Parte d
20.7.2
Dios se hace representar por quien quiere, pero eso no tiene importancia...
Contigo, habría habido un lado humano, y yo prefiero que no haya más
que el divino. Sí, lo digo de corazón, estoy contenta de morir entre los
brazos de nuestra Madre, porque ella representa a Dios.
20.7.3
... El pecado mortal no me quitaría la confianza <68>.
... ¡Y, sobre todo, no te olvides de contar la historia de la pecadora! Eso
demostrará que no me equivoco.
20.7.4
Le decía que temía mucho para ella las angustias de la muerte.
Si por angustias de la muerte entiendes esos sufrimientos terribles que se
manifiestan en los últimos momentos con señales que causa horror a las
demás, yo nunca los he visto aquí en las que han muerto en mi presencia.
La madre Genoveva los tuvo en el alma, pero no en el cuerpo.
20.7.5
No sabes cuánto te quiero, y te lo demostraré...
20.7.6
Me acosan a preguntas, lo cual me hace pensar en Juana de Arco ante el
tribunal... Y me parece que respondo con la misma sinceridad que ella.
21 de julio
21.7.1
Cuando te miro, Madrecita, me siento muy feliz; tú nunca me cansas, al
contrario. Lo decía hace poco: cada vez que me veo obligada a dar algo, y
esas veces son muchas, eres tú quien me lo proporciona...
21.7.2
Si Dios me riñe, aunque sólo sea un poquito, no lloraré lastimeramente...;
pero si no me riñe en absoluto, si me acoge con una sonrisa, entonces sí
que lloraré...
21.7.3
¡Cómo me gustará conocer en el cielo la historia de todos los santos! Pero
no tendrán que contármela, pues resultaría demasiado largo. Cuando me
acerque a un santo, tendré que poder conocer su nombre y toda su vida
con una sola mirada <69>.
21.7.4
Yo nunca he obrado como Pilato, que se negó a escuchar la verdad. Yo
siempre he dicho a Dios: Dios mío, yo quiero escucharte; por favor,
respóndeme cuando te digo humildemente: ¿Qué es la verdad? Haz que
yo vea las cosas tal cual son y que nunca me deje engañar por las
apariencias <70>.
21.7.5
Le decíamos que podía sentirse muy dichosa de haber sido escogida por
Dios para enseñar a las almas el camino de la confianza. Respondió:
¡Qué importa que sea yo o que sea otra quien muestre este camino a las
almas! Con tal que se enseñe, ¡qué importa el instrumento!
22 de julio
22.7.1
Sor María del Sagrado Corazón le decía: «¡Vaya, se te cuida con mucho
amor...!».
Sí, así es... Y es una imagen del amor que Dios me tiene. Yo nunca le he
dado más que amor, por eso él me devuelve amor; y esto todavía no ha
terminado, pronto me devolverá mucho más...
Estoy hondamente conmovida, es como un rayo de luz, o, mejor, como un
relámpago en medio de mis tinieblas..., ¡pero sólo como un relámpago!
22.7.2
Me repitió sonriendo estas palabras que el Sr. Youf le había dicho después
de la confesión:
Si los ángeles barrieran el cielo, el polvo sería de diamantes.
23 de julio
23.7.1
Le hablaban de asociaciones <71>:
Estoy tan cerca del cielo, que todo eso me parece triste.
23.7.2
Una de nosotras le había dicho y leído algo, y pensaba haberla consolado
y alegrado mucho en su gran prueba.
_ ¿Verdad que tu prueba ha cesado un momento?
¡No! ¡Ha sido como si cantaras!
23.7.3
Le hablaba incesantemente de ese miedo, que nunca me abandonaba, a
verla sufrir todavía más.
Los que corremos por el camino del amor creo que no debemos pensar en
lo que pueda ocurrirnos de doloroso en el futuro, porque eso es faltar a la
confianza y meternos a creadores.
23.7.4
... Cuando las pruebas de papá, yo tenía un vehemente deseo de sufrir...
Una noche en que sabía que había empeorado <72>, sor María de los
Angeles <73>, al verme muy triste, intentaba consolarme lo mejor que podía;
pero yo le dije: «Sor María de los Angeles, creo que puedo sufrir todavía
más». Ella me miró muy sorprendida y luego me lo recordó muchas veces.
Sor María de los Angeles, en efecto, no olvidó nunca aquella noche.
Nuestra santita, todavía postulante, estaba a punto de acostarse, sentada
sobre el jergón, en camisón y con sus hermosos cabellos cayéndole sobre
los hombros. «Su mirada, dice ella, y toda su persona tenían un algo de
tan noble y de tan bello, que creí estar viendo a una virgen del cielo».
23.7.5
Recuerdo que un día, en lo más recio de nuestras pruebas, me encontré
con sor María del Sagrado Corazón después de barrer la escalera del
dormitorio (del lado de la ropería). Teníamos permiso para hablar y me
paró. Entonces yo le dije que me sentía con muchas fuerzas y que en ese
momento estaba pensando en estas palabras de Mme. Swetchine que me
calaban de tal manera que me sentía como abrasada: «La resignación es
todavía distinta de la voluntad de Dios; existe entre ellas la misma
diferencia que entre la unión y la unidad. En la unión sigue habiendo
todavía dos, en la unidad ya no hay más que uno solo»<74>.
(No sé si es completamente textual.)
23.7.6
Me habían obligado a pedir la curación de papá el día de mi profesión <75>;
pero no logré decir más que esto: Dios mío, por favor, que sea tu voluntad
que papá se cure.
23.7.7
... «In te, Domine, speravi» <76>. En los días de nuestras grandes pruebas,
¡cómo me gustaba recitar este versículo en el coro!
24 de julio
24.7.1
Le habían mandado unas frutas preciosas, pero no podía comerlas. Las
fue cogiendo una tras otra, haciendo ademán de ofrecérselas a alguien, y
dijo:
La Sagrada Familia ha quedado bien servida: a san José y al Niño Jesús le
han tocado un melocotón y dos ciruelas a cada uno.
Preguntándome a media voz:
Tal vez no esté bien, pero las he tocado con satisfacción. Me gusta mucho
tocar la fruta, sobre todo los melocotones <77>, y verla de cerca.
Yo la tranquilicé, y prosiguió:
La Santísima Virgen también ha tenido su parte. Cuando me dan leche con
ron, se la ofrezco a san José, pensando: ¡Qué bien le va a venir esto al
pobre san José!
En el refectorio, pensaba siempre a quién tenía que darle cada cosa. Lo
dulce era para el Niño Jesús, los platos fuertes para san José, y tampoco
me olvidaba de la Santísima Virgen. Pero cuando me faltaba algo, por
ejemplo cuando se olvidaban de pasarme la salsa o la ensalada, estaba
mucho más contenta, pues me parecía que entonces se lo daba de verdad
a la Sagrada Familia viéndome realmente privada de lo que le ofrecía.
24.7.2
... Cuando Dios quiere que nos veamos privadas de algo, no hay más
remedio que aceptarlo. A veces, sor María del Sagrado Corazón ponía mi
plato de ensalada tan cerca de sor María de le Encarnación, que yo no
podía ya considerarlo como mío, y no lo tocaba.
¡Ay, Madrecita, y qué tortillas, duras como suelas de zapato, me han
servido en mi vida! Creían que me gustaban así, totalmente resecas.
Después de mi muerte habrá que poner mucho cuidado en no dar esa
porquería a las pobres hermanas <78>.
25 de julio
25.7.1
Le decía yo que acabaría por desearle la muerte para no verla ya sufrir
tanto.
... Sí, pero no hay que decir eso, Madrecita, porque lo que me gusta de la
vida es precisamente sufrir <79>.
25.7.2
¿Es que estamos ya de lleno en la estación de los melocotones? ¿Se
pregonan las ciruelas por las calles? Ya no entiendo lo que pasa.
«Cuando se llega a la tarde de la vida,
se pierden la memoria y la cabeza».
25.7.3
Nuestro tío le había mandado uvas. Comió unas pocas y dijo:
¡Qué ricas están estas uvas! Pero no me gusta lo que envía mi familia...
Antes, cuando me traían de su parte ramos de flores para el Niño Jesús
<80>, nunca quería recibirlos sin antes estar bien segura de que nuestra
Madre lo había permitido.
25.7.4
A petición suya, le di a besar el crucifijo, y se lo presenté en la manera
acostumbrada <81>.
¡... No, y lo beso en la cara!
Y mirando la estampa del Niño Jesús (que sor María de la Trinidad había
traído del Carmelo de [rue] Mesina) <82>:
Ese Niño Jesús parece que me está diciendo: «Vendrás al cielo, te lo digo
yo».
25.7.5
¿Y dónde está ahora el Ladrón? Ya no se habla más de él. Contestó,
poniendo la mano sobre el corazón:
¡Está aquí! Está en mi corazón.
25.7.6
Le decía yo que la muerte, en apariencia, era muy triste y que sentiría
mucha pena al verla muerta. Me contestó con voz enternecida:
La Santísima Virgen tuvo a Jesús muerto sobre sus rodillas, desfigurado,
ensangrentado. ¡Lo que tú veas será algo bien distinto! ¡Yo no sé lo que
ella habrá hecho...! Suponte que me traen a tus brazos en ese estado: ¿tú
qué harías? Responde mihi <83>...
25.7.7
Después de contarme varias cosillas que se reprochaba a sí misma, me
preguntó si habría ofendido a Dios. Le contesté sencillamente que todos
aquellos pecadillos no lo eran en realidad, y que me había hecho mucho
bien contándomelos. Entonces, pareció emocionarse mucho, y más tarde
me dijo:
Al oírte, me acordé del P.Alejo. Tus palabras han calado también
profundamente en mi corazón.
25.7.8
Se echó a llorar; yo recogí sus lágrimas, secándolas con un paño fino (sor
Genoveva conserva esta reliquia).
Sor Genoveva le presentó una florecita de geranio, que estaba sobre la
mesa desde hacía mucho tiempo, para que la arrojase a sus estampas
prendidas con alfileres en la cortina de su cama.
... No arrojar nunca flores marchitas..., sólo florecitas lozanas «recién
abiertas».
25.7.9
Le proponíamos una distracción, pero que era demasiado ruidosa. Y
respondió sonriendo:
¡... Nada de juegos de muchachos! ...Nada tampoco de juegos de niñas.
Sólo juegos de angelitos.
25.7.10
... Miro las uvas y me digo: Son bonitas, y tienen buen aspecto. Luego
como un grano: éste no se lo doy yo al Niño Jesús, me lo da él a mí.
25.7.11
En mi enfermedad soy como un auténtico niño: no pienso en nada, estoy
contenta de ir al cielo, y eso es todo.
25.7. 12
... La primera vez que me dieron uvas en la enfermería, le dije al Niño
Jesús: ¡Qué ricas son las uvas! No entiendo por qué esperas tanto para
cogerme, pues soy un pequeño racimo de uvas <84> y dicen que estoy tan
madura...
25.7.13
A propósito de la dirección espiritual:
... Pienso que hay que tener mucho cuidado con no buscarse una a sí
misma, pues pronto quedaría herido el corazón y podría decirse con razón:
«Los centinelas me quitaron el manto y me hirieron...; pero apenas los
dejé, encontré al Amor de mi alma».
Pienso que si el alma hubiese preguntado humildemente a los centinelas
dónde estaba el Amor de su alma, ellos le habrían indicado dónde se
encontraba; pero por haber querido atraer su admiración, cayó en la
turbación y perdió la sencillez del corazón.
25.7.14
... Tú eres mi luz.
25.7.15
Escucha una historia muy divertida: Un día, después de mi toma de hábito
<85>, sor San Vicente de Paúl me encontró en la celda de nuestra Madre y
exclamó: «¡Pero qué cara de bienestar! ¡Qué fuerte está esta chica! ¡Y qué
gorda!». Yo me fui toda confusa por el cumplido, cuando hete aquí que sor
Magdalena me para delante de la cocina y me dice: «¡Pero en qué te estás
convirtiendo, mi pobrecita sor Teresa del Niño Jesús! ¡Estás adelgazando
a ojos vista! A ese paso, con ese semblante que hace temblar a
cualquiera, no podrás guardar mucho tiempo la Regla». Yo no salía de mi
asombro al escuchar, una tras otra, opiniones tan opuestas. Desde aquel
momento, dejé de prestar la menor importancia a la opinión de las
criaturas, y esta impresión se ha desarrollado en mí de tal manera, que
actualmente tanto las censuras como los elogios resbalan sobre mí sin
dejar la menor huella.
NOTAS
Julio
Dos fuentes nos suministran una rica información sobre el mes de julio: los
238 dichos, o sea casi una tercera parte del Cuaderno amarillo, y 34 cartas
que hablan de Teresa, en su mayor parte dirigidas a la familia Guérin que
estaba de vacaciones en La Musse (cf UC p. 611s). Dichas fuentes nos
permiten seguir paso a paso el curso de la tuberculosis.
Tras la aparente mejoría de finales de junio, se declaran dos hemoptisis
abundantes y repetidas, los días 6 y 7 de julio. Reposo absoluto, hielo y
otros cuidados conjuran por el momento el peligro. Al atardecer del 8 de
julio, bajan a la enferma a la enfermería de la planta baja.
Pronto vuelven las hemoptisis. El Dr. de Cornière no espera ya la curación.
El 29 de julio, se agrava de tal manera, que al día siguiente administran la
Unción de los enfermos a la moribunda: se piensa que no pasará de la
noche.
A comienzos de mes, Teresa ha tenido que abandonar la redacción de su
manuscrito. Su tarea ha terminado. Y comienza la de la madre Inés de
Jesús. A la cabecera de su hijita, el futuro «historiador» (CA 29.7.7)
pregunta y recibe explicaciones. Recuerdos de la infancia que evoca la
enferma, comentarios espontáneos sobre su experiencia religiosa,
reacciones ante los sufrimientos del cuerpo y del alma. Teresa, en su
espontaneidad, es veraz. Su «caminito» deberá transmitirse al mayor
número posible de almas. Julio es el mes de las intuiciones proféticas
sobre su misión póstuma.
Trece cartas y billetes fueron redactados (a lápiz) por Teresa a lo largo de
este mes (Cta 249 a 261).
1 Juana María Primois, fallecida el 1 de julio a los 43 años.
2 El Dr. de Cornière.
3 La palma puede verse en la foto VTL nº 46, y se encontró intacta a la
hora de exhumarla el 6/9/1910.
4 [Teresa dice: «bien guetté». N. del T.], expresión normanda por «bien
gardé».
5 Ver la nota 6 del mes de junio.
6 Cf Ms A 80rº/vº; y 25.7.7.
7 Cf Ms A 70rº y LC 151; para sus otras quince cartas a Teresa, véase CG
p. 1438.
8 Sobre la alegría de Teresa enferma, cf 19.5; 6.7.3; 9.7.1; 13.7.7; 10.8.3;
20.8.4; 5.9.3; 6.9.2; Cta 255; UC p. 620-621, 656.
9 El abate Youf.
10 Cf 27.8.6; Cta 229 y 253; UC p. 664.
11 Sobre todos esos retrasos, cf Ms A 68rº, 72rº y 73vº.
12 Tornera del Carmelo.
13 Cf Im II, 9, Reflexiones.
14 La estatua que Teresa, siendo niña y estando gravemente enferma, vio
que le sonreía el 13 de mayo de 1883, cf Ms A 30rº.
15 Ofrenda del 9 de junio de 1895; cf Ms A 84rº y Or 6; vuelve a evocarse
en 29.7.9; 8.8.2; y el 30.9.
16 Cf Ms A 52rº.
17 Traducción de la Vulgata.
18 Cf 13.7.7; 11.8.6; 15.8.7.
19 La enfermedad del señor Martin.
20 En octubre de 1886; cf Ms A 43rº.
21 Teresa escribe «toin» en vez de «coin» [rincón].
22 «Papá decía esto algunas veces, era una frase conocida», anotó la
madre Inés. Sobre la nariz de ésta, cf Cta 219.
23 Cf 15.6.2; sobre la delgadez de la enferma, 14.7.10; 20.9.2; 24.9.3.
24 Cf Ms A 59vº.
25 Cf Ms C 27rº. [En el original, Teresa hace un juego de palabras
intraducible al español, incurriendo en un barbarismo francés: «agoniser»
= agonizar, y «agoniser», que, usado como barbarismo en lugar de
«agonir», significa colmar, cubrir de injurias. N. del T.]
26 Cf Cta 260.
27 Teresa escribe «éjouir» en vez de «réjuir» [gozarte].
28 El abate Bellière (cf 30.7.4; 12.8.2; 4.9.4; 21.9.3) y el P. Roulland (cf
1.5.2; 30.7.4; 4.9.4).
29 Cf Ms C 32rº/vº.
30 El canónigo Maupas.
31 «De la astucia», precisa en otra parte la madre Inés.
31ª Teresa juega con las palabras «dattes» (= dátiles) y «dates» (=
fechas), que se pronuncian lo mismo.
32 Cf Or 12. Y sobre los pronósticos acerca de la fecha de su muerte, cf
15.7.1; 31.7.1; 25.8.1; 2.9.1; 23.9.2.
33 Su autobiografía.
34. Reproducción de un cuadro pintado por Celina (1894); cf 10.7.10.
35 Cf 3.7.4 y 20.8.6.
36 Era costumbre en el Carmelo tocar la campana a las 3 de la tarde, en
recuerdo de la muerte de Cristo. Al oírla, todas las religiosas besaban su
crucifijo.
37 Una hemoptisis.
38 Cf el texto original en PN 54,16.
39 Cf SANTA TERESA DE JESÚS, M6, 5.
40 Una ermita en la huerta del Carmelo.
41 Cf TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, cap. 32. [En realidad,
cap. 31. N. del T.]
42 Cf 13.7.12; 15.7.5; Cta 185.
43 Cf Ms A 11vº.
44 Cf Ms A 70rº; Ms C 36vº; y 20.7.3; así como Prières. pp. 62 y 66.
45 En realidad, de Las hojas muertas de L. Abadie.
46 Esto le sucedió bajo el priorato de la madre Inés (1893-1896).
47 María Guérin.
48 Alusión a las letanías de la Santísima Virgen.
49 Cf PS 8.
50 Vino tonificante.
51 Cf Cta 144,rºtv y 149, párr. 2.
52 Cf Cta 258; CA 27.7.14.
53 Teresa escribe «pis» en vez de «puis».
54 Cf Cta 253, de esta misma fecha; véase también Ms A 71rº y 84vº; Ms
C 31rº; Cta 201; Or 6; CA 16.7.2; 18.7.1; etc. Ya hemos indicado en otra
parte el fundamento sanjuanista de esta afirmación.
55 Es decir, los tres días que precedían al miércoles de Ceniza, que en
1891 cayeron en los días 8-11 de febrero.
56 En realidad, en la primavera de 1893; cf CG p. 1172.
57 Cf nota 5 del mes de abril.
58 Cf 18.8.7.
59 Cf PN 24,32.
60 Cf 8.7.6.
61 Una hemoptisis.
62 El abate Troude.
63 Cf Ms A 35rº.
64 Cf Ms A 82rº.
65 Abate Bourbonne.
66 Siguen tres líneas raspadas ilegibles.
67 Cf Cta 254, párr. 2.
68 Cf 11.7.6.
69 Cf Cta 106 y 163.
70 Sobre esta exigencia de veracidad en Teresa, cf por ejemplo 9.5.1;
4.8.3; 5.8.4; 3.9.1; 30.9.
71 Asociaciones piadosas.
72 En junio de 1888; cf Ms A 73rº.
73 Su maestra de novicias.
74 La misma cita en Cta 65.
75 El 8 de septiembre de 1890; cf Ms A 76vº.
76 «A ti, Señor, me acojo».
77 Cf Cta 147; fruta preferida de Teresa.
78 Cf también 20.8.18.
79 Sobre este amor al sufrimiento, cf Ms A 36rº y 69vº; Ms C 7rº, 10vº; Cta
253, 254, 258; PN 10,8; 54,16; PN 50,5; CA 23.7.4; 31.7.13; 24.9.1; 25.9.2;
30.9; etc.
80 Estatua del claustro que Teresa adornó durante toda su vida religiosa;
cf Ms A 72vº.
81 Se presentan los pies para besar; cf 2.8.5; 19.8.3.
82 Cf Or 13, descripción del documento.
83 «Respóndeme».
84 Cf RP 5,9; Ms A 85vº; PN 5,9 y 10; 25,7; CA 27.7.10.
85 El jueves 10 de enero de 1889; cf Ms A 72rº.
26 de julio
26.7.1
Esta noche he soñado que estaba con papá en un bazar, y veía allí unas
preciosas pelotitas blancas que me hacían ilusión para clavar en ellas mis
alfileres; pero finalmente me dije a mí misma que en el Carmelo las hacían
parecidas y pedí una musiquilla.
26.7.2
Me dijo que alrededor del 8 de diciembre de 1892 se había encargado de
sor Marta; que en 1893 había ayudado en el noviciado a la madre María de
Gonzaga; y que en la última elección, la de 1896, se había visto encargada
totalmente, por así decirlo, de las novicias <86>.
26.7.3
... La virtud brilla naturalmente; en cuanto desaparece, lo noto enseguida.
27 de julio
27.7.1
No quería que me olvidase de las gotas de un medicamento que me
habían prescrito.
... Tienes que fortalecerte. Esta noche 30 gotas, no lo olvides.
27.7.2
¿No te cansamos?
No, porque sois gente muy amable.
27.7.3
Nos contó, riéndose, que había soñado que la llevaban al «calefactorio»
<87> entre dos candeleros para el santo de Nuestro Padre <88>.
27.7.4
La comunidad estaba en la colada.
... Hacia la una de la tarde, pensé: ¡Qué cansadas estarán en la colada! Y
pedí a Dios que os aliviase a todas y que el trabajo se hiciera con paz y
caridad. Y al verme tan enferma, me alegré de poder sufrir como vosotras.
27.7.5
Por la noche me recordó las palabras de san Juan de la Cruz:
«Rompe la tela de este dulce encuentro» <89. Yo siempre he aplicado
estas palabras a la muerte de amor que deseo para mí. El amor no gastará
la tela de mi vida: la romperá de repente.
¡Y con qué deseos y con qué alegría me he repetido, desde los mismos
comienzos de la mi vida religiosa, estas otras palabras de N.P. san Juan
de la Cruz: «Es gran negocio para el alma ejercitar en esta vida los actos
de amor, porque consumándose en breve, no se detenga mucho acá o allá
sin ver a Dios»! <90>.
Al repetir estas últimas palabras, levantó el dedo y adoptó una expresión
celestial.
27.7.6
A propósito de las dificultades que yo preveía para la publicación de su
vida:
... Pues bien, yo digo como Juana de Arco: «... Y se cumplirá la voluntad
de Dios, a pesar de la envidia de los hombres» <91>.
27.7.7
_ ¡Ya pronto no volveré a ver tu rostro tan querido! ¡Tan sólo veré ya tu
alma!
¡Que es mucho más hermosa!
27.7.8
_ ¡Pensar que vamos a perderte!
_ ¡Pero si no me perderéis...! ¡Qué poco agudas sois...!
27.7.9
A sor Genoveva, que lloraba:
¡Se ve bien que es eso lo que le cuelga de la punta de la nariz (la muerte)!
¡Miradla ahí, sobrecogida de miedo!
27.7.10
Tras ofrecer un racimo de uvas al Niño Jesús:
Le he ofrecido ese racimo para ver si le dan ganas de cogerme, porque
creo que yo soy de esa clase...
El pellejo no era duro y estaba muy dorado. Saboreando un grano:
Sí, yo soy de esa clase...
27.7.11
La Madrecita es mi teléfono. No tengo más que aguzar el oído cuando
llega, y me entero de todo.
27.7.12
... No soy egoísta, es a Dios a quien amo, no a mí misma.
27.7.13
... Si escucho a mi natural, prefiero morir; pero sólo me alegro de la muerte
porque ésa es la voluntad de Dios para mí.
27.7.14
Nunca he pedido a Dios morir joven; por eso estoy convencida de que en
estos momentos él sólo está cumpliendo su voluntad <93>.
27.7.15
Se ahogaba <94>, y yo le manifestaba mi compasión y mi tristeza.
¡Vamos, no sufras! Si me ahogo, Dios me dará fuerzas. ¡Lo amo! El nunca
me abandonará.
27.7.16
Me contó que había llevado durante mucho tiempo una crucecita de hierro
y que a causa de ello había caído enferma. Me dijo que Dios no quería que
ni ella ni nosotras nos entregásemos a grandes mortificaciones, y que
aquello se lo había demostrado <95>.
27.7.17
A propósito de las fricciones prescritas por el médico:
¡Eso de ser «almohazada» es peor que cualquier otra cosa! <96>
27.7.18
... Desde el 9 de junio he estado segura de que moriría pronto <97>.
29 de julio
29.7.1
¡...Quisiera irme!
_ ¿Adónde?
¡Allá arriba, al cielo azul <98>!
29.7.2
Una hermana le había referido este comentario que habían hecho en la
recreación: «¿Por qué se habla de sor Teresa del Niño Jesús como de una
santa? Es cierto que ha practicado la virtud, pero no ha sido una virtud
adquirida en las humillaciones y, sobre todo, en los sufrimientos». Ella me
dijo después:
... ¡Y yo, que he sufrido tanto desde mi más tierna infancia! <99> ¡Pero
cuánto bien me hacer saber la opinión de las criaturas en el momento de la
muerte!
29.7.3
Pensábamos darle gusto llevándole cierto objeto <100>, pero sucedió todo lo
contrario. Se mostró disgustada, sospechando que habíamos dejado a
alguien sin el objeto en cuestión; pero se arrepintió enseguida y pidió
perdón con lágrimas en los ojos.
¡Os pido perdón, he actuado por un impulso natural, rezad por mí!
Y un poco más tarde:
¡Qué feliz me siento de verme imperfecta y con tanta necesidad de la
misericordia de Dios en el momento de la muerte!
29.7.4
Expectoró sangre por la mañana y a las tres de la tarde.
29.7.5
Le expresábamos nuestro temor de que muriese durante la noche.
No moriré durante la noche, creedme; he deseado no morir durante la
noche.
29.7.6
... Dos días después de la entrada de sor María de la Trinidad <101>, me
curaron la garganta... Dios permitió que las novicias me agotaran. Sor
María de la Eucaristía me dijo que me sucedía lo que a los predicadores.
29.7.7
... Para ser mi historiador, habrá que entrenarte.
29.7.8
¡Pues bien, el «bebé» se va a morir! La verdad es que desde hace tres
días estoy sufriendo mucho. Esta noche estoy como en el purgatorio.
29.7.9
Con mucha frecuencia, siempre que puedo, repito mi ofrenda al Amor <102>.
29.7.10
Le confiaba una turbación interior.
... Fuiste tú quien sembró en mi alma la semilla de la confianza, ¿ya no te
acuerdas?
29.7.11
La sostenía mientras le arreglaban las almohadas.
Tengo apoyada la cabeza sobre el corazón de mi Madrecita <103>.
29.7.12
No había pedido cierto alivio, y creíamos que era por virtud; pero ella no
había pensado en mortificarse en eso. Como admiráramos su acto:
¡Estoy cansada de la tierra! Se hacen elogios cuando no se merecen, y
reproches cuando tampoco se merecen. ¡Así es...! ¡Así es...!
29.7.13
Lo que de momento constituye nuestra humillación constituye luego
nuestra gloria, incluso en esta vida.
29.7.14
No tengo capacidad para gozar, siempre he sido así; pero la tengo muy
grande para sufrir. Antes, cuando me apretaba el sufrimiento, tenía apetito
en el refectorio, pero cuando estaba alegre me ocurría todo lo contrario:
imposible comer.
30 de julio
30.7.1
El cuerpo ha sido siempre un engorro para mí, no me he encontrado a
gusto dentro de él... Incluso de pequeñita, me avergonzaba de él.
30.7.2
Por haberle prestado un pequeño servicio:
¡Gracias, mamá! <104>.
30.7.3
No hubiera querido ni recoger del suelo un alfiler por evitar el purgatorio.
Todo lo que he hecho ha sido por agradar a Dios y para salvarle almas.
30.7.4
Mirando la fotografía de los PP. Bellière y Roulland:
¡Yo soy más elegante que ellos!
30.7.5
Le prometían rescatarle algunos chinitos.
¡No son chinos lo que quiero, son negros <105>!
30.7.6
Me resulta amargo cuando no me miras.
30.7.7
Las moscas la molestaban mucho, pero no quería matarlas.
Siempre las perdono. Y eso que son las únicas que me han dado la lata
durante mi enfermedad. No tengo más enemigos que ellas, y como Dios
nos ha mandado perdonar a los enemigos, me alegro de tener esta
pequeña ocasión de hacerlo.
30.7.8
Es muy duro sufrir tanto; eso debe impedirte pensar en nada, ¿verdad?
Pues no, todavía puedo decirle a Dios que lo amo, y creo que con eso
basta.
30.7.9
Señalándome un vaso que contenía una medicina muy desagradable bajo
el aspecto de un delicioso licor de grosellas:
Ese vasito es la imagen de mi vida. Ayer sor Teresa de San Agustín me
decía: «¡Espero que estés bebiendo exquisitos licores!». Y yo le contesté:
«¡Ay, sor Teresa de San Agustín, todo lo que bebo es de lo más
desagradable!».
Pues bien, Madrecita, esto es lo que han visto los ojos de las criaturas.
Siempre les ha parecido que yo estaba bebiendo licores exquisitos, y era
amargura. Digo amargura, pero no, porque mi vida no ha sido amarga, ya
que he sabido convertir todas las amarguras en gozo y dulzura.
30.7.10
Si quieres dar un recuerdo mío al Sr. de Cornière, hazle una estampa con
estas palabras: «Todo lo que hicisteis al más pequeño de los míos, a mí
me lo hicisteis».
30.7.11
Le habían dado un abanico, que había llegado del Carmelo de Saigón, y lo
usaba para espantar las moscas <106>. Como hacía mucho calor, se volvió
hacia las estampas prendidas con alfileres en la cortina de la cama y se
puso a abanicarlas con el abanico, y luego a nosotras.
Abanico a los santos, en vez de abanicarme a mí; y os abanico a vosotras
para aliviaros y porque también vosotras sois santas.
30.7.12
El Sr. de Cornière había dicho que le diésemos 5 ó 6 cucharadas de agua
de Tisserand. Ella le pidió a sor Genoveva que no le diese más que 5, y
luego, volviéndose hacia mí:
Siempre lo menos posible, ¿verdad, mamá?
3.7.13
No digáis al Sr. Ducellier <107> que no me quedan más que unos días;
todavía no estoy tan débil como para morir, y además, mientras se vive, se
encuentra una muy azarada <108>.
30.7.14
(Las 4). Después que salió una hermana me sonrió. Yo le dije: Descansa
ahora, cierra los ojos.
... No, ¡me gusta tanto mirarte!
30.7.15
Yo quería coger una mosca que la estaba molestando.
¿Qué le vas a hacer?
Voy a matarla.
No, no, por favor.
30.7.16
¿Quieres prepararme para la extremaunción?
Mirándome con una sonrisa:
¡No pienso en nada!
Pídele a Dios que la reciba todo lo bien que se puede recibir.
30.7.17
Me contó lo que le había dicho Nuestro Padre antes de la ceremonia:
«... Vas a quedar como un niñito que acaba de recibir el bautismo». Y no
me habló más que de amor. ¡Cómo me emocioné!
30.7.18
Después de la extremaunción nos enseñaba sus manos con respeto.
Yo solía recoger los trocitos de piel de sus labios resecos; pero ese día me
dijo:
Hoy voy a tragar esos pellejitos, porque he recibido la extremaunción y el
santo viático.
Era por la tarde. Apenas había hecho una breve acción de gracias, cuando
varias hermanas vinieron a hablar con ella. Por la noche me dijo:
¡Cómo me molestó que vinieran después de la comunión! Me miraban
como a un bicho raro... Pero para no irritarme, yo pensaba en Nuestro
Señor, que se retiraba a la soledad sin poder evitar que lo siguiera allí la
gente, y él no la despedía. Yo he querido imitarle recibiendo bien a las
hermanas.
31 de julio
31.7.1
Seguíamos pensando en un día de fiesta para su muerte, como el 6 de
agosto (la Transfiguración) o el 15 (la Asunción).
No habléis de una fecha, ¡siempre será un día de fiesta!
31.7.2
Después de contarnos la fábula de La Fontaine (*) «El molinero y sus tres
hijos»:
¡Tengo las botas, pero todavía no tengo el saco! Esto quiere decir que no
estoy para morir.
(Es el cuento del «Gato con botas», no una fábula de La Fontaine.)
31.7.3
Habían bajado su jergón para exponerla después de su muerte. Ella lo vio
cuando abrían la puerta de la celda contigua a la enfermería, y exclamó
alegremente:
¡Mira, mi jergón! Va a estar bien preparado para colocar en él mi cadáver.
... ¡Mi naricita ha tenido siempre suerte!
31.7.4
¿Cómo hará el bebé para morir? ¿Y de qué moriré?
31.7.5
... Sí, robaré... Desaparecerán muchas cosas del cielo, que yo os traeré...
Seré una ladronzuela, cogeré todo lo que me plazca...
31.7.6
Mirando la estatua de la Santísima Virgen y señalándole con el dedo su
platito <109>:
Cuando vino eso esta noche (un gran vómito de sangre), ¡creí que me ibas
a llevar!
31.7.7
Nos habíamos quedado dormidas mientras la velábamos.
... ¡Pedro, Santiago y Juan!
31.7.8
... Os aseguro que, si la Santísima Virgen no interviene, tengo para largo.
31.7.9
Amablemente:
No conversemos, basta con mirarnos unas a otras de hurtadillas <110>.
31.7.10
El Ladrón vendrá
y me llevará.
¡aleluya!
31.7.11
Discutíamos sobre los pocos días que le quedaban de vida.
Al fin y al cabo, es la enferma quien lo sabe mejor. Y me parece que tengo
todavía para mucho tiempo.
31.7.12
He pensado que tendré que ser muy buenecita y esperar al Ladrón muy
apuesta
31.7.13
He encontrado la felicidad y la alegría aquí en la tierra, pero únicamente en
el sufrimiento, pues sufrido mucho aquí abajo. Habrá que hacerlo saber a
las almas...
Desde mi primera comunión, cuando pedí a Jesús que me cambiara en
amargura todas las alegrías de la tierra <111>, he tenido un deseo continuo
de sufrir. Pero no pensaba cifrar en ello mi alegría; ésta es una gracia que
no se me concedió hasta más tarde. Hasta entonces, no era más que una
centella cubierta por la ceniza, o como las flores de un árbol destinadas a
convertirse en fruto a su tiempo. Pero al ver caerse mis flores sin cesar, es
decir, al abandonarme al llanto cada vez que sufría, me decía a mí misma
extrañada y con tristeza: ¡Esto no pasará nunca de simples deseos!
31.7.14
Esta noche, cuando me dijiste que el Sr. de Cornière creía que tenía
todavía para un mes o incluso más, no me lo podía creer: ¡había una
diferencia tan grande con lo de ayer, cuando decía que había que
sacramentarme ese mismo día! Pero esto me ha dejado sumida en una
profunda calma. ¡Qué me importa seguir viviendo aún mucho tiempo en la
tierra! Aunque sufra mucho, y cada día más, no tengo miedo: Dios me dará
fuerzas y no me abandonará.
31.7.15
Si vives todavía mucho tiempo, nadie entenderá nada.
¡Y eso qué importa! ¡Que todo el mundo me desprecie, enhorabuena! Es lo
que siempre he deseado <112>. ¡Lo habré conseguido al final de mi vida!
31.7.16
... Ahora que Dios ha hecho lo que quería, que los ha engañado a todos...,
vendrá como un ladrón a la hora en que nadie lo espera. Esto es lo que
pienso.
NOTAS
86 Acerca de estas fechas, cf Ms C 20rº, 3vº, 22rº.
87 Sala de recreación [en la que en invierno se encendía una estufa de
leña. N. del T.]
88 El canónigo Maupas.
89 Ll canción 1.
90 Ibid., 1, 6, 34; cf Cta 245; Or 12 (y Prières, p. 121s); Or 16; y 31.8.
91 Palabras que Teresa pone en boca de Juana de Arco en RP 3,9rº.
92 [Teresa escribe, abreviando, «point fines»], en lugar de «Vous n'êtes
point fines».
93 Cf 13.7.13; 27.7.13; Ms C 8vº; Cta 253 y 258.
94 Sobre la angustia de la asfixia, cf 20.8.10; 21.8.2; 25.8.9; 26.8.5; 29.9.5;
30.9.
95 Cf 3.8.5. Sobre la cruz de hierro (otoño de 1896), cf CG p. 1189.
96 Cf Cta 208 y CG p. 1189, +d.
97 Cf 15.6.1.
98 Poesía aprendida en su infancia; cf Ms A 11rº.
99 Cf 30.7.9; 31.7.13; Cta 253.
100 Podría tratarse de una caja de música.
101 Sor María de la Trinidad había entrado en el Carmelo el 16 de junio de
1894.
102 Cf Or 6.
103 Cf 10.9.2.
104 Cf Ms A 13 rº y 80vº; Cta 76, 106, 110, 252; CA 30.7.12; 18.8.3;
23.8.7; 23.8.10; 4.9.4; 28.9.1.
105 Cf 21/26.5.3.
106 Cf 20.8.10.
107 Este sacerdote había escuchado la primera confesión de Teresa; cf
Ms A 16vº.
108 [Teresa usa la expresión «capot» ], «Familiarmente: confuso,
impedido, azarado» (Littré).
109 Platito en el suelo que servía de escupidera a Teresa.
110 [Teresa usa la expresión «s'entre-guigner»]. «Gigner: entrecerrar los
ojos mirando por el rabillo del ojo» (Littré).
111 Cf Ms A 36vº, en que cita a Im III, 36, 3.
112 Al igual que san Juan de la Cruz; cf Ms A 73vº; Cta 81 y 188.