Parte c
7.7.5
En fin, tengo la impresión de que estoy realmente muy enferma. No
olvidaré nunca la escena de esta mañana mientras expectoraba sangre: el
Sr. de Cornière parecía consternado.
7.7.6
Ya ves, Dios me trata tan dulcemente en atención a ti. Nada de
vejigatorios, sólo remedios suaves. Sufro, pero no como para gritar.
Tras un momento, con aire travieso:
Sin embargo, Dios nos ha mandado pruebas como para «gritar»..., y, no
obstante, no hemos «gritado»...
(Aludía a nuestra gran tribulación familiar <19>.9
En cuanto a los «remedios suaves», no siempre lo fueron, y sus
sufrimientos llegaron a ser terribles.
7.7.7
Soy como un pobre «lobito gris» que tiene muchas ganas de volver a su
selva y que se le obliga a vivir en las casas.
(En los Buissonnets, nuestro padre la llamaba algunas veces «mi lobito
gris»).
7.7.8
Acabo de ver sobre el muro un gorrioncillo que esperaba pacientemente,
lanzando de vez en cuando un gritito de llamada, a que su padre viniera a
buscarlo para darle de comer. Y he pensado que yo me parecía a él.
7.7.9
Le decía que me gustaban mucho los cumplidos.
Me acordaré en el cielo...
8 de julio
8.7.1
Se encontraba tan enferma, que se hablaba ya de administrarle la
extremaunción. Aquel día, la bajaron de su celda a la enfermería. Ya no
podía sostenerse y tuvieron que llevarla. Estando todavía en su celda, y
viendo que se pensaba en darla la extremaunción, dijo con un tono de
gozosa sorpresa:
¡Me parece estar soñando...! En fin, no están locos... (El Sr. abate Youf y
el Sr. de Cornière.)
Sólo tengo miedo de una cosa; de que esto vaya a cambiar.
8.7.2
Quiso examinarse conmigo de los pecados que hubiese podido cometer
con los sentidos, para acusarse de ellos antes de recibir la extremaunción.
Estábamos en el olfato, y me dijo:
Recuerdo que en mi último viaje de Alençon a Lisieux <20>, me serví de un
frasco de agua de Colonia que la Sra. Tifenne (*) me había regalado, y lo
hice sintiendo placer.
(*) (Una amiga de la familia.)
8.7.3
Queríamos hablarle todas a la vez.
¡Mucha gente tiene algo que decir!
8.7.4
Estaba rebosante de alegría y se esforzaba por comunicárnosla.
Si cuando esté en el cielo no puedo volver a la tierra para haceros algunas
«bromitas», me iré a llorar a un «rincón» <21>.
8.7.5
A mí:
Tienes larga la nariz, más tarde tendrás buen olfato <22>...
8.7.6
Mirando sus manos enflaquecidas:
Esto se está convirtiendo ya en un esqueleto, y «me pace» <23>.
8.7.7
¿Sabes?, pronto seré una «moribunda».
... Y eso me produce la impresión de que fuera una cucaña: he dado más
de un resbalón, pero luego, de pronto, ¡ya estoy arriba!
8.7.8
Prefiero ser reducida a polvo a conservarme incorrupta como santa
Catalina de Bolonia <24>. No conozco más que a san Crispín que haya
salido con honor del sepulcro.
El cuerpo de este santo se encuentra admirablemente conservado en su
convento de los franciscanos de Roma.
8.7.9
Hablando consigo misma:
¿"No hay más que hacer que estarse ahí agonizando..."? Pero a fin de
cuentas, ¡qué importa! Ya alguna vez me he visto cubierta de injurias por
tonterías <25>.
8.7.10
Con expresión seria y dulce a la vez, ya no me acuerdo por qué razón pero
sé que había sido incomprendida:
La Santísima Virgen hizo muy guardándolo todo en su "pequeño"
corazón... No se me puede reprochar a mí que quiera actuar como ella...
8.7.11
Los angelitos se han divertido mucho gastándome pequeñas bromas. Se
han dedicado a esconderme la luz que me señalaba mi cercano final.
¿Han escondido también a la Santísima Virgen?
No, la Santísima Virgen nunca estará escondida para mía, pues la quiero
demasiado.
8.7.12
Tengo grandes de recibir la extremaunción; si luego se ríen de mí, ¡lo
siento!
(Si recobraba la salud, pues sabía que algunas hermanas no la creían en
peligro de muerte.)
8.7.13
Seguro que lloraré al ver a Dios... Pero no, en el cielo no se puede llorar...
O sí, ya él mismo ha dicho: «Enjugaré las lágrimas de vuestros ojos».
8.7.14
Te ofrezco los pequeños frutos de mi alegría tal como Dios me los da <26>.
En el cielo alcanzaré muchas gracias para todos los que me han ayudado.
Para la Madrecita, todo. Aunque no todo te sirva, habrá mucho para
divertirte <27>.
8.7.15
¡Si supieras lo bondadoso que va a ser Dios conmigo! Pero si es un
poquito menos bondadoso, a mí me seguirá pareciendo bondadoso... Si
voy al purgatorio, me sentiré muy contenta, haré como los tres hebreos en
el horno: me pasearé por entre las llamas cantando el cántico del amor.
¡Qué feliz me sentiría si, yendo al purgatorio, pudiese librar a otras almas y
sufrir en su lugar, pues entonces haría el bien, libertaría a los cautivos!
8.7.16
Me previno de que, más tarde, un gran número de jóvenes sacerdotes, al
saber que ella había sido dada por hermana espiritual a dos misioneros
<28>, nos pedirían ese mismo favor. Y me advirtió que esto podría constituir
un gran peligro.
Cualquiera podría escribir lo que yo escribo, y recibiría los mismos
cumplidos y la misma confianza. Nosotras sólo podemos ser útiles a la
Iglesia con la oración y el sacrificio. La correspondencia epistolar debe ser
muy muy rara, y no se debe permitir en absoluto a ciertas religiosas que
vivirían pendientes de ella, creerían hacer maravillas, y en realidad no
harían más que perjudicar a su alma y tal vez caer en los lazos sutiles del
demonio <29>.
Insistiendo aún más en ello:
Madre mía, lo que acabo de decirte es muy importante, te pido por favor
que no lo olvides más tarde. En e Carmelo, no se ha de acuñar moneda
falsa para comprar almas... Y con frecuencia las bellas palabras que se
escriben y las bellas palabras que se reciben son moneda falsa.
8.7.17
Para hacernos reír:
Quisiera que me pusiesen en una cajita de Gennin, y no en el ataúd.
Jugaba con la palabra «ataúd». Habían enviado al Carmelo unas preciosas
flores artificiales en cajas de madera, alargadas y muy bien
acondicionadas, de la Casa Gennin de París.
8.7.18
... Trae mucho bien consigo el sufrimiento. Nos lleva a ser observantes y
caritativas.
9 de julio
9.7.1
No quería caras tristes a su alrededor, y tampoco en casa de mi tío.
Quiero que en La Musse estén todos «de boda». Yo lo estoy
espiritualmente todo el día.
No es una boda muy alegre, que digamos.
Pues a mí me parece muy alegre.
9.7.2
Sor Genoveva me va a necesitar... Pero volveré.
9.7.3
Tras la visita de Nuestro Padre <30>, le comenté que no las había ingeniado
para conseguir que le administraran los últimos sacramentos, que cuando
tenía visitas no daba la impresión de estar muy enferma.
¡No conozco el oficio <31>!
9.7.4
.¡...Quisiera irme ya...!
9.7.5
Seguramente morirás el 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen,
o el 6 de agosto, fiesta de la Santa Faz <32>.
Come todos los «dátiles» <31a> que quieras, yo no quiero ya comerlos... Ya
me he engañado demasiado con las fechas.
9.7.6
... ¿Por qué iba a estar yo más a cubierto que cualquier otra de tener
miedo a la muerte? Yo no digo, como san Pedro: «Yo nunca te negaré».
9.7.7
Hablábamos de la santa pobreza:
¡Santa Pobreza! ¡Qué curioso, una santa que no irá al cielo!
9.7.8
Yo había estado triste:
Mi amor debería consolarte.
Y a las que estaban presentes:
Ya me pondré de acuerdo con mi Madrecita.
Por la noche, a mí sola:
Vamos, yo no me engaño, sé muy bien que todo lo que haces por mí lo
haces por amor...
9.7.9
Habían cogido un ratón en la enfermería. Ella nos inventó toda una
historieta, pidiéndonos que le trajésemos el ratón herido, que ella lo
acostaría a su lado y lo haría auscultar por el médico. Nos reímos de
buena gana, y estaba contenta de habernos distraído.
10 de julio
10.7.1
... Los niñitos no se condenan.
10.7.2
Lo que has escrito <32> podría muy bien llegar un día hasta el Santo Padre.
Riéndose:
Et nunc et semper!
10.7.3
Señalándome con gesto infantil la estampa de la Santísima Virgen
amamantando a Niño Jesús <34>:
¡Esa leche sí que es buena! Habrá que decírselo al Sr. de Cornière <35>.
10.7.4
Era sábado, y a medianoche noche había expectorado sangre.
El Ladrón ha convertido en ladrona a su mamá... Y entonces ella vino a
medianoche para obligar al Ladrón a descubrirse... O a lo mejor vino ella
sola, si el Ladrón no quiso venir.
10.7.5
No me prolongarán la vida ni un minuto más de lo que quiera el Ladrón.
10.7.6
A mí sola:
Te preocupas demasiado por cosas que no valen la pena.
10.7.7
Sonriendo:
... Cuando has hecho algo así, es todavía peor que temas demasiado las
consecuencias...
10.7.8
Eres como un pajarillo miedoso que nunca ha vivido entre la gente,
siempre tienes miedo a que te atrapen. Yo nunca he tenido miedo a nadie;
he ido siempre adonde he querido... Yo me habría deslizado entre sus
piernas...
10.7.9
Tenía el crucifijo entre las manos, y después de besarlo a las 3 de la tarde
<36>, hizo ademán de querer quitarle la corona y los clavos.
10.7.10
Volviendo sobre el percance de la noche anterior <37>, dijo con gran salero,
mirando a la estampa de la Virgen Madre que estaba prendida en la
cortina al fondo de su lecho:
La Santísima Virgen no es ladrona de nacimiento... pero desde que tuvo a
su Hijo él le enseñó el oficio...
10.7.11
Hablábamos de la muerte y de las contracciones que en ese momento se
producen con frecuencia en el rostro. Ella replicó:
Si me ocurre a mí eso, no os entristezcáis, pues inmediatamente después
no tendré más que sonrisas.
Sor Genoveva estaba mirando la tapa de una caja_regalo de bautismo, y
dijo que la linda cabecita que veía en ella le podría servir de modelo para
una cabeza de ángel. Nuestra Teresita mostró deseos de verla, pero a
nadie se le ocurrió enseñársela, y ella no dijo nada. Yo lo supe más tarde.
10.7.12
¿Qué pensaré al mirar la ventana de tu celda cuando hayas dejado la
tierra? Se me partirá el corazón.
Pensarás que soy muy feliz, que allí yo he luchado y sufrido mucho... Me
habría gustado morir en ella.
10.7.13
(Durante Maitines)
Le viene a la mente que no está gravemente en enferma, que el doctor se
equivoca acerca de su estado de salud. Me confía sus temores y añade:
Si mi alma no estuviese de antemano totalmente dominada por el
abandono a la voluntad de Dios, si tuviese que dejarse inundar por los
sentimientos de alegría o de tristeza que se suceden tan rápidamente unos
a otros en la tierra, sería una oleada de dolor muy amarga y no podría
soportarla. Pero estas alteraciones sólo llegan a rozar la superficie de mi
alma... ¡Sin embargo, son pruebas muy duras!
10.7.14
... Creo que no es la Santísima Virgen la que me hace esas jugarretas...
Más bien, se ve obligada a ello por Dios... Él le dice que me pruebe para
que yo le dé más pruebas de abandono y de amor.
10.7.15
A mí sola:
... Tú estás siempre ahí para consolarme... Tú llenas mis últimos días de
ternura.
11 de julio
11.7.1
Recita toda esta estrofa:
«Puesto que el Rey del cielo
quiso ver a su Madre
sometida a la noche,
sometida a la angustia
del corazón,
¿será, acaso, merced
sufrir aquí en la tierra»<38>?
etc..........................
¿Así que ya no ves a la «Ladrona»?
¡Sí, sí que la veo! ¡Tú no lo entiendes! Ella es muy libre de no robarme...
«Miro a la derecha..., y nadie me conoce» ...Sólo Dios puede
comprenderme.
11.7.2
Durante Maitines.
Me habló de sus oraciones de antaño, por la noche durante el silencio del
verano, y me dijo que entonces había sabido por experiencia los que es un
«vuelo del espíritu» <39>. Me habló también de otra gracia de este género
que recibió en la gruta de santa María Magdalena <40>, en el mes de julio
de 1889, gracia a la que siguieron varios días de «quietud» <41>.
... Era como si me hubiesen corrido un velo sobre todas las cosas de la
tierra... Estaba totalmente escondida bajo el mando de la Santísima
Virgen. En esos días yo estaba encargada del refectorio, y recuerdo que
hacía las cosas como si no las hiciese, era como si me hubiesen prestado
un cuerpo. Estuve así durante toda una semana.
11.7.3
Le hablaba yo del manuscrito de su vida y del bien que iba a hacer a las
almas.
...¡Pero qué bien se verá que todo viene de Dios! Y lo que a mí me quepa
de gloria, será un don gratuito que no me pertenecerá. Todos lo
entenderán así...
11.7.4
Me habló de la comunión de los santos, y me explicó cómo los bienes de
los unos serán los bienes de los otros <42>.
... Como una madre está orgullosa de sus hijos, así lo estaremos nosotros
unos de otros, sin la menor envidia.
11.7.4
¡Ay, qué poco he vivido! Siempre me ha parecido muy corta la vida. Me
parece que fueron ayer los días de mi niñez <43>.
11.7.6
Podría creerse que si tengo una confianza tan grande en Dios es porque
no he pecado <44>. Madre mía, di muy claro que, aunque hubiera cometido
todos los crímenes posibles, seguiría teniendo la misma confianza; sé que
toda esa multitud de ofensas sería como una gota de agua arrojada en una
hoguera encendida. Y luego cuenta la historia de la pecadora convertida
que murió de amor. Las almas comprenderán enseguida, pues es un
ejemplo palpable de lo que quiero decir. Pero estas cosas no pueden
explicarse (*).
(*) En las Novissima Verba se completa de esta manera:
Este es el dato que me dictó textualmente:
«Se cuenta en la vida de los Padres del desierto que uno de ellos convirtió
a una pecadora pública cuyos desórdenes escandalizaban a toda la
comarca. Esta pecadora, tocada por la gracia, seguía al santo al desierto
para hacer allí una rigurosa penitencia, cuando, la primera noche del viaje,
antes incluso de haber llegado al lugar de su retiro, sus lazos mortales se
rompieron por la impetuosidad de su arrepentimiento lleno de amor, y en
aquel mismo instante el solitario vio cómo su alma era llevada por los
ángeles al seno de Dios. Este es un ejemplo palpable de lo que quiero
decir, pero estas cosas no pueden explicarse...». [Cf UC, II, Anexos, p.
145. El texto completo de la "historia" puede verse en SANTA TERESA
DEL NIÑO JESUS Manuscritos autobiográficos, Burgos, Monte Carmelo,
1958, Apéndice V, pp. 394_396. N. del T.]
11.7.7
Durante la charla de la noche, me repitió estos versos de «La joven
tuberculosa», según creo <45>. Y lo hizo con una expresión tan dulce...
... Mis días están contados,
la tierra voy a dejar,
voy a deciros adiós
sin esperanza posible
de volver.
Tú que me amaste y que fuiste
mi buen ángel tutelar,
deja caer sobre mí
dulces miradas de amor.
Y cuando veas que caen,
que caen ya las hojas muertas,
si me amaste,
reza por mí al Señor.
11.7.8
... Una gran paz en mi alma... Mi barquilla ha sido puesta a flote. Sé que no
me repondré, pero estoy resignada a seguir enferma varios meses, todo el
tiempo que Dios quiera.
11.7.9
¡Cómo te ha favorecido Dios! ¿Qué piensas de esa predilección?
Pienso que «el Espíritu de Dios sopla conde quiere».
12 de julio
12.7.1
Me contó que en una ocasión había tenido que librar un duro combate
interior a propósito de una lamparilla que tenía que preparar para la familia
de la madre María de Gonzaga que acababa de llegar de improviso a
dormir en la casa de las hermanas torneras. La lucha fue tan violenta, y le
venían tales pensamientos contra la autoridad <46>, que para no sucumbir
hubo de implorar insistentemente la ayuda de Dios. Al mismo tiempo, se
aplicaba lo mejor que podía a lo que le habían encomendado. Era durante
el silencio nocturno. Ella era la portera, y sor San Rafael su primera de
oficio.
Para vencerme, pensé que estaba preparando la lamparilla para la
Santísima Virgen y el Niño Jesús. Entonces, lo hice con increíble esmero,
no dejando ni una sola mota de polvo, y poco a poco fui sintiendo un gran
sosiego y una gran calma interior. Tocaron a Maitines y no pude ir
enseguida, pero me sentía en una tal disposición interior, había recibido
una gracia tan grande, que si la hermana San Rafael, por ejemplo, hubiese
venido a decirme que me había equivocado de lámpara y que había que
preparar otra, la habría obedecido con la mayor alegría. A partir de aquel
día, hice el propósito de no pararme nunca más a pensar si lo que me
mandaban me parecía útil o no.
12.7.2
Sor María de la Eucaristía <47> decía que yo era admirable...
...¡Madre admirable! No, mejor Madre amable <48>, pues el amor vale más
que la admiración.
12.7.3
A la madre María de Gonzaga:
Nada me para entre las manos. Todo lo que tengo y todo lo que gano es
para la Iglesia y para las almas. Aun cuando llegue a vivir 80 años, seguiré
siendo así de pobre.
13 de julio
13.7.1
Veo que tendré que, cuando esté en el cielo, tendré que vigilar la fruta;
pero no tenéis que matar a los pajarillos, de lo contrario no recibiréis
limosnas.
Y blandiendo graciosamente los brazos hacia la estampa del Niño Jesús:
¡Sí, sí...!
13.7.2
Dios tendrá que satisfacer todos mis caprichos en el cielo, porque yo no he
hecho nunca mi voluntad aquí en la tierra.
13.7.3
Nos mirarás desde lo alto del cielo, ¿no?
No, ¡bajaré!
13.7.4
Durante la noche había compuesto para la comunión <49> la copla «Tú que
conoces», etc. (*).
A propósito de eso me dijo:
Es curioso, la he compuesto con gran facilidad. Creía que ya no podría
hacer versos.
(*) El Proceso Ordinario completa así:
Durante la noche del 12, compuso esta copla para prepararse para la
comunión:
Tú que conoces mi infinita nada
y no vacilas en bajarte a mí,
ven a mi corazón, ¡oh blanca hostia!,
ven a mi corazón que aspira a ti.
De tu bondad, Señor, yo solicito
morir de amor tras tanta dignación.
Oye, Jesús, de mi ternura el grito.
¡Ven a mi corazón!
13.7.5
Yo no digo: «Si es duro vivir en el Carmelo, es dulce vivir en él», sino: «Si
es dulce vivir en el Carmelo, más dulce aún es morir en él».
13.7.6
El médico la había encontrado mejor que de ordinario.
Tocándose luego el costado, del que sufría mucho:
¡Sí, sí, esto va mejor de que ordinario...!
13.7.7
Me parecía que tenía el alma triste, a pesar de su aire alegre y satisfecho,
y le dije:
Pones esa cara y dices palabras alegres para no entristecernos, ¿no es
cierto?
... Yo obro siempre sin «fingimientos».
13.7.8
Le ofrecían vino de Baudon <50>.
Ya no quiero vino de la tierra... Quiero beber el vino nuevo en el reino de
mi Padre.
13.7.9
... Cuando sor Genoveva venía al locutorio, yo no podía decirle en media
hora todo lo que quería. Entonces, durante la semana, cuando me venía
una idea, o cuando lamentaba haberme olvidado de decirle algo, le pedía a
Dios que le hiciese saber y comprender lo que yo pensaba, y en la visita
siguiente ella me decía justamente lo que yo le había pedido a Dios que le
hiciese saber <51>.
... Al principio, cuando ella estaba triste y yo no había logrado consolarla,
me iba con el corazón desconsolado. Pero pronto comprendí que no era yo
quién para consolar a un alma; y en adelante, ya no sentía pena cuando
ella se iba toda triste. Le pedía a Dios que supliese él mi impotencia, y
sentía que me escuchaba, me daba cuanta de ello en la visita siguiente...
Desde entonces, cuando hago sufrir involuntariamente a alguien, le pido a
Dios que lo arregle, y ya no me preocupo.
13.7.10
Te pido que hagas un acto de amor a Dios y una invocación a todos los
santos; todos ellos son mis «pequeños» parientes en el cielo.
13.7.11
... Deseo que me compren a tres pequeños salvajes: un Luis María Martin,
un Teófano María, y medio de los dos una niña que se llame María Cecilia.
Después de un momento:
Y además una María Teresa.
(En vez de que gastasen el dinero en coronas después de su muerte.)
13.7.12
Volvió a hablarme de la comunión de los santos.
... Con las vírgenes, seremos vírgenes; con los doctores, doctores; y con
los mártires, mártires, pues todos los santos son parientes nuestros. Pero
lo que hayan seguido el camino de la infancia espiritual conservarán
siempre los encantos de la infancia.
Y me desarrolló esos pensamientos.
13.7.13
... Dios me dio desde la niñez la profunda convicción de que moriría joven
<52>.
13.7.14
... Mirándome con cariño:
¡Tienes una cara...! Después <53>... la tendrás siempre así... ¡Te reconoceré
muy bien, ya verás!
13.7.15
Dios me ha hecho siempre desear lo que quería darme <54>.
13.7.16
A nosotras tres:
No penséis que cuando esté en el cielo os dejaré caer alondras asadas en
el pico... No es eso lo que yo he tenido ni lo que he deseado tener. Quizás
tengáis grandes pruebas, pero os enviaré luces que os las harán apreciar y
amar. Os veréis obligadas a decir como yo: «Tus acciones, Señor, son
nuestra alegría».
13.7.17
No creáis que siento una intensa alegría de morir, como la sentía antaño,
por ejemplo, cuando iba a pasar un mes a Trouville o a Alençon; ya no sé
lo que es eso de las alegrías intensas. Es más, para mí la alegría no es
precisamente una fiesta, no es eso lo que me atrae. No puedo pensar
mucho en la dicha que me espera en el cielo; sólo una esperanza hace ya
palpitar mi corazón, y es el amor que recibiré y el que yo misma podré dar.
Además, pienso en todo el bien que podré hacer después de la muerte:
hacer que se bauticen niñitos, ayudar a los sacerdotes, a los misioneros, a
toda la Iglesia...
... Pero, sobre todo, consolar a mis hermanas...
... Esta noche pasada escuchaba una música lejana, y pensaba que pronto
escucharía melodías incomparables. Pero este sentimiento de alegría fue
pasajero.
13.7.18
Le pedía que me detallase los oficios que había tenido en el Carmelo.
A entrar en el Carmelo, me destinaron a la ropería con la madre subpriora
(sor María de los Angeles), y además tenía que barrer la escalera y el
dormitorio.
... Recuerdo que me costaba mucho pedir permiso a la maestra de
novicias para hacer mortificaciones en el refectorio, pero nunca cedí a mi
penitencia; me parecía que el crucifijo del patio, que yo veía por la ventana
de la ropería, se volvía hacia mí pidiéndome ese sacrificio.
Fue por esa época cuando iba a segar la hierba, a las cuatro y media, cosa
que no le gustaba a nuestra Madre.
Después de la toma de hábito, me destinaron al refectorio hasta la edad de
18 años; lo barría y ponía el agua y la cerveza. En las Cuarenta Horas <55>
de 1891, me pusieron en la sacristía con sor San Estanislao. A partir del
mes de junio del año siguiente <56>, estuve dos meses sin oficio, es decir,
durante ese tiempo pinté los ángeles del oratorio e hice de tercera de la
procuradora <57>. Después de esos dos meses, me pusieron en el torno
con sor San Rafael, sin dejar la pintura. Estos dos oficios duraron hasta las
elecciones de 1896, fecha en que pedí ayudar a sor María de San José en
la ropería, en las circunstancias que tú ya conoces...
Luego me contó cómo la consideraban lenta, poco diligente en los oficios,
y yo misma lo creía así; y, en efecto, las dos juntas recordamos cuánto la
reñí un día por un mantel del refectorio que ella había guardado mucho
tiempo en su cesta, sin repasar. Yo la acusaba de negligencia, y me
equivocaba, pues era que no le había dado tiempo. En aquella ocasión, sin
excusarse en absoluto, había llorado mucho al verme enfadada y
descontenta... ¡¡¡Que haya sido posible!!!
Me dijo también lo que había sufrido conmigo en el refectorio (yo era
entonces su primera de oficio) al no poder hablarme de sus cosillas, como
en otros tiempos, porque no tenía permiso y por otras razones...
Hasta tal punto, que tú habías llegado a no conocerme ya, añadió.
Me habló de lo que tenía que violentarse para quitar las telas de araña del
cuarto oscuro de San Alejo, debajo de la escalera (tenía varadero horror a
las arañas <58>) y otros mil detalles que me hacían ver lo fiel que había sido
en todo y lo que había sufrido sin que nadie lo sospechara.
14 de julio
14.7.1
Leí una vez que los israelitas construyeron las murallas de Jerusalén
trabajando con una mano y sosteniendo la espada con la otra. Eso es lo
que nosotras debemos hacer: no entregarnos totalmente al trabajo..., etc.
14.7.2
Si hubiese sido rica, me habría sido imposible ver a un pobre sin darle
enseguida parte de mis bienes. De la misma manera, medida que gano
algún tesoro espiritual, sabiendo que en ese mismo instante hay almas que
están en peligro de perderse y de caer en el infierno, les doy todo lo que
tengo, y todavía no he encontrado un solo momento para decirme: Ahora
voy a trabajar por mí.
14.7.3
Se puso a repetir, con semblante y acento celestiales, la estrofa de
"Acuérdate" que empieza con estas palabras:
Acuérdate, Señor,
de que es tu santa voluntad mi dicha
y mi único reposo <59>.
14.7.4
Lo importante no es que lo parezca (morir de amor), sino que lo sea.
14.7.5
Siempre me ha gustado lo que Dios me daba. Hasta el punto de que, si me
hubiese dado a escoger, yo habría escogido precisamente aquello, incluso
las cosas que me parecían menos buenas y menos bonitas que las que
tenían las demás.
14.7.6
¡Qué veneno de alabanzas he visto que servían a la madre priora! ¡Y qué
desprendida y elevada sobre sí misma tiene que estar un alma para no
salir de ello perjudicada!
14.7.7
En su visita, el doctor había vuelto a darnos un poco de esperanza, pero
ella ya no se apenó y nos dijo:
¡Ya estoy acostumbrada! ¡No me importa seguir enferma durante mucho
tiempo! Si deseo que esto se acabe pronto, es por evitaros angustias a
vosotras.
14.7.8
¡Te quiero mucho, Madrecita!
14.7.9
Mi corazón está lleno de la voluntad de Dios, y así, cuando se le echa algo
encima, no penetra en el interior: es como una nadería que resbala
fácilmente, como el aceite, que no puede mezclarse con el agua. Allá en lo
hondo vivo siempre en una paz profunda, que nada puede turbar.
14.7.10
Mirando sus manos enflaquecidas <60>:
¡Qué alegría siento al ver cómo me voy destruyendo!
15 de julio
15.7.1
Tal vez mueras mañana (fiesta de la Virgen del Carmen) después de la
comunión.
No, eso no encajaría en mi caminito. ¿Voy a salirme de él para morir?
Morir de amor después de la comunión es algo demasiado hermoso para
mí, las almas pequeñas no podrían imitar eso.
¡Y ojalá que mañana por la mañana no me ocurra algún percance! <61>.
Cosas así sólo a mí pueden ocurrirme: que sea imposible darme la
comunión y que Dios se vea obligado a volverse..., ¿qué te parece?
15.7.2
Me habló del beato Teófano Vénard, que no había podido recibir la
sagrada comunión en el momento de la muerte, y lanzó un profundo
suspiro.
15.7.3
Habíamos hecho los preparativos para que comulgara al día siguiente. El
sobrino de sor María Filomena <62> iba a entrar después de su primera
Misa en el Carmelo para darle la comunión. Pero al verla peor, temíamos
que escupiese sangre después de medianoche y le pedíamos que rezase
para que nada desagradable viniese a estropear nuestro proyecto. Ella
respondió:
Sabéis bien que yo no puedo pedir eso..., pero pedidlo vosotras por mí...
Sin embargo, esta noche acabé pidiéndoselo a Dios por complacer a mis
hermanas y para que la comunidad no quedara decepcionada; pero en el
fondo le dije todo lo contrario, le dije que hiciese lo que quisiera...
15.7.4
Al vernos adornar la enfermería:
¡Cuánto trabajo os tomáis para preparar todo lo necesario! ¡Así son las
fiestas de la tierra! A las niñas que van a hacer la primera comunión se les
lleva por la mañana su hermoso vestido blanco, y sólo tienen que
ponérselo <63>; nada saben del trabajo que los suyos se han tomado por
ellas, sólo saben de alegría. No pasa lo mismo cuando se es mayor...
15.7.5
Me contó el siguiente episodio, cuyo recuerdo guardaba como una gracia:
Sor María de la Eucaristía quería encender las velas para una procesión.
No tenía cerillas, pero al ver la lamparilla que arde ante las reliquias, se
acercó; pero, ¡ay!, la encontró medio apagada, no quedaba más que un
débil destello en la mecha carbonizada. Sin embargo, consiguió encender
su vela, y, gracias a su vela, se fueron encendiendo todas las de la
comunidad. Fue aquella lamparita medio apagada la que produjo aquellas
hermosas llamas que, a su vez, hubieran podido producir infinidad de otras
e incluso incendiar el universo. Sin embargo, la causa primera de ese
incendio se debería siempre a aquella lamparita. ¿Podrán entonces las
hermosas llamas, sabiendo esto, gloriarse de haber provocado semejante
incendio, cuando ellas mismas sólo se encendieron gracias a aquella
centellita...?
Lo mismo ocurre con la comunión de los santos. Muchas veces, sin que
nosotros lo sepamos, las gracias y las luces que recibimos las debemos a
un alma escondida, porque Dios quiere que los santos se comuniquen la
gracia unos a otros por medio de la oración, para que en el cielo se amen
con un gran amor, con un amor todavía mucho mayor que el amor de la
familia, hasta el de la familia más ideal de la tierra. ¡Cuántas veces he
pensado si no podría yo deber todas las gracias que he recibido a las
oraciones de un alma que haya pedido por mí a Dios y a la que no
conoceré más que en el cielo!
Sí, una centellita muy pequeña puede hacer brotar grandes lumbreras en
la toda la Iglesia, como doctores y mártires, que estarán muy por encima
de ella en el cielo; ¿pero quién podrá decir que su gloria no se tornará la
de ella?
En el cielo no habrá miradas de indiferencia, porque todos los elegidos
reconocerán que se deben mutuamente las gracias que les han merecido
la corona.
(La conversación fue muy larga y no pude recogerlo todo, ni palabra por
palabra.)
16 de julio
16.7.1
_ Tengo miedo de que sufras mucho para morir...
_ ¿Por qué tienes miedo por adelantado? Espera al menos a que ocurra,
para sufrir. ¿Acaso ves que yo empiece a atormentarme pensando que si
sobrevienen las persecuciones y las matanzas que dicen, quizás te
arranquen los ojos?
16.7.2
Había hecho el sacrificio completo de sor Genoveva <64>, pero no puedo
decir que no deseara ya tenerla aquí a mi lado. Muchas veces, en verano,
durante la hora de silencio antes de Maitines, sentada en la terraza, me
decía a mí misma: ¡Si estuviera aquí Celina junto a mí! ¡Pero no, esa será
una dicha demasiado grande para la tierra!
... Y me parecía un sueño irrealizable. Sin embargo, no deseaba esa dicha
por un sentimiento natural; era por su alma, para que caminase por
nuestro mismo camino... Y cuando la vi entrar aquí, y no sólo entrar sino
que me la confiaban enteramente a mí para que yo la instruyese en todas
las cosas; cuando vi que Dios hacía eso, rebasando así mis deseos,
comprendí la inmensidad del amor que él me tiene...
... Pues bien, Madrecita, si un deseo apenas esbozado fue escuchado de
esa manera, es imposible que no sean completamente escuchados todos
esos mis grandes deseos de los que hablo a Dios con tanta frecuencia.
16.7.3
Me repitió con expresión convencida esta frase que había leído en las
"Florecillas", un libro del abate Bourb <65>.
Los santos de los últimos tiempos superarán a los de primeros como los
cedros superan a los demás árboles.
16.7.4
Tú conoces todos los rincones de mi alma, tú sola... (*)
(+) El 28 de agosto de 1940, al final del Cuaderno amarillo, añadió este
texto:
Advertencia importante
Cuando santa Teresita me dijo, el 16 de julio de 1897, "Tú conoces todos
los rincones de mi alma, tú sola...", estoy segura de que, en su
pensamiento, no excluía de este conocimiento completo de su alma a sor
María del Sagrado Corazón y a sor Genoveva de la Santa Faz. A sor María
del Sagrado Corazón, a quien debía la sonrisa de la Santísima Virgen, que
la había preparado para la primera comunión, y a quien debemos además
la respuesta maravillosa de su ahijada [el Manuscrito B], del 17 de
septiembre de 1896. A sor Genoveva de la Santa Faz, su Celina, a quien
ella llamaba tan tiernamente "el dulce eco de su alma".
Pero se sintió inspirada por Dios para decirme eso a mí personalmente
para que más tarde, en razón de la autoridad que se me iba a conferir,
pudieran confiar plenamente en lo que yo dijese y escribiese sobre ella.
Sor Inés de Jesús
c.d.i.
28 de agosto de 1940
16.7.5
Con la expresión de un niño al que le está rondando la cabeza una
graciosa travesura:
Quisiera darte una prueba de amor que nadie te haya dado nunca...
Yo me preguntaba qué iría a hacer... Y entonces... <66>
16.7.6*
Si Dios me dijera: Si mueres ahora, tendrás una gloria muy grande; si
mueres a los 80 años, la gloria será mucho menor, pero eso me agradará
mucho más, no dudaría en responder: "Dios mío, quiero morir a los 80
años, pues no busco mi gloria, sino tan sólo agradarte a ti.
Los grandes santos trabajaron por la gloria de Dios, pero yo, que no soy
más que un alma muy pequeña, sólo trabajo por complacerle, y me sentiría
feliz de soportar los mayores sufrimientos aunque sólo fuese para hacerle
sonreír una sola vez.
17 de julio
17.7
Sábado. A las 2 de la mañana había expectorado sangre.
Presiento que voy a entrar en el descanso... Pero presiento, sobre todo,
que mi misión va a comenzar: mi misión de hacer amar a Dios como yo le
amo, de dar mi caminito a las almas. Si Dios escucha mis deseos, pasaré
mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo
haciendo el bien en la tierra. Y eso no es algo imposible, pues, desde el
mismo seno de la visión beatífica, los ángeles velan por nosotros. <67>.
Yo no puedo convertir mi cielo en una fiesta, no puedo descansar mientras
haya almas que salvar... Pero cuando el ángel diga: «¡El tiempo se ha
terminado!», entonces descansaré y podré gozar, porque estará completo
el número de los elegidos y todos habrán entrado en el gozo y en el
descanso. Mi corazón se estremece de alegría al pensar en esto...
18 de julio
18.7.1
... Dios no me daría este deseo de hacer el bien en la tierra después de mi
muerte, si no quisiera hacerlo realidad. Me daría más bien el deseo de
descansar en él.
18.7.2
No tengo sufrimientos, sólo molestias.
19 de julio
19.7.1
«Esta noche voy a regar». (Era al comenzar la recreación.)
¡Tendrías que regarme también a mí!
¿Qué eres tú?
Yo soy un granito, y no sé todavía sabe lo que saldrá de él...
19.7.2
Hace un momento tenía muchas ganas de preguntarle a sor María del
Sagrado Corazón, que venía de estar con el Sr. Youf en el locutorio, lo que
éste había dicho acerca de mi estado después de su visita. Pensaba para
mis adentros: quizás me haga bien y me consuele el saberlo. Pero,
reflexionando, me dije: No, eso es curiosidad, no quiero hacer nada por
saberlo; ya que Dios no permite que ella misma me lo diga, es señal de
que no quiere que lo sepa. Y evité llevar la conversación a ese tema, por
miedo a que sor María del Sagrado Corazón me lo dijese como a la fuerza;
no me habría sentido feliz...
19.7.3
Me dijo que se había buscado a sí misma enjugándose el rostro una vez
más de lo necesario, para que sor María del Sagrado Corazón se diera
cuenta de que estaba sudando mucho,
20 de julio
20.7.1
(A las 3 de la mañana había expectorado sangre.)
«¿Qué harías tú si una de nosotras estuviese enferma en tu lugar?
¿Vendrías a la enfermería durante las recreaciones?».
_ Iría derecha a la recreación, sin preguntar por vosotras; y lo haría con
toda naturalidad, para que nadie se diese cuenta de lo que me costaba. Y
si viniera a la enfermería, lo haría por complacer, nunca por darme gusto a
mí misma...
... y todo por cumplir con mi deber y para alcanzaros gracias que
seguramente no os conseguiría buscándome a mí misma. Y yo misma
sacaría una gran fortaleza de estos sacrificios. Pero si alguna vez, por
debilidad, hiciese lo contrario de lo que quisiera, no me desanimaría, sino
que trataría de reparar mis fallos privándome todavía más sin que se me
notase.