Sta. Teresita de Lisieux

Poemas 7 a 11

 

 

P 7 HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA

 

A sor María Magdalena

en el día de su profesión

en manos de la madre Inés de Jesús.

1 En este día feliz,

¡oh Magdalena!, a tu lado

venimos a celebrar

el maravilloso enlace,

el dulce enlace que une

con tu celestial Esposo.

Escucha con embeleso

esta encantadora historia

de una pastorcita humilde

a la que un gran Rey llamó

para colmarla de honores,

y ella respondió a su voz.

Estrib. Cantemos a la pastora,

pobrecita de la tierra,

a quien el gran Rey del cielo

en el Carmelo hoy escoge

por esposa.

2 Erase una pastorcita

que guardaba sus corderos

mientras hilaba la rueca.

Admiraba a cada flor

y escuchaba a cada pájaro,

y comprendía muy


 

 

 

el dulcísimo lenguaje

del bosque y del cielo azul.

en todo hallaba la imagen

que le revelaba a Dios.

3 Ella a Jesús y a María

amaba con gran ardor,

y ellos, amando a Melania,

le hablaron al corazón.

La dulce Reina divina

le dijo amorosamente:

«¿Quieres, Melania, venir

conmigo al Monte Carmelo,

y llamarte Magdalena

y no ganar más que el cielo?

4 «¡Oh, niña, deja tus campos,

tu rebaño deja, nena!

Allá arriba en mi montaña

mi Jesús y tu Jesús

será tu único Cordero»(1).

Jesús, a su vez, le dijo:

«¡Oh, ven pronto, que tu alma

ha cautivado a la mía!

Por prometida te tomo,

serás mía para siempre».

5 Dichosa, la pastorcita

oyó la dulce llamada,

y tras la Virgen, su Madre,

llegó a la cumbre del Monte

................................

¡Oh pequeña Magdalena!,

en este dichoso día

es a ti a quien festejamos.

Hoy la pastora es ya reina,

y reina junto a Jesús,

que es su Rey y que es su amor.

6 Tú lo sabes, hermanita:

servir a Dios es reinar(2).

Jesús, durante, su vida,

nos lo enseñó claramente:

«Si en la celeste patria

quieres ser el primero,

procura ser el último

en el destierro».


 

 

 

7 Magdalena, estás contenta

con el lugar que te toca

en este Monte Carmelo.

¿Cómo no habías de estarlo,

si estás tan cerca del cielo?

A Marta y María imitas(3):

orar y servir a Cristo.

Esta es toda nuestra vida,

nuestra dicha verdadera.

8 Si, tal vez, el sufrimiento,

el amargo sufrimiento,

visita tu corazón,

haz de él tu dicha y tu gozo:

¡qué dulce es sufrir por Dios!

Y las ternuras divinas

te harán muy pronto olvidar

que caminas sobre espinas,

te parecerá volar...

9 Hoy hasta el ángel te envidia(4),

¡quisiera gustar la dicha

que tú posees, María,

siendo esposa del Señor!

Muy pronto podrás cantar,

en el concierto glorioso

de los Tronos y Virtudes,

del Rey Jesús los loores,

del Rey Jesús, que es tu Esposo.

Estr. final Muy pronto la pastorcita,

pobrecita de la tierra,

volando, al cielo se irá

a reinar con el Eterno.

A nuestras Reverendas Madres

10 A vosotras, nuestras Madres,

a vuestro orar y desvelos,

nuestra hermana Magdalena

debe su dicha y su paz.

Ella sabrá agradeceros

vuestro tierno amor materno,

pidiéndole a su Maestro

que os dé sus dones del cielo.

Estribillo Y en vuestras coronas,

Madres tan buenas,

brillará la flor

que hoy a él ofrecéis.


 

 

 

 

NOTAS P 7 - HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA

Fecha: 20 de noviembre de 1894. - Compuesta para: sor María Magdalena

del Ssmo. Sacramento, para su profesión. La última estrofa está dedicada

a la madre Inés y a la madre María de Gonzaga. - Publicación: HA 98

(doce versos corregidos); la última estrofa y último estribillo, en Poésies,

1979. - Melodía: Tombé du nid.

Teresa había evocado ya, siendo novicia, la historia de «una joven aldeana

a quien un rey poderoso viniera a pedir en matrimonio» (Cta 109). «La

pastora convertida en reina» es uno de los temas más clásicos del folclore

universal en el campo de las novelas del corazón. La imagen es de lo más

apropiada para seducir a Teresa, sensible como es a la alianza del más

pequeño con el más grande, del menos-que-nada con el eterno. Y en este

caso, esa imagen se impone por sí misma, ya que María Magdalena (antes

Melania) fue efectivamente pastora (cf RP 7, escena 1).

Había que ser Teresa para escribir un poema tan libre y lleno de chispa

dedicado a una novicia de temperamento tan tenso, que se encierra en sí

misma ante la perspicacia de la Santa. Y sin embargo, María Magdalena la

quiere: su deposición en el Proceso Ordinario es uno de los más bellos

retratos de Teresa.

Esta, por su parte, nunca perdió la paciencia. En este poema no hay ni una

sombra de reticencia, nada que deje adivinar la menor irritación o el menor

esfuerzo. El poema es un misterio de amor: el del gran Rey hacia una

pobre pastora, el de Teresa hacia su prójimo a quien ama «como la amó

Jesús».

Pero es también ella misma que canta sus propias bodas: asume ya el

tono de quien va a cantar «eternamente las misericordias del Señor» en el

manuscrito A.

 

(1) Cf P 11, estr. 35-36; RP 5, 26; Cta 183. Teresa se acuerda de san Juan

de la Cruz: «Ya no guardo ganado» (Cántico Espiritual, canción 28), pero

la consagración exclusiva al «único cordero» es una explicitación propia de

Teresa que nos recuerda a Apocalipsis 14, 3,4.

(2) Cita de san Agustín.

(3) A Marta y a María: Teresa no se para en las distinciones de «clases»,

tan marcadas en su época. «Orar y servir» es el patrimonio de toda

carmelita. (cf RP 4).

(4) Idea que gustaba mucho a Teresa.

 

 

P 8 LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA SANTA

FAZ


 

 

 

1 Yo buscando estoy a un niño

que a mi Jesús se parezca,

a mi único Cordero(1),

para esconder a los dos

en una misma cunita.

2 Los ángeles de la patria

envidiarían tal suerte(2);

mas yo te la doy a ti:

María, este niño Dios

tu Dios y esposo será.

3 Te escojo para que seas

de mi Jesús hermanita.

¿Deseas acompañarle?

¡Posarás en mi regazo!

4 Te esconderá bajo el manto

que cubre al Rey de los cielos.

Para tus ojos, mi Hijo

será ya brillante estrella.

5 Para que mi manto pueda

cubrirte junto a Jesús,

tienes que ser pequeñita,

con virtudes infantiles(4).

6 Quiero que en tu frente brillen

la dulzura y la pureza.

Mas sobre todo te doy

por virtud la sencillez.

7 El Dios Uno en Tres personas,

que el ángel temblando adora,

quiere que sólo le des

por nombre «Flor de los campos».

8 Como blanca margarita

que vive mirando al cielo,

tú has de ser la flor sencilla

del Niño de navidad.

9 El mundo desconocía(5)

los encantos de este Rey

que se desterró del cielo(6).

Muchas veces tú verás

cómo en sus dulces ojitos

las lágrimas brillan ya.

10 Tendrás que olvidar tus penas

para alegrar a mi Niño,

bendecir con alegría


 

 

los nobles lazos que te atan

y cantar muy suavemente...

11 El Dios todopoderoso

que calma a al mar rugiente,

tomando rasgos de niño

se ha hecho débil y pequeño.

12 El Verbo, que es la palabra,

Palabra eterna del Padre,

que por ti aquí se destierra,

mi dulce Cordero, que es

también tu pequeño hermano,

¡oh, niña, no te hablará!

13 El silencio es la primera

prenda del amor callado.

Comprendiendo su lenguaje,

deberás siempre imitarle.

14 Y si alguna vez se duerme,

cerca de él descansarás.

Su corazón vela siempre

y te servirá de apoyo

para poder descansar.

15 No te inquiete la labor

que has de cumplir cada día;

tu solo quehacer, María,

en la vida es el amor.

16 Puedes decir a quien diga

que tus obras no se ven:

«amo mucho, y en la vida

el amor es mi quehacer».

17 Jesús hará tu corona(7)

si sólo buscas su amor.

Un día te hará reinar

si le das tu corazón.

18 Tras la noche de esta vida

verás su dulce mirada,

y a aquella cumbre de arriba

volará tu alma veloz...

Noche de Navidad de 1894

(Melodía: Sur le grand mât d'une corvette)

 

NOTAS P 8 - LA REINA DEL CIELO A SU HIJA QUERIDA MARÍA DE LA

SANTA FAZ

Fecha: 25 de diciembre de 1894. - Compuesta para: Celina, postulante con

el nombre de María de la Santa Faz; composición espontánea. -


 

 

Publicación: HA 98 (diecisiete versos retocados). - Melodía: Le petit

mousse noir.

La frescura de una canción de Navidad, pero también una poesía

estructurada, meticulosa, de palabras escogidas, un pequeño tratado

sobre la infancia y la omnipotencia. Teresa compone esta poesía para

consolar a su hermana, cuyas cualidades no parecían reconocerse

demasiado en el Carmelo; el éxito será completo (cf los seis relatos de

Celina, especialmente CSG, pp. 50 y 151).

En realidad, Teresa apunta mucho más alto: después de María de la

Trinidad, quiere arrastrar a «María de la Santa Faz» por el camino de la

infancia. Este canto de Navidad es también un canto de Nazaret, de la vida

escondida. La presencia de María es un elemento primordial para la

iniciación en la sencillez, en el silencio del amor, en el parecido (1,1) con

«el único cordero», con el Verbo hecho niño.

 

(1) Cf P 7,4+.

(2) Cf P 2+.

(3) Elvelo -o el manto- de la Santísima Virgen, bajo el que podemos

cubrirnos (4,2; 51), o escondernos (P 1,1; aquí estr. 4; Cta 161; RP 8, 6rº),

o descansar (PN 5,11,3 = P 4,11,3), o dormirse (P 27,8; 35,12) es el

símbolo de la completa seguridad para el niño, el lugar del perfecto

abandono. Pero después de una gracia como la que Teresa recibió en el

verano de 1889 (cf CA 11.7.2), este velo pasa a tener un sentido místico.

Al igual que el manto, también el velo «virginiza» (Cta 105), sitúa a la

persona en un «silencio profundo de todos los cuidados de la tierra» (Cta

122). Bajo este velo, el alma encuentra solo a Jesús, lo mira, se une a él.

Teresa está en perfecta armonía con la tradición de la Orden: la vida

escondida del Carmelo es algo así como un desierto mariano.

(4) La estrofa 6 hablará de grandes virtudes, pero de unas virtudes que son

las de la infancia. El vocabulario no debe llamarnos a engaño: estas

«virtudes infantiles» exigen un abandono total de sí mismo. Cf Or 14, nota

4+.

(5) Las estrofas 9-14 presentan un entramado de temas bastante sutil y una

prosecución de ideas polifónicas que, tras las imágenes de la infancia,

anuncian ya el futuro trágico de Jesús. Desconocer: cf RP 2,3rº y 7vº;

4,1vº; 5,2rº; Cta 108 (Is 53,2).

(6) Excepto en P 15,5 (huída a Egipto), destierro en Teresa designa la

Encarnación (P 1,1; 15,1; 19,1; Cta 141; Ms B 5vº; RP 2,1rº; RP 5,1rº; RP

6,2vº). Teresa, al parecer, nunca tiene en cuenta que Jesús, al encarnarse,

vino a su casa.

(7) Cf Cta 143, nota 5.


 

 

P 9 A SAN JOSÉ

 

1 Vuestra admirable vida

en la sombra, José, se deslizó

humilde y escondida,

¡pero fue augusto privilegio vuestro

contemplar muy de cerca la belleza

de Jesús y María!

Estribillo José, tierno Padre,

protege al Carmelo.

Que en la tierra tus hijos }

gocen ya la paz del cielo } bis

2 ¡Más de una vez, el que es Hijo de Dios,

y entonces era niño

y sometido en todo a la obediencia vuestra,

sobre el dulce refugio de vuestro pecho amante

descansó con placer!

3 Y como vos, nosotros,

en la tranquila soledad, servimos

a María y Jesús,

nuestro mayor cuidado es contentarles,

no deseamos más.

4 A vos, Teresa, nuestra santa Madre,

acudía amorosa y confiada

en la necesidad,

y asegura que nunca su plegaria

dejasteis de escuchar.

5 Tenemos la esperanza de que un día,

cuando haya terminado la prueba de esta vida,

al lado de María iremos, Padre, a veros.

Estribillo Bendecid, tierno Padre,

nuestro Carmelo,

y tras el destierro de esta vida }

¡reunidnos en el cielo! }bis

 

NOTAS P 9 - A SAN JOSÉ

 

Fecha: 1894. - Compuesta para: sor María de la Encarnación (Josefina

Lecouturier), a petición de ésta. - Publicación: HA 98 (cinco versos

corregidos). - Melodía: Nous voulons Dieu.

No sabemos nada acerca de las circunstancias de esta composición, pero

data con seguridad de 1894. La vida escondida de san José, hecha de

contemplación y de servicio a Jesús y a María, en pobreza y en soledad,


 

 

es un buen ejemplo para las carmelitas (cf TERESA DE JESUS, Vida, cap.

6).

 

 

 

P 10 VIVIR DE AMOR

 

1 En la última noche, la noche del amor,

hablando claramente y sin parábolas,

Jesús decía así:

«Si alguno quiere amarme, que guarde mi palabra(1),

que la guarde fielmente. Mi Padre le amará,

y vendremos a él, moraremos en él,

será para nosotros una morada viva,

será nuestro palacio.

Pero también queremos que more él en nosotros,

lleno de paz, que more en nuestro amor.»

 

2 ¡Vivir de amor quiere decir guardarte

a ti, Verbo increado, Palabra de mi Dios!

Lo sabes, Jesús mío, yo te amo,

me abrasa con su fuego(2) tu Espíritu de Amor.

Amándote yo a ti, atraigo al Padre,

mi débil corazón se entrega a él sin reserva.

¡Oh augusta Trinidad,

eres la prisionera, la santa prisionera(3)

de mi amor!

3 Vivir de amor vivir es de tu vida,

glorioso Rey, delicia de los cielos.

Por mí vives oculto en una hostia,

por ti también, Jesús, vivir quiero escondida.

Soledad necesitan los amantes(4),

que hablen sus corazones noche y día.

Me hace feliz tan sólo tu mirada,

¡vivo de amor!

4 Vivir de amor

no es en la cima del Tabor su tienda

plantar el peregrino de la vida.

Es subir al Calvario

a zaga de las huellas de Jesús,

y valorar la cruz como un tesoro(5)...

En el cielo, mi vida será el gozo,

y el dolor será ido para siempre.

Mas aquí desterrada, quiero, en el sufrimiento,

¡vivir de amor!


 

 

 

5 Vivir de amor es darse sin medida(6),

sin reclamar salario aquí en la tierra.

¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura

de que en amor el cálculo no entre!

Lo he dado todo al corazón divino,

que rebosa ternura.

Nada me queda ya... Corro ligera(7).

Ya mi única riqueza es, y será por siempre

¡vivir de amor!

6 Vivir de amor es disipar el miedo,

aventar el recuerdo de pasadas caídas.

De aquellos mis pecados no veo ya la huella,

junto al fuego divino se han quemado(8)...

¡Oh dulcísima hoguera, sacratísima llama,

en tu centro yo fijo mi mansión.

Y allí, Jesús, yo canto confiada y alegre:

¡vivo de amor!

7 Vivir de amor guardar es, en sí misma,

en un vaso mortal, un inmenso tesoro.

Mi flaqueza es extrema, Amado mío,

disto mucho de ser un ángel de los cielos.

Mas si es verdad que caigo a cada paso,

lo es también que tú vienes en mi ayuda(9)

y me levantas

y tu gracia me das.

¡Vivo de amor!

8 Vivir de amor es navegar (10) sin tregua

en las almas sembrado paz y gozo.

¡Oh mi Piloto amado!, la caridad me urge,

Pues te veo en las almas, mis hermanos (11).

La caridad me guía, ella es mi estrella,

bogo siempre a su luz.

en mi vela yo llevo grabada mi divisa:

¡Vivir de amor!

9 Vivir de amor es mientras Jesús duerme

permanecer en calma

en medio de la mar aborrascada.

No temas, ¡oh Señor!, que te despierte,

espero en paz (12) la orilla de los cielos...

Pronto la fe desgarrará su velo

y habrá sido mi espera sólo un día.

La caridad me empuja, ella hinche mi vela,

¡vivo de amor!


 

 

 

10 Vivir de amor, Maestro amado mío,

es pedir que derrames tu luz y tu calor

del sacerdote (13) en el alma santa,

en su alma elegida.

¡Pueda ser él más puro que un serafín del cielo!

Y protege también a tu Iglesia inmortal (14),

no cierres tus oídos, Jesús, a mi clamor.

Hija suya soy yo, por mi Madre me inmolo,

¡vivo de amor!

11 Vivir de amor es enjugar tu rostro (15),

es a los pecadores (16) alcanzar el perdón.

¡Oh Dios de amor!, que vuelvan a tu gracia,

que bendigan tu nombre eternamente.

Hasta el alma me llega la blasfemia (17),

para borrarla yo canto cada día:

¡Oh nombre de mi Dios, te adoro y amo,

vivo de amor!

12 Vivir de amor

es imitar, Jesús, la hazaña de María

cuando bañó de lágrimas y perfumes preciosos

tus fatigados y divinos pies y los besó arrobada,

enjugándolos luego con sus largos cabellos...

Y alzándose del suelo, rompió el frasco

y tu cabeza María perfumó.

¡Oh Jesús, el perfume (18) que yo doy a tu rostro

es y será mi amor!

13 «¡Vivir de amor, oh qué locura extraña

-me dice el mundo-, cese ya tu canto!

¡No pierdas tus perfumes, no derroches tu vida,

aprende a utilizarlos con ganancia!»

¡Jesús, amarte es pérdida fecunda!

Tuyos son mis perfumes para siempre.

Al salir de este mundo cantar quiero:

¡muero de amor!

14 ¡Morir de amor (19), dulcísimo martirio,

y es el martirio que sufrir quisiera!

Acordad, querubines, vuestras liras,

siento que mi destierro va a acabar...

Llama de amor (20), consúmeme sin tregua.

¡Oh vida de un momento,

muy pesada tu carga se me hace!

¡Oh divino Jesús!, haz realidad mi sueño:

¡morir de amor!


 

 

15 Morir de amor, es ésta mi esperanza,

cuando vea romperse mis cadenas.

Mi Dios será mi recompensa grande (21),

otros bienes no quiero poseer.

Quiero ser abrasada por su amor,

quiero verle (22) y unirme a él para siempre.

Este será mi cielo y mi destino:

¡¡¡Vivir de amor...!!!

 

NOTAS P 10 - VIVIR DE AMOR

Fecha: 26 de febrero de 1895. Composición espontánea. - Publicación: HA

98 (veintiún versos corregidos). - Melodía: Il est à moi.

Uno no puede por menos de sentirse impresionado por los acentos de

gravedad dentro del tono de fervor de este poema de amor, rico, profundo,

extenso. Una verdadera «declaración» que contempla toda la envergadura

de ese amor, como se contemplan todas las consecuencias de un acto

antes de tomar una grave resolución. «Vivir de amor - morir de amor» (cf

un billete de la madre María de Gonzaga a Teresa de 1890, LC 144): ése

es el núcleo de esta gran meditación, hecha en un momento en que

Teresa adquiere la certeza de que morirá pronto y en que comienza su

autobiografía, un punto de vista privilegiado sobre el presente, el pasado y

el futuro. El hecho de que escriba espontáneamente un poema así es

significativo.

Teresa habla «sin parábolas» al menos en diez estrofas (de quince). No es

que no haya aquí imágenes simbólicas; pero son más raras que en los

demás poemas. Las ideas y las intuiciones prevalecen a veces sobre la

poesía, o al menos el pensamiento teológico es en ocasiones tan fuerte

que encuentra mayor dificultad en encarnarse en una forma poética; la

«violenta» o incluso la supera.

Vivir de amor brotó de un solo tirón durante los largos ratos de oración

ante el Santísimo Sacramento, expuesto los tres días de las Cuarenta

Horas (domingo, lunes y martes que preceden al miércoles de ceniza) para

reparar los excesos del carnaval antes de entrar en la Cuaresma.

Las monjas se turnan cada hora de dos en dos ante la custodia. Sólo está

iluminado el altar de la capilla, mientras el coro de las carmelitas

permanece en penumbra. Prácticamente no pueden leer. Y en este clima

de ferviente intimidad es donde el canto Vivir de amor fluye del alma de

Teresa: un río de paz, inmenso, tranquilo, que cada estrofa va engrosando

como un afluente sin perturbar su curso.

Las copias B y C de este poema tienen como epígrafe: «Si alguien me

ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amara, y vendremos a él y

haremos en él nuestra morada... Mi paz os doy... Permaneced en mi

amor... San Juan, c. 14, v. 23 y 27; 15, v. 9.


 

 

 

(1) Cf Cta 142, y sobre todo la larga paráfrasis de Cta 165.

(2) Primera de las imágenes del fuego, que darán vida al poema (estr. 6, 10,

14, 15). Cf infra, nota 8. La palabra fuego aparece diez y siete veces en las

Poesías.

(3) Probable reminiscencia de san Juan de la Cruz (Cántico Espiritual,

declaración a la canción 32). Cf P 20,5,2.

(4) Posible alusión al Cántico Espiritual, declaración a la canción 36.

(5) Cf P 30,5 y PN 50,5.

(6) El amor gratuito, generoso, es un tema que encontramos con frecuencia

en Teresa; cf, por ejemplo, Cta 142; Or 6; CSG, p. 62; CA 9.5.3; 6.8.4;

6.8.7; etc.

(7) Cf el comentario de san Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual, canción

25: «Las jóvenes discurren al camino», que Teresa retomará (poco más

tarde) en el Ms A 47vº/48rº. Piénsese también en el salmo 118,32 (cf Ms C

16rº). Recordemos finalmente Imitación III, 5: «El que ama corre, vuela, es

alegre, es libre..., todo lo entrega», etc., que preanuncia directamente al

Ms A 80vº.

(8) La estrofa del fuego; cf Ms A 84vº. Otros textos completan e ilustran más

esta estrofa del «purgatorio»: Ms A 84rº/vº; P 14,8; Cta 226; CA 8.7.15 y

30.7.3; Ultimas Conversaciones (Burgos, Monte Carmelo, 1973) p. 615; VT

nº 99, pp. 185, 187.

(9) Cf P 29,4.

(10) Sobre el vocabulario de la navegación en Teresa puede verse un

repertorio en VT nº. 61, enero 1976, p. 80.

(11) Cf Ms C 30rº.

(12) Sobre la espera serena del cielo en 1895, cf también P 13,3; 15,32; PN

22,11.

(13) Cf Cta 94+.

(14) Cf Acto de Ofrenda, Or 6.

(15) La imagen de la Verónica «enjugando el rostro de Jesús»: símbolo del

amor que «borra» las blasfemias, y que da un bello ritmo a la estrofa; cf

RP 2,4rº; Ms A 66vº; Or 12.

(16) Cf P 13,1. Primera mención de los pecadores en las Poesías.

(17) Cf RP 2,8rº; Ms A 52rº; P 15,29. En 1885, siendo todavía una niña,

Teresa fue inscrita en la Archicofradía reparadora de las blasfemias y de la

profanación del domingo. Ya de carmelita, pudo volver a encontrar en la

Vie de soeur Marie de Saint-Pièrre la invitación constante a la reparación

de las blasfemias. Pero en sus escritos sólo aquí encontramos un eco de

ello.

(18) Cf P 23,E1+.

(19) Es ésta la primera vez que en sus escritos se manifiesta este impulso

hacia la «muerte de amor». Lo volveremos a encontrar enseguida en P

11,52; Or 6; P 15,26; 20,6; Cta 242; Ms C 7vº y 8rº; Cta 255, y más tarde

en las Ultimas Conversaciones. María de la Eucaristía cantará esta estrofa


 

 

en la enfermería el 16.7.1897 después de la comunión de Teresa: cf Cta

255. El martirio de amor aparece evocado de nuevo en Or 6; PN 29,12; P

20,última estr.; 22,4; Cta 182 y 224.

(20) Clara alusión a la Llama de amor viva, cuya operación consumante y

transformadora canta san Juan de la Cruz. (cf Cta 197).

(21) Cf Cta 182+, nota 15.

(22) Cf Cta 56+, nota 2.

 

 

P 11 EL CÁNTICO DE CELINA

 

1 ¡Hoy me gusta evocar

los recuerdos benditos de mi infancia!

Para guardar la flor de mi inocencia

siempre pura y sin mancha,

Dios puso en torno mío una cerca de amor(1),

2 A pesar de ser yo tan pequeña,

me hallaba rodeada de ternura,

y de mi corazón en lo más hondo

nació la fiel promesa de desposarme un día

con Jesús, Rey de los cielos, Rey de los elegidos.

3 Desde la primavera de mi vida

a la Virgen María y a san José yo amaba.

Y ya mi alma se abismaba(2) entera,

extasiada y feliz, cuando en mis ojos

el cielo reflejaba su belleza.

4 Me gustaban los campos, los trigales,

la colina lejana y la llanura.

Y era tanta mi dicha cuando con mis hermanas

cogíamos las flores,

que hasta el aliento a veces me faltaba.

5 Me gustaba coger las hierbezuelas,

las florecillas todas, los acianos.

Me gustaba muchísimo el perfume

de las moradas violetas claras,

y el de las primaveras, sobre todo.

6 Me gustaban la blanca margarita,

los hermosos paseos del domingo,

el pájaro ligero gorjeando en la rama

y el radiante color azul del cielo.

7 Me gustaba poner todos los años

junto a la chimenea mis zapatos,

y apenas despertaba, iba corriendo


 

 

 

y cantando canciones

de la fiesta del cielo. ¡Navidad!

8 De mamá me encantaba la sonrisa,

su mirada profunda parecía decir:

«La eternidad me atrae, me cautiva,

al cielo azul iré ¡para ver allí a Dios!

9 «Encontraré en la patria

a la Virgen María y a mis ángeles(3)...

¡Y de las hijas que en la vida dejo,

los corazones y también las lágrimas

ofreceré a Jesús.

10 Amaba a Jesús Hostia,

que vino en la mañana de mi vida(4)

a prometerse a mi alma enajenada.

¡Oh, con cuánta alegría el corazón le abrí!

11 Y más tarde amé a la criatura

que yo veía más pura,

a Dios buscando en su creación.

Y en El, sólo en él hallé la paz.

12 Y también me gustaba, en aquel mirador

inundado de luz y de alegría,

recibir de mi padre los besos y caricias,

y acariciar yo misa sus cabellos

blancos como la nieve.

13 Sentada con Teresa(5) en sus rodillas,

durante las veladas, largo rato

a las dos nos mecía, lo recuerdo muy bien,

y aún me parece oír de sus tonadas

y de su voz el dulce y grave acento.

14 ¡Recuerdos dulces, que entrañáis sosiego

y me hacéis revivir tantas cosas lejanas...,

las cenas, el perfume de las rosas,

los Buissonnets, henchidos de una limpia alegría,

y los claros veranos!

15 Al llegarse la noche,

cuando todo rumor vano se apaga,

me sentía feliz expansionando mi alma

con mi Teresa en dulce desahogo.

Mi corazón y el suyo

formaban, confundidos, uno solo.

16 Entonces se mezclaban nuestras voces,

las manos se enlazaban,

y cantábamos juntas

nuestras futuras y sagradas bodas,


 

 

 

soñando en el Carmelo...

y soñando en el cielo.

17 En Suiza y en Italia me encantaron(6)

los frutos de oro bajo el cielo azul.

Me gustó, sobre todo, la mirada,

toda llena de vida,

que el santo anciano, el papa,

el Pontífice Rey, me dirigió.

18 Con amor te besé,

¡oh tierra bendita del Coliseo augusto!

La bóveda sagrada y silenciosa

de las santas y oscuras catacumbas

repitió dulcemente el eco de mi canto.

19 Tras mi dicha vinieron el dolor y las lágrimas(7).

¡Muchas y amargas lágrimas!

Me vestí la armadura de mi Esposo,

y fue su cruz mi escudo y mi consuelo.

20 Durante largo tiempo estuve desterrada,

lejos, ¡ay, si, qué lejos!, de mi familia amada;

y sin tener siquiera, cual pobre cierva herida,

el refugio de un simple agavanzo en flor.

21 Mas un atardecer, mi alma enternecida

percibió la sonrisa de María(8),

y una gota bendita de su sangre

se tornó (¡ah, qué dicha!) en leche para mí

 

22 Gustaba, por entonces,

de apartarme del mundo y de sus ruidos,

para oír cómo el eco, desde lejos,

respondía a mi voz,

y en el fecundo, en el umbroso valle(9),

en medio de mis lágrimas, yo recogía flores.

23 Me gustaba escuchar

de la lejana iglesia la campana

tañendo vagamente.

Me sentaba en el campo

para oír el susurro de la brisa

al caer de la tarde.

24 Me embobaba mirando

las golondrinas en su raudo vuelo,

y escuchando, callada,

el plañidero canto de las tórtolas.

Me gustaba sentir el ruido de alas

y el bronco bordoneo del insecto.


 

 

 

25 Me gustaba la gota de rocío,

la cantora cigarra,

la virginal abeja preparando la miel

desde su mismo despertar.

26 Gustaba yo de recoger el brezo,

corriendo sobre el leve y blando musgo;

cazar las mariposas,

en frágil vuelo sobre los helechos

y pintado en sus alas el puro azul del cielo.

27 Amaba a las luciérnagas en la sombra,

y amaba las estrellas incontables.

Y, sobre todo, el disco plateado

de la luna en la noche (10).

28 En su última vejez

me gustaba rodear a mi padre de ternura.

El lo era para mí todo en la vida:

hijo, dicha, riqueza.

¡Ah, cuántas veces y con qué cariño

le estrechaba en mis brazos!

29 Nos gustaba escuchar el dulce ruido de las olas

y el retumbo encendido de la oscura tormenta,

y en la quietud profunda de la tarde

del ruiseñor la voz en el fondo del bosque.

30 Pero su hermoso rostro una mañana

la imagen, con sus ojos, buscó del crucifijo...

Al marchar, me dejó su postrera mirada,

la prenda de su amor. ¡Aquella era mi parte!

31 Con su divina mano, con su amorosa mano,

a Celina Jesús le arrebató

el único tesoro que tenía,

¡y llevándolo lejos, lejos de la colina,

lo colocó en el cielo, cerca del Dios eterno!

32 Ahora estoy prisionera (11),

muy lejos de la tierra y de sus bosques.

vi que todo es en ella efímero y caduco (12),

¡toda mi dicha, en ella, vi apagarse y morir!

33 Bajo mis pies se magulló la hierba,

y en mis manos la flor se marchitó...

Jesús, por tu pradera (13) correr quiero,

no dejarán en ella mis pies huella.

34 Como un ciervo sediento

va suspirando por las aguas vivas,

así, desfallecida, ¡oh Jesús!, a ti corro.


 

 

 

Para calmar mi sed y mis ardores

hacen falta tus lágrimas...

35 Sólo tu amor me arrastra. En la llanura

mi rebaño dejé, ya no lo cuido (14).

Complacer sólo quiero

a mi nuevo Cordero, a mi Cordero único.

36 El Cordero a quien amo eres tú, mi Jesús.

Me bastas, ¡bien supremo!, todo lo tengo en ti (15),

tengo la tierra y hasta tengo el cielo.

Tú eres la flor, Rey mío, que yo corto (16).

37 Jesús, Lirio del valle, me cautivó tu aroma.

Ramillete de mirra, corola perfumada,

dentro del corazón quiero guardarte

y en él darte mi amor.

38 Junto a mí va tu amor, siempre conmigo.

En ti tengo los bosques y campiñas,

los ríos, las montañas, la pradera,

la lluvia de los cielos y la nieve.

39 Todo lo tengo en ti:

los trigos y las flores entreabiertas,

los botones de oro, las miosotis y rosas.

El perfume poseo y la frescura de los blancos lirios (17).

40 En ti tengo la lira melodiosa (18),

la soledad sonora, los ríos y las rocas,

la graciosa cascada, el gamo saltador,

la gacela, los corzos y la ardilla.

41 En ti tengo también

el arco iris y la nieve pura,

el inmenso horizonte y la verdura,

las ínsulas extrañas y las maduras mieses,

las leves mariposas,

los campos y la alegre primavera.

42 En tu amor, ¡oh Jesús!, también encuentro

las palmeras esbeltas que el sol dora,

la noche en par de los levantes de la aurora (19),

las aves y el suave murmullo del arroyo.

43 Tengo en ti los racimos deliciosos,

las graciosas libélulas,

la selva virgen llena de flores misteriosas.

Tengo a todos los niños, rubios, pequeñitos,

con sus alegres cantos.

44 Tengo en ti las colinas y las fuentes,

Tengo vincapervincas, madreselvas,


 

 

 

agavanzos, bejucos,

flores blancas de espino y los frescos nenúfares.

45 Tengo la avena, loca y tembladora,

la voz grave y potente de los vientos,

el hilo de la Virgen,

la llama ardiente, el céfiro ligero,

los zarzales floridos y los nidos.

46 Tengo el hermoso lago,

el valle solitario, oscuro de árboles,

la ola plateada del océano,

peces dorados

y los raros tesoros de los mares.

47 Yo tengo en ti la nave que navega

por alta mar y lejos de la playa,

el surco de oro (20) y la tranquila costa.

Tengo el fuego del sol cuando se va del cielo

festoneando con su luz las nubes.

48 En ti, Jesús, yo tengo la palmera pura;

y bajo el burdo sayal de que me visto,

valiosas joyas, ricos aderezos,

anillos y diamantes, brillantes y collares.

49 Tengo en ti la brillante y clara estrella.

Muchas veces tu amor se me descubre,

y entonces yo percibo, como a través de un velo,

al declinar el día,

la caricia divina de tu mano.

50 Tú sostienes los mundos con tu mano,

tú plantas las profundas, las oscuras florestas,

y en un volver de ojos las fecundas (21).

Con mirada de amor (22) me sigues siempre.

51 Tengo tu corazón y tu adorado rostro,

y esa mirada tuya que me ha herido.

De tu sagrada boca el beso tengo.

Te amo, Jesús, y nada más deseo.

52 Iré a cantar al cielo con los ángeles

de tu sagrado amor las alabanzas.

Haz que yo vuele pronto a formar en sus filas,

¡que yo muera de amor (23), Jesús, un día.

53 La mariposa se lanza contra el fuego,

fuertemente atraída

por su encendida y clara transparencia.

De ese modo tu amor es mi esperanza,

quiero volar a él y en él quemarme 24>...


 

 

54 ¡Oigo ya que se acerca, mi Dios, tu eterna fiesta!

Tomaré de los sauces mi arpa muda

y en tus rodillas (25) a sentarme iré,

¡para allí verte...!

55 Y muy cerca de ti veré a María,

a los santos veré y a mi familia amada.

Después de este destierro de la vida,

yo volveré a encontrar allá en el cielo

el hogar (26) paternal...

 

NOTAS P 11 - CÁNTICO DE CELINA

Fecha: 28 de abril de 1895. - Compuesta para: sor Genoveva, a petición

de ésta, para su cumpleaños (veintiséis). - Publicación: HA 98, cincuenta y

una estrofas, dos de las cuales fueron modificadas, y treinta y cuatro

versos corregidos. - Melodía: Combien j'ai douce souvenance.

Es el «Cántico de las criaturas» de Celina, pero más aún de Teresa. Tras

la cúspide de su Vivir de amor, Teresa va recorriendo con verdadero júbilo

las riquezas de la creación, que luego volverá a descubrir, trascendidas, en

su Amado.

Esta sinfonía de flores, de perfumes, de verdor, de pájaros es toda una

orquestación a dos versos de Celina. Un domingo de 1895, cuando sor

Genoveva está a punto de cortar el primer narciso, su hermana la detiene:

«¡Hace falta permiso!» Al volver a su celda, la novicia intenta consolarse

recordando a Jesús, en una poesía, lo que ha dejado por él. Sólo una

pocas palabras consiguen traspasar la capa de tristeza:

La Flor que yo corto, Rey mío,

¡eres Tú!

Teresa viene en ayuda de Celina y, con certero instinto de maestra

espiritual, se esmera por que no quede en la sombra ninguna de las

alegrías del pasado, aun cuando esto la lleve a desleir demasiado la

poesía, que es la más larga de todo su repertorio en cuanto al número de

estrofas (cincuenta y cinco).

Y serán sus recuerdos comunes de la infancia y de la juventud (el Ms A

está en vías de redacción) lo que Teresa rememorará en este poema de

amor, de familia y sobre todo de la naturaleza. Un poema que se divide en

dos grandes partes: antes de la entrada en el Carmelo (estr. 1 a la 31), y el

«ahora» (estr. 32 hasta el final).

El influjo de san Juan de la Cruz es innegable (Cántico Espiritual, canc. 14-

15), y la propia Teresa lo indica así en una carta de 1892 (Cta 135). La

gran similitud entre los dos santos reside en una intuición fundamental

común: en Cristo se recapitula la profusión de todas las riquezas creadas.

 

Estrofas 1 a 9: Alençon

(1) Cf Ms A 4vº.


 

 

 

(2) Se plonger o être plongé (abismarse), usado de forma incorrecta, sin

complemento (lo mismo que en Cta 54; Ms A 31vº; o PN 54,18,3 = P

36,18,3) es una expresión de la familia Martin que indica asombro,

recogimiento admirativo.

(3) Sus cuatro hijos, muertos muy pequeñitos.

Estrofas 10 a 18: Los Buissonnets

(4) Primera comunión de Celina, el 13 de mayo de 1880.

(5) Teresa se pone a sí misma en escena en el mirador; cf P 6,7.

(6) El viaje a Roma en noviembre de 1887.

Estrofas 11 a 31: Celina y su padre

(7) Una secuencia propia de la vida de Celina: la enfermedad del señor

Martin (19-20) y su muerte (30-31), con los recuerdos felices de las

vacaciones en La Musse en el intervalo (22-27), y sobre todo con su padre

(28-29).

(8) Dos gracias de María a la desterrada: cf Poésies, II, pp 126s.

(9) Lugar privilegiado en la topografía teresiana; cf P 36,3; RP 3,14vº; RP

5,7; Cta 142, 146, 165; aquí se percibe una reminiscencia del Cántico

Espiritual de san Juan de la Cruz, canc. 14.

(10) Teresa, hija del sol, y que concede tanto espacio a las estrellas, muy

pocas veces habla de la luna (Ms A 48rº; Ms C 26rº; P 15,6 y 17,4).

Estrofas 32 a 36: Celina en el Carmelo

(11) El Carmelo es una «prisión bendita» (Ms A 67rº); cf Cta 106. Celina, al

igual que Teresa, se constituye voluntariamente prisionera en él (Ms A

58rº, 81vº); pero no prisionera de las rejas, sino prisionera del amor a

Jesús (P 20,E5; Cta 201), como Jesús lo está del nuestro; cf Or 17.

(12) Cf Ms A 69vº; Cta 245 y 260; P 11,32; 29,1; 31,2; PN 50,2.

(13) Cf las praderas del cielo de 24.9.4. Como hija que es de la Normandía,

es lógico que Teresa conceda mucho espacio a la pradera (veintitrés

veces en sus escritos), que pertenece también a su imaginería celestial.

También san Juan de la Cruz compara el cielo a un «prado de verduras,

de flores esmaltado» (Cántico Espiritual, canc. 4).

(14) Cf P 7,4+.

(15) CfOración del alma enamorada, de san Juan de la Cruz: «Míos son los

cielos y mía es la tierra (...) y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es

mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí». Cf infra, el título de

PN 18 bis [«Quien tiene a Jesús lo tiene todo»].

(16) Los dos versos de Celina que dieron origen a la poesía; cf supra,

introducción a la misma.

Estrofas 38 a 51: Quien tiene a Jesús lo tiene todo

(17) Esta es la única vez que Teresa menciona el «muguet», el lirio de los

valles, con esa palabra, al que Celina atribuye el sentido de «amor

escondido».

(18) Símbolo que le gustaba mucho a Celina; cf Cta 149+.

(19) CfCántico Espiritual, canc. 15.


 

 

(20) Cf P 2,2+.

(21) Cf LAMARTINE: «Tú, que con una mirada vuelves fecunda la

inmensidad» (La Prière).

(22) Lamirada de Dios, que se posa con amor sobre la criatura y le da vida

y belleza, es uno de los grandes temas sanjuanistas; cf Or 6, nota 11. ¡Qué

lejos está esto de un «vigilante» airado por el pecado! Esa mirada de amor

recíproca e incesante está en el corazón mismo de la vida contemplativa

de Teresa.

Estrofas 52 a 55: Pronto... el cielo

(23) Cf P 10,14+.

(24) Cf Ms A 38vº; estrofa que sintetiza en pocas palabras todo este largo

poema.

(25) Cf Cta 211+.

(26) Elhogar [toit en el original] es una palabra rara en los escritos de

Teresa (Ms A 59vº, 65 rº, 75rº, 82rº). Pero la idea del cielo como casa y

como hogar [foyer] paterno les es familiar a los dos hermanas: cf Ms A 41º,

muy cercano a esta estrofa, y Ms A 75rº.

 


 
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