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ÚLTIMAS CONVERSACIONES
EL «CUADERNO AMARILLO» DE LA MADRE INÉS
6 de abril de 1897
7 de abril
18 de abril
1 de mayo
7 de mayo
9 de mayo
15 de mayo
18 de mayo
19 de mayo
20 de mayo
Del 21 al 26 de mayo
Del 21 al 26 de mayo <*>
26 de mayo
27 de mayo
29 de mayo
30 de mayo
4 de junio
5 de junio
6 de junio
7 de junio
8 de junio
9 de junio
10 de junio
11 de junio
12 de junio
13 de junio
14 de junio
15 de junio
19 de junio
20 de junio
22 de junio
23 de junio
25 de junio
26 de junio
27 de junio
29 de junio
30 de junio
2 de julio
3 de julio
4 de julio
5 de julio
6 de julio
7 de julio
8 de julio
9 de julio
10 de julio
11 de julio
12 de julio
13 de julio
14 de julio
15 de julio
16 de julio
17 de julio
18 de julio
19 de julio
20 de julio
21 de julio
22 de julio
23 de julio
24 de julio
25 de julio
26 de julio
27 de julio
29 de julio
30 de julio
31 de julio
1 de agosto
2 de agosto
3 de agosto
4 de agosto
5 de agosto
6 de agosto
7 de agosto
8 de agosto
9 de agosto
10 de agosto
11 de agosto
12 de agosto
13 de agosto
14 de agosto
15 de agosto
16 de agosto
17 de agosto
18 de agosto
19 de agosto
20 de agosto
21 de agosto
22 de agosto
23 de agosto
24 de agosto
25 de agosto
26 de agosto
27 de agosto
28 de agosto
29 de agosto
30 de agosto
31 de agosto
2 de septiembre
3 de septiembre
4 de septiembre
5 de septiembre
6 de septiembre
7 de septiembre
8 de septiembre
9 de septiembre
10 de septiembre
11 de septiembre
12 de septiembre
13 de septiembre
14 de septiembre
15 de septiembre
16 de septiembre
17 de septiembre
18 de septiembre
19 de septiembre
20 de septiembre
21 de septiembre
22 de septiembre
23 de septiembre
24 de septiembre
25 de septiembre
26 de septiembre
27 de septiembre
28 de septiembre
29 de septiembre
30 de septiembre
ÚLTIMOS DICHOS DE TERESA A CELINA
Julio _ Septiembre de 1897
12 de julio
Julio
21 de julio
24 de julio
3 de agosto
4 de agosto
5 de agosto
8 de agosto
Agosto
16 de agosto
20 de agosto
21 de agosto
22 de agosto
24 de agosto
31 de agosto
3 de septiembre
5 de septiembre
11 de septiembre
16 de septiembre
19 de septiembre
21 de septiembre
23 de septiembre
25 de septiembre
Septiembre
27 de septiembre
30 de septiembre
Últimos dichos de nuestra querida Teresita. 30 de septiembre de 1897
Por la noche
ÚLTIMAS PALABRAS DE SOR TERESA DEL NIÑO JESÚS
RECOGIDAS POR SOR MARÍA DEL SAGRADO
8 de julio
9 de julio
12 de julio
13 de julio
16 de julio
25 de julio
28 de julio
29 de julio
1 de agosto
10 de agosto
11 de agosto
15 de agosto
20 de agosto
27 de agosto
1 de septiembre
8 de septiembre
17 de septiembre
21 de septiembre
25 de septiembre
30 de septiembre
OTROS DICHOS DE TERESA A LA MADRE INÉS DE JESÚS
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Septiembre
SOR GENOVEVA
Junio
Julio
SOR MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN
Mayo
Julio
SOR MARÍA DE LA EUCARISTÍA
11 de julio
18 de julio
Julio
2 de agosto
11 de septiembre
SOR MARÍA DE LA TRINIDAD
Abril
Mayo
Junio
Julio-agosto
Agosto
Septiembre
SOR TERESA DE SAN AGUSTÍN
Junio
SOR MARÍA DE LOS ÁNGELES
SOR AMADA DE JESÚS
ANÓNIMO
SISTEMA DE REFERENCIAS
Cada uno de los dichos de una misma jornada irá numerado con 1. 2.
etc. antes del texto de cada dicho. En el caso de un solo dicho en una
jornada, no se pondrá esta numeración. Ejemplos (para el Cuaderno
amarillo):
CA 12.7.3 indica el tercer dicho del 12 de julio;
CA 10.6 indica el único dicho del 10 de junio.
EL «CUADERNO AMARILLO» DE LA MADRE INÉS
Dichos recogidos durante los últimos meses de nuestra santa Teresita
Sor Inés de Jesús
c.d.i.
6 de abril de 1897
6.4.1
Cuando no se nos comprende o se nos juzga desfavorablemente, ¿a qué
defendernos o dar explicaciones? Dejémoslo pasar, no digamos nada, ¡es
tan bueno no decir nada, dejarse juzgar, digan lo que digan...! En el
Evangelio no vemos que santa María Magdalena haya dado explicaciones
cuando su hermana la acusaba de estarse a los pies de Jesús sin hacer
nada. No dijo: «¡Si supieras, Marta, lo feliz que soy, si escucharas las
palabras que yo escucho! Además, es Jesús quien me ha dicho que me
esté aquí». No, prefirió callarse. ¡Venturoso silencio, que da al alma tanta
paz<1>!
6.4.2
«Que la espada del espíritu, que es la palabra de Dios, esté siempre en
nuestra boca y en nuestros corazones». Cuando nos encontremos con un
alma poco agraciada, o nos desanimemos, no la abandonemos nunca.
Tengamos siempre en la boca «la espada del espíritu» para reprenderle
sus faltas, no dejemos pasar las cosas por conservar nuestra paz,
luchemos siempre, aun sin esperanzas de ganar la batalla. ¿Qué importa
el triunfo? Lo que Dios nos pide es que no nos detengamos por las fatigas
de la lucha, que no nos desanimemos diciendo: «¡Peor para ella! No se
puede conseguir nada, hay que dejarla por imposible». No, eso es
cobardía, hay que cumplir con el deber hasta el final<2>.
6,4,3*
¡Qué importante es no hacer juicios sobre nada aquí en la tierra! Mirad lo
que me sucedió, hace algunos meses<3>, en la recreación. Fue una
nadería, pero me enseñó mucho:
Sonaron dos golpes de campana, y, como la depositaria<4> estaba
ausente, sor Teresa de San Agustín necesitaba de una tercera<5>.
Ordinariamente resulta enojoso hacer de tercera, pero en esa ocasión más
bien me atraía porque había que abrir la puerta para recibir unas ramas de
árbol para el belén.
Sor María de San José estaba a mi lado, e intuí que compartía mi deseo
infantil. «¿Quién me va a servir de tercera?», dijo sor Teresa de San
Agustín. Inmediatamente me puse a desatarme el delantal, pero
lentamente con el fin de que sor María de San José estuviese lista antes
que yo para cubrir la plaza, como ocurrió. Entonces sor Teresa de San
Agustín dijo, riéndose y mirándome a mí: «Seguro que va a ser sor María
de San José quien añadirá esta perla a su corona. ¡Vuestra Caridad<6> iba
demasiado lentamente!». Yo sólo contesté con una sonrisa y volví a mi
trabajo, pensando en mi interior: «¡Qué diferentes, Dios mío, son tus juicios
a los de los hombres! Por eso nosotros nos equivocamos muchas veces
en la tierra, tomando por imperfección en nuestras hermanas lo que es
mérito ante tus ojos».
7 de abril
7.4
Le preguntaba de qué manera moriría yo, haciéndole ver mis aprensiones.
Me contestó, con una sonrisa llena de ternura:
«Dios te absorberá como a una gotita de rocío...»<7>.
18 de abril
18.4.1
Acababa de confiarme ciertas humillaciones muy penosas que le habían
infligido algunas hermanas.
Dios me proporciona así todos los medios para permanecer muy pequeña;
pero eso es lo que hace falta. Yo estoy siempre contenta. Me las arreglo,
aun en medio de la tempestad, para mantenerme en una gran paz interior.
Si me hablan de disensiones entre las hermanas, yo procuro no excitarme
a mi vez contra ésta o contra aquélla. Necesito, por ejemplo, sin dejar de
escuchar, mirar por la ventana y gozar interiormente de la vista del cielo,
de los árboles... Hace poco, durante mi conflicto con sor X, yo miraba con
gran placer cómo retozaban las hermosas picazas en el prado, y me sentía
tan en paz como en la oración... He discutido mucho con..., estoy muy
cansada pero no temo la guerra. Es voluntad de Dios que luche hasta la
muerte. ¡Madrecita, reza por mí!
18.4.2
Cuando rezo por ti, no digo el Padrenuestro o el Avemaría; digo
simplemente, en un arranque del corazón: «Dios mío, colma a mi
Madrecita de toda clase de bienes, ámala aún más si puedes».
18.4.3
Era yo todavía muy pequeña cuando nuestra tía ame dio a leer un cuento
que me extrañó mucho. Pues en el se alababa a una directora de
internado porque sabía salir airosamente de cualquier apuro, sin herir a
nadie. Me fijé sobre todo en esta frase: «A ésta le decía: tú no tienes la
culpa; a aquélla: tienes razón!». Yo pensaba para mí: eso no está bien.
Aquella directora no debería haber tenido miedo de nada y tendría que
haber dicho a las niñas que habían actuado mal, cuando era así.
Hoy no he cambiado de opinión. Me cuesta mucho actuar así, lo confieso,
pues siempre lo más fácil es echar la culpa a los ausentes, y eso aplaca
enseguida a la que se lamenta. Sí, pero...<8> yo hago todo lo contrario. Si
no me quieren, ¡peor para ellas! Yo digo siempre toda la verdad; si no
quieren saberla, que no vengan a buscarme.
18.4.4.
No hay que dejar que la bondad degenere en debilidad. Cuando se ha
reprendido a alguien justamente, hay que mantenerse firmes, sin dejarse
ablandar hasta el punto de acongojarse por haber causado dolor, por ver
sufrir y llorar. Correr tras la afligida para consolarla es hacerle más daño
que provecho. Dejarla consigo misma es obligarla a recurrir a Dios para
reconocer sus faltas y humillarse<9>. De otra manera, se acostumbraría a
recibir consuelo después de una reprimenda merecida y, en las mismas
circunstancias, actuaría siempre como una niña mimada que grita y
patalea hasta que su madre viene a enjugarle las lágrimas.
NOTAS
Abril
Los ocho dichos fechados en abril de 1897 son expresión principalmente
de la experiencia adquirida por Teresa en la formación de las novicias.
Estas palabras tienen una gran semejanza con las de los «Consejos y
Recuerdos» publicados en la Historia de un alma.
Las escasas cartas de la familia (UC pp. 604-606) dan fe de una reiterada
aplicación de vegigatorios, que no logran cortar la tos. Hacia finales de
mes, se registran varias hemoptisis por la mañana. El estado general es
muy precario.
1 Cf Ms C 36rº y RP 4.
2 Idéntico sentido del deber en Ms C 23vº; CA 18.4.1 y 18.4.4.
3 En diciembre de 1896; cf Ms C 13rº.
4 La hermana ecónoma, que entonces lo era la madre Inés de Jesús.
5 Religiosa que acompañaba a la procuradora cuando ésta hacía entrar
obreros en clausura. Teresa fue «tercera de la procuradora» (13.7.18) en
junio-julio de 1893 (CG p. 728+g).
6 Fórmula de trato que, hasta hace poco tiempo, era habitual entre las
carmelitas, en vez del tú o del usted. La conservamos porque, a nuestro
entender, es la que mejor traduce el sentido de la frase [N. del T.].
7 Cf Cta 141,2vº. La madre Inés morirá el 28 de julio de 1951 al cabo de
varios días de coma.
8 Cf Cta 204, n. 2.
9 La misma línea de conducta en Ms C 24rº.
1 de mayo
1.5.1
No es «la muerte» quien vendrá a buscarme, será Dios. La muerte no es
un fantasma ni un espectro horrible, como se la representa en las
estampas. En el catecismo se dice que la «la muerte es la separación del
alma y el cuerpo», ¡no es más que eso<1>!
1.5.2
Hoy he tenido el corazón totalmente inundado de paz celestial. ¡Había
rezado tanto ayer noche a la Santísima Virgen, pensando que su hermoso
mes iba a comenzar!
Tú no estabas esta noche en la recreación. Nuestra Madre nos dijo que
uno de los misioneros<2> que se embarcaron con el P. Roulland<3> había
muerto antes de llegar a la misión. Este joven misionero había comulgado
en el navío con las hostias del Carmelo que le dimos al P. Roulland... Y
ahora ha muerto sin haber hecho ningún apostolado, sin haberse tomado
ninguna molestia, por ejemplo la de aprender el chino. Dios le ha
concedido el martirio de deseo; ya ves cómo El no necesita de nadie.
Yo no sabía entonces que la madre María de Gonzaga le había dado por
segundo hermano espiritual al P. Roulland. Lo que acabo de referir se lo
había escrito a ella el P. R., pero como nuestra Madre le había prohibido
decírmelo, sólo me habló de lo que había oído en la recreación...
Para ella constituyó un gran sacrificio este silencio, de cerca de dos años,
sobre sus relaciones con dicho misionero<4>...
Nuestra Madre le había pedido que pintase para él una estampa en
pergamino. Como yo era su primera de oficio en la pintura, hubiera podido
aprovechar la ocasión para pedirme consejo y así hacerme adivinar todo el
asunto. Pero, muy al contrario, se ocultaba de mí lo mejor que podía y
venía a buscar a hurtadillas _lo supe más tarde_ el bruñidor para sacar
brillo al oro, que yo guardaba en mi mesa. Luego lo devolvía cuando yo no
estaba.
Sólo tres meses antes de su muerte le dijo nuestra Madre, por propia
iniciativa, que me hablase libremente sobre ese tema y sobre cualquier
otro.
7 de mayo
7.5.1
7 de la mañana
Hoy es día de licencia<5>. Mientras me vestía, he cantado «Mi alegría»<6>
7.5.2
Nuestra familia no permanecerá mucho tiempo en la tierra... Cuando yo
esté en el cielo, os llamaré muy pronto... ¡Y qué felices seremos! Todas
nosotras hemos nacido coronadas...
7.5.3.
¡Toso! ¡Toso! Hago como la locomotora de un tren cuando llega a la
estación. Yo también estoy llegando a una estación: a la estación del cielo,
¡y lo anuncio!
9 de mayo
9.5.1
Podemos decir muy bien, sin vanagloria, que hemos recibido gracias y
luces muy especiales. Vivimos en la verdad; vemos las cosas bajo su
verdadera luz.
9.5.2
A propósito de esos sentimientos que una a veces no puede evitar,
cuando, después de haber prestado un servicio, no se recibe ninguna
muestra de gratitud.
Te aseguro que también yo experimento ese sentimiento de que me
hablas. Pero no me dejo nunca atrapar por él, pues no espero ninguna
recompensa aquí en la tierra: lo hago todo por Dios; y de esta manera,
nada puedo perder y siempre me doy por bien pagada del trabajo que me
tomo por servir al prójimo.
9.5.3
Si, por un imposible, ni el mismo Dios viese mis buenas acciones, no me
afligiría por ello lo más mínimo. Le amo tanto, que quisiera darle gusto sin
ni que él mismo supiese que soy yo<7>. Al verlo y al saberlo, está como
obligado a «pagármelo», y yo no quisiera causarle esa molestia...
15 de mayo
15.5.1
Me siento muy contenta de irme pronto al cielo. Pero cuando pienso en
aquellas palabras del Señor: «Traigo conmigo mi salario, para pagar a
cada uno según sus obras», me digo a mí misma que en mi caso Dios va a
verse en un gran apuro: ¡Yo no tengo obras! Así que no podrá pagarme
«según mis obras»... Pues bien, me pagará «según sus propias obras...»
15.5.2
Me he formado una idea tan alta del cielo, que a veces me pregunto cómo
se las arreglará Dios, después de mi muerte, para sorprenderme. Mi
esperanza es tan grande y es para mí motivo de tanta alegría _no por el
sentimiento, sino por la fe_, que necesitaré algo por encima de todo
pensamiento para saciarme plenamente. Preferiría vivir en eterna
esperanza a sentirme decepcionada.
En fin, pienso ya desde ahora que, si no me siento suficientemente
sorprendida, aparentaré estarlo por complacer a Dios. No habrá peligro
alguno de que le haga ver mi decepción; sabré ingeniármelas para que él
no se dé cuenta. Por lo demás, me las arreglaré siempre para ser feliz.
Para lograrlo, tengo mis pequeños trucos, que tú ya conoces y que son
infalibles... Además, con sólo ver feliz Dios bastará para que yo me sienta
plenamente feliz.
15.5.3
Le había hablado de ciertos ejercicios de devoción y de perfección
aconsejados por los santos y que a mí me desanimaban.
Yo ya no encuentro nada en los libros, a no ser en el Evangelio<8>. Este
libro me basta. Escucho con verdadera delicia estas palabras de Jesús
que me dicen todo lo que tengo que hacer: «Aprended de mí, que soy
mando y humilde de corazón»; y encuentro la paz, según su promesa: «...
y encontraréis descanso para vuestras almas».
Esta última frase me la dijo levantando los ojos con una expresión
celestial. Añadió la palabra «pequeñas» a la frase de Nuestro Señor, lo
cual le dio todavía más encanto:
«... y encontraréis descanso para vuestras pequeñas almas...»
15.5.4
Le habían dado un hábito nuevo (el que aún se conserva). Se lo había
puesto por primera vez en Navidad de 1896. Este hábito, el segundo
después de su toma de hábito, le caía muy mal. Le pregunté si eso la
disgustaba:
¡Ni pizca! No más que si fuese el de un chino, allá a 2.000 leguas de
nosotras.
15.5.5
Echo a mis pajaritos, a derecha y a izquierda, los granos buenos que Dios
pone en mi manita. Y luego, ¡que sea lo que Dios quiera! No vuelvo a
ocuparme más de ello. Unas veces, es como si no hubiera echado nada;
otras, ayuda. Pero Dios me dice: «Da, da siempre, sin preocuparte del
resultado».
15.5.6
Me encantaría ir a Hanoi <10> para sufrir mucho por Dios. Quisiera ir allá
para estar completamente sola, para no tener consuelo alguno en la tierra.
En cuanto a la idea de ser útil allí, ni siquiera se me pasa por el
pensamiento, estoy completamente segura de que no haría absolutamente
nada.
15.5.7
En realidad, me da igual vivir que morir. No entiendo bien qué podré tener
después de la muerte que no tenga ya en esta vida. Veré a Dios, es cierto,
pero en cuanto a estar con él, ya lo estoy completamente en la tierra <11>.
18 de mayo
18.5.1
Me han liberado de todos los oficios. Y pensé que mi muerte no causaría el
menor trastorno a la comunidad.
¿Te apena el pasar por un miembro inútil ante las hermanas?
No, ésa es la menor de mis preocupaciones, ¡me da exactamente igual!
18.5.2
Al verla tan enferma, había hecho todo lo posible para conseguir que
nuestra Madre la dispensase de rezar los oficios de difuntos.
Por favor, no me impidas rezar mis «pequeños» oficios de difuntos. Es lo
único que puedo ya hacer por las hermanas que están en el purgatorio, y
eso no me cansa lo más mínimo. A veces, al final del silencio <13>, tengo un
momentito libre, y eso más bien me relaja.
18.5.3
Necesito tener siempre algo que hacer; de esa manera, no estoy
preocupada ni pierdo nunca el tiempo.
18.5.4
Había pedido a Dios poder seguir los actos de comunidad hasta mi muerte.
¡Pero él no quiere! Estoy segura de que podría muy bien asistir a todos los
oficios divinos, no moriría por ello ni un minuto antes. A veces pienso que,
si no hubiera dicho nada, no me creerían enferma.
19 de mayo
19.5.
¿Por qué estás hoy tan alegre?
Porque esta mañana he tenido dos «pequeñas» penas. ¡Muy agudas, sí...!
Nada como las «pequeñas» penas me produce «pequeñas» alegrías...
20 de mayo
20.5.1
Me dicen que tendré miedo a la muerte. Puede ser. No hay nadie aquí que
desconfíe más que yo de sus sentimientos. Yo nunca me apoyo en mi
parecer; sé muy bien cuán débil soy. Pero quiero disfrutar del sentimiento
que Dios me da ahora. Siempre habrá tiempo de sufrir por lo contrario <14>.
20.5.2
Le estaba enseñando su fotografía:
Sí, pero... eso es el sobre. ¿Cuándo se podrá ver la carta? ¡Cuánto me
gustaría ver la carta <15>...
Del 21 al 26 de mayo
21/26.5.1
Teófano Vénard <16> me gusta todavía más que san Luis Gonzaga, porque
la vida de san Luis Gonzaga es extraordinaria, y la suya totalmente
ordinaria. Además, es él quien habla, mientras que en caso del santo es
otro el que escribe y el que le hace hablar; ¡y entonces, no se sabe casi
nada de su «pequeña» alma!
Teófano Vénard quería mucho a su familia, y yo también quiero mucho a
mi «pequeña» familia. No entiendo a los santos que no quieren a su
familia... ¡Sí, a mi pequeña familia de aquí, yo la quiero mucho! Quiero
mucho, mucho a mi Madrecita.
21/26.5.2
Voy a morir pronto, pero ¿cuándo? Sí, ¿cuándo...? ¡Nunca acaba de
llegar! Soy como un niñito al que se le está prometiendo siempre un pastel:
se lo enseñan desde lejos, y luego, cuando él se acerca para cogerlo,
retiran la mano... Pero, en el fondo, estoy totalmente resignada a vivir, a
morir, a recobrar la salud o a ir a Cochinchina, si Dios así lo quiere.
21/26.5.3
Después de mi muerte, no hace falta que me rodeéis de coronas, como a
la madre Genoveva <18>. A las personas que quieran traerlas, podréis
decirles que prefiero que empleen ese dinero en rescatar a algunos
negritos. Eso sí que me gustaría.
21/26.5.4
Hace algún tiempo, sentía mucho tomar remedios caros; pero al presente
no me preocupa lo más mínimo, al contrario. Es así desde que leí en la
vida de santa Gertrudis que ella se alegraba en su interior, diciéndose que
todo redundaría en provecho de los que nos hacen el bien. Y se apoyaba
ene estas palabras de Nuestro Señor: "¡Todo lo que hicisteis con uno de
mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis!".
21/26.5.5
Estoy convencida de la inutilidad de los remedios que tomo para curarme;
pero me las he arreglado con Dios para que haga que se aprovechen de
ellos los pobres misioneros enfermos que no tienen ni tiempo ni medios
para curarse. Le pido que los cure a ellos, en vez de a mí, por medio de los
medicamentos y del reposo que a mí me obligan a tomar.
21/26.5.6
Me ha repetido tantas veces que soy valiente, y esto responde tan poco a
la verdad, que me he dicho a mí misma: ¡Qué se va a hacer, no hay que
dejar por mentiroso a todo el mundo! Y me he puesto, con la ayuda de la
gracia, a trabajar por adquirir esa valentía. He hecho como el guerrero,
que, al oírse felicitar por su bravura, sabiendo muy bien que no es más que
un cobarde, acaba por sentir vergüenza de los elogios y quiere merecerlos.
21/26.5.7
Cuando esté en el cielo, ¡cuántas gracias pediré para ti! Sí, importunaré
tanto a Dios, que si al principio quisiera negarse a lo que le pido, mi
insistencia lo obligará a satisfacer mis deseos. Esta historia está en el
Evangelio.
21/26.5.8
...Si los santos me demuestran menos cariño que mis hermanitas, será
muy duro para mí..., y me iré a llorar en un rinconcito...
21/26.5.9
Los santos inocentes no serán niñitos en el cielo; sólo tendrán los
encantos indefinibles de la infancia <19>. Se los representa como "niños"
porque nosotros tenemos necesidad de imágenes para comprender las
cosas del espíritu.
...Sí, yo espero unirme a ellos. Si quieren, seré su pajecito y llevaré la cola
de sus trajes...
21/26.5.10
Si no tuviese esta prueba del alma <20>, que no se puede comprender,
estoy segura que moriría de alegría al pensar que pronto dejaré la tierra.
Del 21 al 26 de mayo<*>
21/26.5.11*
Esta noche estaba un poco triste, preguntándome si Dios estaría
realmente contento de mí. Pensaba en que cada una de las hermanas
diría de mí, si se lo preguntasen. Una diría: «Es un alma buena, puede
llegar a ser santa». Otra: «Es muy amable, muy piadosa, pero esto..., y lo
de más allá...». Y otras tendrían también otros pareceres; muchas me
juzgarían muy imperfecta, lo cual es verdad... Mi Madrecita me quiere
tanto, que el amor la ciega, así que no puedo creerla. ¿Y quién me dirá lo
que piensa Dios? Estaba en estos pensamientos cuando me llegó tu
billetito. Me decías que todo en mí te gustaba, que Dios me amaba de
manera muy especial, que él no me había hecho subir como a las demás
la áspera escalera de la perfección sino que me había puesto en un
ascensor para que llegase antes a Él <21>. Todo eso me emocionaba, pero
el pensamiento de que tu amor te hacía ver lo que en realidad no existía
me impedía gozar en plenitud. Entonces tomé en mis manos el Evangelio,
pidiendo a Dios que me consolase, que él mismo me respondiera... Y he
aquí que mis ojos se posaron en este pasaje que nunca me había llamado
la atención: «El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no le
comunicó su Espíritu con medida». Entonces derramé lágrimas de alegría,
y esta mañana, al despertarme, me encontraba todavía inundada de gozo.
Eres tú, Madrecita querida, la que Dios me ha enviado, eres tú quien me
educó, eres tú quien me ha traído al Carmelo; todas las grandes gracias de
mi vida las he recibido a través de ti. Por eso, tú dices las mismas cosas
que Dios, y ahora creo que Dios está muy contento de mí, ya que tú me lo
dices.
(*) Ya no recuerdo la fecha exacta.
26 de mayo
_ Víspera de la Ascensión. _
Esta mañana, durante la procesión <22>, estaba y en la ermita de san José
y miraba de lejos por la ventana a la comunidad en la huerta. Era
fantástica esa procesión de religiosas con capas blancas; me hacía pensar
en el cortejo de las vírgenes en el cielo. Al doblar el paseo de los castaños,
os veía a todas medio tapadas por las altas hierbas y por los capullos
dorados del prado. Era cada vez más delicioso.
Y de pronto, entre esas religiosas veo a una, de las más elegantes, que
mira hacia mí y se inclina sonriendo para hacerme una seña de que me
había visto. ¡Era mi Madrecita! Inmediatamente me acordé de mi sueño: la
sonrisa y las caricias de la madre Ana de Jesús <23>, y sentí que me
invadía la misma impresión de dulzura que entonces. Y pensé: ¡De modo
que los santos me conocen, me aman, me sonríen desde lo alto y me
invitan a reunirme con ellos!
Entonces se me saltaron las lágrimas... Hace muchos años que no había
llorado tanto. ¡Y qué dulces eran esas lágrimas!
27 de mayo
27.5.1
_ Ascensión _
Yo quiero un «circular» <24>, porque siempre he pensado que deberé
corresponder al oficio de difuntos que cada carmelita dirá por mí. No
comprendo muy bien cómo hay quienes no quieren circular; es tan
hermoso conocerse, saber un poco con quiénes vamos a vivir
eternamente.
27.5.2
No tengo absolutamente ningún miedo a los últimos combates, ni a los
sufrimientos de la enfermedad, por grandes que sean. Dios me ha
socorrido siempre, me ha ayudado y me ha llevado de la mano desde mi
más tierna infancia..., cuento con él. Estoy segura de que continuará
ayudándome hasta el fin. Tal vez llegue a no poder más, pero nunca
tendré demasiado, de esto estoy segura.
27.5.3
No sé cuándo moriré, pero creo que será pronto. Tengo muchas razones
para esperarlo así.
27.5.4
No deseo más morir que vivir. Es decir: si tuviese que escoger, preferiría
morir; pero como es Dios quien escoge por mí, prefiero lo que quiera él.
Me gusta siempre lo que él hace <25>.
27.5.5
Que no piensen que, si me curo, eso me va a desconcertar o desbaratar
mis humildes planes. ¡En absoluto! La edad no es nada a los ojos de Dios,
y yo me las arreglaré para seguir siendo una niña aunque viva mucho
tiempo <26>.
27.5.6
Siempre miro el lado bueno de las cosas. Hay quienes se lo toman todo de
la manera que más les hace sufrir. A mí me ocurre todo lo contrario.
Cuando no tengo más que el sufrimiento puro, cuando el cielo se vuelve
tan negro que no veo ni un solo claro entre las nubes, pues bien, hago de
ello mi alegría... ¡Me pavoneo <27>! Como en las humillaciones de papá <28>,
que hacen que me sienta más gloriosa que una reina.
27.5.7
¿Te has fijado, en la lectura del refectorio, en esa carta dirigida a la madre
de san Luis Gonzaga, en la que se dice de él que no habría podido
aprender más ni ser más santo aunque hubiera llegado a la edad de Noé
<29>?
27.5.8
A propósito de su muerte.
Soy como una persona que, al tener un billete de lotería, tiene más
posibilidades de que le toque que otra que no lo tiene. Sin embargo,
tampoco ella está segura de conseguir un premio. A fin de cuentas, yo
tengo un billete, que es mi enfermedad, y puedo abrigar esperanzas.
27.5.9
Me acuerdo de una vecinita de los Buissonnets, de 3 años de edad, que, al
oír que las otras niñas la llamaban, decía a su madre: "¡Mamá, me
necesitan allí!, déjame ir, por favor..., ¡"me necesitan allí...!
Pues bien, me parece que hoy los angelitos me llaman, y yo te digo como
aquella niñita: «¡Déjame partir, me necesitan allí!».
No los oigo, pero los siento.
27.5.10
Cuando hacia el mes de noviembre <30> se había proyectado mi partida
para Tonkín, ¿te acuerdas que comenzamos una novena a Teófano
Vénard para obtener una señal de la voluntad de Dios? En aquel entonces
y volvía a asistir a todos los actos de comunidad, incluso a Maitines. Pues
bien, justo durante la novena comencé de nuevo a toser, y desde entonces
sólo voy de mal en peor. Es él quien me llama. Me gustaría mucho tener
su retrato. Es un alma que me encanta. San Luis Gonzaga estaba serio
incluso en la recreación, pero Teófano Vénard estaba siempre alegre.
Por aquellos días estábamos leyendo en el refectorio la vida de san Luis
Gonzaga.
29 de mayo
29.5
Botones de fuego por segunda vez. Por la noche yo estaba triste, y abrí el
Evangelio delante de ella para consolarme. Mis ojos se posaron sobre
estas palabras, que le leí: «Ha resucitado, no está aquí, mirad el sitio
donde lo pusieron».
¡Sí, así es! En efecto, yo ya no soy, como en mi infancia, accesible a
cualquier sufrimiento. Estoy como resucitada, no estoy ya en el sitio en que
me creen... ¡Pero no te aflijas por mí! He llegado a no poder ya sufrir,
porque cualquier sufrimiento me resulta agradable.
30 de mayo
30.5.1
Ese día, se le dio permiso para que me contara su vómito de sangre del
Viernes Santo de 1896. Como le manifesté mi gran pesar por no haber
sido avisada enseguida, me consoló lo mejor que pudo y por la noche me
envió este billete:
«No sufras, Madrecita querida, porque parezca que tu hijita te ha ocultado
algo, pues tú sabes muy bien que si te ha ocultado una esquinita del sobre,
nunca te ha ocultado ni una sola línea de la carta. ¿Pues quién conoce
mejor que tú esta cartita que tanto amas? A las demás se les puede
enseñar el sobre por todos sus lados, pues no pueden ver más que eso,
¡¡¡pero a ti...!!! Tú sabes ya, Madrecita, que fue el día de Viernes Santo
cuando Jesús comenzó a rasgar un poco el sobre de TU cartita. ¿No te
alegra que él se disponga a leer esta carta que tú estás escribiendo desde
hace 24 años? ¡Si supieras qué bien sabrá ella decirle tu amor durante
toda la eternidad!» <31>.
30.5.2
¡Tal vez sufras mucho antes de morir...!
No te aflijas por eso, ¡lo deseo tanto!
30.5.3
¡No sé cómo haré en el cielo para vivir sin ti!
NOTAS
Mayo
La correspondencia de mayo 1907 no dice nada acerca del estado físico
de Teresa. Los parcos datos del Cuaderno amarillo indican que la tos
persiste, agotadora, sobre todo por la noche. A los vegigatorios se añaden
las sesiones de botones de fuego. La resistencia de la enferma se va
debilitando. A partir de la segunda quincena, Teresa se ve obligada a
renunciar progresivamente a la vida comunitaria.
Sin embargo, aún no se ha perdido toda esperanza de curación. En medio
de esta incertidumbre, el abandono de la santa muestra su verdadera
dimensión: es ésta una de las notas dominantes de este mes de mayo. La
poesía Una hoja deshojada (PN 51) es una prueba patética de ello.
En este mes Teresa escribe ocho cartas o billetes (Cta 225 a 232) y cinco
poesías (PN 50; PN 51 a 54), coronadas por su testamento mariano: Por
qué te amo, María.
1 La madre Inés transcribe una frase análoga en una carta del 16 de julio
(UC p. 636); cf 11.9.4.
2 El P. Mazel; cf Cta 226, n. 3.
3 Sobre este segundo hermano espiritual de Teresa, cf Ms C 33rº.
4 En realidad un año.
5 Día de recreación extraordinaria; las hermanas podían conversar
libremente entre ellas, y cantar en su celda en ciertos momentos de la
jornada; cf Ms A 20vº; Ms C 19rº y 28rº; Cta 225.
6 PN 45.
7 Pensamiento análogo al de san Juan de la Cruz a sor Magdalena del
Espíritu Santo; cf CRISÓGONO DE JESÚS SACRAMENTADO, Vida de
san Juan de la Cruz, 11ª ed. Madrid, BAC, 1982, p. 193. [SAN JUAN DE
LA CRUZ, Obras Completas 4ª ed., Burgos, Monte Carmelo, 1983, p. 108.
N. del T.]
8 Cf Ms A 83vº; Ms C 36vº; y BT.
9 Las novicias.
10 Al Carmelo, fundado por el de Saigón en 1895; cf Ms A 84vº; Ms C 9rº;
Cta 221; PN 47,6.
11 Cf Cta 56, n. 2.
12 Oficio que se rezaba en privado a la muerte de cada carmelita (durante
la vida religiosa de Teresa murieron cerca de quinientas en Francia). Cf
27.5.1; 6.8.4.
13 Tiempo libre durante el «silencio riguroso», desde las 12 del mediodía a
la 1 de la tarde en verano y de 8 a 9 de la noche durante todo el año; cf UC
p. 725.
14 Cf 9.7.6.
15 Cf 30.5.1.