había posado sobre mi Madre querida su mirada

velada, y no [vº] permitió que fuese conocida5, «¡porque su rostro estaba

escondido...!»

Si este día es ya tan bello en la tierra, ¿qué no será en el cielo? Me parece estar

viendo a nuestra santa mamaíta mirando feliz a su Paulina (la que ella más amaba,

su preferida6); ahora la ve convertida también ella en Madre, Madre de muchas

vírgenes, entre las cuales se encuentran sus hermanas. ¡Qué gran misterio...!

Ahora vas a poder penetrar en el santuario de las almas, vas a poder derramar sobre

ellas los tesoros de gracias de que te ha colmado Jesús. Ciertamente sufrirás... Los

vasos serán demasiado pequeños para contener el perfume precioso que querrás

verter en ellos; pero el propio Jesús no tiene sino muy pobres instrumentos

musicales para interpretar su melodía de amor, y, sin embargo, él sabe servirse de

todos los que se le presentan. ¡Tú has de ser como Jesús...!

Hermanita, Madre querida, mi corazón, el corazón de tu hija, es una lira muy

pequeñita: cuando estés cansada de hacer vibrar las arpas, podrás venir a tomar tu

pequeña lira y, apenas la pulses, ella producirá los sonidos que tú deseas... Al

simple contacto de tus dedos consagrados, ella COMPRENDERÁ, y su débil

melodía se mezclará con el canto de tu corazón...

¡Madre querida, qué de cosas quisiera decirte...! Pero no, tú ya lo sabes todo... Un

día, cuando las sombras hayan pasado, descansaré sobre tu corazón y repetiré este

dulce nombre: Madre.

 

NOTAS Cta 140

1 Ese velo son, en primer lugar, las lágrimas de la nueva priora, debidas a su

emotividad; y quizás también a ciertas circunstancias de su elección.

2 Alusión a la oración simbólica a la Santa Faz, compuesta por sor Inés de Jesús en

1890.

3 Teresa evoca aquí la exhortación del canónigo Delatroëtte a la nueva priora, ante

toda la comunidad, enseguida después de la elección. Cf Escritos Varios.

4 No hemos podido hallar ningún texto escrito referente a esta «profecía».

5 Teresa hace alusión a la circular sobre la madre Genoveva (+1891), firmada por

la priora, madre María de Gonzaga, pero escrita en realidad por la madre Inés de

Jesús.

6 La señora de Martin tenía una predilección especial por su hija Paulina, mientras

que María era la preferida de su padre.


 

 

 

Cta 141 A Celina

 

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 25 de abril de 1893

Querida Celina:

Voy a decirte un pensamiento que tuve esta mañana; o, mejor, te voy a transmitir

los deseos de Jesús sobre tu alma...

Cuando pienso en ti junto al amigo único de nuestras almas, es siempre la sencillez

la que se me presenta como la nota característica de tu corazón... ¡Celina...!,

sencilla florecita-Celina, no envidies a las flores de los jardines. Jesús no nos ha

dicho: «Yo soy la flor de los jardines, la rosa cultivada», sino: «Yo soy la flor de

los campos y el lirio de los valles»1.

Pues bien, esta mañana, junto al sagrario, yo pensé que mi Celina, la florecita de

Jesús, debía ser -y serlo siempre- una gota de rocío escondida en la corola divina

del Lirio de los valles. Una gota de rocío, ¿qué hay de más sencillo y de más puro?

No son las nubes las que la han formado, pues el rocío desciende sobre las flores

cuando el azul del cielo está estrellado. Ni puede tampoco compararse con la

lluvia, a la que supera en belleza y en frescor. El rocío sólo existe por la noche; en

cuanto el sol empieza a lanzar sus cálidos rayos, hace destilar las preciosas perlas

que brillan en las puntas de las briznas de hierba de la pradera, y el rocío se torna

en un ligero vapor. Celina es una gotita de rocío que no ha sido formada [1vº] por

las nubes, sino que ha caído de ese hermoso cielo que es su patria. Durante la

noche de la vida, su misión es esconderse en el corazón de la Flor de los campos.

Ninguna mirada humana debe descubrirla, sólo el cáliz que contiene la pequeña

gotita conocerá su frescor.

¡Dichosa gotita de rocío, tan sólo conocida de Jesús...!, no te pares a contemplar el

curso sonoro de los ríos que causan la admiración de las criaturas; no envidies ni

siquiera al claro arroyo que serpentea por la pradera. Cierto que es muy dulce su

murmullo... Pero pueden oírlo las criaturas..., y además el cáliz de la flor de los

campos no puede contenerlo. No puede ser sólo de Jesús. Para ser suyos, es preciso

ser pequeños, ¡pequeños como gotas de rocío...! ¡Y qué pocas son las almas que

aspiran a ser así de pequeñas2...! Pero tal vez digan: ¿acaso no son mucho más

útiles el río y el arroyo que la gota de rocío? ¿Para qué sirve ésta? No sirve más

que para refrescar durante unos instantes a una flor de los campos que hoy es y

mañana ha desaparecido...

Sin duda, estas personas tienen razón: la gota de rocío sólo sirve para eso. Pero

esas personas no conocen a la Flor de los campos que ha querido habitar en nuestra

tierra de destierro y vivir en ella la breve noche de la vida. [2rº] Si la conociesen,

entenderían el reproche que Jesús hizo una vez a Marta... Nuestro amado no tiene

necesidad de nuestros grandes pensamientos ni de nuestras obras deslumbrantes; si

quisiera pensamientos sublimes, ¿no tiene a sus ángeles, a sus legiones de espíritus

celestiales cuyos conocimientos están infinitamente por encima de los más grandes

genios de nuestra triste tierra...?


 

 

 

No es, pues, el ingenio ni los talentos lo que Jesús vino a buscar a la tierra. Si se

convirtió en la Flor de los campos, sólo fue para mostrarnos cómo le gusta la

sencillez. El Lirio del valle no aspira más que a una gotita de rocío... Y justo por

eso se ha creado una ¡que se llama Celina...! Durante la noche de la vida, ella

deberá vivir oculta a toda mirada humana; pero cuando las sombras comiencen a

declinar y la Flor de los campos se convierta en el Sol de la justicia cuando venga a

consumar su carrera de gigante, ¿podrá entonces olvidar a su gotita de rocío...? ¡De

ninguna manera! Cuando él aparezca en su gloria, su compañera de destierro

aparecerá también gloriosa. El Sol divino posará sobre ella uno de sus rayos de

amor, y de pronto la humilde gotita de rocío aparecerá ante los ojos maravillados

de los ángeles y los santos, y brillará como un diamante precioso que, reflejando al

Sol de la justicia, se tornará semejante a él. Pero esto no es todo. El Astro divino, al

mirar a su gota de rocío, la atraerá hacia sí, y ella ascenderá como un [2vº] ligero

vapor3 e irá a clavarse por toda la eternidad en el seno del foco ardiente del amor

increado, y vivirá para siempre unida a él. Así como en la tierra fue la fiel

compañera de su destierro y de sus desprecios, así también en el cielo reinará

eternamente con él...

¡Y qué asombrados quedarán entonces los que en este mundo tuvieron por inútil a

la gotita de rocío...! Sin duda, tendrán una disculpa: no se les había revelado el don

de Dios, no habían acercado su corazón al de la Flor de los campos y no habían

escuchado estas palabras irresistibles: «Dame de beber». Jesús no llama a todas las

almas a ser gotas de rocío. Quiere que haya licores preciosos que las criaturas

puedan apreciar y que las alivien en sus necesidades; pero para él se reserva una

gota de rocío, ésa es su mayor ilusión...

¡Qué privilegio ser llamada a tan alta misión...! Mas para responder a ella, es

absolutamente necesario ser sencillas... Jesús sabe bien que es difícil mantenerse

puros en la tierra; por eso quiere que sus gotas de rocío se ignoren a sí mismas. Le

gusta contemplarlas, pero sólo él las mira. En cuanto ellas, al no conocer su propio

valor, se consideran por debajo de las demás criaturas... Y esto es lo que desea el

Lirio de los valles.

La gotita de rocío, Celina, ha comprendido... Este es el fin para el que Jesús la ha

creado. Pero no debe olvidarse de su pobre hermanita; tiene que alcanzarle la

gracia de hacer realidad lo que Jesús le hace comprender, para que, un día, el

mismo rayo de amor evapore a las dos gotitas de rocío [2vºtv] y juntas puedan,

después de no haber sido más que una sola cosa en la tierra, estar unidas por toda

la eternidad en el seno del Sol divino4.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS Cta 141

1 La expresión bíblica «Flor de los campos» aparece ocho veces en esta carta; la de

«Lirio de los valles» cuatro veces.

2 «Ser pequeña»: es la primera vez que aparece en la pluma de Teresa esta

expresión, destinada a ser una de las líneas de fuerza de su espiritualidad; cf Ms C


 

 

 

3rº, supra, n. 33. Hasta 1895 (Cta 178) y sobre todo hasta 1896 (Cta 182) Teresa

no inventará su fórmula definitiva: «ser siempre niños, ser siempre niñitos».

3 Cf Ca 7.4.1. La misma idea en san Juan de la Cruz, CE canc. 31.

4 Desde Caen, Celina le da las gracias a su hermana el 28 de abril. He aquí un

extracto de su respuesta: «Teresa, mi Teresa querida, ¡si supieras todo lo que

pienso y cuántas veces a lo largo del día medito en eso que tú susurras al corazón

de tu Celina...

«Ser el rocío, la gota de rocío del Lirio de los campos...» ¡Ay, Teresa, qué bien lo

comprendo, y cómo se hunde mi alma en abismos de profundidad...! Si supieras...

No, nunca sabré decirte todo lo que pasa dentro de mí a ese respecto. Actualmente

no ansío nada más, nada me atrae más que ser la gota de rocío que refresque el

cáliz de la Flor de los campos. Cada palabra de tu carta abre todo un mundo a mi

corazón...

«Pero voy a callarme, pues prefiero meditar en silencio a hablar acerca de algo

sobre lo que no existen palabras. La gotita de rocío es siempre, y en todo, incapaz,

excepto para dar de beber a la Flor de los campos... Pero, Teresa, nosotras dos ¿no

somos dos gotas de rocío en el cáliz de la Flor de los campos? Y tú sabes que dos

gotas de rocío no pueden estar una junto a otra, muy cerquita la una de la otra, sin

mezclarse y formar así una sola gota de rocío. Y entonces, el cáliz de la Flor de los

campos se satisface con la gota de rocío «Teresa-Celina», ¡con esa única gota que

es para él todo un océano!

«Paulina me dice en su carta que «el amor de Celina es más precioso para Jesús de

lo que le es amargo el odio de los malvados, y que una sola gota del gemido de su

alma le hace olvidar las blasfemias de los pecadores». Sí, es gran verdad que una

sola gota de rocío le basta a Jesús, ¡una sola! Y él se siente consolado y apaga su

sed... Teresa, mi Teresa querida, no acierto a decirte todo lo que siento. Es

demasiado. Y yo me explico muy mal. Pero ¡adivíname!» (A Teresa, LC, 152).

 

 


 
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