Sta. Teresita de Lisieux

Parte i

20 de agosto

«Sí, vendré a buscarte, porque cuando eres buenecita, pones unos ojos

que no son para seguir viviendo en la tierra».

 

 

 

21 de agosto

«Cuando yo te diga: «Sufro», tú responderás: «Me alegro». Yo no tengo

valor para hacerlo, así que tú terminarás lo que quiero decir».

La opresión en aquel momento era muy fuerte, y, para ayudarse a respirar,

decía, como si desgranase un rosario: «Sufro, sufro...»; pero pronto se lo

reprochó, como si hubiera sido una queja, y me dijo eso que acabo de

escribir.

 

 

 

22 de agosto

«¿Señorita? Te quiero mucho, y es una delicia ser cuidada por ti».

Me había llamado para decírmelo.

 

 

 

24 de agosto

Hablábamos entre nosotras una especie de jerga infantil que las demás no

podían entender. Sor San Estanislao, la primera enfermera, dijo un día con

tono de admiración: «¡Qué graciosas son estas dos jovencitas con su jerga

ininteligible!».

Un poco mas tarde, yo le dije a Teresa: «Sí, ¡qué graciosas somos las dos!

Pero tú eres graciosa sola, mientras que yo sólo soy graciosa contigo».

Ella replicó vivamente:

«¡Por eso vendré a buscarte!» <13>.

 

 

31 de agosto

«¡Chacha, te quiero mucho!».

 

 

 

3 de septiembre

1

Estaba yo delante de la chimenea de la enfermería, yendo y viniendo para

arreglar la habitación y me desesperaba por algo que no marchaba como

yo quería... Me dijo:

«Chacha, ¡nada de inquietud de espíritu!».

2

Ese mismo día, pero no en la misma ocasión, le hice yo este comentario:

«Las criaturas nunca sabrán que nos hemos querido tanto». Me contestó:


 

 

 

«No vale la pena querer que lo sepan las criaturas, lo realmente importante

es que sea así...».

Y en un tono de absoluta seguridad:

«Sí, pero... porque las dos estaremos sentadas en las rodillas de Dios».

(Tenía una forma deliciosa de decir ese «sí, pero...», expresión que era

muy peculiar de ella.)

 

 

 

5 de septiembre

1

«¡Yo te protegeré!».

2

Yo era muy avara con los domingos, tiempo libre de que disponía para

pasar a limpio las notas que iba tomando a toda prisa en papeles sueltos.

Y dije:

«Hoy ha sido un domingo perdido. No he escrito nada en la celda» <14>.

Contestó:

«Esa es la medida de Lilí, pero no la de Jesús».

 

 

 

11 de septiembre

1

«Chacha, ya no eres mi chacha, eres mi nodriza..., y estás cuidando a un

bebé que está para morir».

Y volviéndose hacia la estampa que representaba a su amigo Teófano, dijo

hablándole a él:

«La chacha me cuida muy bien; así que, cuando yo esté allá arriba,

vendremos los dos a buscarla, ¿verdad?».

2

«Quiero mucho a mi chacha, pero que mucho... Por eso, cuando me vaya,

vendré a buscarla para darle gracias por haberme cuidado tan bien».

3

Mirándome con cariño:

«... ¡Pero volveré a verte y se alegrará tu corazón y nadie te quitará tu

alegría!».

 

 

 

16 de septiembre

1

Acababa yo de cometer una imperfección, y me dijo, abriendo unos ojos

como platos:

«¡A pesar de todo, estarás junto a mí!» <15>.

2


 

 

 

Conmovida hasta las lágrimas por los cuidados que le dispensaba,

exclamó:

«¡Cuánto tengo que agradecerte, mi chacha querida...! ¡Ya verás todo lo

que te voy a hacer!».

3

Temía que tuviese frío y le dije:

_ «Voy a buscarte un «alivio» (*). Pero me contestó rápidamente:

_ «No, mi alivio eres tú...».

(*) (Los «alivios» eran simples trozos de lana que la encargada de la

ropería daba junto con las ropas de invierno.)

 

 

 

19 de septiembre

«¡Qué dulce es mi chacha, qué bien me cuida...! ¡Yo se lo pagaré!».

 

 

 

21 de septiembre

«Para amarte, estoy yo; para no amarte no está Dios..., está el diablo».

 

 

 

23 de septiembre

«Tú no necesitas entender, eres demasiado pequeña...».

(Entender lo que Dios hace en mí.)

 

 

 

25 de septiembre

«Voy a morirme, esto es seguro... No sé cuándo, ¡pero es seguro!».

 

 

 

Septiembre

1

Un día le dije. «Nos mirarás desde lo alto del cielo, ¿no?». Entonces

respondió con total espontaneidad:

_ «No, ¡bajaré!» <16>.

2

Durante la noche me levantaba varias veces, a pesar de su insistencia en

que no lo hiciera. En una de aquellas visitas encontré a mi querida

hermanita con las manos juntas y los ojos alzados al cielo:

«¿Qué estás haciendo así? _le dije_ Deberías tratar de dormir».

_ «No puedo, sufro demasiado, así que rezo...».

_ «¿Y qué le dices a Jesús?».

_ «No le digo nada, ¡lo amo!» <17>.

3


 

 

 

Uno de los últimos días de su vida, en un momento de grandes

sufrimientos, me suplicó:

¡Ay, hermanita Genoveva, reza por mí a la Santísima Virgen! Si tu

estuvieses enferma, yo le rezaría mucho. Una misma no se atreve a

pedir...».

(«Una no se atreve a pedir por sí misma...», éste es el sentido.)

Y suspiró de nuevo, dirigiéndose a mí:

«¡Cuánto hay que rezar por los agonizantes! Si se supiera...» <18>.

(Yo oí estos dichos y la mayoría de los que escribió la madre Inés de

Jesús a medida que los iba pronunciando; si no los escribía, era porque

veía que ya los estaban anotando. Yo he sido testigo de todos ellos, a

excepción de los que fueron pronunciados durante el rezo de las Horas del

Oficio divino en que la madre Inés de Jesús se quedaba sola con ella.)

Para más detalles, véase también mi Deposición manuscrita <19>.

 

 

27 de septiembre

¡Chacha, mi corazón siente por ti un cariño enorme...!».

 

 

 

30 de septiembre

Ultimo día del destierro de mi querida Teresita...

El día de su muerte por la tarde, estando solas con ella la madre Inés de

Jesús y yo, nuestra querida santita, temblorosa y deshecha, nos llamó en

su ayuda... Le dolían terriblemente todos los músculos, y apoyando uno de

sus brazos en el hombro de la madre Inés de Jesús y el otro en el mío, se

estuvo así, con los brazos en cruz. En aquel preciso momento dieron las

tres y nos vino a la mente el pensamiento de la Jesús en la cruz: ¿no era

la pobrecita de nuestra mártir su viva imagen...?

A nuestra pregunta «¿para quién sería su última mirada?», nos había

respondido unos días antes de morir: «Si Dios me deja elegir, será para

nuestra Madre» (la madre María de Gonzaga).

Pues bien, durante su agonía, tan sólo unos minutos ante de expirar, y

pasé por sus labios encendidos un pedacito de hielo, y en ese momento

alzó los ojos hacia mí y me miró con una insistencia profética.

*

Su mirada estaba llena de cariño; tenía a la vez una expresión

sobrehumana, hecha de aliento y de promesas, como si quisiese decirme:

«¡Bueno, bueno, Celina! ¡Yo estaré contigo...!».

¿Le reveló Dios en ese momento la larga y laboriosa carrera que, por su

causa, tendría yo que recorrer aquí en la tierra, y quiso consolarme así de

mi destierro? Pues el recuerdo de esa última mirada, que todas tanto

deseábamos y que fue para mí, ese recuerdo me sigue sosteniendo y

constituye para mí una fuerza indecible.)


 

 

 

La comunidad allí presente estaba como en suspenso ante aquel

espectáculo grandioso. Pero de repente nuestra santita bajó los ojos

buscando a nuestra Madre, que estaba arrodillada a su lado, mientras su

mirada velada recobraba la expresión de sufrimiento que tenía antes.

 

 

 

Últimos dichos de nuestra querida Teresita. 30 de septiembre de 1897

«¡Sí, es el sufrimiento puro, pues no hay en él el menor consuelo! ¡No, ni el

más mínimo!

¡¡¡Ay, Dios mío!!! Sin embargo, sí, lo amo a Dios... ¡Querida Virgen

Santísima, ven en mi auxilio!

Si esto es la agonía, ¿qué será la muerte...?

¡Madre, le aseguro que el vaso está lleno hasta el borde!

¡Sí, Dios mío, todo lo que quieras..., pero ten compasión de mí!

Hermanitas... hermanitas... ¡Dios mío, Dios mío, ten compasión de mí!

¡No puedo más..., no puedo más! Sin embargo, tengo que resistir...

Estoy... estoy vencida... No, nunca hubiera creído que se pudiese sufrir

tanto..., ¡nunca, nunca!

Madre, ya no creo en la muerte para mí... ¡ya no creo más que en el

sufrimiento!

¡Y mañana será todavía peor! Bueno, ,¡pues mejor que mejor!».

 

 

 

Por la noche

(Nuestra Madre acababa de despedir a la comunidad, diciendo que la

agonía iba a prolongarse todavía, y nuestra santa enfermita contestó):

«Pues bien, ¡adelante, adelante! ¡No quisiera sufrir menos!».

«Sí, le amo...».

«¡Dios mío... te... amo!».

 

 

 

NOTAS ÚLTIMAS CONVERSACIONES CON CELINA (UC/G)

1 Cf CA 9.7.2.

2 Cf Ms A 61 vº; PN 3; Cta 149 y 161.

3 Juego de palabras con «Bon Sauveur», nombre de la casa de salud de

Caen en la que estuvo ingresado el señor Martin.

4 «Para hacer amar al Amor». Sor Genoveva tachó estas palabras y

añadió la frase : «(esto no está en el autógrafo)». El autógrafo quiere decir

su carta del 22 de julio a la señora de Guérin. Sobre este tema puede

consultarse la edición crítica de las Ultimas Conversaciones: UC, pp. 647-

649.

5 Platito que estaba en el suelo y que le servía de escupidera; cf CA

31.7.6.

6 Poesía de Víctor Hugo.


 

 

 

7 Sobre los «grandes pensamientos», cf Ms C 19rº/vº; Cta 89 y 141 a

Celina.

7a Teresa hace un juego de palabras con la frase de Celina: «sans elle»

(sin ella), que dice Celina, se pronuncia igual que «sans aille» (sin ala); por

eso la santa le contesta que le traerá dos (alas). N. del T.

8 Cf Ms B 4vº/5vº.

8a Nuevo juego de palabras entre «None» (Hora litúrgica de Nona) y

«nonne» (monja), que se pronuncian igual. N. del T.

9 Cf CA 8.7.7.

10 Publicando la Historia de un alma.

11 Evocación de la niñez vivida con Celina y afirmación de un destino

común, que podemos encontrar a lo largo de todos los DE/G (Ultimas

Conversaciones con Celina) (—.7.1; 12.7.4; 5.8.1; —.8.1; —7.3). Cf «las

dos gallinitas» del Ms A 9rº.

12 Cf CA 25.8.6.

13 [Teresa dice «vous cri» = «buscar»], en vez de «vous quérir».

14 En «el cuaderno», escribe en otra parte sor Genoveva.

15 Se sobreentiende: «en el regazo de Dios».

16 Cf CA 13.7.3.

17 Dicho transmitido únicamente por sor Genoveva, y publicado a partir de

HA 98 (p. 243).

18 Cf CA 25.8.6.

19 Las notas preparatorias para el Proceso Apostólico (NPPA).

 

 

 

ÚLTIMAS PALABRAS DE SOR TERESA DEL NIÑO JESÚS

RECOGIDAS POR SOR MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN

 

8 de julio

1

Le dije, a propósito de una novicia que la cansaba mucho: «¡Menudo

combate el que tienes con ella! ¿Te da miedo?».

_ Un soldado nunca tiene miedo al combate, y yo soy un soldado.

(Después de haber reprendido a la novicia:)

¿No he dicho que moriré con las armas en la mano<1>?

2

El «Ladrón»<2> está muy lejos, ¡se ha ido a robar a otros niños!

3

Estamos a 8 de julio, y el 9 de junio yo veía al Ladrón. Si es así como

actúa, no está a punto de robarme...

4

Me han puesto en «la cama de la mala suerte», en una cama que te hace

perder el tren.


 

 

 

Aludía a la madre Genoveva, que en aquella misma cama había recibido

por tres veces la Unción de los Enfermos.

 

 

 

9 de julio

Después de la visita del médico, que la había encontrado mejor.

¡El «Ladrón» se ha vuelto a marchar! ¡Que sea lo que Dios quiera!

 

 

 

12 de julio

Si tuvieras que empezar a vivir otra vez, ¿qué harías?

Haría lo mismo que he hecho<3>.

 

 

13 de julio

1

¡Si supieras cuántos proyectos he hecho y cuántas cosas haré cuando

esté en el cielo...! Comenzaré mi misión<4>...

_ ¿Y cuáles son tus proyectos?

_ Los proyectos de volver al lado de mis hermanitas, y de irme allá lejos a

ayudar a los misioneros, y además el de impedir que los niños salvajes

mueran sin bautizar.

2

Le decía yo que, cuando ella se fuera, yo ya no tendría ánimos, a mi

parecer, para dirigir a nadie una palabra, que caería en un estado de

depresión.

Eso no está de acuerdo con la ley evangélica. Hay que hacerse todo a

todos.

3

¡Alégrate, pronto te verás libre de los trabajos de la vida!

¿Yo, un soldado tan valiente?

4

¿Y que tendrá que hacer tu madrinita?

Elevarse por encima de todo lo que dicen las hermanas y de todo lo que

hacen. Tendrás que vivir como si no estuvieras en el monasterio, como si

no tuvieras que pasar aquí más que dos días. Si fuera así, te guardarías

muy bien de decir lo que te desagrada, ya que tendrías que dejarlo.

(Como estaba terminando de escribir estas palabras mientras tocaban

para la Salve:)

Sería mejor, muchísimo mejor, perderte eso, y ser fiel al toque de la

campana. ¡Si supierais qué importante es esto!

 

 

 

16 de julio


 

 

 

Si Dios me dijese: "Si mueres ahora mismo, tendrás una gloria muy

grande, pero si mueres a los 80 años tu gloria será mucho menor pero a

mí me gustará mucho más", no vacilaría en contestarle: Dios mío, quiero

morir a los 80 años, pues no busco mi gloria sino complacerte a ti.

Los grandes santos trabajaron por la gloria de Dios, pero yo, que no soy

más que un alma pequeñita, sólo trabajo por complacerle y por satisfacer

sus caprichos, y sería feliz de soportar los mayores sufrimientos _aun

cuando él no lo supiera, si eso fuese posible_, y no por darle una gloria

pasajera sino únicamente por saber que sólo con ello haría aflorar a su

labios una sonrisa<5>.

 

 

 

25 de julio

Inclinándome un poco, veía por la ventana el sol poniente que lanzaba sus

últimos rayos sobre la naturaleza, y la cima de los árboles aparecía toda

dorada. Y pensé: ¡Qué diferencia entre estar a la sombra o, al contrario,

exponerse al sol del amor!...! En este último caso, todo parece dorado. En

realidad, yo no lo soy, y dejaría inmediatamente de serlo si me alejase del

Amor.

 

 

 

28 de julio

1

Comentábamos que nos costaría mucho perder la recreación por cualquier

otra que no fuera ella. Respondió sin pensárselo dos veces:

¡Pues yo me sentiría feliz de hacer lo contrario! ¿No estamos en la tierra

para sufrir? Pues entonces, cuanto más sufrimos, más felices somos... Se

practica mucho mejor la caridad sirviendo a quien te cae menos simpático

<6>.

¡Qué mal sabemos llevar nuestros negocios en la tierra!

2

Le decía: ¡Qué felicidad morir después de haber pasado la vida en el amor!

Sí, pero también es necesario no faltar a la caridad con el prójimo.

 

 

 

29 de julio

Yo le decía que una cierta musiquilla de santa Marta le había dado ocasión

de merecer. Y me contestó enseguida:

¡Nada de merecer! Dar gusto a Dios... Si hubiese atesorado méritos,

habría perdido muy pronto la esperanza.

 

 

 

1 de agosto


 

 

 

No sé cómo haré para morir... Pero me abandono totalmente... ¡Que sea lo

que Dios quiera!

 

 

 

10 de agosto

Le decía: ¡Con todo lo que he pedido que no sufras mucho, y estás

sufriendo tanto!

Me contestó:

Le he pedido a Dios que no escuche las oraciones que puedan suponer un

obstáculo al cumplimiento de sus designios sobre mí y que haga

desaparecer todos los obstáculos que se opongan a ellos.

 

 

 

11 de agosto

¿O sea que no podré desahogarme con la madre Inés de Jesús?

Sólo tendrías que hacerlo en el caso en que ella tenga necesidad de

consuelo. Tú no debes hablarle nunca buscando tu consuelo mientras no

sea ella la priora. Te aseguro que esto es lo yo he hecho siempre. Por

ejemplo, nuestra Madre le había dado permiso a ella para hablar conmigo,

pero yo no lo tenía, así que no le decía nada sobre mi alma. Creo que

precisamente esto es lo que convierte la vida religiosa en un martirio. Sin

ello, sería una vida fácil y sin méritos.

 

 

 

15 de agosto

1

El día 13<8>, antes de recibir la sagrada comunión, se había emocionado

mucho con el Confíteor que recitaba la comunidad. Y me dijo:

Cuando oía a todas las hermanas decir en mi lugar: Yo confieso a Dios,

Padre todopoderoso, a la Bienaventurada Virgen María y a todos los

santos, pensaba: Sí, es bueno pedir perdón a todos los santos... No puedo

explicar mis sentimientos. Dios me hace sentir así lo pequeña que soy. ¡Y

esto me hace tan feliz...!

2

Le decía: Lo que más me duele es pensar que aún vas a sufrir mucho.

Pues a mí no, porque Dios me da lo que necesito.

3

Decíamos: "Si Dios la llevase esta noche, se iría sin que nos diésemos

cuenta... ¡ ¡Cómo lo sentiríamos!

¡Y a mí que me parecería muy gracioso que hiciera eso! Sería como

robarme...

 

 

 

20 de agosto


 

 

 

Nadie sabe lo que es sufrir así... No, hay que pasar por ello...

Después de esta misma jornada, de continuos sufrimientos:

¡Ved qué bueno es Dios! Hoy no tenía fuerzas para toser, y casi no he

tosido. Ahora que estoy un poco mejor, la tos va a empezar de nuevo.

 

 

 

27 de agosto

Le pregunté: ¿Quieres agua helada?

_ Sí, ¡me gustaría tanto...!

_ Nuestra Madre te ha mandado pedir todo lo que necesites. Hazlo por

obediencia.

_ Ya pido todo lo que necesito.

_ ¿Y no lo que te gusta?

_ No, sólo lo que necesito. Por eso, si no tengo uvas no las pediré.

_ Un poco después de haber bebido, seguía mirando el vaso de agua. Yo

le dije: Bebe un poco.

_ No, no tengo la lengua seca<9>.

_ Cuando pienso que, estando tan enferma como estás, todavía

encuentras la manera de mortificarte...

_ ¡Y qué quieres! Si me escuchase a mí misma, estará todo el día

bebiendo.

 

 

 

1 de septiembre

(A propósito de la madre H. del Sagrado Corazón, a quien había que

prestarle numerosos pequeños servicios.)

¡Cómo me hubiera gustado ser su enfermera! Tal vez me hubiese costado

según la naturaleza, pero creo que la habría cuidado con mucho amor,

porque pienso en aquello que dijo Nuestro Señor: "Estuve enfermo y me

aliviasteis".

 

 

 

8 de septiembre

¡Ah, la Santísima Virgen...! ¡No ha venido a buscarme...!

 

 

 

17 de septiembre

(A propósito del cementerio):

A vosotras comprendo que os impresione un poco. ¡Pero a mí...! ¿Cómo

me va a impresionar...? Meterán en la tierra algo simplemente muerto. No

es como si estuviese en estado letárgico, eso sería cruel.

 

 

 

21 de septiembre


 

 

 

Yo deseaba oírle una palabra, algo así como se acordase del pasado y del

cariño con que yo la había rodeado en su niñez. Apenas había cruzado por

mi mente este pensamiento, cuando nos miró a la madre Inés y a mí con

los ojos llenos de lágrimas, diciendo:

¡Hermanitas..., vosotras sois las que me educasteis...!

 

 

 

25 de septiembre

Yo la estaba mirando con ternura.

Madrina, ¡qué preciosa eres cuando tu rostro se ilumina con un rayo de

amor...! ¡Es tan puro!

 

 

 

30 de septiembre

Sí, es el sufrimiento puro, pues no hay en él el menor consuelo... ¡No, ni el

más mínimo!

¡¡¡Dios mío!!! Sin embargo, sí, lo amo a Dios... ¡Querida Santísima Virgen,

ven en mi auxilio!

Si esto es la agonía, ¡qué será la muerte...!

¡Madrecita querida, te aseguro que el vaso está lleno hasta el borde!

¡Sí, Dios mío, todo lo que quieras...! ¡Pero ten compasión de mí!

Hermanitas..., hermanitas... ¡Dios mío...! ¡Dios mío, ten compasión de mí!

¡No puedo más..., no puedo más! Y sin embargo, tengo que resistir...

Estoy... estoy vencida... No, nunca hubiera creído que se pudiese sufrir

tanto... ¡Nunca! ¡Nunca!

Madre, ya no creo en la muerte para mí... ¡Creo en el sufrimiento!

¿Y mañana será todavía peor? Bueno, ¡pues mejor que mejor!

Ultimas palabras, mirando al crucifijo:

¡Sí!, lo amo...

¡Dios mío..., te amo!

 

 

 

NOTAS ÚLTIMAS CONVERSACIONES CON SOR MARÍA DEL

SAGRADO CORAZÓN (UC/MSC)

1 PN 48,5,11-12.

2 Cf CA 9.6.1.

3 Dicho referido en HA 98, p. 227, y en NV 12.7.3.

4 Cf CA 13.7.17.

5 Cf CA 16.7.6*.

6 Cf Ms C 13vº/14rº.

7 Cf CA 6.6.4; 31.7.4; 1.8.5; 29.9.2; 30.9.

8 En realidad el 12 de agosto.

9 Cf CA 27.8.9.

10 Cf UC p. 573s, 19.7+a.


 

 

 

 

 

 

OTROS DICHOS DE TERESA A LA MADRE INÉS DE JESÚS

 

Mayo

Un día que fue a Misa y comulgó, aunque acababan de quitarle un

vejigatorio, yo me eché a llorar y no pude ir a las Horas. La seguí su celda,

y siempre la veré sentada en su banquito y con la espalda apoyada en la

pobre pared de tablas. Estaba extenuada, y me miraba con expresión

triste, ¡pero tan dulce a la vez! Mis lágrimas arreciaron, y, adivinando cómo

la estaba haciendo sufrir, le pedí perdón de rodillas. Ella me respondió

simplemente:

No es demasiado sufrir a cambio de una comunión...

Pero repetir la frase es lo de menos: ¡hay que haber escuchado el acento

con que la pronunció<1>!

*

Tosía mucho aquellos días, sobre todo por la noche. Y en esos momentos

se veía obligada a sentarse en el jergón para reducir la opresión y poner

recobrar el aliento. Yo hubiera deseado que bajase a la enfermería para

poder darle un colchón, pero ella insistía tanto en que le gustaba más estar

en su celda, que la dejaron allí hasta que ya no había nada que hacer.:

Aquí no me oyen toser, no molesto a nadie _decía_, y además si me

cuidan demasiado ya no disfruto.

*

Para ponerle otro vejigatorio, la enfermera, una anciana venerable, muy

bondadosa y abnegada, la había instalado esta vez en la enfermería en un

sillón. Pero a fuerza de poner almohada tras almohada sobre el respaldo

de aquel asiento para que estuviese más blando, la pobre enfermita pronto

se encontró sentada en el borde del sillón, corriendo peligro de caerse en

cualquier momento. En lugar de quejarse, le dio efusivamente las gracias a

la buena de la hermana, y así estuvo todo el día escuchando los elogios de

las caritativas visitas que recibía: «¡Bueno, ya veo que está cómoda!

¡Cuántas almohadas tiene! ¡Bien se ve que la cuida una verdadera mamá,

etc.».

También yo caí en la trampa, hasta que una sonrisa que yo conocía muy

bien me hizo comprender..., pero ya era demasiado tarde para remediarlo.

 

 

 

Junio

El 9 de junio de 1897, sor María del Sagrado Corazón le decía que

después de su muerte nos quedaríamos muy tristes. Ella respondió:

No, no, ya veréis..., será como una lluvia de rosas...

Y añadió:

Después de mi muerte, iréis al buzón y allí encontraréis consuelos<2>.


 

 

 

*

(La madre Inés de Jesús anotó este recuerdo, que data de junio de 1897,

relativo a las botellas de leche:)

Este dibujo (descrito aquí debajo), recortado de una hoja de periódico

encontrada por casualidad, me lo trajo con una sonrisa maliciosa sor

Teresa del Niño Jesús en un momento en que yo estaba desolada porque

ella, que estaba muy enferma, no tomaba más que leche.

Era una manera de hacerme reír. Me dijo:

Mi botella de leche me sigue tan fielmente como la suya a este borracho,

de quien no se ve más que la punta del bastón, ¡fíjate!

Así de alegre era nuestra querida Santita.

(Hoja suelta manuscrita, en la que está envuelto el dibujo en cuestión. Este

representa a un perro que llega al galope, estimulado por el bastón de un

amo invisible, con una botella en la boca <2b>.

 

 

Julio

El cielo, para ella, la visión y la posesión plena de Dios. A ejemplo de

varios santos, particularmente de santo Tomás de Aquino, no aspiraba a

otra recompensa que el mismo Dios.

Recordaba las palabras de Nuestro Señor: «La vida eterna consiste en

conocerte a ti...»; y como, para ella, conocer a Dios era amarlo, podía

decir:

Una única esperanza hace latir mi corazón: el amor que recibiré y el que

yo podré dar<3>.

*

Le pedía yo explicaciones sobre el camino que decía que quería enseñar a

las almas después de su muerte.

Madre, es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y

del total abandono. Quiero enseñarles los medios tan sencillos que a mí

me han dado tan buen resultado, decirles que aquí en la tierra sólo hay

que hacer una cosa: arrojarle a Jesús las flores de los pequeños

sacrificios, ganarle a base de caricias. Así le he ganado yo, y por eso seré

tan bien recibida<4>.

 

 

Agosto

Una noche, en la enfermería, se sintió animada a confiarme sus penas

más que de costumbre. Nunca se había desahogado sobre ese tema de

esa manera. Hasta entonces yo sólo conocía su prueba muy vagamente.

¡Si supieras _me dijo_ qué espantosos pensamientos me asedian! Pide

mucho por mí para que no escuche al demonio que intenta convencerme

de tantas mentiras. Se impone a mi espíritu el razonamiento de los peores

racionalistas: más adelante, la ciencia, al hacer nuevos e incesantes


 

 

 

progresos, lo explicará todo de manera natural, descubriremos la razón

absoluta de todo lo que existe y que hoy aún constituye para nosotros un

problema, pues quedan todavía muchas cosas por descubrir..., etc., etc.

Quiero hacer el bien después de mi muerte, ¡pero no podré! Pasará como

con la madre Genoveva: esperábamos verla hacer milagros, y un completo

silencio cayó sobre su tumba...

Madrecita, ¿por qué se han de tener tales pensamientos cuando se ama

tanto a Dios?

En fin..., ofrezco estos tormentos tan grandes para alcanzar la luz de la fe

a los pobres incrédulos y por todos los que viven alejados del credo de la

Iglesia.

Y añadió que nunca discutía con esos pensamientos tenebrosos:

Los sufro a la fuerza _dijo_, pero mientras los sufro no ceso de hacer actos

de fe<5>.

*

En el Carmelo he sufrido de frío hasta morir.

Me extrañó orla hablar así, pues en invierno su porte no revelaba en

absoluto su sufrimiento. Nunca, ni durante los fríos más intensos, la vi

frotarse las manos o caminar más ligera o más encorvada que de

costumbre, como se hace tan espontáneamente cuando se tiene frío<6>.

*

Durante este período de su enfermedad, ¡cuántas veces debió de hacer

sonreír a Dios con su paciencia! ¡Qué sufrimientos tuvo que soportar! A

veces se quejaba como un pobre corderito al que están inmolando:

Madre _me dijo un día_, cuando tengas enfermas víctimas de tan violentos

dolores, ten mucho cuidado con no dejar cerca de ellas medicamentos que

contengan veneno. Te aseguro que, cuando se llega a este grado de

sufrimiento, basta un solo momento para perder la razón. Y entonces es

muy fácil envenenarse<7>.

 

 

Septiembre

Un día, la madre priora le hablaba al doctor, en su presencia, de la compra

que acabábamos de hacer de un nuevo terreno en el cementerio de la

ciudad, porque ya no quedaba lugar en el antiguo. Añadió que, en

adelante, las fosas se excavarían lo suficientemente hondas como para

poder sobreponer en ellas tres féretros.

Sor Teresa del Niño Jesús dijo riendo:

¿Entonces seré yo quien estrene ese nuevo cementerio?

El doctor, asombrado, le dijo que no pensase aún en su inhumación.

Sin embargo, es un pensamiento muy alegre _respondió ella_. Pero me

preocupa que el pozo sea tan profundo, pues podría ocurrirles alguna

desgracia a los que tengan que bajarme.

Y prosiguió en son de broma:


 

 

 

Ya me parece estar oyendo a un sepulturero que grita: ¡No tires tanto por

aquí de la cuerda!, y a otro que le responde: ¡Tira de allá! ¡Eh, cuidado!

¡Bueno, ya está! Echan tierra sobre mi féretro y todos se van.

Cuando se marchó el Sr. de Cornière, yo le pregunté si de verdad no le

impresionaba la idea de que la iban a meter tan profundamente en la tierra.

Me contestó, con aire de extrañeza:

¡No te entiendo! ¿Por qué me a impresionar? Ni siquiera sentiría la menor

repulsión si supiese que iba a ser echada en la fosa común.

 

 

 

SOR GENOVEVA

 

Junio

Durante su enfermedad, había acompañado a la comunidad con gran

dificultad a la ermita del Sagrado Corazón, y se había sentado mientras

entonábamos un canto. Una hermana le hizo señas de que se uniese al

coro. Estaba agotada y no podía tenerse de pie. Sin embargo, se levantó

enseguida, y como yo la critiqué por ello después de la reunión, me dijo

simplemente:

He cogido la costumbre de obedecerlas a todas como si fuese Dios quien

me manifestase así su voluntad<9>.

*

En el curso del año 1897, sor Teresa del Niño Jesús me dijo, mucho antes

de caer enferma, que esperaba morir ese año. He aquí la razón que me

dio en el mes de junio: cuando se sintió presa de una tuberculosis

pulmonar:

Ya ve _me dijo-, Dios va a llevarme a una edad en que no habría tenido

tiempo de ser sacerdote... Si hubiera podido ser sacerdote, habría recibido

las sagradas Ordenes en este mes de junio, en esta ordenación. Pues

bien, para que no tenga ningún pesar, Dios ha permitido que me encuentre

enferma, así que no habría podido acudir a la ordenación y moriría antes

de ejercer el ministerio <10>.

 

 

Julio

Una hermana le decía que podría tener una hora de temor antes de morir,

para expiar sus pecados.

¡El temor de la muerte para expiar mis pecados...! ¡Eso no tendría más

eficacia que un poco de agua cenagosa! Por eso, si llego a tener esos

temores, los ofreceré a Dios por los pecadores, y como será un acto de

caridad, ese sufrimiento será para los demás mucho más eficaz que el

agua. A mí lo único que me purifica es el fuego del amor de Dios <11>.

*

Un día, después de la comunión.


 

 

 

Era como si hubiesen puesto juntos a dos niñitos, y los niñitos no se

dijesen nada el uno al otro. Sin embargo, yo Le dije algunas cosillas, pero

él no me contestó; seguro que estaba dormido.

*

Cuando esté muerta, no diré nada, no daré ningún consejo. Si me colocan

del lado izquierdo o del derecho, no ayudaré. Dirán: está mejor de este

lado; hasta podrán poner fuego cerca de mí, yo no diré nada.

*

(Un día en que se encontraba delante de una biblioteca)

_ ¡Cómo me pesaría haber leído todos esos libros!

_ ¿Por qué? Haberlos leído sería una riqueza que habrías adquirido.

Entiendo que resulte pesado leerlos, pero no el haberlos leído.

_ Si los hubiese leído, me habría roto la cabeza y habría perdido un tiempo

precioso que hubiese podido emplear sencillamente en amar a Dios...

*

_ Me encuentro en un estado de ánimo en que me parece que ya no sé ni

pensar.

_ No importa, Dios conoce tus intenciones. Cuanto más humilde seas,

tanto más feliz serás.

*

Una vez, en que sonó el reloj y yo no me movía del sitio con la suficiente

rapidez, me dijo:

Vete a tu obligación...

Y corrigiéndose:

No, a tu amor.

Y en otra ocasión yo le decía: Tengo que trabajar, porque, si no, Jesús se

pondría triste. Y ella me respondió:

No, no, tú te pondrías triste. El no puede entristecerse por nuestras

componendas. ¡Pero qué pena la nuestra, de no darle todo lo que

podemos!

*

Cuando se presentaban las hemorragias, se alegraba, pensando que

estaba derramando su sangre por Dios:

No podía ser de otra manera _decía_, yo sabía que tendría el consuelo de

ver derramada mi sangre, pues muero mártir de amor.

*

En otra ocasión le decía: Ya que querías ir a Saigón, tal vez cuando estés

el cielo iré yo en tu lugar para completar tu labor, y entre las dos

realizaremos una obra perfecta.

Si algún día vas allá, no pienses que es para completar nada. No hace

ninguna falta. Todo está bien, todo es perfecto, todo está consumado, sólo

cuenta el amor... Si vas allá, será por un capricho de Jesús, nada más. No

pienses que será una obra útil, será un capricho de Jesús <12>.


 

 

 

 

 

SOR MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN

 

Mayo

La enfermera le había aconsejado darse todos los días un paseíto de un

cuarto de hora por la huerta. Yo me la encontré caminando penosamente

y, por así decirlo, al límite de sus fuerzas. "Harías mucho mejor

descansando _le dije_; en las condiciones en que estás, este paseo no

puede hacerte ningún bien; te estás agotando, y basta.

Es verdad _me contestó_, ¿pero sabes lo que me da fuerzas? Pues

camino por un misionero. Pienso que allá lejos, muy lejos, tal vez alguno

de ellos esté agotado en sus correrías apostólicas, y para aminorar sus

fatigas ofrezco yo las mías a Dios <13>.

 

 

Julio

Su gran sufrimiento en el Carmelo fue el no poder comulgar todos los días.

Un poco antes de su muerte decía a la madre María de Gonzaga, la cual

tenía miedo a la comunión diaria:

Madre, cuando esté en el cielo le haré cambiar de opinión.

Y así sucedió. Después de la muerte de la Sierva de Dios, el Sr. capellán

nos dio la sagrada comunión todos los días, y la madre María de Gonzaga,

en lugar de rebelarse como antes, se sentía muy dichosa.

*

Un día le decía yo: ¡Si fuese yo la única que va a sufrir con tu partida...!

¿Pero cómo voy a poder consolar a la madre Inés de Jesús, que te quiere

tanto?

Estáte tranquila _me dijo_, no tendrá tiempo para pensar en su sufrimiento,

pues estará ocupada conmigo hasta el fin de su vida, y no podrá dar

abasto con todo <15>

*

Hacia el mes de agosto de 1897, unas tres semanas antes de su muerte,

yo estaba junto a su lecho con la madre Inés de Jesús y sor Genoveva. De

pronto, sin que ninguna conversación provocara esta frase, nos miró con

una expresión celestial y nos dijo muy claramente:

Sabéis bien que estáis cuidando a una pequeña santa...

Interrogata a R.D. Judice Vicario Generali an Serva Dei aliquam hujusce

sermonis explicationem vel correctionem addiderit? _ Respondit:

Quedé muy emocionada ante esas palabras, como si hubiese oído a un

santo predecir lo que acontecería después de su muerte. Dominada por

esa emoción, me alejé un poco de la enfermería, y no recuerdo haber oído

nada más.


 
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