Sta. Teresita de Lisieux

Parte b

16 Sobre este joven mártir cf Cta 221 y 245; PN 47; diecisiete veces

aparece nombrado en CA, una de ellas en 27.5.10.

17 Al Carmelo de Saigón; cf 2.9.5.

18 Fundadora de Lisieux; cf Ms A 78rº/79rº.

19 Cf PN 44 y Or 18.

20 Tentación respecto a la existencia del cielo (3.7.3); cf Ms C 5vº/7rº.

21 Cf Cta 229; Ms C 3rº; Cta 258.

22 Procesión de las Rogativas.

23 Cf Ms B 2rº/vº.

24 Reseña biográfica que se envía a todos los monasterios de la Orden

después del fallecimiento de una hermana. En el caso de Teresa, hizo sus

veces la Historia de un alma (30 de septiembre de 1898).

25 Cf 2.8.4; 30.8.2; 4.9.7; 5.9.2.

26 Cf 25.9.1.

27 [La santa usa la expresión] «Faire jabot: familiarmente, sacar hacia

fuera el cuello de la camisa para pavonearse» (Littré).

28 La enfermedad mental del señor Martin.

29 Histoire de saint Louis de Gonzague, por J.-M. Daurignac, (París,

Douniol, 1864), p. 346.

30 En 1896.

31 Cf el texto exacto en Cta 231.

 

 

 

4 de junio

4.6.1

Se despidió de nosotras (*) en la celda de sor Genoveva de la Santa Faz,

que daba a la terraza, del lado de la sala capitular. Estaba acostada en el

jergón de sor Genoveva. Ese día parecía no sufrir ya y tenía el rostro como

transfigurado. No nos cansábamos de mirarla y de escuchar sus dulces

palabras.

Le he pedido a la Santísima Virgen no seguir estando amodorrada y

enajenada, como me encontraba todos estos días; me daba cuenta de que

eso te apenaba. Y esta noche me ha escuchado.

¡Hermanitas mías, qué feliz me siento! Veo que voy a morir pronto, ahora

estoy segura de ello.

No os extrañéis si no me aparezco a vosotras después de la muerte y si no

veis ninguna cosa extraordinaria como señal de mi felicidad. Acordaos de

que mi «caminito» es no desear ver nada<1>. Sabéis bien lo que tantas

veces he dicho a Dios, a los ángeles y a los santos:

que no es mi deseo

aquí en la tierra verles<2>...

Los ángeles vendrán a buscarte, dijo sor Genoveva. ¡Cómo nos gustaría

verlos!

No creo que los veáis, pero no por eso dejarán de estar allí...


 

 

Sin embargo, por complaceros, me gustaría tener una hermosa muerte. Se

lo he pedido a la Santísima Virgen. No se lo he pedido a Dios porque

quiero dejarle hacer lo que él quiera. Pedirle a la Santísima Virgen no es lo

mismo. Ella sabe bien lo que ha de hacer con mis pequeños deseos, si

tiene que decirlos o no... En definitiva, ella es la que tiene que juzgar, para

no obligar a Dios a escucharme, para dejarle hacer en todo su voluntad.

Esta noche he logrado poder consolaros un poco y estar muy amable, pero

no debéis esperar verme así en el momento de la muerte... ¡No lo sé!

Quizás, de repente, la Santísima Virgen ha hecho esto por su cuenta, sin

decírselo a Dios; y en ese caso, eso no prueba nada para más tarde.

No sé si iré al purgatorio, y no me preocupa en absoluto<3>; pero si voy, no

lamentaré no haber hecho nada por evitarlo. Nunca me arrepentiré de

haber trabajado únicamente por salvar almas. ¡Cuánto me alegra saber

que N.M. santa Teresa pensaba lo mismo<4>!

Madrecita querida, si algún día vuelves a ser priora<5>, no te preocupes, ya

verás cómo no te va a costar tanto como la otra vez. Estarás por encima

de todo. Dejarás que piensen y que digan lo que quieran, cumplirás en paz

con tu deber... etc. ... etc.

No hagas nunca nada por serlo, ni nada tampoco por no serlo... Por lo

demás, te prometo que yo no dejaré que te elijan para serlo si eso es

perjudicial para tu alma.

Cuando la abracé:

¡Ya lo he dicho todo! En especial a mi Madrecita, para más tarde...

Hermanitas, no os aflijáis si sufro mucho y si no veis en mí, como ya os he

dicho, ninguna señal de felicidad en el momento de mi muerte. Nuestro

Señor murió ciertamente víctima de amor, ¡y ya veis qué agonía fue la

suya<6>...! Todo eso no significa nada.

(*) Era durante la novena a Nuestra Señora de las Victorias para obtener

su curación.

4.6.2

Un poco más tarde, al verla sufrir otra vez mucho, le dije: «Bueno,

deseabas sufrir; pues Dios no lo ha olvidado».

Deseaba sufrir y he sido escuchada. Desde hace varios días estoy

sufriendo mucho. Una mañana, durante la acción de gracias después de la

comunión, sentí unas angustias como de muerte... ¡y sin una pizca de

consuelo!

4.6.3

Lo acepto todo por amor de Dios, hasta toda esa serie de pensamientos

extravagantes que me vienen a la mente.

 

 

 

5 de junio

5.6.1

(Durante Maitines)


 

 

Madrecita, he visto que me quieres con un amor desinteresado. Pues bien,

si yo sé que tú eres mi madrecita, ¡un día tú sabrás que yo soy tú hijita! ¡Sí,

cuánto te quiero!

5.6.2

He vuelto a leer la obra que compuse sobre Juana de Arco<7>. En ella

podrás ver cuáles son mis sentimientos sobre la muerte; todos están allí

expresados. Te gustará. Pero no creas que me parezco a Juana de Arco

cuando por un momento tuvo miedo... Ella se mesaba los cabellos<8>... Yo

no me tiro de mis «pequeños» cabellos...

5.6.3

Madrecita, tú fuiste quien me preparó para la primera comunión<9>,

prepárame ahora para morir...

5.6.4

Si una mañana me encuentras muerta, no sufras: será que papá Dios

habrá venido a buscarme con la mayor sencillez. Sin duda es una gracia

muy grande recibir los sacramentos; pero cuando Dios no lo permite,

también está bien, todo es gracia.

 

 

 

6 de junio

6.6.1

Te agradezco que hayas pedido que me diesen una partícula de la

sagrada hostia. Aun así me ha costado mucho pasarla. ¡Pero qué feliz me

sentía de tener a Dios en mi corazón! He llorado como el día de mi primera

comunión <10>.

6.6.2

El Sr. Youf <11> me ha dicho acerca de mis tentaciones contra la fe: «No se

detenga usted en eso, es muy peligroso». No es muy consolador oír una

cosa así, pero afortunadamente no me impresiono por ello. Pero estáte

tranquila, que no voy a devanarme los «sesitos» atormentándome.

El Sr. Youf me ha dicho también: «¿Está usted resignada a morir?" Y yo le

contesté: "Padre, me parece que sólo se necesita resignación para vivir;

para morir, lo que yo siento es alegría».

6.6.3

Me pregunto cómo haré para morir. Sin embargo, quisiera salir de ese

trance ¡«con honor»! En fin, creo que eso no depende de uno.

(Pensaba en nosotras)

6.6.4

Cuando era niña, los grandes acontecimientos de mi vida me parecían

montañas inalcanzables. Al ver a las niñas hacer la primera comunión, me

decía a mí misma: ¿Cómo haré yo en mi primera comunión...? Más tarde:

¿Cómo haré para entrar en el Carmelo...? Y luego: ¿para tomar el hábito?,

¿para hacer la profesión? ¡Actualmente, es para morir <12>!

6.6.5


 

 

«Voy a hacerte fotografiar para complacer a nuestra Madre»<13>. Sonrió

con aire travieso:

Di más bien que es por ti... «¡Ciercecito, deja de soplar! No es por mí, es

por mi compañero que no lleva chaqueta...».

Me recordaba con ello una historieta de auverneses que papá nos

contaba. Le ponía entonación, y venía muy a cuento, pues el compañero,

aparentemente tan caritativo, en realidad abogaba en su favor.

6.6.6

Por miedo a producirle náuseas, no queríamos decirle que el jarabe que

tomaba era jarabe de caracoles, pero ella se dio cuenta y se rió de

nuestros temores.

¡Qué me importa tomar jarabe de caracoles, con tal que no vea los

cuernos! ¡Ahora como caracoles, como los patitos! Ayer hacía como las

avestruces: ¡comía huevos crudos!

6.6.7

¡Te quiero mucho, mucho!

6.6.8

Le dije: «Los ángeles te llevarán en sus palmas, para que tu pie no

tropiece en la piedra». Respondió:

Sí, eso está bien para ahora mismo; pues más tarde, después de mi

muerte, ¡¡¡ya no encontraré ningún obstáculo!!!

6.6.9

Tras la visita del Dr. de Cornière <14>, que la había encontrado mejor, le

dije: «¿Estás triste?».

No, no... He encontrado en el Evangelio: «Pronto veréis al Hijo del Hombre

sentado sobre las nubes del cielo».

Yo respondí: «¿Cuándo, Señor?». Y en la página de enfrente leí estas

palabras: «Hoy mismo».

Pero todo esto... es para que no nos inquietemos por nada, ni por querer

vivir ni morir...

Y unos instantes después:

¡Sin embargo, tengo muchas ganas de irme! Le digo a la Santísima Virgen

que haga ella lo que quiera.

 

 

 

7 de junio

7.6.1

_ Domingo _ <15>

Durante algún tiempo estuvo sentada a mi lado en el banco al fondo del

cementerio. Al final, apoyó tiernamente la cabeza sobre mi pecho y cantó a

media voz:

¿Olvidarme de ti, Madre querida?

¡No, no, jamás! <16>


 

 

Al bajar las escaleras, vio a la derecha, bajo el níspero, la gallinita blanca

que tenía a todos sus polluelos recogidos bajo sus alas. Algunos sólo

enseñaban su cabecita. Se paró a contemplarlos, muy pensativa. Al cabo

de un poco, yo le hice señas de que era hora de volver. Tenía los ojos

llenos de lágrimas. Le dije: «¡Estás llorando!». Entonces se cubrió los ojos

con la mano, llorando más todavía, y me respondió:

En este momento no puedo decirte por qué, estoy demasiado

emocionada...

Por la noche, en su celda, me dijo con una expresión celestial:

He llorado al pensar que Dios escogió esa comparación para hacernos

creer en su ternura. ¡Eso es lo que ha hecho conmigo durante toda mi

vida! ¡Me ha escondido totalmente bajo sus alas...! Luego, al separarnos,

lloraba mientras subía la escalera, sin poder ya contenerme, y tenía prisa

por volver a la celda. Mi corazón rebosaba de amor y de gratitud.

7.6.2

Hoy hace diez años que papá me dio esta florecita blanca cuando le hablé

por primera vez de mi vocación <17>.

(Y me enseñó la florecita).

7.6.3

Si no me hubieses educado bien, habrías visto cosas muy tristes <18>. Y no

hubiera llorado hoy al ver la gallinita blanca...

 

 

 

8 de junio

8.6.1

Pronto vendréis todas conmigo; ¡ea, esto no durará mucho!

A sor María de la Trinidad, que le pedía que se acordase de ella en el

cielo:

Aún no has visto más que el cascarón; pronto verás el pollito.

8.6.2

Le decía que yo no tenía ya apoyo alguno en la tierra.

¿Cómo que no? Sí que tienes un apoyo: me tienes a mí.

8.6.3

Habíamos hablado de esas largas enfermedades que con frecuencia

cansan a las enfermeras, lo cual constituye un gran sufrimiento para las

enfermas que se dan cuenta de ello.

Yo acepto seguir como estoy hasta el final de una vida muy muy larga. Y si

eso le agrada a Dios, acepto incluso que «me tomen ojeriza».

 

 

 

9 de junio

9.6.1

Se dice en el Evangelio que Dios vendrá como un ladrón. A mí vendrá a

robarme con gran delicadeza. ¡Cómo me gustaría ayudar al Ladrón!


 

 

9.6.2

¡Qué feliz me siento hoy!

_ ¿Es que ha pasado ya la prueba <19>?

No, pero hay como una especie de tregua. Las serpientes malignas ya no

silban en mis oídos...

9.6.3

¡Con qué paz dejo que digan a mi alrededor que estoy mejor! La semana

pasada estaba levantada, y me creían muy enferma. Esta semana no

puedo tenerme en pie, estoy agotada, ¡y mira por dónde me creen ya

sana! ¡Pero qué importa!

_ Sin embargo, ¿tú crees que morirás pronto?

Sí, espero irme pronto. La verdad es que no estoy mejor; me duele mucho

el costado. Pero _siempre lo diré_ si Dios me cura, no sufriré la menor

decepción.

A sor María del Sagrado Corazón, que le decía: «¡Qué tristes nos vamos a

quedar cuando nos dejes!».

No, ya veréis, será como una lluvia de rosas <20>.

9.6.4

No tengo miedo al Ladrón... Lo veo a lo lejos y me guardo muy bien de

gritar: ¡Al ladrón! Al contrario, lo llamo diciéndole: ¡Por aquí, por aquí!

9.6.5

Soy como un niñito en la estación del ferrocarril, que espera a sus papás

para que lo suban al tren. ¡Pero ellos no vienen y el tren se va! Bueno, hay

otros trenes y no todos los voy a perder...

 

 

 

10 de junio

10.6

Había mejorado, y le extrañaba. Tenía que esforzar por no dejarse llevar

de la tristeza.

...La Santísima Virgen cumple bien mis encargos, ¡volveré a dárselos!

Le repito con frecuencia: «Dile que por mí nunca se moleste»<21>.

El ha comprendido, y eso es lo que hace. Yo ya no entiendo nada de mi

enfermedad. ¡Ahora resulta que he mejorado! Sin embargo, me abandono

y me siento feliz. ¡Qué sería de mí si abrigase la esperanza de morir

pronto! ¡Cuántas decepciones! Pero no llevo ninguna, porque me contento

con todo lo que Dios hace y sólo deseo su voluntad.

 

 

 

11 de junio

11.6.1

Había arrojado flores al San José de la huerta (al fondo del paseo de los

castaños), diciendo con tono infantil y gracioso: «¡Toma!».

_ ¿Por qué arrojas flores a san José? ¿Para obtener alguna gracia?


 

 

¡No...! Es por complacerle... Yo no quiero dar para recibir.

11.6.2

Para escribir mi «pequeña» vida <22>, no me devano los sesos. Es como si

estuviera pescando a caña: escribo lo que me sale.

 

 

 

12 de junio

12.6.1

No me creen tan enferma como estoy en realidad. Por eso me resulta más

penoso verme privada de la comunión y del oficio divino. Pero mejor que

nadie se preocupe ya por eso. Yo sufría mucho por ello, y había pedido a

la Santísima Virgen que arreglase las cosas para que nadie sufriese. Y me

escuchó.

En cuanto a mí, no me importa que piensen o que digan lo que quieran. No

veo razón para desconsolarme.

12.6.2

¡Mañana no comulgaré! ¡Y tantas niñas recibirán a Dios <23>!

(Había primeras comuniones en la parroquia de Santiago).

 

 

 

13 de junio

13.6

(En la huerta)

Me da la impresión de ser una tela atirantada en el bastidor para que la

borden, y que nadie viene a bordarla. ¡Espero y espero! Pero en vano... En

fin..., no es nada extraño: ¡los niñitos no saben lo que quieren!

Digo esto porque pienso en el Niño Jesús: él es quien me ha atirantado en

el bastidor del sufrimiento para darse el gusto de bordarme y luego el de

aflojarme para ir a mostrar allá arriba su precioso trabajo.

Cuando hablo del Ladrón, no me refiero al Niño Jesús, me refiero al Dios

«grande».

 

 

 

14 de junio

14.6

Ultimo día de la novena <24>. Se encontraba mucho mejor, nuevo motivo de

decepción para ella, que sin embargo me dijo con una sonrisa:

¡Soy una niña curada!

_ ¿Y eso te entristece?

No..., momento a momento se puede soportar mucho.

 

 

 

15 de junio

15.6.1


 

 

El día 9, veía muy claramente a lo lejos el faro que me anunciaba el puerto

del cielo, pero ahora ya no veo nada, tengo los ojos como vendados. Ese

día veía al Ladrón; ahora ya no le veo en absoluto. Lo que me dicen sobre

la muerte ya no penetra en mi interior; es como si resbalase sobre una

losa. ¡Se acabó! La esperanza de la muerte se ha gastado. Sin duda es

que Dios no quiere que piense en ella como antes de caer enferma.

Entonces, ese pensamiento me era necesario y muy provechoso, y así lo

sentía. Pero hoy ocurre lo contrario. Dios quiere que me abandone como

un niñito que no se preocupa de lo que harán con él.

15.6.2

¿Estás cansada de ver que tu estado se prolonga? ¡Debes de estar

sufriendo mucho!

Sí, pero «me place».

_ ¿Por qué?

Porque «le place» a Dios.

(Empleaba esta palabra y algunas otras que no iban con su manera

sencilla de expresarse normalmente, cuando quería encubrir su

pensamiento de una manera que fuese entretenida para nosotras.

Había adoptado también ciertas expresiones ingenuas, de las que se

servía en la intimidad, y que en sus labios tenían mucha gracia.)

15.6.3

No sé cuándo moriré; ya no tengo la menor confianza en la enfermedad.

Aun cuando me administrasen los sacramentos, seguiría creyendo que

aún puedo dar marcha atrás. No estaré realmente segura de que me ha

llegado el turno hasta que haya dado el paso y me vea en los brazos de

Dios.

15.6.4

(Por la noche)

¡Cómo me gustaría decirte algo agradable!

Sólo dime solamente si me olvidarás cuando estés en el cielo.

¡Si te olvidase, me parece que todos los santos me echarían del paraíso

como a un búho feo! Madrecita, cuando esté allá arriba, "vendré y te

llevaré conmigo, para que donde yo esté estés también tú".

15.6.5

Estoy contenta, no ofendo a Dios lo más mínimo durante mi enfermedad.

Hace un poco, estaba yo escribiendo sobre la caridad (en el cuaderno de

su Vida <25>), y con mucha frecuencia venían a interrumpirme; entonces, he

procurado no impacientarme y poner en práctica lo que estaba

escribiendo.

 

 

 

19 de junio*

19.6


 

 

Nuestra prima, la madre Margarita (superiora general en París de las

religiosas Auxiliadoras del Inmaculado Corazón, enfermeras) me había

enviado una preciosa canastilla repleta de lirios artificiales, para el día 21,

fiesta de la madre María de Gonzaga. Le llevé la canastilla, diciéndole muy

alegre: «¡Me la envía la Superiora General de las Auxiliadoras!».

Me respondió de repente, en un arranque y con cariño:

¡La Superiora General de mi corazón eres tú!

 

 

 

20 de junio

20.6

Le estaba enseñando las pequeñas fotografías de la Virgen Madre que yo

había pintado para el santo de nuestra Madre <26>. Puso las manos sobre

las miniaturas extendidas ante sus ojos y, separando los dedos, consiguió

tocar todas las cabecitas del Niño Jesús. Entonces me dijo:

Los tengo a todos bajo mi dominio...

 

 

 

22 de junio

22.6

Estaba en la huerta, en el coche <27>. Cuando me acerqué a ella por la

tarde, me dijo:

¡Qué bien que entiendo las palabras de Nuestro Señor a nuestra Madre

santa Teresa! «¿Sabes, hija mía, quiénes son los que aman de verdad?

Los que reconocen que todo lo que no se refiere a mí no es más que

mentira» <28>.

¡Qué gran verdad me parece esto, Madrecita! Sí, fuera de Dios, todo es

vanidad.

 

 

 

23 de junio

23.6

Le decía yo: «¡Ay, yo no tendré nada que dar a Dios a mi muerte: tengo las

manos vacías! Y eso me entristece mucho.

Claro, tú no eres como «el bebé» <29> (algunas veces se daba a sí misma

este nombre), que sin embargo se encuentra también en esas mismas

condiciones... Aunque yo hubiese realizado todas las obras de san Pablo,

seguiría creyéndome un «siervo inútil»; y eso es precisamente lo que

constituye mi alegría, pues, al no tener nada, lo recibiré todo de Dios».

 

 

 

25 de junio

25.6.1

Fiesta del Sagrado Corazón.


 

 

La habíamos instalado en la biblioteca porque en su celda daba mucho el

sol. Durante el sermón, había cogido un libro de la Propagación de la Fe. A

continuación, me mostró un pasaje en el que se hablaba de la aparición de

una hermosa Señora, vestida de blanco, al lado de un niño recién

bautizado, y me dijo:

Más tarde, también yo iré así junto a los niños recién bautizados...

25.6.2

Durante el sermón he hecho novillos, sentía que era fiesta. No todos los

días me puedo permitir eso. Considero mi cuaderno (su Vida) como mi

pequeña tarea escolar.

 

 

 

26 de junio

26.6

Ayer me dolió mucho el costado, luego... ¡esta mañana cesó el dolor! ¡Ay,

cuándo me iré con Dios! ¡Cómo me gustaría irme al cielo!

 

 

 

27 de junio

27.6

Cuando esté en el cielo, les diré a todos los santos tantas cosas hermosas

sobre mi Madrecita, que les entrarán muchas ganas de llevársela. Estaré

siempre con mi Madrecita; les pediré a los santos que vengan conmigo a

los lóbregos sótanos para protegerla, y si no quieren, pues bueno, vendré

yo solita.

Se refería con eso a una pequeña aventura que me había acaecido ese

mismo día en la bodega de la sacristía.

 

 

 

29 de junio

29.6.1

... Mira lo que ha pasado: como yo estaba a punto de morir, los angelitos

hicieron toda clase de hermosos preparativos para recibirme; pero se

cansaron y se quedaron dormidos. ¡Ay, los niñitos duermen mucho!, no se

sabe cuándo despertarán...

(Nos contaba con frecuencia historietas de éstas para distraernos de sus

sufrimientos de alma y de cuerpo)<30>.

29.6.2

¡Me sentiré muy desdichada en el cielo si no puedo dar pequeñas alegrías

en la tierra a los que amo!

29.6.3

Por la noche se acentuó más su prueba interior, y ciertos comentarios la

habían hecho sufrir. Me dijo:


 

 

Mi alma está desterrada, el cielo está cerrado para mí, y aquí en la tierra,

también la prueba.

... Ya veo que no me creen enferma, pero es Dios quien lo permite.

29.6.4

Estaré contenta en el cielo si compones unos bonitos versos para mí; me

parece que eso les va a gustar los santos.

 

 

 

30 de junio

30.6.1

Le hablaba de ciertos santos que llevaron una vida extraordinaria, como

san Simón Estilita <31>. Me dijo:

Yo prefiero a los santos que no tienen miedo a nada, como santa Cecilia,

que se casa sin temer nada...

31.6.2

Mi tío había pedido que bajase con nosotras al locutorio, y, como de

costumbre, ella no había hablado casi nada.

¡Qué acobardada me sentía con mi tío en el locutorio! Al volver, reñí

mucho a una novicia, no me conocía a mí misma. ¡Qué contrastes hay en

mi carácter! Mi timidez proviene del gran malestar que experimento cuando

se ocupan de mí <32>.

 

 

NOTAS

Junio

Los primeros días del mes de junio están marcados por un empeoramiento

brusco de la enferma. El día 5, víspera de Pentecostés, es grande la

inquietud. La comunidad está consternada, y la madre priora empieza una

novena a Nuestra Señora de las Victorias.

Para suplir la alimentación, que es casi nula, el médico prescribe un

régimen a base de leche. Hasta el 15 de junio, Teresa habla una veintena

de veces sobre su muerte como muy próxima. Luego, la situación se

estabiliza: junio aparece como el mes de la espera dolorosa.

La madre Inés de Jesús consigue de la madre María de Gonzaga que

Teresa complete su autobiografía. Así pues, a partir del 4 de junio la

enferma consagra el resto de sus fuerzas a la redacción del Manuscrito C.

Las que la rodean apenas sospechan que está redactando, a punta de

pluma, su testamento espiritual que, a partir del año siguiente, llevará a

cabo la conquista del mundo.

El lunes de Pentecostés, día 7 de junio, en previsión del santo de la madre

María de Gonzaga, y «en vista de la proximidad de mi muerte» (Cta 258),

sor Genoveva fotografió a su hermana en tres poses sucesivas, tres

documentos de incomparable valor para la historia (cf VTL nn. 41, 42, 43).


 

 

Dieciséis cartas o billetes de Teresa llevan la fecha de este mes de junio

(Cta 233 a 248).

 

1 Cf nota 37 del mes de agosto.

2 PN 24,27.

3 Acerca del purgatorio cf 8.7.15; 30.7.3; Ms A 84rº/vº; Cta 226; PN 17,6;

23,8; UC p. 615; y deposiciones en los Procesos.

4 Cf SANTA TERESA DE JESÚS, C 3,6.

5 La madre Inés fue priora desde 1902 hasta su muerte (1951), con una

interrupción de dieciocho meses en 1908-1909.

6 Cf 4.7.2. Y sobre la muerte de amor: Ms C 7vº/8rº; Cta 242 y 255; PN

17,14; 18,52; 24,26; 31,6; Or 6; CA 27.7.5; 15.8.1; 30.9 (Apéndice).

7 RP 3.

8 Teresa pudo leer este detalle en Jeanne d'Arc de H. Wallon, p. 343.

Sobre el miedo de Juana de Arco ante la muerte, cf RP 3,16vº/19rº. Teresa

volverá a evocar a su heroína en 20.7.6; 27.7.6; 10.8.4.

9 Cf Ms A 33rº.

10 Cf Ms A 35rº/vº.

11 El capellán del Carmelo.

12 Cf 6.6.3; 31.7.4; 29.9.2; 30.9 (Apéndice).

13 La madre María de Gonzaga, priora.

14 El médico.

15 Domingo de Pentecostés, en realidad el 6 de junio.

16 Pasaje de un canto de la época, titulado: «Nous t'oublier, Mère cherie?»

17 El 29 de mayo de 1887, día de Pentecostés; cf Ms A 50rº/vº.

18 Teresa escribió «tistes», en vez de «tristes».

19 Cf la nota 20 del mes de mayo.

20 Comparación tomada de la Histoire de saint Louis de Gonzaga (que se

estaba leyendo en el refectorio), p. 411.

21 PN 54,16.

22 El Manuscrito C.

23 Aunque todavía se levanta un poco, Teresa ya casi no asiste a Misa ni

al Oficio divino (12.6.1). Pero su estado no se considera todavía lo

suficientemente grave como para que el sacerdote entre en clausura a

llevarle la Eucaristía.

24 En realidad, se terminó el domingo día 13.

25 Cf Ms C 17rº.

26 Fiesta de san Luis Gonzaga, el 21 de junio. Para esta ocasión Teresa

compuso aún algunos versos: PS 6.

27 Coche de enfermo utilizado por el señor Martin y más tarde donado al

Carmelo.

28 Sainte Thérèse d'Avila, Vie par elle-même, chap. XI. [Las palabras

textuales de la Santa son: «¿Sabes qué es amarme con verdad? Entender


 

 

 

que todo es mentira lo que no es agradable a mí», y se encuentran en V

40,1. N. del T.]

29 Cf Cta 237, 254, 255, 257; CA 7.7.1; 29.7.8; 31.7.4; 2.8.5; 18.8.2;

19.8.4; 20.8.1; 21.8.2; 30.9. Pero a sor María del Sagrado Corazón Teresa

le precisará: «Un bebé que es un anciano» (PA 231). En ese mismo

sentido encontraremos «infantil» en CA 11.6.1; 10.7.3; 25.8.3; 5.9.1;

29.9.3. Pero, como se ha señalado (Prières, p. 129), en esa actitud no

existe la más mínima cursilería.

30 Cf 9.7.9.

31 Santo del Oriente que vivió largos años en lo alto de una columna, y de

ahí su nombre.

32 Cf Ms A 13rº/vº.

 

 

 

2 de julio

Por la tarde, fue por última vez al oratorio a orar ante el Santísimo; pero

estaba al límite de sus fuerzas. Yo la veía mirar largamente a la hostia, y

adiviné que lo hacía sin experimentar ningún consuelo pero con una gran

paz en el fondo del alma.

Recuerdo que por la mañana, después de Misa, cuando la comunidad se

dirigía al oratorio para la acción de gracias, nadie pensó en sostenerla.

Caminaba muy despacito, arrimada a la pared. No me atreví a ofrecerle el

brazo.

 

 

 

3 de julio

3.7.1

Había muerto una de nuestras amigas<1>, y el doctor de Cornière había

hablado delante de ella de su enfermedad, una especie de tumor que no

había podido definir exactamente. Aquel caso le interesaba vivamente

desde el punto de vista médico. «Qué lástima _dijo_ que no haya podido

hacerle la autopsia!».

Ella me dijo más tarde:

¡Ay, así de indiferentes somos los unos con los otros en la tierra! ¿Se diría

eso mismo si se tratase de una madre o de una hermana? ¡Qué ganas

tengo de irme de este triste mundo!

3.7.2

Le confiaba mis sentimientos de tristeza y desaliento después de una falta.

... Tú no haces como yo. Cuando yo cometo una falta que me pone triste,

sé muy bien que esa tristeza es la consecuencia de mi debilidad. ¿Pero

crees que me quedo en eso? ¡No, no soy tan tonta! Corro a decirle Dios:

Dios mío, sé que he merecido este sentimiento de tristeza, pero déjame

que te lo ofrezca igualmente como una prueba que me envías con amor.

Lamento mi pecado, pero me alegro de poder ofrecerte este sufrimiento.


 

 

 

3.7.3

¿Cómo es que deseas morir con esa prueba contra la fe que nunca

acaba?

¡Ya! ¡Pero creo en el Ladrón! Es sobre el cielo sobre lo que recaen todas

las dudas. ¡Qué extraño e incoherente!

3.7.4

Como la leche le sentaba mal y de momento no podía tomar ninguna otra

cosa, el Sr. de C.<2> había prescrito una especie de leche condensada que

se vendía en las farmacias con el nombre de "leche maternizada". Por

diversas razones, esta prescripción la apenó, y cuando vio llegar las

botellas se echó a llorar a lágrima viva.

Por la tarde sintió necesidad de desahogarse, y nos dijo con expresión

triste y dulce a la vez:

Necesito un alimento para el alma; leedme la vida de un santo.

¿Quieres la vida de san Francisco de Asís? Te distraerá cuando habla de

los pajarillos.

No, no para distraerme, sino para ver ejemplos de humildad.

3.7.5

Cuando estés muerta, te pondrán una palma en la mano<3>.

Si, pero tendré que poder soltarla cuando quiera, para poder dar a mi

Madrecita gracias a manos llenas. Tengo que poder hacer todo lo que me

guste.

3.7.6

(Por la noche)

¡Hasta los santos me abandonan! Durante Maitines le pedí a san Antonio

que me ayudase a encontrar el pañuelo que había perdido. ¿Crees que me

ha escuchado? ¡Se guardó<4> muy bien de hacerlo! Pero no importa: le he

dicho que, a pesar de todo, lo quiero mucho.

3.7.7

Durante Maitines, veía brillar las estrellas, y además escuchaba el Oficio

divino. Y me gustaba.

(La ventana de su celda estaba abierta.)

 

 

 

4 de julio

4.7.1

Dios me ha ayudado y he superado mi tristeza a propósito de la leche

maternizada...

4.7.2

(Por la noche)

Nuestro Señor murió en la cruz entre angustias, y sin embargo la suya fue

la más hermosa muerte de amor. Es la única que se ha visto; la de la

Santísima Virgen no se vio. Morir de amor<5> no es morir entre


 

 

 

arrobamientos. Te lo confieso francamente: me parece que eso es lo que

yo estoy viviendo.

4.7.3

¡Presiento que vas a sufrir mucho!

¿Y qué importa? El sufrimiento podrá llegar a límites extremos, pero estoy

segura de que Dios nunca me abandonará.

4.7.4

Estoy muy agradecida al P. Alejo<6>, me ha hecho mucho bien. El P.

Pichon<7> me trataba demasiado como a una niña; con todo, también él

me hizo mucho bien cuando me dijo que no había cometido ningún pecado

mortal.

 

 

 

5 de julio

5.7.1

Le hablaba de mis debilidades, y me dijo:

También yo tengo debilidades, pero me alegro de ello. Tampoco yo estoy

siempre por encima de las naderías de la tierra. Por ejemplo, si me da

rabia por una tontería que he dicho o que he hecho, me recojo en mi

interior y me digo a mí misma: ¡Vaya, sigo todavía en el mismo punto que

antes! Pero me lo digo con gran suavidad y sin tristeza. ¡Es tan bueno

sentirse uno débil y pequeño!

5.7.2

No estés triste por verme enferma, Madrecita, pues ya vez lo feliz que me

hace Dios. Yo estoy siempre alegre y contenta<8>.

5.7.3

Después de mirar una estampa que representaba a Nuestro Señor con dos

niñitos, el más pequeño de los cuales está sobre sus rodillas y el otro a sus

pies, besándole la mano:

Yo soy ese pequeñito que se ha subido a las rodillas de Jesús, que estira

tan graciosamente su piernecita, que levanta la cabecita y le acaricia sin

temor. El otro pequeño no me gusta tanto. Se comporta como una persona

mayor; le han dicho algo..., sabe que hay que tratar con respeto a Jesús...

 

 

 

6 de julio

6.7.1

Acababa de expectorar sangre. Yo le dije: ¿Así que vas a dejarnos?

¡Qué va! El Sr. abate<9> me ha dicho: «Será para ti un gran sacrificio dejar

a tus hermanas» Yo le he contestado: «Pero, Padre, creo que no las

dejaré; al contrario, después de mi muerte estaré mucho más cerca de

ellas» <10>.

6.7.2


 

 

 

Creo que ante la muerte tendré que tener la misma paciencia que para los

demás acontecimientos importantes de mi vida. Fíjate: entré joven en el

Carmelo, y, sin embargo, cuando todo estaba ya decidido, tuve que

esperar tres meses; para la toma de hábito, lo mismo; para la profesión,

otra vez lo mismo <11>. Pues bien, para mi muerte será también lo mismo:

llegará pronto, pero tendré todavía que esperar.

6.7.3

Cuando esté en el cielo, me acercaré a Dios, como la sobrinita de sor

Isabel <12> ante la reja del locutorio. Ya sabes, cuando recitaba su

felicitación y terminaba con una reverencia, levantando los brazos y

diciendo: "Felicidad para todos los que amo".

Dios me preguntará: "¿Qué quieres, hijita?" Y yo contestaré: "Felicidad

para todos los que amo". Y haré lo mismo ante delante de todos los

santos.

Estás hoy muy alegre, parece que ves al Ladrón.

Sí, cada vez que me pongo peor, le vuelvo a ver. Pero aun cuando no lo

viese, lo quiero tanto que estoy siempre contenta con lo que hace. No le

amaría menos si no viniese a robarme, al contrario... Cuando me engaña,

le hago toda suerte de cumplidos; ya no sabe qué hacer conmigo.

6.7.4

He leído un pasaje precioso en los Comentarios sobre la Imitación <13>. Es

un pensamiento del Sr. de Lamennais _¡mala suerte!_, pero es precioso a

pesar de todo. (Ella creía, y nosotras también, que el abate Lamennais

había muerto impenitente.)

Nuestro Señor, en el Huerto de los Olivos, gozaba de todas las delicias de

la Trinidad, y si embargo su agonía no fue por eso menos cruel. Es un

misterio, pero os aseguro que comprendo algo de él por lo que yo misma

estoy viviendo.

6.7.5

Estaba poniendo yo una lámpara ante la Virgen de la Sonrisa <14>, para

conseguir que dejase de expectorar sangre.

¿No te alegras, pues, de que me muera? Para alegrarme yo, tendría que

seguir expectorando sangre. ¡Pero, por hoy, se acabó!.

6.7.6

Ocho y cuarto de la mañana. Le llevé su lámpara, que se habían olvidado

de subirle. Le había prestado otros pequeños servicios. Se mostró muy

emocionada y me dijo:

Siempre te has portado así conmigo... No sé expresarte mi gratitud.

Y secándose las lágrimas:

Lloro porque me siento muy conmovida por todo lo que has hecho por mí

desde mi infancia. ¡Cuantísimo te debo! Pero cuando esté en el cielo, diré

la verdad, diré a los santos: todo lo que os gusta de mí me lo ha dado mi

Madrecita.

6.7.7


 

 

 

¿Cuándo llegará el juicio final? ¡Cómo me gustaría estar y en ese

momento! ¡¿Y después, qué habrá...?!

6.7.8

Hago muchos pequeños sacrificios...

 

 

 

7 de julio

7.7.1

Después de haber vuelto a expectorar sangre:

El bebé va a ir pronto a ver a Dios...

¿Tienes miedo a la muerte, ahora que la ves tan de cerca?

¡No, cada vez menos!

¿Tienes miedo al Ladrón? ¡Esta vez está a la puerta!

No, no está a la puerta, ya ha entrado. ¿Pero qué estás diciendo,

Madrecita? ¿Que si tengo miedo al Ladrón? ¡¿Cómo quieres que tenga

miedo a alguien a quien amo tanto?!

7.7.2

Le pedí que me volviera a contar lo que le había ocurrido después de su

ofrenda al Amor <15>. Empezó diciéndome:

Madrecita, te lo confié aquel mismo día, pero no me prestaste atención.

(En efecto, había aparentado no darle a la cosa ninguna importancia.)

Comenzaba a hacer viacrucis cuando de pronto me sentí presa de un

amor tan intenso hacia Dios, que no lo puedo explicar sino diciendo que

era como si me hubiesen metido toda entera en el fuego. ¡Qué fuego aquél

y al mismo tiempo qué dulzura! Me abrasaba de amor, y sentía que un

minuto, un segundo más, y no hubiese podido soportar aquel ardor sin

morir. Entonces comprendí lo que dicen los santos sobre esos estados que

ellos experimentaron tantas veces. Yo no lo probé más que una vez, y un

solo instante, y luego volví a caer enseguida en mi habitual sequedad.

Un poco más tarde:

A partir de los 14 años, he tenido también otros ímpetus de amor. ¡Ay,

cómo amaba a Dios <16>! Pero no era, en absoluto, como después de mi

ofrenda al Amor, no era una verdadera llama que me quemase.

7.7.3

Desde niña, me encantaban estas palabras de Job: «Aunque Dios me

matara, seguiría esperando en él» <17>. Pero he tardado mucho tiempo en

llegar a este grado de abandono. Ahora ya estoy en él; Dios me ha

introducido en él, me ha instalado en él...

7.7.4

Le pedía que dijese algunas palabras amables y edificantes al Dr. de

Cornière.

Madrecita, no es ése mi estilo... Que el Sr. de Cornière piense lo que

quiera. Sólo amo la sencillez y aborrezco el «fingimiento». Te aseguro que

si hiciera lo que deseas estaría mal por mi parte.


 
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