Poemas 28 a 34
P 28 A MIS HERMANITOS DEL CIELO
«El que sea pequeñito
que venga a mí» (Proverbios)
1 Venturosos pequeñines, ¡con qué amor, con qué ternura,
en otro tiempo Jesús, el Rey del cielo, os bendijo,
y de caricias y besos vuestras frentes jubilosas
él colmó!
De todos los inocentes erais vosotros figura,
y adivino las riquezas y los gozos que en el cielo,
sin medida, a manos llenas,
os dará vuestro Jesús,
Rey de reyes.
2 Contemplasteis los encantos y las bellezas del cielo,
inmensas e innumerables,
antes de haber conocido las tristezas y amarguras
del destierro,
¡lirios blancos
pequeñitos!
¡Oh capullos perfumados,
en la virgen luz del alba<1> cortados por el Señor...!
El dulce sol del amor que vuestras tiernas corolas
un día hizo estallar<2>
¡fue, sin duda, su divino
corazón!
3 ¡Oh que inefables cuidados y qué exquisitas ternuras,
cuánto amor,
oh niños recién nacidos,
os prodiga aquí en la tierra
la Iglesia, que es nuestra Madre!
En sus brazos maternales fuisteis a Dios ofrecidos
como cándidas primicias.
Eternamente seréis del hermoso y azul cielo
las delicias.
4 Componéis vosotros, niños,
el cortejo virginal que sigue al dulce Cordero,
y podéis cantar también
-¡asombroso privilegio!-
el cántico de las vírgenes
canto nuevo.
Sin combatir ni luchar como los conquistadores,
su misma gloria alcanzasteis:
el Salvador os ganó la victoria y la corona,
¡oh graciosos
vencedores!
5 No luce en vuestras cabezas luz de brillantes preciosos,
sólo el reflejo dorado de vuestros sedosos bucles,
que a los bienaventurados
embelesa...
¡Todo es vuestro<3>, los tesoros de todos los elegidos,
sus palmas y sus coronas!
En el cielo, sus rodillas<4> son vuestros más ricos tronos,
¡niños santos!
6 Junto a los angelitos jugáis al pie del altar,
vuestros cantos infantiles, ¡oh encantadoras ras falanges!,
son el encanto del cielo,
¡dulce encanto!
Dios os cuenta cómo hizo los pájaros y los vientos<5>
y las rosas.
Ningún genio hay en la tierra que sepa lo que vosotros,
pequeñines.
7 Alzando del firmamento el velo azul, misterioso,
cogéis en vuestras manitas<6> las estrellas de mil luces.
Cuando cruzáis el espacio, a vuestro paso dejáis
una hermosísima estela
argentada.
Cuando miro por la noche la brillante Vía Láctea,
me parece en ella veros
a vosotros.
8 A los brazos de María corréis tras de vuestros juegos,
y escondiendo vuestras rubias cabecitas infantiles
bajo su velo estrellado,
os dormís...
Gusta el inmenso Señor,
¡oh pequeños traviesillos!, de vuestra infantil audacia:
¡os atrevéis a llenar de besos y caricias<7>
su augusta, adorable faz!,
¡qué favor!
9 El Señor me dio en vosotros, dulces santos inocentes,
un acabado modelo.
Yo quiero en la tierra ser
vuestra imagen,
niños míos
pequeñitos.
Ayudadme a conseguir las virtudes de la infancia:
me encanta vuestro candor,
vuestro abandono perfecto y vuestra amable inocencia
cautivan mi corazón.
10 ¡Oh, mi Señor, tú conoces estos ardientes deseos
de mi alma desterrada!
Lirio hermoso de los valles,
para ti segar quisiera lirios henchidos de luz...
Busco y quiero para ti capullos de primavera,
el agua de tu bautismo<8> vierte sobre ellos, Señor,
¡y luego ven a cortarlos!
11 Quiero aumentar la falange de los santos inocentes,
mi alegría y mis dolores cambio por almas de niños.
¡Oh Rey de los elegidos!,
quiero<9> entre esos inocentes tener también yo mi
puesto:
como ellos quiero besar tu dulce rostro, Jesús,
en el cielo.
NOTAS P 28 - A MIS HERMANITOS DEL CIELO
Fecha: 28 de diciembre de 1896. - Compuesta: espontáneamente para ella
misma. - Publicación: HA 98 (con el título de «A mis hermanitos del cielo,
los Santos Inocentes»), cuatro versos retocados, - Melodía: La rose
mousse, o bien Le fil de la Vierge.
Desde el verano de 1896, en que descubre los textos más bellos sobre la
infancia, Teresa piensa mucho en los Inocentes. Durante sus ejercicios
espirituales del mes de septiembre, pinta, en dos ejemplares, una
estampa-recuerdo de sus cuatro hermanitos y hermanitas muertos de
niños. Al dorso, escribe unos versículos de la Sagrada Escritura
sumamente significativos (cf Est 5 y 6). A la luz de estos versículos, las
estrofas de esta poesía proclaman la misericordia gratuita, incluso
escandalosa, que Dios ha desplegado en favor de unos niños que nunca
llegaron al uso de razón y para los que «el Salvador», y sólo él, «ganó la
victoria». Diez años antes, sus «hermanitos del cielo» habían liberado a
Teresa del tormento de los escrúpulos (Ms A 44rº); hoy su ejemplo la salva
de la angustia de las «manos vacías» (CA 23.6).
En un exceso de amor (Ms A 4vº), Teresa llegará incluso a «desear la
muerte» a muchos niños bautizados; pero no, en primer lugar, «para que
vayan al cielo», sino para ofrecer a Jesús esas «frescas flores abiertas»
que son las que él prefiere....
Nótese que Teresa no se deja engañar por su imaginería,un poco
exagerada (cf Ca 21/26.5.9); esas flores, esos niños y ese mundo estelar
pretenden trasladarnos a un mundo espiritual, radiante de frescor, de luz y
de alegría.
<1> El tema de esta poesía no es el de unos niños mártires: es Jesús, y no
el perseguidor, quien corta sus lirios. La referencia de HA 98 a los Santos
Inocentes es, pues, inexacta.
<2> Cf Cta 124.
<3> Cf Cta 182, que remita a la Oración del alma enamorada de san Juan
de la Cruz.
<4> Para Teresa y Celina, habrá algo mucho mejor que las «rodillas» de los
elegidos: las del propio Jesús... Cf Cta 211+, un billete contemporáneo de
P 28; y P 11,54.
<5> Preciosa imagen poética para expresar la idea de que Dios concede su
reino a los pequeños y no a los sabios...
<6> Estas imágenes cósmicas son tanto más fuertes cuanto que se está
hablando de niños; cf RP 2,7rº.
<7> Cf Ca 5.7.3.
<8> Cf RP 2, 6vº.
<9> Teresa exige mucho en sus poesías (PN 12,8; P 10,5; 15,11; 18,4; PN
29,8; P 20,2; PN 35,4; P 24,1; PN 41,2; y aquí)...
P 29 MI ALEGRÍA
1 Hay almas en la tierra
que van, en vano, en busca de la dicha.
No es ése el caso mío:
yo llevo la alegría dentro del corazón.
No es una flor efímera, la tengo para siempre,
cada día me manda al alma su sonrisa,
lo mismo que una rosa de eterna primavera.
2 Soy, en verdad, dichosa en demasía,
hago siempre y en todo lo que deseo y quiero.
¿Cómo podría yo no estar alegre,
cómo ocultar mi júbilo?
Amar el sufrimiento es mi alegría,
sonrío cuando lloro.
Con gratitud escojo la espina entre mis flores<1>.
3 Cuando el azul del cielo se oscurece
y parece que el cielo me abandona<2>,
mi alegría es quedarme en medio de la sombra,
escondida y pequeña.
Mi alegría es cumplir siempre
la santa voluntad de mi Jesús,
mi único y solo amor.
Así, vivo sin miedo,
amo el día y la noche<3> por igual.
4 Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña<4>,
así, si alguna vez en el camino caigo,
me levanto enseguida,
y mi Jesús me coge de la mano.
Y colmándole entonces de caricias,
le digo que él es todo para mí...
Redoblo mis ternuras cuando él se hurta a mi fe.
5 Mi alegría es esconder a mis hermanas,
cuando lloro, mis lágrimas,
que tiene el sufrimiento sus encantos
cuando velar sabemos con flores su aridez.
Quiero sufrir, mas sin decir palabra,
para que mi Jesús se sienta consolado,
que mi alegría es ver cómo él sonríe
mientras en el destierro está mi corazón.
6 Mi alegría es luchar siempre, sin tregua ni descanso,
por poder engendrar multitud de elegidos.
Es decir, con ternura y muchas veces,
a mi dulce Jesús:
«Por ti, hermano divino, sufro gozosamente.
Mi alegría en la tierra, mi única alegría,
es poder alegrarte».
7 Quiero seguir viviendo largo tiempo en la tierra,
si ése es tu deseo, mi Señor.
Quiero seguirte al cielo,
si te complace a ti<5>.
El fuego de la patria,
que es el amor,
sin cesar me consume.
¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte?
¡Amarte, ése es mi gozo!
¡Mi única dicha, amarte...!
NOTAS P 29 - MI ALEGRÍA
Fecha: 21 de enero de 1897. - Compuesta para: la madre Inés de Jesús
por su santo. - Publicación: HA 98 («Mi paz y mi alegría»), catorce versos
corregidos. - Melodía: Où vas-tu, petit oisseau?
»Ahí está toda mi alma», dice simplemente Teresa al entregar Mi alegría a
la madre Inés para su cumpleaños, en unos momentos en los que va a
abordar los pasos más terribles de su prueba de la fe y pronto los de la
agonía. Tras una expresión y unas imágenes aparentemente ingenuas,
están en juego una actitud de fe y un combate místico, que se expresan
sin refinamientos artísticos pero sí con una intensidad interior y una fuerza
vital realmente sorprendentes. Cada palabra lleva una gran carga de
experiencia y de madurez, y el fluir de las estrofas nos lleva realmente a
penetrar en el «alma» de Teresa.
Este poema anuncia ya la famosa página de junio de 1897: «Tú, Señor,
me colmas de alegría con todo lo que haces» (MS C 7rº), aun cuando en
enero esta alegría sea aún un acto de fe dictado por la voluntad.
A Teresa no le basta con creer en la alegría, con aceptar el sufrimiento,
con esconder las lágrimas, con sonreir a Jesús que se empeña en
ocultarse: su alegría consiste en «luchar sin tregua ni descanso» para
engendrar nuevos elegidos. Esta breve indicación ayuda a embellecer todo
el poema: Teresa se deja escapar que todas sus paradojas y todas sus
antítesis ella ha sabido «velarlas con flores» y que su alegría se cifra en
una dura e incesante lucha avivada por el fuego del amor (estr. 6 y 7).
<1> En la segunda estrofa continúa el paisaje aparentemente idílico de la
primera, pero el interrogante de los versos 3 y 4 muestra ya lo que esta
alegría tiene, si no de forzado, sí al menos de voluntariamente querido. En
los versos 5-7 el velo se desgarra (cf Ms C 4vº y Ms A 4vº).
<2> La prueba de la fe; cf P 21,6-8.
<3> Verso de una gran valentía, que Teresa rubricará con toda su conducta
hasta la muerte. Tras la «noche de esta vida (PN 12,9,3; P 8,18,1), se
encuentra realmente en la noche más oscura: «noche de la tierra» (P
32,4,4), «noche de la fe» (P 36,15,12 y también 36,16,2).
<4> Cf Cta 141+ y PN 11,3,5; P 8,5; 20,4; 36,6; Ms C 3rº.
<5> Cf SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual, explicación de las
canciones 20 y 21: «En el vivir y en el morir está conforme y ajustada con
la voluntad de Dios» [Cánt Esp B, 21-22, nº 11. N. del T.]; y Llama de amor
viva, explicación del verso «Acaba ya si quieres» [Ll A, 1,23. N. del T.]. En
las Ultimas Conversaciones hay numerosas observaciones sobre este
abandono de Teresa ante la vida o la muerte, porque «me gusta lo que él
hace» (CA 27.5.4).
P 30 A MI ÁNGEL DE LA GUARDA
1 ¡Oh mi glorioso guardián,
guardián del cuerpo y del alma,
que en el cielo estás brillando
hecho dulce y pura llama
junto al trono del Eterno!
Por mí bajas a la tierra
y me alumbras con tu luz,
te haces mi hermano, ángel bello,
mi amigo y consolador.
2 Conociendo que soy débil,
¡gran debilidad la mía!,
tú me coges de la mano<1>,
y te veo, conmovida,
apartar de mi camino
la piedra que lo entorpece<2>.
Me invita tu dulce voz
a no mirar más que al cielo.
Y cuanto mas pequeñita
y más humilde me ves<3>,
tanto más tu clara frente
irradia de puro gozo.
3 Tú que los espacios cruzas
más rápido que el relámpago,
vuela por mí muchas veces
al lado de los que amo.
Seca el llanto de tus ojos
con la pluma de tu ala,
y cántales al oído
cuán bueno es nuestro Jesús.
¡Oh, diles que el sufrimiento
tiene también sus encantos!
Y luego, murmúrales
quedo, muy quedo, mi nombre.
4 Yo quiero en mi breve vida
salvar a los pecadores<4>,
mis hermanos.
¡Oh ángel bello de la patria!,
dame tus santos ardores,
para que en el mismo fuego
que tú te abrasas me abrase.
Fuera de mis sacrificios
y de mi austera pobreza,
nada más tengo, ángel mío.
Unelo todo a tus gracias
y ofréceselo al Dios Trino.
5 Para ti la gloria, el reino,
las riquezas del que es Rey,
Rey de los reyes del mundo.
Para mí el Pan del sagrario
y el tesoro de la cruz.
Con la cruz y con la hostia,
y con tu celeste ayuda,
espero en paz la otra vida,
la felicidad del cielo,
que nunca terminará.
(A mi querida sor Filomena,
en recuerdo de su hijita,
Teresa del Niño Jesús y de la S.F.,
rel. carm. ind.)
NOTAS P 30 - A MI ÁNGEL DE LA GUARDA
Fecha: enero de 1897. - Compuesta espontáneamente, y más tarde
dedicada a sor María Filomena de Jesús. - Publicación: HA 98, tres versos
corregidos. - Melodía: Par les chants les plus magnifiques.
El tono de sereno fervor de este poema es característico de la última
época de su vida, menos visionaria y menos rodeada de consuelos
sensibles. Son muchos los temas que se esbozan, y el centro de poema lo
constituye la estrofa 3, en la que Teresa, a lo que parece, se considera ya
a sí misma en otro mundo.
Tras esas primeras estrofas, marcadas por la humildad, el tono glorioso
desemboca en un final casi exultante, al estilo de los salmos con esos
«Para ti... Para mí... Con... Con... Con...» al comienzo del verso, y con
esas palabras tan ricas: «Reino, Gloria, Riquezas», Rey de los reyes,
Sagrario, Cruz», con frecuencia rimando entre ellas [en el original francés,
naturalmente. N. del T.]. El final del caminito puede quedar escondido;
Teresa camina hacia él en la «paz», mientras va repitiendo esta letanía
gloriosa en la que se concentran en unos pocos versos una gran cantidad
de bienes eternos, de alegrías y «felicidad que nunca terminará».
<1> El ángel de la guarda es el compañero de Teresa a lo largo del
«caminito». Esta escena familiar nos trae inevitablemente el recuerdo la
niñez de Teresa cuando su padre la llevaba de la mano (cf Ms A 18rº; P 6,
estr. 6).
<2> Comparar con Ms A 38vº/39rº.
<3> La humildad adquiere en Teresa una tonalidad y unos nuevos
desarrollos a partir del verano de 1896 y sobre todo en 1897 bajo el yugo
de la prueba de la fe.
<4> Esta es la primera vez que Teresa designa a los «pecadores» como sus
«hermanos»; preludio de la «mesa de los pecadores»del Ms C 6rº. Ver
también P 36, estr. 4 y 20.
P 31 A TEÓFANO VÉNARD
Sacerdote de las Misiones Extranjeras,
martirizado en Tonkín
a los 31 años de edad.
1 Mártir angelical, ¡oh Teófano santo!,
los elegidos cantan tus loores,
y en los coros angélicos
el encumbrado serafín se siente
honrado de servirte.
No pudiendo mezclar en el destierro
mi voz con la sublime santa voz de los cielos,
quiero, al menos, tomar mi lira en tierra extraña
para cantar con ella tus virtudes.
2 Fue tu breve destierro como un canto muy dulce
que supo conmover los corazones.
Tu alma de poeta<1>
hacía, a cada instante, brotar flores,
flores para Jesús.
Y al elevarte a la celeste esfera,
hasta tu último canto
fue un canto juvenil de primavera.
Al morir, murmuraste:
«¡Yo, que soy un efémero,
me voy al cielo azul, voy el primero<2>!»
3 ¡Afortunado mártir, al borde del suplicio
tú gustaste la dicha de sufrir!
Sufrir por Dios te pareció delicia.
Tú supiste vivir y supiste morir
alegre y sonriente.
Cuando el verdugo quiso abreviar tu tormento,
replicaste enseguida:
«¡Cuanto más largos sean mi dolor y mi martirio,
mayor valor tendrán, estaré más contento<3>!»
4 ¡Oh lirio virginal!,
en la plena y hermosa primavera
de tu vivir
escuchó el Rey del cielo tu deseo.
Tú eres «la rosa abierta
que para su recreo cortó Dios»<4>.
Ya no estás desterrado,
los bienaventurados admiran tu esplendor.
Eres rosa de amor,
la inmaculada Virgen
de tu aroma respira la frescura.
5 Apréstame tus armas, ¡oh soldado de Cristo!<5>,
yo quiero aquí en la tierra,
por salvar a los pobres pecadores,
sufrir y combatir a la sombra de tu palma.
Dame tu protección, sostén mi brazo,
por ellos luchar quiero en incesante guerra
y tomar al asalto el reino de mi Dios.
El Señor a la tierra no vino a traer paz,
sino fuego y espada.
6 Yo amo esa playa infiel,
la que fue blanco de tu amor ardiente:
hacia ella volaría gozosamente yo,
si un día mi Jesús me lo pidiese.
Mas yo sé que a sus ojos se borran las distancias
y el universo entero es sólo un punto.
Mi flaco amor y mis pequeños sufrimientos,
bendecidos por El,
hacen amar a Dios más allá de los mares.
7 ¡Ah, si yo fuese flor de primavera
que cortar pronto mi Señor quisiera!
¡Oh, mi mártir glorioso, te conjuro,
baja del cielo a mí en mi postrer momento<6>!
Que de tu amor las llamas virginales
me abrasen en la vida,
y un día pueda ser yo de las almas
que forman tu cortejo...
NOTAS P 31 - A TEÓFANO VÉNARD
Fecha: 2 de febrero de 1897. - Composición espontánea. - Publicación: HA
98, diez versos corregidos. - Melodía: Les adieux du martyr.
«Mi alma se parece a la suya», dirá Teresa a sus hermanas (Ultimas
Conversaciones, Burgos, Monte Carmelo, 1973, p. 355), y, como recuerdo
de despedida (Cta 245), les hará entrega de una antología de las cartas de
este «santito», misionero mártir en Tonkín, cuya biografía le había
recomendado el P. Roulland. A partir del 21 de noviembre de 1896, había
ido copiando en su «libreta de apuntes» tres páginas de extractos de esas
cartas (cf «Otros Escritos»).
Para cantar a su santo amigo, Teresa vuelve a encontrar los acentos que
poco antes le inspirara su «santa predilecta», santa Cecilia. Cantos y
flores, pero también sufrimiento y martirio y el apostolado enérgico y
vigoroso, «la espada y el fuego», he ahí los temas que la inspiran.
El 19 de marzo, al enviar el poema al P.Roulland (cf Cta 221), llama su
atención sobre la penúltima estrofa, desvelando así su proyecto misionero:
irse para la reciente fundación de Hanoi, si su salud no se lo impide.
Esperanza poco razonable, pero el deseo misionero no cesa de crecer en
su corazón y, en estas mismas semanas, se consolida su confianza de
«volver a la tierra» para trabajar en ella sin respiro «hasta el fin del
mundo» (CA 17.7).
En la enfermería, la imagen de Teófano Vénard ya no la abandonará y le
servirá de mucha ayuda en la prueba (CA 10.8.1; 10.8.3; 19.8.5; 20.8.13;
6.9).
<1> Al igual que Teresa, Teófano también escribía poesías.
<2> Cita de un a carta del 20./1/1861; cf Cta 245+.
<3> Respuesta auténtica de Teófano al verdugo, un cínico jorobado, que
preguntó al joven «cuánto le daría por ejecutarlo hábilmente y con
rapidez». Y la cabeza no rodó por el suelo hasta el quinto golpe de sable.
<4> Otra cita de Teófano.
<5> El vocabulario guerrero anuncia ya Mis armas, su próxima poesía.
<6> Cf Ca 16.8.3.
P 32 MIS ARMAS
(Cántico compuesto para el día de una profesión)
«Revestíos de las armas de Dios,
para poder resistir los estratagemas
del enemigo» (San Pablo).
«La esposa del rey es terrible,
como un ejército en orden de batalla.
Se parece a un coro de música
en medio de un campamento» (Cant. de los Cant.)
1 Vestí las armas<1> del Omnipotente,
y su mano divina me adornó.
Nada me hará temer en adelante,
¿quién podrá separarme de su amor?
A su lado, lanzándome al combate,
ya ni al fuego ni al hierro temeré<2>.
Sabrán mis enemigos que soy reina,
que esposa soy de un Dios<3>.
Guardaré la armadura que me ciño,
Jesús, ante tus ojos adorados,
y hasta la última tarde del destierro
serán mis votos mi mejor adorno.
2 Eres tú, ¡oh Pobreza!,
mi primer sacrificio,
te llevará conmigo hasta la muerte.
Sé que el atleta, puesto en el estadio,
para correr de todo se despoja.
Gustad, mundanos, vuestra angustia y pena,
de vuestra vanidad amargos frutos;
yo, jubilosa, alcanzaré en la arena
de la pobreza las triunfales palmas.
Jesús dijo que «por la violencia
el reino de los cielos se conquista».
Me servirá de lanza la pobreza,
y de glorioso casco.
3 Hermana de los ángeles
victoriosos y puros
la Castidad me hace.
Formar espero un día en sus falanges;
mas debo en el destierro
como lucharon ellos luchar yo.
Luchar continuamente,
sin descanso ni tregua,
por mi Esposo adorado,
el Señor de los señores.
Porque es la castidad celeste espada<4>
que puede conquistarle corazones.
La castidad será mi arma invencible,
con ella venceré a mis enemigos.
Por ella llego a ser,
¡oh inefable ventura!,
la esposa de Jesús.
4 En medio de la luz gritó, orgulloso,
el ángel:
«¡Nunca obedeceré...<5>!»
En medio de la noche de la tierra
yo grito:
«¡Siempre obedeceré<6>!»
Siento nacer en mí
una divina audacia,
al furor del infierno desafío.
Y es mi fuerte coraza
y de mi corazón escudo fuerte,
la Obediencia.
¡Oh mi Dios vencedor!,
no ambiciono otra gloria
que la de someter
mi voluntad en todo,
pues será el obediente
quien cantará victoria
en el descanso de la eternidad.
5 Si tengo del guerrero
las poderosas armas
y le imito luchando bravamente,
quiero también como graciosa virgen
cantar mientras combato.
Tú haces vibrar las cuerdas de tu lira,
¡y es tu lira, Jesús, mi corazón<7>!
Por eso, cantar puedo
la fuerza y la dulzura
de tus misericordias.
Sonriendo, yo afronto la metralla,
y en tus brazos, cantando,
¡oh --divino Esposo--, mi divino Esposo!,
moriré<8> sobre el campo de batalla,
¡las armas en la mano!
NOTAS P 32 - MIS ARMAS
Fecha: 25 de marzo de 1897. Compuesta para: sor María de la Eucaristía
con ocasión de su profesión. - Publicación: HA 98, tres versos corregidos. -
Melodía: Canto de despedida a los misioneros «Partez, hérauts de la
bonne nouvelle».
Una poesía enérgica, aguerrida, tensa, echada sobre el papel como para
entablar batalla. Una Teresa segura de sí misma y segura de Dios, que
pasa por el crisol de la prueba como Juana de Arco por la hoguera. Ella
sabe bien que es reina, una reina que lucha y que bruñe sus armas para
triunfar, y cuya primera preocupación es la eficacia.
La cita de san Pablo en el epígrafe (tomada de la Regla del Carmelo)
introduce directamente en la ceremonia de «armar caballeros»; la audaz
yuxtaposición de dos versículos independientes del Cantar de los Cantares
da la imagen de una reina imponente y de inmenso poderío, «terrible como
un ejército en orden de batalla, semejante a un coro de música en medio
de un campamento». Hay que tener verdadera mirada de poeta para
elaborar de esa manera una cita tan brillante, hermética y antitética, como
fuente de inspiración capaz de animar una profesión religiosa y de
bosquejar una alegoría completa de los votos, tema ingrato donde los haya
para hacer una poesía.
La destinataria es María Guérin, a la vez «angelito» y «mujer fuerte»,
«niñito» y «valiente guerrero» (P 24); pero también sor Genoveva, que el
año anterior había quedado defraudada [porque a Teresa no se le había
pedido componer para ella una poesía en nombre de la comunidad y tuvo
que conformarse con entregarle casi a escondidas apenas unas migajas]
(cf PN 27) y que sigue vibrando con las «imágenes de la caballería».
Pero para Teresa se trata mucho más de un romance de caballería,
aunque el lenguaje alegórico pueda llamarnos a engaño (cf Cta 224); ella
libra su batalla en «la realidad de la vida» (cf Ms A 31vº), y pronto la librará
en la de la muerte. «Sonriendo» (como su amigo Teófano), «cantando»
(como una esposa enamorada), Teresa lucha hasta el límite de sus
fuerzas, antes de caer «con las armas en la mano» (nótese la fuerza de
este final).
<1> Obsérvese el vocabulario tan paulino de esta poesía, inspirada en Ef 6,
aun cuando las alegorías sean diferentes: en Pablo, «la verdad como
cinturón, la justicia como coraza, como calzado el celo por anunciar el
Evangelio, como escudo la fe, como casco la salvación y como espada la
del Espíritu; en Teresa, «la armadura» son los «sagrados votos: la
Pobreza, lanza y casco; la espada de la Castidad; la coraza de la
Obediencia; el escudo de mi corazón».
<2> Cf P 17,9.
<3> Cf RP 7, 1rº.
<4> Laespada implica en el caso de Teresa un trasfondo bíblico en el que
se mezclan Mt 10,34 y Ef 6,17; cf P 31,5 y Or 17.
<5> Cf RP 7,3rº.
<6> Teresa recobra por un momento (en estos versos) el tono de los poetas
románticos (Vigni, Lamartine, Hugo), a los que les gustan los diálogos
fantásticos a través de los espacios infinitos... La antítesis luz-noche hace
que la prueba de la fe aparezca en toda su intensidad; este enraizamiento
existencial del poema confiere un carácter de auténtica bravura a lo
hubiera podido parecer pura literatura o una simple bravata.
<7> Tras el choque del enfrentamiento, la calma. La ternura de la
femineidad recobra sus derechos, a ejemplo de santa Cecilia (la «virgen»,
con la mención de la lira; cf P 2).
<8> Esta muerte en el campo del honor le habría encantado a Teresa de
Avila: «Los defensores de la Iglesia (...) pueden morir; ser vencidos,
jamás» (Camino de perfección, cap. 3). [Las palabras originales de la
Santa son: «Porque, como no haya traidor, si no es por hambre, no los
pueden ganar. Acá esta hambre no la puede haber que baste a que se
rindan; a morir, sí, mas no a quedar vencidos», Camino 3,1.]
P 33 UNA ROSA DESHOJADA
1 Jesús, cuando te veo
que abandonas los brazos de tu Madre,
y tenido por ella,
ensayas,
vacilante,
por nuestra triste tierra
tus indecisos y primeros pasos,
yo quisiera ir delante
deshojando una rosa blanca y fresca,
y así tu piececito posaría
muy suave y dulcemente
sobre una flor.
2 La rosa deshojada,
¡oh mi Niño divino!,
es la más fiel imagen
del corazón que quiere a cada instante
por tu amor inmolarse enteramente.
Hay muchas rosas frescas
que gustan de brillar en tus altares
y se entregan a ti.
Mas yo anhelo otra cosa:
deshojarme...
3 La rosa en su esplendor
puede, mi Niño, embellecer tu fiesta.
A la rosa en deshoje se la olvida,
se la tira y arroja
al capricho del viento.
La rosa, deshojándose,
se entrega a cada instante
con ansia de no ser.
Como ella, quiero yo buscar mi dicha
dándome, mi Jesús, del todo a ti.
4 Se pasa sobre pétalos
de rosa deshojada,
y se pisan sin pena.
Y esos muertos despojos
son un simple ornamento,
dispuestos al azar,
sin arte y sin estudio,
lo comprendo...
Yo prodigué mi vida,
prodigué mi futuro
por tu amor, ¡oh Jesús!
A los ojos profanos de los hombres,
como rosa marchita para siempre
un día moriré...
5 Mas moriré por ti, ¡oh Niño mío,
hermosura<1> suprema!
¡Oh suerte venturosa!
Deshojándome quiero demostrarte
mi amor,
¡oh, mi tesoro...!
A zaga de tus pasos infantiles,
escondida vivir quiero aquí abajo.
Y aun suavizar quisiera
tus últimas pisadas
camino del Calvario...
NOTAS P 33 - UNA ROSA DESHOJADA
Fecha: 19 de mayo de 1897. - Compuesta para: María Enriqueta, del
Carmelo de París, a petición suya. - Publicación: HA 98 («La rose
effeuillée»), cinco versos corregidos. - Melodía: Le fil de la Vierge, o bien
La rosse mousse.
La verdad es que pocos místicos han llegado tan lejos como Teresa,
minada por la enfermedad, en el límite de sus fuerzas y que ofrece su
«nada» arrojándose a los pies de Jesús en un acto de amor puro y total.
Así la descubrimos aquí: no pide nada, se entrega por entero, está casi
casi al otro lado de la muerte, se diría que al otro lado del amor.
En mayo ya no está en condiciones de participar en la liturgia floral de las
novicias (cf P 23). Uno tras otro va renunciando a los actos de comunidad.
Ahora le queda una tarea suprema: «Debo morir». Morir disolviéndose al
filo de los días, como una «rosa» que se «deshoja». En la más completa
oblación: «enteramente, a cada instante, sin pena alguna», sin
escenografías («sin arte y sin estudio»). Su generosidad sólo puede
compararse con su delicadeza: que su vida así «prodigada» sea sólo
dulzura bajo el «piececito» del Niño Jesús y bajo las «últimas pisadas» del
Varón de dolores. El símbolo de la rosa deshojada, hoy aparentemente
desgastado, surge aquí en toda su patética belleza, con la autenticidad de
lo vivido.
Teresa ya no sueña siquiera con entregarse a Jesús, sino con deshojarse
bajo sus pasos, con morir disolviéndose. En las estrofas 3 y 4 desarrolla
esta idea hasta unos límites a los que antes aún no había llegado: «La
rosa en su esplendor puede embellecer tu fiesta, a la rosa en deshoje se la
tira y arroja (nótese la fuerza de esta palabra al final del verso) al capricho
del viento» (es decir, a ninguna parte, no importa dónde). La rosa
deshojada se entrega para ya no ser más («con ansias de no ser»), lo cual
es ya el colmo del abandono; ni siquiera se le presta atención (4,1-3), no
es más que unos «muertos despojos». Teresa «lo comprende»: ella
«prodigó su vida, prodigó su futuro», está «marchita para siempre, un día
morirá...». De esta manera, ofrece la prueba suprema de su amor, sin
saber lo que Jesús hará de ella. Ella es sólo una rosa deshojada, es decir,
nada.
Teresa responde a una petición de una carmelita de París, antigua priora,
que había oído hablar maravillas de sus dotes de poeta y que quiere
ponérselas a prueba: «Si es verdad que esa hermanita es una joya (...),
que me envíe una de sus poesías, y lo comprobaré por mí misma»; y,
según María de la Trinidad, proponía incluso el tema de la rosa deshojada.
»La madre Enriqueta quedó muy contenta (...), pensando únicamente que
le faltaba una última estrofa para explicar que, a la hora de mi muerte, Dios
recogería esos pétalos para volver a formar con ellos una rosa preciosa
que brillaría por toda la eternidad». ¡Qué gran error! Para Teresa, «amar
es entregarse» sin pedir nada a cambio. Y contesta: «Que esa buena
Madre haga la estrofa tal como lo dice, que yo no me encuentro en
absoluto inspirada para hacerlo. Mi deseo es ser deshojada para siempre,
para alegrar a Dios. Y se acabó».
<1> Teresa tiene un sentimiento muy agudo de la Belleza (cincuenta y seis
veces emplea esa palabra en sus escritos, y veintiocho veces ser trata de
la belleza de Jesús). Belleza suprema en P 15,31; 18,2; RP 2,1rº y 8rº; RP
4,3rº.
P 34 EL ABANDONO ES EL FRUTO DELICIOSO DEL AMOR
1 Hay en la tierra un árbol, árbol maravilloso,
cuya raíz se encuentra,¡oh misterio!, en el cielo<1>.
2 Acogido a su sombra, nada ni nadie te podrá alcanzar;
sin miedo a la tormenta, bajo él puedes descansar.
3 El árbol inefable lleva por nombre «amor».
Su fruto<2> deleitable se llama «el abandono».
4 Ya en esta misma vida este fruto me da felicidad,
mi alma se recrea con su divino aroma.
5 Al tocarlo mi mano, me parece un tesoro.
Al llevarlo a la boca, me parece más dulce todavía.
6 Un mar de paz me da ya en este mundo,
un océano de paz,
y en esta paz profunda descanso para siempre.
7 El abandono, sólo el abandono
a tus brazos me entrega, ¡oh Jesús mío!,
y es el que me hace vivir con la vida de tus elegidos.
8 A ti, divino Esposo, me abandono, y no quiero
nada más en la vida que tu dulce mirada.
9 Quiero sonreír siempre, dormirme en tu regazo
y repetirte en él que te amo, mi Señor<3>.
10 Como la margarita de amarilla corola,
yo, florecilla humilde, abro al sol mi capullo.
11 Mi dulce sol de vida, mi amadísimo Rey,
es tu divina hostia pequeña como yo...
12 El rayo luminoso de tu celeste llama
nacer hace en mi alma el perfecto abandono.
13 Todas las criaturas pueden abandonarme,
lo aceptaré sin queja y viviré a tu lado.
14 Y si tú me dejases, ¡oh divino tesoro!,
aun viéndome privada de tus dulces caricias,
seguiré sonriendo.
15 En paz yo esperará, Jesús, tu vuelta,
no interrumpiendo nunca mis cánticos de amor.
16 Nada, nada me inquieta, nada puede turbarme,
más alto que la alondra sabe volar mi alma.
17 Encima de las nubes el cielo es siempre azul,
y se tocan las playas del reino de mi Dios.
18 Espero en paz la gloria de la celeste patria,
pues hallo en el copón el suave fruto
¡el dulcísimo fruto del amor!
NOTAS P 34- EL ABANDONO ES EL FRUTO DELICIOSO DEL AMOR
Fecha: 31 de mayo de 1897. - Compuesta para: sor Teresa de San
Agustín, a petición suya. - Publicada: HA 98 («L'Abbandon»), tres versos
corregidos. - Melodía: Si j'étais grande dame.
Una canción, pero una canción que va más allá de ella misma, una
canción para capear «la tormenta» y entregarse de corazón, pero
tranquilos, seguros, «en paz» (palabra que se repite cuatro veces). La
confianza de las cuatro últimas estrofas no es fingida: es el auténtico
«abandono», por encima de los consuelos sensibles. Aunque menos
vibrante y más parco en confidencias que Una rosa deshojada, este
poema es también un poema personal.
La destinataria, una monja tan virtuosa como severa, había hecho «voto de
abandono a todos los deseos de Dios», no sin descontar del todo un cierto
complejo «de superioridad en la perfección». Para Teresa, el abandono no
es «obra del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia». Al reconocer en sí misma ese abandono total ante la
muerte, rendirá homenaje por ello a su único autor: «Ahora ya estoy en él;
Dios me ha hecho llegar a él, me ha tomado en sus brazos y me ha puesto
en él...» (CA 7.7.3).
<1> Bella imagen de un árbol A LA CHAGALL, «cuya raíz se encuentra en
el cielo». El símbolo del árbol es muy poco frecuente en Teresa (ésta es la
única vez que se encuentra en las poesías, y en la Cta 137 el árbol de
Zaqueo).
<2> Este fruto es la antítesis del fruto del libro del Génesis (3,6): se lo puede
tocar sin temor (Gen 3,3) y comer de él; y no trae consigo el desorden del
pecado y de la muerte, sino «un mar de paz» y la felicidad ya en esta vida.
<3> En estas estrofas 7-9 volvemos a encontrar el tono y el colorido de P 2,
Santa Cecilia (vv. 29-32), «la santa del abandono».
<4> Teresa «espera en paz». Pero es una espera que no tiene nada de
ocioso: la fuga repentina de la alondra (est. 16), en una ascensión vertical
que rompe la «espesa niebla» (Ms C 5vº), lo dice bien claro. Y evoca
irresistiblemente los actos anagógicos de san Juan de la Cruz: para el
alma que se ve acosada por la tentación, lo mejor es echarse a volar de un
salto hacia Dios...Y Teresa vuela incluso «más alto que la alondra»: la
mirada puede seguir al pájaro por el cielo, pero no nos es posible ver volar
a la carmelita hasta los confines de esa tierra prometida donde hunde sus
raíces el Arbol de la vida.