Sta. Teresita de Lisieux

Poemas 17 a 27

P 17 RESPONSORIO DE SANTA INÉS

 

1 Cristo es mi amor, él es toda mi vida,

él es el prometido

que enamora mis ojos.

Oigo vibrar la nota melodiosa

de su armonía suave.

2 Engalanó mi mano

con perlas nunca vistas

y colgó de mi cuello

collares de gran precio.

Los diamantes preciosos

que veis en mis orejas

regalo son de Cristo.

3 Estoy toda adornada

de rica pedrería

y fulgura en mi dedo


 

 

 

el anillo nupcial.

El quiso recubrir de perlas luminosas

mi manto virginal.

4 Yo soy la prometida

de aquel a quien los ángeles,

temblando, servirán eternamente,

cuya alabanza cantan sol y luna

y su belleza admiran

5 Es el cielo su imperio

y su ser es divino.

Una virgen por madre

escogió aquí en la tierra.

Su padre es el Dios vivo

que no tiene principio

y es espíritu puro.

6 Cuando amo a Cristo y cuando yo le toco,

se hace mi corazón más puro y limpio

y me vuelvo más casta.

El beso de su boca

me da el dulce tesoro

de la virginidad.

7 Sobre mi frente ha impreso ya su sello,

a fin de que otro amante

no se acerque ya a mí.

Mi amable Rey sostiene

con su divina gracia

mi débil corazón.

8 De su sangre preciosa

me siento empurpurada,

y gusto ya en mi alma

las delicias del cielo.

De sus labios sagrados

recojo leche y miel.

9 A nada tengo miedo,

ni al hierro ni a las llamas,

nada turbar ya puede

mi inexpresable paz.

Y este amor, cuyo fuego

el alma me consume,

nunca se apagará...

 

NOTAS P 17 - RESPONSORIO DE SANTA INÉS


 

 

 

Fecha: 21 de enero de 1896. - Compuesto para: madre Inés de Jesús,

priora, para su santo. Publicación: HA 98 («Cántico de santa Inés»), once

versos corregidos. - Melodía: Le Lac, o bien Himne à l'Eucharistie.

Resplandeciente como una novia que se adorna para su Esposo: así se

nos muestra Teresa a través de este poema. Con él termina un año de

paz, de amor y de luz. Ese mismo 21 de enero, entrega a la madre Inés su

primer cuaderno autobiográfico. Aunque en estilos diferentes, el

Manuscrito y el este poema no cantan sino un mismo Magnificat.

Poema de esponsales. Al leerlo, uno piensa de inmediato en la página

maravillada del Ms A en que Teresa reproduce la profecía de Ezequiel

(que ella toma del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, canción 23):

«Cuando llegó para mí el tiempo de ser amada -era en 1887-, hizo alianza

conmigo y fui suya... Extendió su manto sobre mí... Me vistió con

bordados, dándome collares y aderezos inestimables... Sí, todo eso hizo

Jesús conmigo» (Ms A 47rº).

En 1887, no era más que el comienzo de los esponsales. Hoy, en 1896,

después de un año de plenitud que toca a su fin, los esponsales se

realizan en secreto. Pronto se va a escuchar la «primera llamada», trágica,

¿qué duda cabe?, pues se trata de una hemoptisis, pero gozosa «como un

dulce y lejano murmullo que me anunciaba la llegada del Esposo» (Ms C

5rº).

Teresa lo indica expresamente en el título: quiere traducir los

Responsorios del Oficio de santa Inés [El título original del poema reza así:

«Responsorios de santa Inés». N. del T.]. La liturgia de la joven mártir

(muerta hacia el 305) se remonta a una gran antigüedad: siglos VII-VIII.

Teresa asimiló el texto hasta el punto de revitalizar su simbolismo desde el

interior, como puede comprobarse haciendo una sinopsis lineal del poema

con sus diversos modelos (cf Poésies, II, p. 180ss). La transcripción de

Teresa es de especial calidad. Habría que observar cómo se transforman

las palabras al pasar del modelo al poema; como, gracias a una admirable

organización poética, Teresa va elaborando su miel sirviéndose de todas

las imágenes dispersas en el texto latino, para desplegar esa gran visión

de un movimiento armónico.

 

 

 

P 18 EL CÁNTICO ETERNO CANTADO EN EL DESTIERRO

 

1 Tu esposa, ¡oh Señor mío!, en tierra extranjera

puede cantar el cántico eterno del amor,

porque en el seno mismo de su oscuro destierro

la abrasas con el fuego de tu amor,

como lo harás un día allá en el cielo.

2 ¡Oh belleza suprema y dulce Amado mío!,

tú te entregas a mí, y yo pago tu entrega


 

 

 

amándote, Jesús.

Haz que toda mi vida sea un acto de amor.

3 Olvidándote tú de mi inmensa miseria,

vienes a hacer morada aquí en mi corazón.

¡Ah qué misterio grande, mi débil amor basta

para tenerte mío y encadenarte a mí!

4 Amor que me inflamas,

penetra mi alma.

Ven, yo te reclamo,

ven, consúmeme.

5 Tu llama me urge,

y quiero sin tregua

¡oh divino horno!,

abismarme en ti.

6 El sufrir me es gozo

cuando en raudo vuelo

a ti para siempre

se alza el amor.

7 ¡Oh patria celeste,

dulzura infinita,

tú día tras día

encantas mi alma!

8 ¡Oh celeste patria,

oh gozo infinito,

no eres más que Amor!

 

NOTAS P 18 - EL CÁNTICO ETERNO CANTADO EN EL DESTIERRO

Fecha: 1 de marzo de 1896. - Compuesta para: sor María de San José, a

petición suya (?) para su santo. - Publicación: HA 98, siete versos

corregidos. - Melodía: Mignon regrettant sa patrie.

Sin fijarse en los problemas psicológicos de su compañera (igual que

Jesús lo hace con ella, ella olvida también la «inmensa miseria» de esta

hermana), Teresa no habla más que de «amor» a esta discípula de buena

voluntad, de la que pronto será «segunda» en la lavandería.

El poema es pobre, aunque resulte precioso saber que Teresa vive al pie

de la letra lo que canta en nombre de la destinataria del mismo.

 

 

 

P 19 GLOSA A LO DIVINO

 

Compuesta por N.P. san Juan de la Cruz y puesta en verso por la más

pequeña de sus hijas para la profesión de su querida hermana sor María

de la Trinidad y de la Santa Faz.


 

 

 

«Sin arrimo y con arrimo,

sin luz y a oscuras viviendo,

toda me voy consumiendo».

1 Al mundo, ¡oh dicha suprema!,

yo le di un eterno adiós...

... Elevándome sobre él,

mi corazón ya no tiene

fuera de Dios otro arrimo.

Y voy a decir ahora

lo que, cerca de él, estimo:

es ver que mi corazón

y mi alma viven ya

con arrimo y sin arrimo.

2 Y aunque padezco sin luz

en este vivir de un día,

en la tierra, por lo menos,

poseo al Astro celeste

del Amor.

En el camino que sigo

los peligros no me faltan.

Pero por amor yo quiero

vivir sin luz y en destierro.

3 El amor, tengo experiencia,

el bien y el mal que halla en mí

lo aprovecha, ¡qué poder!,

y mi alma transforma en sí.

Y este fuego que arde en mí

penetra mi alma sin tregua.

Por eso, en su llama viva

toda me voy consumiendo

en el amor y de amor.

30 de abril de 1896.

Teresa del N. Jesús y de la S. Faz

rel. carm. ind.

 

NOTAS P 19 - GLOSA A LO DIVINO

Fecha: 30 de abril de 1896. - Compuesta para: sor María de la Trinidad,

para su profesión. - Publicación: HA 98, seis versos corregidos. - Melodía:

ninguna indicación.

Nadie como María de la Trinidad ha hablado del amor de su maestra a su

Padre san Juan de la Cruz, del cual Teresa traslada aquí, a veces

literalmente, la Glosa a lo divino según la traducción de las carmelitas de

París.


 

 

 

»Por amor yo quiero»: he aquí su respuesta heroica ante las pruebas más

fuertes. Ayer, en aquel gran dolor familiar («Querer todo lo que Jesús

quiere, Cta 87); hoy, al entrar en la noche «sin luz y en las tinieblas»;

pronto, enfrentada con la última agonía («Sí, Dios mío, todo lo que

quieras», CA 30.9). Tal es la fuerza del Amor.

Semejante contexto confiere a este breve poema, por lo demás muy

parecido a su modelo, un autenticidad y una intensidad realmente

conmovedoras. Pero Teresa es la única que conoce por entonces su

significado, pues vive su prueba «en silencio y esperanza».

Al entregárselo a su destinataria, el día de su profesión, únicamente le

señala «el pensamiento que a ella más le gusta (...): que el amor sabe

sacar provecho de todo: del bien y del mal que encuentra en nosotros»

(estr. 3-4; cf Cta 142 y Ms A 83rº). Esta certeza es el potente motor de su

carrera por el «caminito». Las faltas de una joven carmelita todavía débil,

la prueba purificadora de una santa que camina hacia su final, todo puede

ser asumido y superado por una confianza absoluta en el «Amor

consumidor y transformante» (Cta 197, eco del último verso de san Juan

de la Cruz).

 

 

 

P 20 CÁNTICO DE SOR MARÍA DE LA TRINIDAD Y DE LA SANTA FAZ

 

Compuesta por su hermanita sor T. del N.J.

1 Jesús, al desterrarte a nuestra tierra,

movido por tu amor,

por mí tú te inmolaste.

Toma mi vida entera, Amado mío,

yo sufrir por ti quiero,

quiero morir por ti.

E. 1 Tú mismo, mi Señor, nos lo dijiste:

«Nadie puede hacer más por los que ama

que por ellos morir».

Pues bien: mi amor supremo

eres tú, mi Jesús.

2 Se hace ya tarde, el día ya declina,

ven, Señor, a guiarme en el camino.

Con tu cruz voy trepando

por la colina arriba.

Quédate aquí conmigo,

peregrino celeste.

E. 2 En mi alma tu voz encuentra un eco,

quiero a ti parecerme.

reclamo el sufrimiento.

Tu palabra encendida me quema el corazón.


 

 

 

3 Tuya es para siempre la victoria,

y extasiados los ángeles la cantan.

Antes de entrar en la celeste gloria,

el Dios-Hombre tenía que sufrir.

E. 3 ¡Cuántos desprecios por mi amor sufriste

en tierra extraña!

También yo quiero oculta y despreciada

vivir y ser en todo

la última por ti.

4 Tu ejemplo, Amado mío,

a abajarme me invita y a despreciar honores.

Para encontrarte, quiero

permanecer pequeña.

Olvidándome a mí

tu dulce corazón cautivaré.

E. 4 No ambiciono otra cosa

que en soledad vivir, donde encuentro

mi paz y mi alegría.

En complacerte es sólo mi ejercicio

y mi felicidad... eres tú, mi Jesús.

5 Tú, el Dios inmenso, a quien rendido adora

el infinito cielo,

vives dentro de mí,

hecho mi prisionero noche y día.

Tu dulce voz me implora

y a cada instante me repite quedo:

«¡Yo tengo sed! ¡Yo tengo sed de amor!»

 

E. 5 Yo también soy, Jesús, tu prisionera,

y a mi vez quiero repetirte siempre

tu emocionada imploración divina:

«Amado mío, hermano,

¡yo tengo sed de amor!»

 

6 Yo tengo sed de amor, colma mis esperanzas

y aumenta en mí, Señor, tu llama viva.

Yo tengo sed de amor, mi sufrimiento es grande,

a ti volar quisiera... ¡a ti, Dios mío...!

E. 6 Tu amor es mi martirio, mi único martirio.

Cuanto más él se enciende en mis entrañas,

tanto más mis entrañas te desean...

¡¡¡Jesús, haz que yo muera

de amor por ti...!!!


 

 

 

NOTAS P 20 - CÁNTICO DE SOR MARÍA DE LA TRINIDAD Y DE LA

SANTA FAZ

Fecha: 31 de mayo de 1896. - Compuesta para: sor María de la Trinidad,

en su santo. Publicación: HA 98 (bajo el título «Tengo sed de amor»), seis

versos corregidos. - Melodía:ninguna indicación.

Esta poesía, de ritmo vibrante, es una especie de diálogo místico, en el

que se puede percibir como en una transparencia la voz de Jesús y la

respuesta de Teresa, y que deja una impresión bastante dramática que

expresa muy bien el título elegido para su publicación en la Histoire d'une

âme: «Tengo sed de amor».

Teresa sabe que su muerte está próxima, y la noche desciende sobre su

alma. Pero Jesús «está con ella» en el oscuro camino, en esa subida a «la

colina» del Calvario. Y como a los peregrinos de Emaús, a ella también le

dice: «¿No era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su

gloria?» Y su «palabra encendida quema el corazón» de Teresa. Para ella

no habrá otro camino: el amor y la muerte. Por eso, «reclama» el

sufrimiento: primero el «desprecio», en el cual el «caminito» garantiza al

alma que se parecerá a Jesús; la «sed» del Crucificado, «sed de amor»

inextinguible, que implora como en un estertor y que despierta en ella una

sed semejante a la de él; y finalmente, el «martirio de amor», que repite

incansablemente la última estrofa, patética como un preanuncio de la

agonía de Teresa. En ella se pueden leer, a la vez, el amor más absoluto y

la angustia, una esperanza apasionada rayana en la desesperanza.

Esta estrofa apasionada y su estribillo, en su expresión llameante y

dramática, hace pensar en la Llama de amor viva de Juan de la Cruz: «Las

profundas cavernas del sentido» (Explicación del v. 3 de la 3ª canción).

 

 

 

P 21 MI CIELO

 

Festividad del Ssmo. Sacramento

7 de junio de 1896.

1 Para poder soportar el destierro

de este valle de lágrimas,

de mi amado Salvador necesito la mirada.

Esa mirada divina, llena de amor, me revela

sus inefables encantos, nuncios de la dicha eterna.

Y mi Jesús me sonríe cuando por él suspiro,

y entonces ya no siento la prueba de la fe.

La mirada de mi Dios y su inefable sonrisa

¡son mi cielo para mí!

2 Mi cielo es atraer sobre las almas,

sobre mi Madre la Iglesia<1> y mis hermanos,

las gracias de Jesús y sus divinas llamas


 

 

 

que abrasan y que alegran del hombre el corazón.

Todo puedo obtenerlo cuando, allá en lo secreto,

a mi divino Rey le hablo,

corazón a corazón.

Esta íntima oración cerquita del santuario

¡es mi cielo para mí!

3 Mi cielo está escondido en la pequeña hostia

en que Jesús, mi Esposo, se oculta por amor.

Y de este divino horno quiero sacar mi vida,

mi Salvador está en él y me escucha noche y día.

¡Oh dichosísimo instante, cuando en tu inmensa ternura

vienes a mí, Amado mío, para transformarme en ti!

Esta inefable embriaguez y esta unión de corazones

¡son mi cielo para mí!

4 Mi cielo es sentir en mí la semejanza de Dios,

que con un soplo potente<2> a su imagen me creó.

Mi cielo es permanecer en su presencia divina,

y llamarla Padre mío, y ser y sentirme su hija.

En sus divinos brazos no temo la tormenta.

¡Es toda y mi sola ley el abandono completo<3>!

Dormitar sobre su pecho, muy cerquita de su cara

¡es mi cielo para mí!

5 Mi cielo yo lo he encontrado en la santa Trinidad,

que, prisionera de amor, habita en mi corazón.

Contemplando allí a mi Dios, yo le repito, sin miedo,

que quiero amarle y servirle hasta mi postrer aliento.

Es mi cielo sonreír a ese Dios al que adoro

cuando él se quiere esconder para probar mi fe.

Sonreír mientras espero a que él mi mire otra vez

¡es mi cielo para mí!

(Pensamientos de sor san Vicente de Paul,

puestos en verso por su hermanita sor Teresa

del Niño Jesús.)

 

NOTAS P 21 - MI CIELO

Fecha 7 de junio de 1896. - Compuesta para: sor San vicente de Paul, a

petición suya. Publicación: HA 98, tres versos corregidos. - Melodía: Himne

à l'Eucharistie.

Poesía algo melancólica, pero iluminada por una sonrisa y llena de

confianza, sin duda para responder a los «pensamientos» de la

destinataria. La «mirada llena de amor» de Jesús, el «corazón a corazón»

con él en una oración que se hace intercesión por la Iglesia, La «unión de

corazones» en la Eucaristía transformante, la «semejanza» filial, el

«abandono completo» en el Corazón del Padre, la inhabitación de la


 

 

 

«santa Trinidad» en el corazón amante van siendo cantados uno tras otro

en versos alejandrinos que a veces alcanzas una hermosa solidez.

Sin embargo, Teresa desliza en ellos discretamente (y con su propio

nombre), al principio y al final, una evocación de su propia «prueba de la

fe» (única mención en los escritos). Seguir, a pesar de todo, sonriendo al

Dios que se esconde («redoblar las ternuras», P 29,4; hacerle toda suerte

de cumplidos», CA 6.7.3): ésta será su respuesta hasta el último atardecer.

 

<1> Primera vez que aparece esta expresión que hará famosa el Ms B 3vº y

4vº.

<2> Sólo aquí se encuentra esta bella expresión -soplo-, que para Teresa es

siempre sinónimo de suavidad y frescor primaveral.

<3> Esta palabra no había vuelto a aparecer en las Poesías desde P 2 (de

abril de 1894); la encontraremos luego en siete ocasiones (PN 38; P 26,

28, 34).

 

 

 

P 22 LO QUE PRONTO VERÉ POR VEZ PRIMERA

 

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

12 de junio de 1896.

1 Me encuentro en tierra extranjera

todavía, mas presiento

la futura, eterna dicha.

Quisiera dejar la tierra

para contemplar de cerca

las maravillas del cielo.

Soñando en aquella vida,

no siento de mi destierro

ni el peso ni la medida.

Pronto volaré, Dios mío,

hacia mi única patria,

¡volaré por vez primera!

2 Dame, Jesús, blancas alas

para emprender hacia ti,

rauda y alegre, mi vuelo.

Quiero verte, mi tesoro,

quiero volar a las playas

eternas de tu azul reino.

Quiero volar a los brazos

maternales de María,

y descansar en su trono,

que para mí es su regazo,

y de mi Madre querida


 

 

 

el dulce beso de amor

¡recibir por vez primera!

3 No tardes en descubrirme,

¡oh, mi Amado!, la dulzura

de tu primera sonrisa.

Cumple mi ardiente delirio<1>,

déjame estar escondida

en tu corazón divino.

¡Oh dichosísimo instante,

oh felicidad cumplida,

cuando escuche el dulce acento

de tu voz, y cuando pueda

de tu rostro el claro brillo

contemplar por vez primera!

4 Lo sabes bien, mi martirio,

mi único y solo martirio,

¡oh Corazón de Jesús!,

es tu amor, y si suspiro

por verte pronto en el cielo,

es para amarte, que amarte

más y más cada vez quiero.

En el cielo, emborrachada

dulcemente de ternura,

yo te amaré sin medida,

Jesús, te amaré sin ley.

Y esta mi felicidad

constante y eternamente

me parecerá tan nueva

¡como la primera vez!

La hermanita del Niño Jesús.

 

NOTAS P 22 - MI ESPERANZA

Fecha: 12 de junio de 1896. - Compuesta para: sor María del Sagrado

Corazón, a petición suya para su cumpleaños. - Publicación: HA 98 (bajo

el título «Mi esperanza»), seis versos corregidos. - Melodía: ninguna

indicación.

»Pronto, volar, ver, amar»: éste es el deseo apasionado de Teresa en junio

de 1896, lo que exige su amor, lo que ella «quiere». Hace un mes, la

Venerable madre Ana de Jesús, que la visitó en sueños, le dijo: «Sí,

pronto, pronto, te lo prometo».

Este sueño -«rayo de gracia en medio de la más oscura tormenta»-

encuentra un eco en esta poesía, llena de fervor, movida, orientada hacia

el más allá, y con un cierto grado de angustia o de melancolía subyacente.

El «pronto, pronto» que Teresa repite con verdadera alegría aviva el deseo


 

 

 

de rasgar los velos. «Pronto» no son alas de paloma lo que ella pide, como

el salmista, para «volar y descansar», sino «las propias alas del Aguila

divina» (Ms B 5vº). Y «pronto» podrá ver.

La «sonrisa», el «corazón» el «rostro» del Amado: es un amor a la vez

humano y sobrenatural el que aquí se expresa. Un amor que es fuente de

«martirio», y hay que darle toda su fuerza a esta palabra que brota de

manera espontánea (estr. 4). Teresa, cual esposa impaciente, sufre un

verdadero martirio por causa de su amor a Jesús que aún no puede

abrirse en plenitud en su presencia. Y ya sólo suspira ardientemente por

ese cielo en donde podrá «amar sin medida y sin ley» (nótese la fuerza de

la expresión).

 

<1> Palabra rara en Teresa, que confirma el tono apasionado de esta

estrofa.

<2> Reproche afectuoso a Jesús por dejarla tanto tiempo «en tierra

extrajera», su «único martirio», pues, en su comparación, los sufrimientos

de aquí abajo nada cuentan para Teresa: no es el deseo de verse liberada

de ellos lo que la hace «suspirar» por el cielo.

 

 

 

P 23 ARROJAR FLORES

 

1 Jesús, Amado mío,

al pie de tu calvario

quiero, todas las tardes,

arrojarte mis flores,

deshojarte mi rosa

-mi rosa primavera<1>-

y enjugar con sus pétalos

tu llanto<2>, mi Señor.

E. 1 ¡Arrojarte mis flores,

ofrecerte en primicia

sacrificios pequeños,

mis suspiros más leves,

mis dolores más hondos,

y mi dicha y mis penas...,

arrojarte mis flores<3>

y mi rosa, Señor!

2 De tu inmensa belleza

se ha prendado mi alma<4>.

Yo quiero prodigarte

mis flores y perfumes,

por tu amor arrojarlos

sobre el ala del viento


 

 

 

e inflamar corazones

para ti, mi Señor.

E. 2 Y cuando sufro y lucho<5>

por salvar pecadores,

arrojarte mis flores.

Mis flores son el arma

que me da la victoria.

Te desarmo y te venzo

con mis flores, Señor.

3 Mis flores con sus pétalos

acarician tu rostro

y te dicen que es tuyo

todo mi corazón.

De mi rosa en deshoje

tú entiendes el lenguaje,

miras y le sonríes

a mi amor tú, Señor.

E. 3 ¡Arrojarte mis flores,

repetir mi alabanza

es mi única alegría,

es todo mi placer

en este oscuro valle

de sombras y de lágrimas!

Al cielo pronto iré,

con los pequeños ángeles

iré a arrojarte flores

¡mis flores, oh Señor!

 

NOTAS P 23 - ARROJAR FLORES

Fecha: 28 de junio de 1896. - Compuesta para: la madre Inés de Jesús

para su santo (Paulina). - Publicación: HA 98, tres versos corregidos. -

Melodía: Oui, je le crois, elle est immaculée.

Todas las noches del mes de junio de 1896, Teresa y las cinco jóvenes

novicias se reúnen alrededor de la cruz de granito del patio. Recogen los

pétalos que han caído de una veintena de rosales y los arrojan al Crucifijo.

Este rito simbólico acaba gustándole a la madre Inés de Jesús.

A pesar de algunos aciertos, el texto no tiene mayores pretensiones

poéticas. Su gracia virgiliana, la ternura de la expresión, el encanto de las

imágenes pueden llamar un poco a engaño acerca de la fuerza real del

símbolo, tan rico de por sí en el caso presente. Tal vez se sienta también

excitada la sensibilidad del lector a causa de los estereotipos asociados a

esa imagen de Teresa («arrojar flores», «rosa deshojada» «angelitos»),

para la que este poema es uno de los lugares privilegiados. Sería una

pena que esto nos llevase a despreciar una poesía que es esencial en el


 

 

 

repertorio teresiano, tanto más cuanto que ese símbolo de arrojar flores

hunde sus raíces en la infancia de Teresa (Ms A 17rº).

La última etapa de toda su vida de amor la cantará nuestra carmelita en

Una rosa deshojada (P 33). El anuncio floreado de su misión póstuma,

«una lluvia de rosas» (CA 9.6.3) desvela -o, mejor, no debería velar- la

única pretensión de Teresa para el cielo y en la tierra: amar a Jesús y

hacerlo amar.

 

<1> Teresa cita estos cuatro versos en CA 14.9.1. La «rosa primavera» es

entonces ya ella misma, a quince días de la muerte.

<2> Un deseo muy antiguo en Teresa (cf Cta 74, 95, 115, 134), un gesto

que se asemeja al de la Verónica (cf Cta 98).

<3> Cf Ms B 4rº/vº y CA 6.8.8.

<4> Es ésta la primera de las once veces que se menciona la lucha en las

Poesías en las Recreaciones Piadosas hasta marzo de 1897; cf Poésies,

II, p. 260. Casi todas ellas tienen miras apostólicas. Este vocabulario

guerrero es un débil eco de la obra teatral de índole muy combativa El

triunfo de la humildad (RP 7), que había sido representada unos días antes

(21/6/1896).

 

 

 

P 24 SÓLO JESÚS

 

1 Mi corazón ardiente quiere darse sin tregua,

siente necesidad de mostrar su ternura.

Mas ¿quién comprenderá

mi amor, qué corazón

querrá corresponderme?

En vano espero y pido

que nadie pague con amor mi amor.

Sólo tú, mi Jesús,

eres capaz de contentar mi alma.

Nada puede encantarme aquí en la tierra,

no se halla aquí la verdadera dicha.

¡Mi única paz, mi amor, mi sola dicha

eres tú, mi Señor!

2 Tú supiste crear un corazón de madre,

por eso encuentro en ti

al más tierno y amable de los padres.

¡Oh, Jesús, mi único amor, Verbo eterno!,

tu corazón es para mí más dulce

que el corazón más dulce de una madre.

A cada instante y paso

me sigues en mis pasos y me guardas.


 

 

 

Cuando te llamo, acudes prontamente.

Y si, tal vez, parece que te escondes,

tú mismo vienes en mi ayuda luego

para poder buscarte.

3 En ti solo, Jesús, mi afición pongo,

corro a tus brazos, a esconderme en ellos.

Como un niño pequeño quiero amarte,

como un bravo soldado luchar quiero.

Como un niño, te colmo de caricias,

y de mi apostolado en la palestra

como un guerrero a combatir me lanzo...

4 Tu corazón divino,

que guarda y que devuelve la inocencia,

no es capaz de frustrar mis esperanzas.

En ti, Señor, reposan mis deseos:

después de este destierro,

al cielo a verte iré.

Cuando la tempestad se alza en mi alma,

levanto a ti mis ojos,

y en tu tierna mirada compasiva

yo leo tu respuesta:

«¡Hija mía, por ti creé los cielos!»

 

5 Yo sé que mis suspiros y mis lágrimas

ante ti están y te encantan, mi Señor.

Los serafines forman en el cielo

tu corte, y sin embargo

tú vienes a buscar mi pobre amor...

Quieres mi corazón, aquí lo tienes,

te entrego enteros todos mis deseos.

Y por ti, ¡oh mi Rey y Esposo mío!,

a los que amo seguiré yo amando.

 

NOTAS P 24 - SÓLO JESÚS

Fecha: 15 de agosto de 1896. - Compuesta para: sor María de la

Eucaristía, a petición suya, para su cumpleaños y para el primer

aniversario de su entrada en el Carmelo. - Publicación: HA 98, dos versos

corregidos. - Melodía: Près d'un berceau.

Teresa descuella por su capacidad de ponerse en el lugar de los demás,

sin dejar de ser, cuando habla, plenamente ella misma. En Sólo Jesús es

fácil, ciertamente, reconocer a la gran enamorada de Jesús en ese verano

de 1896; pero se puede leer también ahí, con la misma facilidad, una

biografía espiritual de María de la Eucaristía.


 

 

 

En esa época, Teresa está viviendo unas semanas de un extraordinaria

densidad espiritual. Su «noche», sin ser tan oscura como llegará a serlo en

1897, la lanza con mayor fuerza que nunca hacia la persona de Jesús. El 6

de agosto, se había consagrado a la Santa Faz (junto con dos novicias) en

una plegaria totalmente impregnada de amor (Or 12). Combatiente con el

P. Roulland, que acaba de partir para China, descubre en Isaías, con

nuevas tonalidades, los hermosos textos de la infancia espiritual (cf Cta

196). Aspira cada vez más a «amar como un niñito». En su interior bulle un

número incalculable de deseos vehementes y bien probados que logra

integrar en la sencillez de una única vocación (cf Ms B).

El poema habla el lenguaje del amor humano, al estilo del Cantar de los

Cantares. Por uno de esos cambios bruscos de dirección, tan propios de

Teresa, la última estrofa incita a una actitud completamente distinta a la del

punto de partida. Al comienzo, la criatura proponía su amor como para la

galería: «¿Quién comprenderá?», «¿Qué corazón querrá?». Ahora

descubre un corazón de una ternura mucho más desbordante aún que el

suyo: un amor que se hace pobre, pedigüeño, que «mendiga» los suspiros

y las lágrimas de su criatura. A un amor así no se puede resistir, hay que

entregarse por entero.

El amor a «Jesús solo» es el programa que Teresa propone a la

generosidad de María de la Eucaristía, a medio camino entre el

«descanso» del primer cántico que compone para su prima (P 13) y el

violento «combate» del de su profesión (P 32). La antítesis «niño-

guerrero» queda por la grafía cursiva que Teresa reserva para las palabras

importantes. El vocabulario es el del Ms B 2vº y el de Cta 194.

 

 

 

NOTAS P 25 - LAS SACRISTANAS DEL CARMELO

Fecha: principios de noviembre de 1896. - Compuesta para: sor María

Filomena de Jesús, a petición suya, y las demás sacristanas. - Publicación:

HA 98, cinco versos corregidos. - Melodía: ninguna indicación.

Evocaríamos aquí gustosos algo parecido a la escala de Jacob, para

expresar ese intercambio misterioso entre el cielo y la tierra, cuyos agentes

incansables son las sacristanas, y que viene expresado en unas estrofas

llenas de ternura.

Ternura callada de la «mujer de su casa», por así decirlo: esposa «más

feliz que una reina», cuyo corazón está siempre atento a su esposo,

mientras sus manos trabajan diligentemente por él. Ternura callada

también la de la carmelita, asociada al apóstol desde el lugar que a ella le

corresponde, el de acompañante escondida. En uno y otro caso,

compañera que se ha hecho semejante al hombre a quien ayuda.

A estas señas responde perfectamente la primera destinataria de la

poesía, sor María Filomena, que ha pedido a su antigua compañera de

noviciado que le componga unas coplillas para cantarlas en la soledad.


 

 

 

En un tono sumamente sencillo, la segunda parte (estr. 7-10) ofrece una

respuesta al aparente desafío del Manuscrito B. Allí Teresa proclamaba,

entre otros ardientes anhelos, su deseo de ser sacerdote, deseo

irrealizable debido a las circunstancias. Aquí canta su forma concreta de

tomar parte sin demora en la «sublime misión del sacerdote».

«Transformada» en Jesús por la eucaristía, «convertida» en él, ¿no acaba

siendo «otro Cristo», como entonces les gustaba definir al sacerdote? Y va

describiendo la parte que ella tiene en la misión, en la penitencia, en la

eucaristía.

Por lo tanto, ningún complejo de inferioridad frente a los «hombres», frente

a los sacerdotes. Pero tampoco la más mínima presunción: para Teresa,

quien actúa es Jesús, con la colaboración de los hombres... Y de las

mujeres.

Una bella imagen para concluir este hermoso poema: el copón se dilata

hasta alcanzar las dimensiones infinitas del cielo, que no solamente está

«poblado» de elegidos (p 15,16, sino incluso «lleno». No hay «sitios

vacíos» (cta 135). Teresa va a «luchar por ello sin tregua ni descanso» (p

29,6). Ni siquiera en el cielo habrá reposo hasta que esté «completo el

número de los elegidos» (CA 17.7).

 

 

 

P 26 AL NIÑO JESÚS

 

1. Tú, Jesús, me conoces,

tú mi nombre conoces, y me llamas

con la dulce mirada de tus ojos…

Ellos me comunican tu palabra:

«Simple abandono, conducir yo quiero,

mi amada, tu barquilla».

2. Y con tu voz de niño, ¡oh maravilla!,

sólo con tu voz débil,

calmas el mar rugiente,

pones paz en el viento.

3. Si mientras brama la tormenta, ¡oh Niño!,

tú te quieres dormir,

posa tu linda cabecita blonda

sobre mi corazón.

4. ¡Qué encantador sonríes cuando duermes!

Con mi canto más dulce

yo meceré tu cuna tiernamente,

¡Oh hermoso Niño mío!

 

NOTAS P 26 - AL NIÑO JESÚS


 

 

 

Fecha: diciembre de 1896. - Compuesta para: sor María de San José, a

petición suya. - Publicación: HA 98 (con el título de «Al Niño Jesús»), tres

versos corregidos. - Melodía: Où vas-tu quand tout est noir?

Una vez más, una poesía hecha por encargo, en la que Teresa juega al

equilibrio entre el «niño» y la «tormenta», y luego Jesús que calma la

tempestad... El niño que duerme (o, mejor, que no duerme...) durante la

tormenta forma parte de los arquetipos de la infancia. Mientras tanto,

Jesús quiere dormir, como más tarde en la barca... Un juego sutil.

Este dulce encantamiento es especialmente apropiado para la destinataria,

una compañera de carácter tormentoso que Teresa se ha propuesto

domesticar. Pues esta mujer tan dura es a la vez como la manteca, y unas

pocas palabras infantiles logran desarmarla mejor que mil razonamientos.

Y unas coplillas como éstas podían transformar un mar tempestuoso... en

madre mimosa que meza «tiernamente» la «cabecita rubia» del Niño que

se entrega a ella para llevarla a entregarse a él.

 

 

 

P 27 LA PAJARERA DEL NIÑO JESÚS

 

1 Para los desterrados de la tierra

Dios creó los graciosos pajarillos.

Ellos van gorjeando su plegaria

por bosques, valles, montes y laderas.

2 Los traviesos y alegres rapazuelos,

tras de escoger algunos preferidos,

los cazan y aprisionan

en lindas jaulas de doradas rejas.

3 ¡Oh Jesús, hermanito!,

tú abandonaste el cielo por nosotros,

pero sabes muy bien que es el Carmelo

Niño divino, tu bella pajarera.

4 Amamos nuestra jaula,

sin ser ella dorada.

Nunca de su prisión escaparemos

ni a la llanura azul ni al bosque oscuro.

5 Jesús, los bosques de este mundo

no pueden contentarnos.

En la profunda soledad queremos

cantar para ti solo.

6 Es tu blanca manita

la que orienta y atrae nuestro vuelo.

¡Qué bellos son, oh Niño, tus encantos!

En tu sonrisa quedan,

cautivos de su luz, los pajarillos.


 

 

 

7 Aquí el alma sencilla, pura y cándida

halla el motivo exacto de su amor.

Aquí la blanca y tímida paloma

no teme ya el ataque del buitre carnicero<1>.

8 En alas de una cálida plegaria

el corazón se eleva como alondra ligera,

como alondra que sube cantando

y sube altísima.

9 Se escucha aquí el gorjeo

del reyezuelo y del pinzón alegre.

Niño Jesús, tus pajarillos cantan,

en su jaula, tu santo y dulce nombre.

10 Vive siempre cantando el pajarillo,

su pan no le preocupa,

ni siembra ni recoge,

y un granito de mijo le contenta.

11 Y como al pajarillo,

en nuestra pajarera

todo, Divino Niño, nos viene de tu mano.

Sólo una cosa es necesaria, una,

y esta cosa es amarte.

12 Por eso, con los puros espíritus del cielo

contamos noche y día tus glorias y alabanzas.

Y sabemos con cuánto amor los ángeles<2>

nos miran a nosotras,

tus pobres pajarillos del Carmelo.

13 Para enjugar las lágrimas

que te hacen derramar los pecadores,

tus pajarillos cantarán tus gracias,

y el dulce canto de tus avecillas

te atraerá corazones.

14 Un día, lejos de la triste tierra,

al escuchar tu voz y tu llamada,

desde tu pajarera

tus pajarillos volarán al cielo.

15 Y allí, con las falanges

de pequeños y alegres querubines,

eternamente, Niño,

cantaremos tus glorias.

 

NOTAS P 27 - LA PAJARERA DEL NIÑO JESÚS

Fecha: Navidad de 1896. - Compuesta espontáneamente para la

comunidad en la noche de Navidad. Publicación: HA 98, cuatro versos

corregidos. - Melodía: Au Rossignol.


 

 

 

Una hermosa imagen es el punto de partida de esta «Navidad de los

pájaros» que estira un poco demasiado la comparación entre la pajarera y

el Carmelo. Pero para la recreación de un fiesta como Navidad, bien puede

permitirse algún exceso... Cada pájaro canta aquí en su propio registro: la

paloma, la alondra, el reyezuelo, el pinzón. Al igual que los pájaros del

Evangelio, «que no siembran ni siegan», la carmelita lo recibe «todo de la

mano» de Jesús; de ahí su alegría y su abandono y su consagración a «la

única cosa necesaria, amar». Al final, todos los pájaros, ya libres, «volarán

al cielo», en donde continuarán su canto de alabanza.

Diez años antes, una pajarera adornaba la «pobre buhardilla» de Teresa

(Ms A 42vº); en el Carmelo, los pájaros seguirán poblando sus sueños (Ms

A 79rº); en el verano de 1896, con el Ms B, el valor simbólico del pájaro

adquiere una nueva dimensión: será la señal por excelencia de la unidad

dinámica, y aun cuando «no esté en su poder el volar», como el pájaro es

canto tanto como vuelo, ni siquiera en el mismo corazón de la tormenta -

las pruebas del cuerpo y del alma- Teresa renunciará a cantar (estr. 10; cf

34,15 y Ms B 5vº).

 

<1> Cf Ms B 5vº y P 2,53-54.

<2> Cf Ms B 5rº/vº.

 

 


 
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