Poemas 7 a 11
P 7 HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA
A sor María Magdalena
en el día de su profesión
en manos de la madre Inés de Jesús.
1 En este día feliz,
¡oh Magdalena!, a tu lado
venimos a celebrar
el maravilloso enlace,
el dulce enlace que une
con tu celestial Esposo.
Escucha con embeleso
esta encantadora historia
de una pastorcita humilde
a la que un gran Rey llamó
para colmarla de honores,
y ella respondió a su voz.
Estrib. Cantemos a la pastora,
pobrecita de la tierra,
a quien el gran Rey del cielo
en el Carmelo hoy escoge
por esposa.
2 Erase una pastorcita
que guardaba sus corderos
mientras hilaba la rueca.
Admiraba a cada flor
y escuchaba a cada pájaro,
y comprendía muy
el dulcísimo lenguaje
del bosque y del cielo azul.
en todo hallaba la imagen
que le revelaba a Dios.
3 Ella a Jesús y a María
amaba con gran ardor,
y ellos, amando a Melania,
le hablaron al corazón.
La dulce Reina divina
le dijo amorosamente:
«¿Quieres, Melania, venir
conmigo al Monte Carmelo,
y llamarte Magdalena
y no ganar más que el cielo?
4 «¡Oh, niña, deja tus campos,
tu rebaño deja, nena!
Allá arriba en mi montaña
mi Jesús y tu Jesús
será tu único Cordero»(1).
Jesús, a su vez, le dijo:
«¡Oh, ven pronto, que tu alma
ha cautivado a la mía!
Por prometida te tomo,
serás mía para siempre».
5 Dichosa, la pastorcita
oyó la dulce llamada,
y tras la Virgen, su Madre,
llegó a la cumbre del Monte
................................
¡Oh pequeña Magdalena!,
en este dichoso día
es a ti a quien festejamos.
Hoy la pastora es ya reina,
y reina junto a Jesús,
que es su Rey y que es su amor.
6 Tú lo sabes, hermanita:
servir a Dios es reinar(2).
Jesús, durante, su vida,
nos lo enseñó claramente:
«Si en la celeste patria
quieres ser el primero,
procura ser el último
en el destierro».
7 Magdalena, estás contenta
con el lugar que te toca
en este Monte Carmelo.
¿Cómo no habías de estarlo,
si estás tan cerca del cielo?
A Marta y María imitas(3):
orar y servir a Cristo.
Esta es toda nuestra vida,
nuestra dicha verdadera.
8 Si, tal vez, el sufrimiento,
el amargo sufrimiento,
visita tu corazón,
haz de él tu dicha y tu gozo:
¡qué dulce es sufrir por Dios!
Y las ternuras divinas
te harán muy pronto olvidar
que caminas sobre espinas,
te parecerá volar...
9 Hoy hasta el ángel te envidia(4),
¡quisiera gustar la dicha
que tú posees, María,
siendo esposa del Señor!
Muy pronto podrás cantar,
en el concierto glorioso
de los Tronos y Virtudes,
del Rey Jesús los loores,
del Rey Jesús, que es tu Esposo.
Estr. final Muy pronto la pastorcita,
pobrecita de la tierra,
volando, al cielo se irá
a reinar con el Eterno.
A nuestras Reverendas Madres
10 A vosotras, nuestras Madres,
a vuestro orar y desvelos,
nuestra hermana Magdalena
debe su dicha y su paz.
Ella sabrá agradeceros
vuestro tierno amor materno,
pidiéndole a su Maestro
que os dé sus dones del cielo.
Estribillo Y en vuestras coronas,
Madres tan buenas,
brillará la flor
que hoy a él ofrecéis.
NOTAS P 7 - HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA
Fecha: 20 de noviembre de 1894. - Compuesta para: sor María Magdalena
del Ssmo. Sacramento, para su profesión. La última estrofa está dedicada
a la madre Inés y a la madre María de Gonzaga. - Publicación: HA 98
(doce versos corregidos); la última estrofa y último estribillo, en Poésies,
1979. - Melodía: Tombé du nid.
Teresa había evocado ya, siendo novicia, la historia de «una joven aldeana
a quien un rey poderoso viniera a pedir en matrimonio» (Cta 109). «La
pastora convertida en reina» es uno de los temas más clásicos del folclore
universal en el campo de las novelas del corazón. La imagen es de lo más
apropiada para seducir a Teresa, sensible como es a la alianza del más
pequeño con el más grande, del menos-que-nada con el eterno. Y en este
caso, esa imagen se impone por sí misma, ya que María Magdalena (antes
Melania) fue efectivamente pastora (cf RP 7, escena 1).
Había que ser Teresa para escribir un poema tan libre y lleno de chispa
dedicado a una novicia de temperamento tan tenso, que se encierra en sí
misma ante la perspicacia de la Santa. Y sin embargo, María Magdalena la
quiere: su deposición en el Proceso Ordinario es uno de los más bellos
retratos de Teresa.
Esta, por su parte, nunca perdió la paciencia. En este poema no hay ni una
sombra de reticencia, nada que deje adivinar la menor irritación o el menor
esfuerzo. El poema es un misterio de amor: el del gran Rey hacia una
pobre pastora, el de Teresa hacia su prójimo a quien ama «como la amó
Jesús».
Pero es también ella misma que canta sus propias bodas: asume ya el
tono de quien va a cantar «eternamente las misericordias del Señor» en el
manuscrito A.
(1) Cf P 11, estr. 35-36; RP 5, 26; Cta 183. Teresa se acuerda de san Juan
de la Cruz: «Ya no guardo ganado» (Cántico Espiritual, canción 28), pero
la consagración exclusiva al «único cordero» es una explicitación propia de
Teresa que nos recuerda a Apocalipsis 14, 3,4.
(2) Cita de san Agustín.
(3) A Marta y a María: Teresa no se para en las distinciones de «clases»,
tan marcadas en su época. «Orar y servir» es el patrimonio de toda
carmelita. (cf RP 4).
(4) Idea que gustaba mucho a Teresa.
P 8 LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA SANTA
FAZ
1 Yo buscando estoy a un niño
que a mi Jesús se parezca,
a mi único Cordero(1),
para esconder a los dos
en una misma cunita.
2 Los ángeles de la patria
envidiarían tal suerte(2);
mas yo te la doy a ti:
María, este niño Dios
tu Dios y esposo será.
3 Te escojo para que seas
de mi Jesús hermanita.
¿Deseas acompañarle?
¡Posarás en mi regazo!
4 Te esconderá bajo el manto
que cubre al Rey de los cielos.
Para tus ojos, mi Hijo
será ya brillante estrella.
5 Para que mi manto pueda
cubrirte junto a Jesús,
tienes que ser pequeñita,
con virtudes infantiles(4).
6 Quiero que en tu frente brillen
la dulzura y la pureza.
Mas sobre todo te doy
por virtud la sencillez.
7 El Dios Uno en Tres personas,
que el ángel temblando adora,
quiere que sólo le des
por nombre «Flor de los campos».
8 Como blanca margarita
que vive mirando al cielo,
tú has de ser la flor sencilla
del Niño de navidad.
9 El mundo desconocía(5)
los encantos de este Rey
que se desterró del cielo(6).
Muchas veces tú verás
cómo en sus dulces ojitos
las lágrimas brillan ya.
10 Tendrás que olvidar tus penas
para alegrar a mi Niño,
bendecir con alegría
los nobles lazos que te atan
y cantar muy suavemente...
11 El Dios todopoderoso
que calma a al mar rugiente,
tomando rasgos de niño
se ha hecho débil y pequeño.
12 El Verbo, que es la palabra,
Palabra eterna del Padre,
que por ti aquí se destierra,
mi dulce Cordero, que es
también tu pequeño hermano,
¡oh, niña, no te hablará!
13 El silencio es la primera
prenda del amor callado.
Comprendiendo su lenguaje,
deberás siempre imitarle.
14 Y si alguna vez se duerme,
cerca de él descansarás.
Su corazón vela siempre
y te servirá de apoyo
para poder descansar.
15 No te inquiete la labor
que has de cumplir cada día;
tu solo quehacer, María,
en la vida es el amor.
16 Puedes decir a quien diga
que tus obras no se ven:
«amo mucho, y en la vida
el amor es mi quehacer».
17 Jesús hará tu corona(7)
si sólo buscas su amor.
Un día te hará reinar
si le das tu corazón.
18 Tras la noche de esta vida
verás su dulce mirada,
y a aquella cumbre de arriba
volará tu alma veloz...
Noche de Navidad de 1894
(Melodía: Sur le grand mât d'une corvette)
NOTAS P 8 - LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA
SANTA FAZ
Fecha: 25 de diciembre de 1894. - Compuesta para: Celina, postulante con
el nombre de María de la Santa Faz; composición espontánea. -
Publicación: HA 98 (diecisiete versos retocados). - Melodía: Le petit
mousse noir.
La frescura de una canción de Navidad, pero también una poesía
estructurada, meticulosa, de palabras escogidas, un pequeño tratado
sobre la infancia y la omnipotencia. Teresa compone esta poesía para
consolar a su hermana, cuyas cualidades no parecían reconocerse
demasiado en el Carmelo; el éxito será completo (cf los seis relatos de
Celina, especialmente CSG, pp. 50 y 151).
En realidad, Teresa apunta mucho más alto: después de María de la
Trinidad, quiere arrastrar a «María de la Santa Faz» por el camino de la
infancia. Este canto de Navidad es también un canto de Nazaret, de la vida
escondida. La presencia de María es un elemento primordial para la
iniciación en la sencillez, en el silencio del amor, en el parecido (1,1) con
«el único cordero», con el Verbo hecho niño.
(1) Cf P 7,4+.
(2) Cf P 2+.
(3) Elvelo -o el manto- de la Santísima Virgen, bajo el que podemos
cubrirnos (4,2; 51), o escondernos (P 1,1; aquí estr. 4; Cta 161; RP 8, 6rº),
o descansar (PN 5,11,3 = P 4,11,3), o dormirse (P 27,8; 35,12) es el
símbolo de la completa seguridad para el niño, el lugar del perfecto
abandono. Pero después de una gracia como la que Teresa recibió en el
verano de 1889 (cf CA 11.7.2), este velo pasa a tener un sentido místico.
Al igual que el manto, también el velo «virginiza» (Cta 105), sitúa a la
persona en un «silencio profundo de todos los cuidados de la tierra» (Cta
122). Bajo este velo, el alma encuentra solo a Jesús, lo mira, se une a él.
Teresa está en perfecta armonía con la tradición de la Orden: la vida
escondida del Carmelo es algo así como un desierto mariano.
(4) La estrofa 6 hablará de grandes virtudes, pero de unas virtudes que son
las de la infancia. El vocabulario no debe llamarnos a engaño: estas
«virtudes infantiles» exigen un abandono total de sí mismo. Cf Or 14, nota
4+.
(5) Las estrofas 9-14 presentan un entramado de temas bastante sutil y una
prosecución de ideas polifónicas que, tras las imágenes de la infancia,
anuncian ya el futuro trágico de Jesús. Desconocer: cf RP 2,3rº y 7vº;
4,1vº; 5,2rº; Cta 108 (Is 53,2).
(6) Excepto en P 15,5 (huída a Egipto), destierro en Teresa designa la
Encarnación (P 1,1; 15,1; 19,1; Cta 141; Ms B 5vº; RP 2,1rº; RP 5,1rº; RP
6,2vº). Teresa, al parecer, nunca tiene en cuenta que Jesús, al encarnarse,
vino a su casa.
(7) Cf Cta 143, nota 5.
P 9 A SAN JOSÉ
1 Vuestra admirable vida
en la sombra, José, se deslizó
humilde y escondida,
¡pero fue augusto privilegio vuestro
contemplar muy de cerca la belleza
de Jesús y María!
Estribillo José, tierno Padre,
protege al Carmelo.
Que en la tierra tus hijos }
gocen ya la paz del cielo } bis
2 ¡Más de una vez, el que es Hijo de Dios,
y entonces era niño
y sometido en todo a la obediencia vuestra,
sobre el dulce refugio de vuestro pecho amante
descansó con placer!
3 Y como vos, nosotros,
en la tranquila soledad, servimos
a María y Jesús,
nuestro mayor cuidado es contentarles,
no deseamos más.
4 A vos, Teresa, nuestra santa Madre,
acudía amorosa y confiada
en la necesidad,
y asegura que nunca su plegaria
dejasteis de escuchar.
5 Tenemos la esperanza de que un día,
cuando haya terminado la prueba de esta vida,
al lado de María iremos, Padre, a veros.
Estribillo Bendecid, tierno Padre,
nuestro Carmelo,
y tras el destierro de esta vida }
¡reunidnos en el cielo! }bis
NOTAS P 9 - A SAN JOSÉ
Fecha: 1894. - Compuesta para: sor María de la Encarnación (Josefina
Lecouturier), a petición de ésta. - Publicación: HA 98 (cinco versos
corregidos). - Melodía: Nous voulons Dieu.
No sabemos nada acerca de las circunstancias de esta composición, pero
data con seguridad de 1894. La vida escondida de san José, hecha de
contemplación y de servicio a Jesús y a María, en pobreza y en soledad,
es un buen ejemplo para las carmelitas (cf TERESA DE JESUS, Vida, cap.
6).
P 10 VIVIR DE AMOR
1 En la última noche, la noche del amor,
hablando claramente y sin parábolas,
Jesús decía así:
«Si alguno quiere amarme, que guarde mi palabra(1),
que la guarde fielmente. Mi Padre le amará,
y vendremos a él, moraremos en él,
será para nosotros una morada viva,
será nuestro palacio.
Pero también queremos que more él en nosotros,
lleno de paz, que more en nuestro amor.»
2 ¡Vivir de amor quiere decir guardarte
a ti, Verbo increado, Palabra de mi Dios!
Lo sabes, Jesús mío, yo te amo,
me abrasa con su fuego(2) tu Espíritu de Amor.
Amándote yo a ti, atraigo al Padre,
mi débil corazón se entrega a él sin reserva.
¡Oh augusta Trinidad,
eres la prisionera, la santa prisionera(3)
de mi amor!
3 Vivir de amor vivir es de tu vida,
glorioso Rey, delicia de los cielos.
Por mí vives oculto en una hostia,
por ti también, Jesús, vivir quiero escondida.
Soledad necesitan los amantes(4),
que hablen sus corazones noche y día.
Me hace feliz tan sólo tu mirada,
¡vivo de amor!
4 Vivir de amor
no es en la cima del Tabor su tienda
plantar el peregrino de la vida.
Es subir al Calvario
a zaga de las huellas de Jesús,
y valorar la cruz como un tesoro(5)...
En el cielo, mi vida será el gozo,
y el dolor será ido para siempre.
Mas aquí desterrada, quiero, en el sufrimiento,
¡vivir de amor!
5 Vivir de amor es darse sin medida(6),
sin reclamar salario aquí en la tierra.
¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura
de que en amor el cálculo no entre!
Lo he dado todo al corazón divino,
que rebosa ternura.
Nada me queda ya... Corro ligera(7).
Ya mi única riqueza es, y será por siempre
¡vivir de amor!
6 Vivir de amor es disipar el miedo,
aventar el recuerdo de pasadas caídas.
De aquellos mis pecados no veo ya la huella,
junto al fuego divino se han quemado(8)...
¡Oh dulcísima hoguera, sacratísima llama,
en tu centro yo fijo mi mansión.
Y allí, Jesús, yo canto confiada y alegre:
¡vivo de amor!
7 Vivir de amor guardar es, en sí misma,
en un vaso mortal, un inmenso tesoro.
Mi flaqueza es extrema, Amado mío,
disto mucho de ser un ángel de los cielos.
Mas si es verdad que caigo a cada paso,
lo es también que tú vienes en mi ayuda(9)
y me levantas
y tu gracia me das.
¡Vivo de amor!
8 Vivir de amor es navegar (10) sin tregua
en las almas sembrado paz y gozo.
¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge,
Pues te veo en las almas, mis hermanos (11).
La caridad me guía, ella es mi estrella,
bogo siempre a su luz.
en mi vela yo llevo grabada mi divisa:
¡Vivir de amor!
9 Vivir de amor es mientras Jesús duerme
permanecer en calma
en medio de la mar aborrascada.
No temas, ¡oh Señor!, que te despierte,
espero en paz (12) la orilla de los cielos...
Pronto la fe desgarrará su velo
y habrá sido mi espera sólo un día.
La caridad me empuja, ella hinche mi vela,
¡vivo de amor!
10 Vivir de amor, Maestro amado mío,
es pedir que derrames tu luz y tu calor
del sacerdote (13) en el alma santa,
en su alma elegida.
¡Pueda ser él más puro que un serafín del cielo!
Y protege también a tu Iglesia inmortal (14),
no cierres tus oídos, Jesús, a mi clamor.
Hija suya soy yo, por mi Madre me inmolo,
¡vivo de amor!
11 Vivir de amor es enjugar tu rostro (15),
es a los pecadores (16) alcanzar el perdón.
¡Oh Dios de amor!, que vuelvan a tu gracia,
que bendigan tu nombre eternamente.
Hasta el alma me llega la blasfemia (17),
para borrarla yo canto cada día:
¡Oh nombre de mi Dios, te adoro y amo,
vivo de amor!
12 Vivir de amor
es imitar, Jesús, la hazaña de María
cuando bañó de lágrimas y perfumes preciosos
tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada,
enjugándolos luego con sus largos cabellos...
Y alzándose del suelo, rompió el frasco
y tu cabeza María perfumó.
¡Oh Jesús, el perfume (18) que yo doy a tu rostro
es y será mi amor!
13 «¡Vivir de amor, oh qué locura extraña
-me dice el mundo-, cese ya tu canto!
¡No pierdas tus perfumes, no derroches tu vida,
aprende a utilizarlos con ganancia!»
¡Jesús, amarte es pérdida fecunda!
Tuyos son mis perfumes para siempre.
Al salir de este mundo cantar quiero:
¡muero de amor!
14 ¡Morir de amor (19), dulcísimo martirio,
y es el martirio que sufrir quisiera!
Acordad, querubines, vuestras liras,
siento que mi destierro va a acabar...
Llama de amor (20), consúmeme sin tregua.
¡Oh vida de un momento,
muy pesada tu carga se me hace!
¡Oh divino Jesús!, haz realidad mi sueño:
¡morir de amor!
15 Morir de amor, es ésta mi esperanza,
cuando vea romperse mis cadenas.
Mi Dios será mi recompensa grande (21),
otros bienes no quiero poseer.
Quiero ser abrasada por su amor,
quiero verle (22) y unirme a él para siempre.
Este será mi cielo y mi destino:
¡¡¡Vivir de amor...!!!
NOTAS P 10 - VIVIR DE AMOR
Fecha: 26 de febrero de 1895. Composición espontánea. - Publicación: HA
98 (veintiún versos corregidos). - Melodía: Il est à moi.
Uno no puede por menos de sentirse impresionado por los acentos de
gravedad dentro del tono de fervor de este poema de amor, rico, profundo,
extenso. Una verdadera «declaración» que contempla toda la envergadura
de ese amor, como se contemplan todas las consecuencias de un acto
antes de tomar una grave resolución. «Vivir de amor - morir de amor» (cf
un billete de la madre María de Gonzaga a Teresa de 1890, LC 144): ése
es el núcleo de esta gran meditación, hecha en un momento en que
Teresa adquiere la certeza de que morirá pronto y en que comienza su
autobiografía, un punto de vista privilegiado sobre el presente, el pasado y
el futuro. El hecho de que escriba espontáneamente un poema así es
significativo.
Teresa habla «sin parábolas» al menos en diez estrofas (de quince). No es
que no haya aquí imágenes simbólicas; pero son más raras que en los
demás poemas. Las ideas y las intuiciones prevalecen a veces sobre la
poesía, o al menos el pensamiento teológico es en ocasiones tan fuerte
que encuentra mayor dificultad en encarnarse en una forma poética; la
«violenta» o incluso la supera.
Vivir de amor brotó de un solo tirón durante los largos ratos de oración
ante el Santísimo Sacramento, expuesto los tres días de las Cuarenta
Horas (domingo, lunes y martes que preceden al miércoles de ceniza) para
reparar los excesos del carnaval antes de entrar en la Cuaresma.
Las monjas se turnan cada hora de dos en dos ante la custodia. Sólo está
iluminado el altar de la capilla, mientras el coro de las carmelitas
permanece en penumbra. Prácticamente no pueden leer. Y en este clima
de ferviente intimidad es donde el canto Vivir de amor fluye del alma de
Teresa: un río de paz, inmenso, tranquilo, que cada estrofa va engrosando
como un afluente sin perturbar su curso.
Las copias B y C de este poema tienen como epígrafe: «Si alguien me
ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amara, y vendremos a él y
haremos en él nuestra morada... Mi paz os doy... Permaneced en mi
amor... San Juan, c. 14, v. 23 y 27; 15, v. 9.
(1) Cf Cta 142, y sobre todo la larga paráfrasis de Cta 165.
(2) Primera de las imágenes del fuego, que darán vida al poema (estr. 6, 10,
14, 15). Cf infra, nota 8. La palabra fuego aparece diez y siete veces en las
Poesías.
(3) Probable reminiscencia de san Juan de la Cruz (Cántico Espiritual,
declaración a la canción 32). Cf P 20,5,2.
(4) Posible alusión al Cántico Espiritual, declaración a la canción 36.
(5) Cf P 30,5 y PN 50,5.
(6) El amor gratuito, generoso, es un tema que encontramos con frecuencia
en Teresa; cf, por ejemplo, Cta 142; Or 6; CSG, p. 62; CA 9.5.3; 6.8.4;
6.8.7; etc.
(7) Cf el comentario de san Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual, canción
25: «Las jóvenes discurren al camino», que Teresa retomará (poco más
tarde) en el Ms A 47vº/48rº. Piénsese también en el salmo 118,32 (cf Ms C
16rº). Recordemos finalmente Imitación III, 5: «El que ama corre, vuela, es
alegre, es libre..., todo lo entrega», etc., que preanuncia directamente al
Ms A 80vº.
(8) La estrofa del fuego; cf Ms A 84vº. Otros textos completan e ilustran más
esta estrofa del «purgatorio»: Ms A 84rº/vº; P 14,8; Cta 226; CA 8.7.15 y
30.7.3; Ultimas Conversaciones (Burgos, Monte Carmelo, 1973) p. 615; VT
nº 99, pp. 185, 187.
(9) Cf P 29,4.
(10) Sobre el vocabulario de la navegación en Teresa puede verse un
repertorio en VT nº. 61, enero 1976, p. 80.
(11) Cf Ms C 30rº.
(12) Sobre la espera serena del cielo en 1895, cf también P 13,3; 15,32; PN
22,11.
(13) Cf Cta 94+.
(14) Cf Acto de Ofrenda, Or 6.
(15) La imagen de la Verónica «enjugando el rostro de Jesús»: símbolo del
amor que «borra» las blasfemias, y que da un bello ritmo a la estrofa; cf
RP 2,4rº; Ms A 66vº; Or 12.
(16) Cf P 13,1. Primera mención de los pecadores en las Poesías.
(17) Cf RP 2,8rº; Ms A 52rº; P 15,29. En 1885, siendo todavía una niña,
Teresa fue inscrita en la Archicofradía reparadora de las blasfemias y de la
profanación del domingo. Ya de carmelita, pudo volver a encontrar en la
Vie de soeur Marie de Saint-Pièrre la invitación constante a la reparación
de las blasfemias. Pero en sus escritos sólo aquí encontramos un eco de
ello.
(18) Cf P 23,E1+.
(19) Es ésta la primera vez que en sus escritos se manifiesta este impulso
hacia la «muerte de amor». Lo volveremos a encontrar enseguida en P
11,52; Or 6; P 15,26; 20,6; Cta 242; Ms C 7vº y 8rº; Cta 255, y más tarde
en las Ultimas Conversaciones. María de la Eucaristía cantará esta estrofa
en la enfermería el 16.7.1897 después de la comunión de Teresa: cf Cta
255. El martirio de amor aparece evocado de nuevo en Or 6; PN 29,12; P
20,última estr.; 22,4; Cta 182 y 224.
(20) Clara alusión a la Llama de amor viva, cuya operación consumante y
transformadora canta san Juan de la Cruz. (cf Cta 197).
(21) Cf Cta 182+, nota 15.
(22) Cf Cta 56+, nota 2.
P 11 EL CÁNTICO DE CELINA
1 ¡Hoy me gusta evocar
los recuerdos benditos de mi infancia!
Para guardar la flor de mi inocencia
siempre pura y sin mancha,
Dios puso en torno mío una cerca de amor(1),
2 A pesar de ser yo tan pequeña,
me hallaba rodeada de ternura,
y de mi corazón en lo más hondo
nació la fiel promesa de desposarme un día
con Jesús, Rey de los cielos, Rey de los elegidos.
3 Desde la primavera de mi vida
a la Virgen María y a san José yo amaba.
Y ya mi alma se abismaba(2) entera,
extasiada y feliz, cuando en mis ojos
el cielo reflejaba su belleza.
4 Me gustaban los campos, los trigales,
la colina lejana y la llanura.
Y era tanta mi dicha cuando con mis hermanas
cogíamos las flores,
que hasta el aliento a veces me faltaba.
5 Me gustaba coger las hierbezuelas,
las florecillas todas, los acianos.
Me gustaba muchísimo el perfume
de las moradas violetas claras,
y el de las primaveras, sobre todo.
6 Me gustaban la blanca margarita,
los hermosos paseos del domingo,
el pájaro ligero gorjeando en la rama
y el radiante color azul del cielo.
7 Me gustaba poner todos los años
junto a la chimenea mis zapatos,
y apenas despertaba, iba corriendo
y cantando canciones
de la fiesta del cielo. ¡Navidad!
8 De mamá me encantaba la sonrisa,
su mirada profunda parecía decir:
«La eternidad me atrae, me cautiva,
al cielo azul iré ¡para ver allí a Dios!
9 «Encontraré en la patria
a la Virgen María y a mis ángeles(3)...
¡Y de las hijas que en la vida dejo,
los corazones y también las lágrimas
ofreceré a Jesús.
10 Amaba a Jesús Hostia,
que vino en la mañana de mi vida(4)
a prometerse a mi alma enajenada.
¡Oh, con cuánta alegría el corazón le abrí!
11 Y más tarde amé a la criatura
que yo veía más pura,
a Dios buscando en su creación.
Y en El, sólo en él hallé la paz.
12 Y también me gustaba, en aquel mirador
inundado de luz y de alegría,
recibir de mi padre los besos y caricias,
y acariciar yo misa sus cabellos
blancos como la nieve.
13 Sentada con Teresa(5) en sus rodillas,
durante las veladas, largo rato
a las dos nos mecía, lo recuerdo muy bien,
y aún me parece oír de sus tonadas
y de su voz el dulce y grave acento.
14 ¡Recuerdos dulces, que entrañáis sosiego
y me hacéis revivir tantas cosas lejanas...,
las cenas, el perfume de las rosas,
los Buissonnets, henchidos de una limpia alegría,
y los claros veranos!
15 Al llegarse la noche,
cuando todo rumor vano se apaga,
me sentía feliz expansionando mi alma
con mi Teresa en dulce desahogo.
Mi corazón y el suyo
formaban, confundidos, uno solo.
16 Entonces se mezclaban nuestras voces,
las manos se enlazaban,
y cantábamos juntas
nuestras futuras y sagradas bodas,
soñando en el Carmelo...
y soñando en el cielo.
17 En Suiza y en Italia me encantaron(6)
los frutos de oro bajo el cielo azul.
Me gustó, sobre todo, la mirada,
toda llena de vida,
que el santo anciano, el papa,
el Pontífice Rey, me dirigió.
18 Con amor te besé,
¡oh tierra bendita del Coliseo augusto!
La bóveda sagrada y silenciosa
de las santas y oscuras catacumbas
repitió dulcemente el eco de mi canto.
19 Tras mi dicha vinieron el dolor y las lágrimas(7).
¡Muchas y amargas lágrimas!
Me vestí la armadura de mi Esposo,
y fue su cruz mi escudo y mi consuelo.
20 Durante largo tiempo estuve desterrada,
lejos, ¡ay, si, qué lejos!, de mi familia amada;
y sin tener siquiera, cual pobre cierva herida,
el refugio de un simple agavanzo en flor.
21 Mas un atardecer, mi alma enternecida
percibió la sonrisa de María(8),
y una gota bendita de su sangre
se tornó (¡ah, qué dicha!) en leche para mí
22 Gustaba, por entonces,
de apartarme del mundo y de sus ruidos,
para oír cómo el eco, desde lejos,
respondía a mi voz,
y en el fecundo, en el umbroso valle(9),
en medio de mis lágrimas, yo recogía flores.
23 Me gustaba escuchar
de la lejana iglesia la campana
tañendo vagamente.
Me sentaba en el campo
para oír el susurro de la brisa
al caer de la tarde.
24 Me embobaba mirando
las golondrinas en su raudo vuelo,
y escuchando, callada,
el plañidero canto de las tórtolas.
Me gustaba sentir el ruido de alas
y el bronco bordoneo del insecto.
25 Me gustaba la gota de rocío,
la cantora cigarra,
la virginal abeja preparando la miel
desde su mismo despertar.
26 Gustaba yo de recoger el brezo,
corriendo sobre el leve y blando musgo;
cazar las mariposas,
en frágil vuelo sobre los helechos
y pintado en sus alas el puro azul del cielo.
27 Amaba a las luciérnagas en la sombra,
y amaba las estrellas incontables.
Y, sobre todo, el disco plateado
de la luna en la noche (10).
28 En su última vejez
me gustaba rodear a mi padre de ternura.
El lo era para mí todo en la vida:
hijo, dicha, riqueza.
¡Ah, cuántas veces y con qué cariño
le estrechaba en mis brazos!
29 Nos gustaba escuchar el dulce ruido de las olas
y el retumbo encendido de la oscura tormenta,
y en la quietud profunda de la tarde
del ruiseñor la voz en el fondo del bosque.
30 Pero su hermoso rostro una mañana
la imagen, con sus ojos, buscó del crucifijo...
Al marchar, me dejó su postrera mirada,
la prenda de su amor. ¡Aquella era mi parte!
31 Con su divina mano, con su amorosa mano,
a Celina Jesús le arrebató
el único tesoro que tenía,
¡y llevándolo lejos, lejos de la colina,
lo colocó en el cielo, cerca del Dios eterno!
32 Ahora estoy prisionera (11),
muy lejos de la tierra y de sus bosques.
vi que todo es en ella efímero y caduco (12),
¡toda mi dicha, en ella, vi apagarse y morir!
33 Bajo mis pies se magulló la hierba,
y en mis manos la flor se marchitó...
Jesús, por tu pradera (13) correr quiero,
no dejarán en ella mis pies huella.
34 Como un ciervo sediento
va suspirando por las aguas vivas,
así, desfallecida, ¡oh Jesús!, a ti corro.
Para calmar mi sed y mis ardores
hacen falta tus lágrimas...
35 Sólo tu amor me arrastra. En la llanura
mi rebaño dejé, ya no lo cuido (14).
Complacer sólo quiero
a mi nuevo Cordero, a mi Cordero único.
36 El Cordero a quien amo eres tú, mi Jesús.
Me bastas, ¡bien supremo!, todo lo tengo en ti (15),
tengo la tierra y hasta tengo el cielo.
Tú eres la flor, Rey mío, que yo corto (16).
37 Jesús, Lirio del valle, me cautivó tu aroma.
Ramillete de mirra, corola perfumada,
dentro del corazón quiero guardarte
y en él darte mi amor.
38 Junto a mí va tu amor, siempre conmigo.
En ti tengo los bosques y campiñas,
los ríos, las montañas, la pradera,
la lluvia de los cielos y la nieve.
39 Todo lo tengo en ti:
los trigos y las flores entreabiertas,
los botones de oro, las miosotis y rosas.
El perfume poseo y la frescura de los blancos lirios (17).
40 En ti tengo la lira melodiosa (18),
la soledad sonora, los ríos y las rocas,
la graciosa cascada, el gamo saltador,
la gacela, los corzos y la ardilla.
41 En ti tengo también
el arco iris y la nieve pura,
el inmenso horizonte y la verdura,
las ínsulas extrañas y las maduras mieses,
las leves mariposas,
los campos y la alegre primavera.
42 En tu amor, ¡oh Jesús!, también encuentro
las palmeras esbeltas que el sol dora,
la noche en par de los levantes de la aurora (19),
las aves y el suave murmullo del arroyo.
43 Tengo en ti los racimos deliciosos,
las graciosas libélulas,
la selva virgen llena de flores misteriosas.
Tengo a todos los niños, rubios, pequeñitos,
con sus alegres cantos.
44 Tengo en ti las colinas y las fuentes,
Tengo vincapervincas, madreselvas,
agavanzos, bejucos,
flores blancas de espino y los frescos nenúfares.
45 Tengo la avena, loca y tembladora,
la voz grave y potente de los vientos,
el hilo de la Virgen,
la llama ardiente, el céfiro ligero,
los zarzales floridos y los nidos.
46 Tengo el hermoso lago,
el valle solitario, oscuro de árboles,
la ola plateada del océano,
peces dorados
y los raros tesoros de los mares.
47 Yo tengo en ti la nave que navega
por alta mar y lejos de la playa,
el surco de oro (20) y la tranquila costa.
Tengo el fuego del sol cuando se va del cielo
festoneando con su luz las nubes.
48 En ti, Jesús, yo tengo la palmera pura;
y bajo el burdo sayal de que me visto,
valiosas joyas, ricos aderezos,
anillos y diamantes, brillantes y collares.
49 Tengo en ti la brillante y clara estrella.
Muchas veces tu amor se me descubre,
y entonces yo percibo, como a través de un velo,
al declinar el día,
la caricia divina de tu mano.
50 Tú sostienes los mundos con tu mano,
tú plantas las profundas, las oscuras florestas,
y en un volver de ojos las fecundas (21).
Con mirada de amor (22) me sigues siempre.
51 Tengo tu corazón y tu adorado rostro,
y esa mirada tuya que me ha herido.
De tu sagrada boca el beso tengo.
Te amo, Jesús, y nada más deseo.
52 Iré a cantar al cielo con los ángeles
de tu sagrado amor las alabanzas.
Haz que yo vuele pronto a formar en sus filas,
¡que yo muera de amor (23), Jesús, un día.
53 La mariposa se lanza contra el fuego,
fuertemente atraída
por su encendida y clara transparencia.
De ese modo tu amor es mi esperanza,
quiero volar a él y en él quemarme 24>...
54 ¡Oigo ya que se acerca, mi Dios, tu eterna fiesta!
Tomaré de los sauces mi arpa muda
y en tus rodillas (25) a sentarme iré,
¡para allí verte...!
55 Y muy cerca de ti veré a María,
a los santos veré y a mi familia amada.
Después de este destierro de la vida,
yo volveré a encontrar allá en el cielo
el hogar (26) paternal...
NOTAS P 11 - CÁNTICO DE CELINA
Fecha: 28 de abril de 1895. - Compuesta para: sor Genoveva, a petición
de ésta, para su cumpleaños (veintiséis). - Publicación: HA 98, cincuenta y
una estrofas, dos de las cuales fueron modificadas, y treinta y cuatro
versos corregidos. - Melodía: Combien j'ai douce souvenance.
Es el «Cántico de las criaturas» de Celina, pero más aún de Teresa. Tras
la cúspide de su Vivir de amor, Teresa va recorriendo con verdadero júbilo
las riquezas de la creación, que luego volverá a descubrir, trascendidas, en
su Amado.
Esta sinfonía de flores, de perfumes, de verdor, de pájaros es toda una
orquestación a dos versos de Celina. Un domingo de 1895, cuando sor
Genoveva está a punto de cortar el primer narciso, su hermana la detiene:
«¡Hace falta permiso!» Al volver a su celda, la novicia intenta consolarse
recordando a Jesús, en una poesía, lo que ha dejado por él. Sólo una
pocas palabras consiguen traspasar la capa de tristeza:
La Flor que yo corto, Rey mío,
¡eres Tú!
Teresa viene en ayuda de Celina y, con certero instinto de maestra
espiritual, se esmera por que no quede en la sombra ninguna de las
alegrías del pasado, aun cuando esto la lleve a desleir demasiado la
poesía, que es la más larga de todo su repertorio en cuanto al número de
estrofas (cincuenta y cinco).
Y serán sus recuerdos comunes de la infancia y de la juventud (el Ms A
está en vías de redacción) lo que Teresa rememorará en este poema de
amor, de familia y sobre todo de la naturaleza. Un poema que se divide en
dos grandes partes: antes de la entrada en el Carmelo (estr. 1 a la 31), y el
«ahora» (estr. 32 hasta el final).
El influjo de san Juan de la Cruz es innegable (Cántico Espiritual, canc. 14-
15), y la propia Teresa lo indica así en una carta de 1892 (Cta 135). La
gran similitud entre los dos santos reside en una intuición fundamental
común: en Cristo se recapitula la profusión de todas las riquezas creadas.
Estrofas 1 a 9: Alençon
(1) Cf Ms A 4vº.
(2) Se plonger o être plongé (abismarse), usado de forma incorrecta, sin
complemento (lo mismo que en Cta 54; Ms A 31vº; o PN 54,18,3 = P
36,18,3) es una expresión de la familia Martin que indica asombro,
recogimiento admirativo.
(3) Sus cuatro hijos, muertos muy pequeñitos.
Estrofas 10 a 18: Los Buissonnets
(4) Primera comunión de Celina, el 13 de mayo de 1880.
(5) Teresa se pone a sí misma en escena en el mirador; cf P 6,7.
(6) El viaje a Roma en noviembre de 1887.
Estrofas 11 a 31: Celina y su padre
(7) Una secuencia propia de la vida de Celina: la enfermedad del señor
Martin (19-20) y su muerte (30-31), con los recuerdos felices de las
vacaciones en La Musse en el intervalo (22-27), y sobre todo con su padre
(28-29).
(8) Dos gracias de María a la desterrada: cf Poésies, II, pp 126s.
(9) Lugar privilegiado en la topografía teresiana; cf P 36,3; RP 3,14vº; RP
5,7; Cta 142, 146, 165; aquí se percibe una reminiscencia del Cántico
Espiritual de san Juan de la Cruz, canc. 14.
(10) Teresa, hija del sol, y que concede tanto espacio a las estrellas, muy
pocas veces habla de la luna (Ms A 48rº; Ms C 26rº; P 15,6 y 17,4).
Estrofas 32 a 36: Celina en el Carmelo
(11) El Carmelo es una «prisión bendita» (Ms A 67rº); cf Cta 106. Celina, al
igual que Teresa, se constituye voluntariamente prisionera en él (Ms A
58rº, 81vº); pero no prisionera de las rejas, sino prisionera del amor a
Jesús (P 20,E5; Cta 201), como Jesús lo está del nuestro; cf Or 17.
(12) Cf Ms A 69vº; Cta 245 y 260; P 11,32; 29,1; 31,2; PN 50,2.
(13) Cf las praderas del cielo de 24.9.4. Como hija que es de la Normandía,
es lógico que Teresa conceda mucho espacio a la pradera (veintitrés
veces en sus escritos), que pertenece también a su imaginería celestial.
También san Juan de la Cruz compara el cielo a un «prado de verduras,
de flores esmaltado» (Cántico Espiritual, canc. 4).
(14) Cf P 7,4+.
(15) CfOración del alma enamorada, de san Juan de la Cruz: «Míos son los
cielos y mía es la tierra (...) y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es
mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí». Cf infra, el título de
PN 18 bis [«Quien tiene a Jesús lo tiene todo»].
(16) Los dos versos de Celina que dieron origen a la poesía; cf supra,
introducción a la misma.
Estrofas 38 a 51: Quien tiene a Jesús lo tiene todo
(17) Esta es la única vez que Teresa menciona el «muguet», el lirio de los
valles, con esa palabra, al que Celina atribuye el sentido de «amor
escondido».
(18) Símbolo que le gustaba mucho a Celina; cf Cta 149+.
(19) CfCántico Espiritual, canc. 15.
(20) Cf P 2,2+.
(21) Cf LAMARTINE: «Tú, que con una mirada vuelves fecunda la
inmensidad» (La Prière).
(22) Lamirada de Dios, que se posa con amor sobre la criatura y le da vida
y belleza, es uno de los grandes temas sanjuanistas; cf Or 6, nota 11. ¡Qué
lejos está esto de un «vigilante» airado por el pecado! Esa mirada de amor
recíproca e incesante está en el corazón mismo de la vida contemplativa
de Teresa.
Estrofas 52 a 55: Pronto... el cielo
(23) Cf P 10,14+.
(24) Cf Ms A 38vº; estrofa que sintetiza en pocas palabras todo este largo
poema.
(25) Cf Cta 211+.
(26) Elhogar [toit en el original] es una palabra rara en los escritos de
Teresa (Ms A 59vº, 65 rº, 75rº, 82rº). Pero la idea del cielo como casa y
como hogar [foyer] paterno les es familiar a los dos hermanas: cf Ms A 41º,
muy cercano a esta estrofa, y Ms A 75rº.