Sta. Teresita de Lisieux

Poemas 1 a 6

POESÍAS

 

P 1 EL ROCÍO DIVINO O LA LECHE VIRGINAL

P 2 SANTA CECILIA

P 3 CÁNTICO PARA LA CANONIZACIÓN DE JUANA DE ARCO

P 4 MI CANTO DE HOY

P 5 CANTO DE GRATITUD A LA VIRGEN DEL CARMEN

P 6 PLEGARIA DE LA HIJA DE UN SANTO

P 7 HISTORIA DE UNA PASTORA CONVERTIDA EN REINA

P 8 LA REINA DEL CIELO A MARÍA DE LA SANTA FAZ

P 9 A SAN JOSÉ

P 10 VIVIR DE AMOR

P 11 EL CÁNTICO DE CELINA

P 12 MI CIELO EN LA TIERRA

P 13 CÁNTICO DE UN ALMA

P 14 AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

P 15 JESÚS, AMADO MÍO, ACUÉRDATE

P 16 MIS DESEOS JUNTO A JESÚS ESCONDIDO

P 17 RESPONSORIO DE SANTA INÉS

P 18 EL CÁNTICO ETERNO CANTADO EN EL DESTIERRO

P 19 GLOSA A LO DIVINO

P 20 CÁNTICO DE SOR MARÍA DE LA TRINIDAD

P 21 MI CIELO

P 22 LO QUE PRONTO VERÉ POR VEZ PRIMERA

P 23 ARROJAR FLORES

P 24 SÓLO JESÚS

P 25 LAS SACRISTANAS DEL CARMELO

P 26 AL NIÑO JESÚS

P 27 LA PAJARERA DEL NIÑO JESÚS

P 28 A MIS HERMANITOS DEL CIELO

P 29 MI ALEGRÍA

P 30 A MI ÁNGEL DE LA GUARDA

P 31 A TEÓFANO VÉNARD

P 32 MIS ARMAS

P 33 UNA ROSA DESHOJADA

P 34 EL ABANDONO ES EL FRUTO DELICIOSO DEL AMOR

P 35 A SOR MARÍA DE LA TRINIDAD

P 36 POR QUE TE AMO, MARÍA


 

 

 

P 1

 

J.M.J.T.

 

2 de febrero de 1893

 

EL ROCIO(1) DIVINO

O LA LECHE(2) VIRGINAL

 

1 Envuelto en luz de amor,

en el blando regazo de tu Madre,

¡oh, mi dulce Jesús!, te muestras a mis ojos,

radiante de amor(3).

El amor:

misteriosa razón

que te alejó(4) de tu mansión celeste

y te trajo al destierro.

Deja que yo me esconda bajo el velo(5)

que a la humana mirada te disfraza.

Solamente a tu lado, ¡oh Estrella matutina!,

mi corazón pregusta un avance del cielo.

2 Cuando al nacer de cada nueva aurora

aparecen del sol los rayos de oro,

la tierna flor que empieza a abrir su cáliz

espera de lo alto un bálsamo precioso:

la rutilante perla matutina,

misteriosa y henchida de frescura,

es la que, produciendo rica savia,

hace abrirse a la flor muy lentamente.

3 Tú eres, Jesús, la flor que acaba de entreabrirse,

contemplando aquí estoy tu despertar primero.

Tú eres, Jesús, la encantadora rosa,

el capullito fresco, gracioso y encarnado.

Los purísimos brazos de tu Madre querida

son para ti tu cuna y trono real.

Es tu sol dulce el seno de María,

tu rocío, la leche virginal.

4 Divino Amado y hermanito mío,

columbro en tu mirada tu futuro:

¡pronto a tu Madre dejarás por mí,

pues ya el amor te empuja al sufrimiento!

Pero sobre la cruz, ¡oh flor abierta!,

reconozco tu aroma matinal,


 

 

reconozco las perlas de María:

¡es tu sangre la leche virginal!

5 Este rocío se esconde en el santuario,

hasta el ángel quisiera poder beber de él:

al ofrecer a Dios su plegaria sublime,

como san Juan repite: «¡Hele aquí!».

¡Oh sí!, miradle aquí a este Verbo hecho Hostia,

eterno Sacerdote, sacerdotal Cordero.

El que es Hijo de Dios es hijo de María...

¡Se ha hecho pan de los ángeles la leche virginal!

6 El serafín se nutre de la gloria,

del puro amor y del perfecto gozo;

yo, pobre y débil niña, sólo veo

en el copón sagrado

de la leche el color y la figura.

Mas le leche es un bien para la infancia.

Del corazón divino el amor no halla igual...

¡Oh tierno amor, potencia incalculable!

¡Mi hostia blanca es la leche virginal!

 

NOTAS P 1 - EL ROCÍO DIVINO

Fecha: 2 de febrero de 1893. - Compuesta para: sor Teresa de San

Agustín. - Publicación: HA 98 (once versos corregidos) - Melodía: Minuit,

chrétiens.

Un capullo de rosa que se abre con los primeros rayos del sol, bajo el

efecto del rocío de la mañana: a nadie puede sorprender el encontrarse en

el umbral de las Poesías con un símbolo tan teresiano.

Con la audacia serena de un niño, y como quien se siente a gusto en el

misterio, Teresa va siguiendo el itinerario de ese «rocío celestial».

Reconoce su «aroma matinal» en la Flor sangrante del Calvario; vuelve a

encontrar su sabor en el Pan de los ángeles», el Cuerpo eucarístico del

Señor, el «Verbo hecho Hostia» después de haberse hecho carne por la

mediación de María. En definitiva, Teresa canta, en su propio tono, y

aunque sea balbuciendo, el mismo Ave verum que santo Tomás de

Aquino.

Para quien nunca había compuesto un solo verso era una empresa

temeraria hacer sus primeros pinitos abordando un tema tan difícil. Detrás

de la inexperiencia, especialmente en la continuidad y la apropiación de las

imágenes, se revela la capacidad de la autora para hacernos entrar, a

través de la modalidad poética, en «misterios más ocultos y de un orden

superior» (Cta 134).

Sor Teresa de San Agustín ha contado cómo pidió a Teresa esta poesía

(Souvenirs d'une sainte amitié, publicados en VT nº 100, pp. 241-255),


 

 

antes de hacerla practicar la caridad de manera heroica al final de su vida

(cf Ms C 14rº)...

La lactación del Hijo de Dios por una Madre Virgen es un aspecto de la

Encarnación que ha sido cantado por la Iglesia a través de lo siglos.

Teresa recibió esa tradición de la liturgia y de diversos autores espirituales

(entre otros, a través de El Año Litúrgico de Dom Guéranger). Es también

innegable el influjo de la Vida de sor María de San Pedro, de la que Teresa

de San Agustín era una ferviente lectora.

 

(1) Esta palabra aparece cincuenta veces en los escritos. Como buena

normanda, Teresa toma en un principio sus imágenes de las riquezas de la

naturaleza (cf Cta 141). El rocío será una metáfora de la Sangre de Jesús

(P 15; RP 2, 8rº), del Bautismo (P 28; RP 2, 6vº), o de la Eucaristía (Cta

240).

(2) Uso más bien escaso: catorce veces (de las cuales siete aquí); Teresa

nunca digirió la leche...

(3) «Jesús, ¿quién te ha hecho tan pequeño? El amor» (San Bernardo,

citado en Cta 162).

(4) Cf P 8,9, 2+.

(5) Cf P 8,4+.

 

 

P 2 SANTA CECILIA

 

«Mientras sonaban los órganos,

Cecilia cantaba en su corazón»

(Oficio divino)

¡Oh santa del Señor, yo contemplo extasiada

el surco luminoso(1) que dejas al pasar;

aún me parece oír tu dulce melodía

y hasta mí llega tu celeste canto.

De mi alma desterrada escucha la plegaria,

déjame que descanse

sobre tu dulce corazón de virgen,

inmaculado lirio

que brilla en las tinieblas de la tierra

con claro resplandor maravilloso

y casi sin igual.

Castísima paloma, pasando por la vida,

no buscaste a otro esposo que no fuera Jesús.

Habiendo él escogido por esposa a tu alma,

se había unido a ella,

hallándola aromada y rica de virtud.


 

 

 

Sin embargo, otro amante,

radiante de hermosura y de virtud,

respiró tu perfume, blanca y celeste flor.

Por hacerte flor suya y ganar tu ternura,

el joven Valeriano

quiso darte, sin mengua, todo su corazón.

Preparó sin demora, bodas maravillosas,

retembló su palacio de cantos melodiosos;

pero tu corazón de virgen repetía

cánticos misteriosos,

cuyo divino eco se elevaba hasta el cielo.

Tan lejos de tu patria

y viendo junto a ti a este frágil mortal,

¿qué otra cosa podías tú cantar?

¿Deseabas, acaso, abandonar la vida

y unirte para siempre con Jesús en el cielo?

¡Oh no, que no era eso! Oigo vibrar tu lira,

la seráfica lira de tu amor,

la de las dulces notas,

cantando a tu Señor este sublime cántico:

«Conserva siempre puro

mi corazón, Jesús, mi tierno Esposo».

¡Inefable abandono, sublime melodía!

Revelas el amor en tu celeste canto,

el amor que no teme, que se duerme y olvida

como un niño pequeño en los brazos de Dios(2)...

En la celeste bóveda brilló la blanca estrella

que a esclarecer venía con sus tímidos rayos

la noche luminosa que nos muestra, sin velo,

el virginal amor

que en el cielo se tienen los esposos...

Entonces Valeriano se iluminó de gozo,

pues todo su deseo, Cecilia, era tu amor.

Mas halló mucho más en tu noble alianza:

¡le mostraste la vida que nunca acabará!

«¡Oh, mi joven amigo -tú misma le dijiste-,

cerca de mí está siempre un ángel del Señor

que me conserva puro el corazón!

Nunca de mí se aparta, ni aun cuando estoy dormida,

y me cubre gozoso con sus alas azules.

Yo veo por la noche brillar su amable rostro

con una luz más suave que el rayo de la aurora,

su cara me parece la transparente imagen,

el purísimo rayo de la cara de Dios».


 

 

 

Replicó Valeriano: «Muéstrame ese ángel bello,

así a tu juramento podré prestar yo fe;

de lo contrario, teme desde ahora

que mi amor se transforme

en terribles furores y en odio contra ti».

¡Oh paloma escondida

en las hondas cavernas de la piedra(3),

no temiste la red del cazador!

El rostro de Jesús(4) te mostraba sus luces,

el sagrado Evangelio reposaba en tu pecho(5)...,

y con dulce sonrisa al punto le dijiste:

«Mi celeste guardián escucha tu deseo,

tú le verás muy pronto, se dignará decirte

que tienes que ser mártir para volar al cielo.

Mas antes que tú veas a mi ángel,

es cosa necesaria que el bautismo

derrame por tu alma una santa blancura,

que el verdadero Dios habite en ella,

que el Espíritu Santo

le dé a tu corazón su propia vida.

El Verbo, Hijo del Padre, y el Hijo de María,

con un inmenso amor se inmola en el altar;

tienes que ir a sentarte

al sagrado convite de la vida,

para comer a Cristo, que es el pan de los cielos(6).

El serafín, entonces, te llamará su hermano,

y al ver tu corazón ya convertido

en trono de su Dios,

hará que tú abandones las playas de la tierra,

tú verás la morada

de este celeste espíritu de fuego».

«Mi corazón se quema en una nueva llama

-exclamó, transformado, el ardiente patricio-,

quiero que el Señor venga y que habite en mi alma,

¡oh, Cecilia, mi amor será digno del tuyo!»

 

Vestido con la blanca vestidura,

emblema de inocencia,

Valeriano vio al ángel hermoso de los cielos,

y contempló, extasiado, su sublime potencia,

vio el dulcísimo brillo que irradiaba su frente.

El serafín brillante sostenía en sus manos

frescas y bellas rosas, y blanquísimos lirios,


 

 

flores abiertas, todas, en el jardín del cielo

bajo el rato de amor del Astro creador.

«¡Oh, queridos esposos, a los que el cielo ama

-así les dijo el ángel del Señor(7)-,

las rosas del martirio

servirán de corona a vuestras frentes,

y no hay lira ni voz que cantar pueda

este inmenso favor.

Yo que vivo abismado

en mi Dios y contemplo sus encantos,

no puedo ni inmolarme ni sufrir por su amor,

ofrecerle no puedo la sangre de mis venas

ni el llanto de mis ojos,

yo no puedo morir para expresar mi amor.

La pureza es del ángel brillante patrimonio,

su inabarcable gloria nunca terminará;

¡mas vosotros, mortales,

sobre el ángel tenéis la gran ventaja

de poder ser muy puros y de poder sufrir!

....................................................

«En estos blancos lirios perfumados

estáis viendo vosotros

el misterioso símbolo de la virginidad,

que es el dulce presente del Cordero.

Coronados seréis con la blanca aureola,

por siempre y para siempre vuestro canto

será el cántico nuevo.

Vuestra unión casta engendrará a otras almas(8)

que por único esposo buscarán a Jesús;

junto al trono divino, y entre los elegidos,

vosotros las veréis alzar su lumbre

cual purísimas llamas».

¡Oh, préstame, Cecilia, tu dulce melodía!

Quisiera conquistarle a Jesús corazones,

y, como tú, quisiera sacrificar mi vida,

darle toda mi sangre y el llanto de mis ojos...

Haz que yo guste en la extranjera playa(9)

el perfecto abandono, del amor dulce fruto.

¡Oh, mi santa querida, haz que vuele a tu lado,

muy pronto y para siempre, muy lejos de la tierra...!

28 de abril de 1894

 

NOTAS P 2 - SANTA CECILIA


 

 

Fecha: 28 de abril de 1894. - Compuesta para: Celina al cumplir los

veinticinco años, unida a la Cta 161. - Publicación: HA 98 (diez y siete

versos corregidos). - Melodía: Himno a la Eucaristía: Dieu de paix et

d'amour, o bien Prends mon coeur, le voilà, Vierge, ma bonne Mère.

Este primer poema espontáneo de Teresa es también una especie de

«Primera Sinfonía» por su extensa composición, el entrelazado de los

temas, un cierto aire de nobleza y la disposición en grandes estrofas. Es

un mensaje para Celina, que se ha quedado sola junto a un padre anciano

y casi inconsciente. Aunque se ha consagrado a Dios con un voto privado,

Celina se siente tentada por el matrimonio. Teresa acaricia el sueño de

tenerla a su lado en el Carmelo (Ms A 82rº). Para seducirla sin violentarla,

recurre al lenguaje poético: «la historia de Cecilia» ¿no es acaso una

parábola profética de «la historia de Celina» (cf Cta 161)?

Teresa intenta «balbucir» las relaciones que descubre entre virginidad,

matrimonio y martirio. No desprestigia la admiración de su hermana por el

matrimonio; sin embargo, la orienta hacia una fecundidad espiritual todavía

mayor: la de la virginidad consagrada.

Pero este poema es también un canto personal en el que Teresa quiere

expresar su «ternura de amiga» hacia Cecilia, su «santa predilecta» (Ms A

61vº; cf Cta 149), que es por encima de todo «la santa del abandono».

Pronto hará Teresa de ese abandono una de las componentes

fundamentales de su «caminito».

Teresa toma los elementos históricos de su poema del Oficio propio del

Breviario romano (22 de noviembre) y de Sainte Cécile et la société

romaine aux deux premiers siècles de Don Guéranger (1875).

 

(1) Cf Ms A 22rº; P 11, 3o; y VT nº 61, p. 74.

(2) Los versos «¡Inefable abandono ... en los brazos de Dios» son ya una

especie de anticipo del «caminito».

(3) Cf el comentario de san Juan de la Cruz a la canción 35 del Cántico

Espiritual.

(4) En 1889 Teresa descubrió ya, no sólo la Faz dolorosa, sino también la

Faz luminosa de Jesús; cf Cta 95. Veintiún veces la menciona en sus

Poesías. Cf P 13.

(5) Cf Ms A 61vº. Teresa seguirá el ejemplo de Cecilia llevando

constantemente el Evangelio sobre su corazón.

(6) En estos once versos condensa Teresa lo esencial de la iniciación

cristiana.

(7) Estas palabras del ángel desarrollan una idea muy querida de Teresa, la

de la superioridad del hombre sobre el ángel (P 7,9,1; P 8,2,2; Cta 83; RP

2, final, nota; RP 5,1rº; CA 16.8.4); de ahí una cierta envidia en los

ángeles.

(8) Esta pincelada delicada y muy teresiana precisa la índole específica del

apostolado de Cecilia y Valeriano: al elegir la castidad perfecta, engendran


 

 

espiritualmente una posteridad a imagen de sí mismos, enamorada de la

virginidad (cf la exclamación de Teresa en el borrador de PN 26: Poésies

II. p. 178).

(9) Estos cuatro últimos versos datan sin duda de mayo de 1897.

 

 

 

P 3 CÁNTICO PARA OBTENER LA CANONIZACIÓN DE LA

VENERABLE JUANA DE ARCO

 

1 Dios vencedor, tu Iglesia, toda entera,

rendir pronto quisiera honor en los altares

a una virgen y mártir, a una niña guerrera,

cuyo nombre resuena ya en el cielo.

Estrib. 1 Por tu poder,

¡oh Rey del cielo!,

dale a Juana de Francia }

aureola y altar. } bis

2 Para salvar a Francia, a la Francia culpable,

no desea tu Iglesia ningún conquistador.

A Francia solamente Juana puede salvarla:

¡todos los héroes juntos pesan menos que un mártir!

3 Juana es obra maestra de tus manos, Señor.

Un corazón de fuego y un alma de guerrero

diste a la virgen tímida,

coronando su frente de lirio y de laurel.

4 En su humilde pradera oyó voces del cielo

que a los campos de lucha la llamaban.

Partió rápidamente para salvar la patria,

y, tierna jovencita, a soldados mandó.

5 De los fieros guerreros Juana ganó las almas:

el resplandor divino de este ángel de los cielos

y su mirada pura y su palabra en llamas

hicieron que las frentes atrevidas

al suelo se inclinaran.

6 Por un prodigio,entonces, que es único en la historia,

un monarca cobarde y tembloroso

reconquistó su gloria y su corona

valiéndose del brazo de una débil doncella.

7 Mas no son éstas las victorias grandes

que de Juana hoy queremos celebrar;

la verdaderas glorias que en ella celebramos

son y serán por siempre, ¡oh Dios!,

sus virtudes, su amor.


 

 

 

8 Salvó a Francia en los campos de batalla,

mas su grandes virtudes

necesitaban el divino sello

del sufrimiento amargo,

que fue el sello bendito de su Esposo, Jesús.

9 Sobre la pira en llamas sacrificó su vida,

y en aquel mismo instante

ella escuchó las voces de los santos,

abandonó el destierro por la Patria,

el ángel salvador se remontó a los cielos...

10 Tú eres, pura doncella, nuestra dulce esperanza,

escucha nuestras voces, ven de nuevo a nosotros.

Baja y convierte a Francia,

y por segunda vez ven a salvarla.

Estrib. 2 Por el poder

del Dios de las victorias,

¡salva, salva a tu Francia, }

ángel libertador! } bis

11 Hija de Dios, bellos fueron tus pasos,

arrojando al inglés de tu nación.

Mas no eches en olvido

que en los días primeros de tu infancia

te dedicabas a cuidar corderos.

Estrib. 3 Sé tú la defensora

de los que nada pueden,

conserva la inocencia }

en las cándidas almas }

de los niños. } bis

12 Tuyos, ¡oh dulce mártir!, son nuestros monasterios,

tú sabes que las vírgenes hermanas tuyas son;

y sabes que el objeto de sus ruegos

es, como fue el objeto de los tuyos,

ver que en todas las almas reina Dios.

Estrib. 4 Salvar las almas

es su deseo,

de apóstol mártir }

dales tu llama. } bis

13 Muy lejos de nosotros huirán temor y miedo

cuando la Iglesia ensalce la figura

de Juana, nuestra Santa,

coronando su frente, limpia y pura.

Entonces cantaremos:

Estrib. 5 En ti tenemos puesta

toda nuestra esperanza.


 

 

¡Oh, ruega por nosotros, }

santa Juana de Francia! } bis

 

NOTAS P 3 - CÁNTICO PARA OBTENER LA CANONIZACIÓN DE LA

VENERABLE JUANA DE ARCO

Fecha: 8 de mayo de 1894. - Compuesto para sí misma y dedicado a

Celina. - Publicación: HA 98 (quince versos corregidos). - Melodía: Pitié,

mon Dieu.

Poesía patriótica y religiosa en la que la expresión es casi trivial. Teresa

pone el acento en las virtudes cristianas y profundas de su heroína. En

algunas estrofas reúne los principales temas de sus dos obras teatrales

dedicadas a Juana de Arco: la vocación (estr. 3 y 4), tema de RP 1 (21 de

enero de 1894); la misión y la pasión (estr. 5-6 y 8-9), tema de RP 3 (21 de

enero de 1895), y la misión póstuma (estr. 10-11). La estrofa 3 recoge una

estrofa de RP 1, 5rº. Sobre las circunstancias de esta composición, véanse

las introducciones a estas dos Recreaciones.

Del entusiasmo de Teresa nos ofrecen variados matices los títulos que ella

misma puso en la copia original de su cántico - «Un soldado francés,

defensor de la Iglesia y admirador de Juana de Arco»-, que dedica a su

hermana, el «Valeroso caballero C. Martin».

 

 

 

P 4 MI CANTO DE HOY

 

1 Mi vida es un instante(1), una efímera hora,

momento que se evade y que huye veloz.

Para amarte, Dios mío, en esta pobre tierra

no tengo más que un día:

¡sólo el día de hoy!

2 ¡Oh, Jesús, yo te amo! A ti tiende mi alma.

Sé por un solo día mi dulce protección,

ven y reina en mi pecho, ábreme tu sonrisa

¡nada más que por hoy!

3 ¿Qué me importa que en sombras esté envuelto el futuro?

Nada puedo pedirte, Señor, para mañana.

Conserva mi alma pura, cúbreme con tu sombra

¡nada más que por hoy!

4 Si pienso en el mañana, me asusta mi inconstancia(2),

siento nacer tristeza, tedio en mi corazón.

Pero acepto la prueba, acepto el sufrimiento

¡nada más que por hoy!

5 ¡Oh Piloto divino, cuya mano me guía!,

en la ribera eterna pronto te veré yo.


 

 

Por el mar borrascoso gobierna en paz mi barca

¡nada más que por hoy!

6 ¡Ah, deja que me esconda en tu faz adorable(3),

allí no oiré del mundo el inútil rumor.

Dame tu amor, Señor, consérvame en tu gracia

¡nada más que por hoy!

7 Cerca yo de tu pecho, olvidada de todo,

no temo ya, Dios mío, los miedos de la noche.

Hazme un sitio en tu pecho, un sitio, Jesús mío,

¡nada más que por hoy!

8 Pan vivo, Pan del cielo, divina Eucaristía,

¡conmovedor misterio que produjo el amor!

Ven y mora en mi pecho, Jesús, mi blanca hostia,

¡nada más que por hoy!

9 Uneme a ti, Dios mío, Viña santa y sagrada,

y mi débil sarmiento dará su fruto bueno,

y yo podré ofrecerte un racimo dorado(4),

¡oh Señor, desde hoy!

10 Es de amor el racimo, sus granos son las almas,

para formarlo un día tengo, que huye veloz.

¡Oh, dame, Jesús mío, el fuego de un apóstol

nada más que por hoy!

11 ¡Virgen inmaculada, oh tú, la dulce Estrella

que irradias a Jesús y obras con él mi unión!,

deja que yo me esconda bajo tu velo, Madre,

¡nada más que por hoy!

12 ¡Oh ángel de mi guarda, cúbreme con tus alas,

que iluminen tus fuegos mi peregrinación!

Ven y guía mis pasos, ayúdame, ángel mío,

¡nada más que por hoy!

13 A mi Jesús deseo ver sin velo, sin nubes.

Mientras tanto, aquí abajo muy cerca de él estoy.

Su adorable semblante se mantendrá escondido

¡nada más que por hoy!

14 Yo volaré muy pronto para ensalzar sus glorias,

cuando el día sin noche se abra a mi corazón.

Entonces, con la lira de los ángeles puros,

¡yo cantaré el eterno, interminable hoy!

 

NOTAS P 4 - MI CANTO DE HOY

Fecha: 1 de junio de 1894. - Compuesto para: María del Sagrado Corazón,

a petición suya, para su santo. - Publicación: HA 98 (veintiún versos

corregidos). - Melodía: Himno a la Eucaristía «Dieu de paix et d'amour», o

bien Une religieuse à son crucifix.


 

 

Esta poesía nació de una conversación con María del Sagrado Corazón en

la primavera de 1894. Teresa expresa los pensamientos de ambas con

ocasión del onomástico de su hermana mayor. La imagen, la actitud del

alma, se va desarrollando de manera armoniosa y sin violencias a lo largo

de todo el poema: la de un ser débil que nada puede prometer ni pedir

para mañana, pero que vive entregado totalmente a Dios, confiado en su

gracia. Esta poesía, de una gran riqueza, reúne como en un manojo varios

de los grandes temas preferidos de Teresa.

El lenguaje es sencillo, con imágenes que le son familiares a Teresa, y el

entusiasmo va creciendo poco a poco, conservando sin embargo su

sencillez, gracias al estribillo: «Nada más que por hoy». La última estrofa

es típicamente teresiana con su vuelo potente y definitivo.

Es innegable una tonalidad lamartiniana, que refleja los gustos de María

del Sagrado Corazón. Pero a la observación negativa del poeta: «Sólo

tenemos el día de hoy» (L'Homme), Teresa responde de forma positiva:

«Lo que cuenta para nosotras es el día de hoy», ese día de hoy que nos

trae su gracia. Hay que subrayar la coherencia de esta poesía con toda la

vida de Teresa (cf Cta 89, 96, 169, 241 y CA 19.8.10).

Además de Lamartine, puede notarse también el parentesco con una hoja,

«Mi hoy», que Teresa conservaba en un libro de uso corriente. Pero el

enfoque supera aquí la perspectiva de paciencia en el sufrimiento a que se

limita el texto de esa hoja.

 

(1) Palabra muy teresiana, que encontramos ciento diez veces en sus

escritos.

(2) Unica vez que aparece en Teresa.

(3) Este versículo bíblico (Sal 30,21) volverá a repetirse cuatro veces más

en las Poesías (PN 11,3; 12,8; 16,1; 20,5 = P 12,5) y lo elegirán para el

recordatorio del señor Martin.

(4) Cf P 36,8+.

(5) Acerca de María como Estrella, cf RP 1,11rº/vº; RP 3,12vº; Ms A 85vº+.

 

 

P 5 CANTO DE GRATITUD A LA VIRGEN DEL CARMEN

 

1 Desde el primer instante de mi vida

me tomaste en tus brazos,

y desde aquel momento,

amada Madre mía,

me das tu protección aquí en la tierra.

Para guardar intacta mi inocencia,

me escondiste en un blando y dulce nido,

custodiaste mi infancia


 

 

a la sombra bendita

de un retirado claustro.

2 Y más tarde, al llegar

mi juventud a sus primeros días,

escuché la llamada de Jesús.

Me mostraste el Carmelo

con ternura inefable.

«Ven a inmolarte por tu Salvador

-me decías entonces con dulzura-.

Cerca de mí te sentirás dichosa,

ven a inmolarte con tu Salvador».

........................................

3 Cerca de ti, oh tierna Madre mía,

he encontrado la paz del corazón;

en esta tierra nada más deseo,

sólo Jesús es toda mi ventura.

Si alguna vez me asaltan

la tristeza o el miedo,

en mi debilidad tú me sostienes

y siempre, Madre mía, me bendices.

4 Otórgame la gracia

de mantenerme fiel

a mi divino Esposo,

Jesús.

Para que un día

su dulce voz yo escuche,

cuando a volar me invite y a sentarme

entre sus elegidos.

Entonces ya no habrá

ni más destierro ni más sufrimiento.

Ya en el cielo,

yo volveré a cantarte

mi amor y gratitud,

amable y dulce Reina del Carmelo.

16 de julio de 1894

 

NOTAS P 5 - CANTO DE GRATITUD A LA VÍRGEN DEL CARMEN

Fecha: 16 de julio de 1894. - Compuesta para: sor Marta de Jesús, con

motivo de sus veintinueve años. - Publicación: Poésies, 1979.

Unos versos sencillos, cuyo interés es más histórico que poético. Destacan

la delicadeza de Teresa para con su novicia (huérfana desde los ocho

años) y nos ofrecen mas información acerca de la personalidad de ésta

última que acerca de la vida mariana de la autora. Notemos, no obstante

que ya aquí María aparece como «más Madre que Reina».


 

 

 

 

 

P 6 PLEGARIA DE LA HIJA DE UN SANTO

 

1 Recuerda que en la tierra, en otro tiempo,

en querernos cifrabas tu delicia.

Dígnate ahora oír nuestra plegaria,

protégenos, y sigue bendiciéndonos.

Hoy vuelves a encontrar allá arriba, en el cielo,

a nuestra amada madre(1),

que hace tiempo llegó a la patria santa.

Allí reináis los dos(2).

Velad por vuestras hijas.

2 Acuérdate de tu María ardiente(3),

de tu fiel corazón la más querida.

Recuerda que su amor

llenó toda tu vida de encanto, gozo y gracia.

Por Dio s tú renunciaste a su dulce presencia,

y bendijiste la divina mano

que el sufrimiento en pago te ofrecía.

De tu Diamante(4) bello,

cuyos reflejos cada vez más brillan,

¡acuérdate!

3 Acuérdate de tu maravillosa Perla fina(5),

a quien tú conociste

tierno, débil y tímido cordero.

Mírale ahora fuerte, divinamente fuerte,

y conduciendo del Carmelo santo

al pequeño rebaño(6).

Hoy es ella la madre de tus hijas,

ven y conduce a la que tanto quieres...

Y, sin dejar el cielo,

de tu amado Carmelo

¡acuérdate!

4 Acuérdate de la oración ferviente

que un día formulaste por tu tercera hija(7).

¡Dios la escuchó!

Ella es, igual que sus hermanas,

un lirio que brilla sin igual.

Ya la Visitación la esconde y cela

a los ojos del mundo y su malicia.

Ama al Señor, y ya su paz la inunda,

su dulce paz y su quietud divina.

De sus ardientes


 

 

 

suspiros y deseos

¡acuérdate!

5 Acuérdate de tu leal Celina,

de la que fue tu ángel, como un ángel del cielo(8)

cuando en tu rostro de elegido insigne

se posó la mirada de la faz divina <9 y 10>.

Tú reinas ya en el cielo...,

su tarea a tu lado está cumplida,

y ahora (11) a Jesús consagra ella gozosa

su servicio, su amor, toda su vida.

Protege a tu hija,

que con frecuencia dice:

¡acuérdate!

6 Acuérdate también de tu Reinecita,

de la que fue «la Huérfana de la Bérézina» (12).

Recuerda que tu mano

en su camino incierto le fue guía.

Recuerda que en las horas de su infancia

para Dios conservaba su alma limpia.

De sus bucles de oro

que encantaban tus ojos,

¡acuérdate!

7 Recuerda que en la paz del mirador (13)

gustabas de sentarla en tus rodillas,

y en ellas, murmurando una plegaria,

con tus dulces canciones la mecías.

En tu rostro un reflejo del cielo ella veía

cuando, al mirar tus ojos

en el lejano espacio se perdían...

y de la eternidad

cantabas la belleza.

¡Acuérdate!

8 Recuerda aquel domingo luminoso:

unida a ti tu Reina,

en apretado y paternal abrazo,

le diste aquella florecilla blanca,

y con ella, el permiso de volar al Carmelo.

Recuerda, ¡oh padre!, que en sus grandes pruebas,

del más sincero amor pruebas le diste.

En Bayeux, luego en Roma,

le mostraste los cielos.

¡Acuérdate!

9 Recuerda que la mano del Santo Padre, en Roma,

sobre tu noble frente se posó;


 

 

mas no pudiste comprender entonces

el oscuro misterio doloroso

que aquel sello divino en ti imprimía...

Ahora tus hijas te alzan su plegaria,

y bendices tu cruz y tu dolor amargo.

En tu frente gloriosa

nueve rayos de cielo se iluminan,

¡nueve lirios (14) en flor!

 

NOTAS P 6 - PLEGARIA DE LA HIJA DE UN SANTO

Fecha: agosto de 1894. - Compuesta para: ella misma, en recuerdo de su

padre (fallecido el 29 de julio). - Publicación: HA 98 (veinticinco versos

corregidos). - Melodía: Rappelle-toi.

Primera poesía de Teresa para su uso personal y exclusivo. Durante las

semanas que siguen a la muerte de su padre, hay un largo fluir de

recuerdos, en medio de una gran paz (cf Cta 170). Teresa se encuentra

con él en la oración y va hojeando con él el álbum familiar.

»Recuerda», «Acuérdate» es un término importante en su vocabulario,

expresión de un temperamento apto para grabarlo todo de manera

indeleble.

En esta poesía histórico-biográfica, pequeño exvoto en el santuario

familiar, Teresa dedica una estrofa a los papás Martin, otra a cada una de

las cuatro hijas, otra a sí misma, y termina con la pasión y la glorificación

del señor Martin. No se trata de una simple evocación. el recuerdo se

desdobla ya en una interpretación, como volverá a hacerlo pronto en su

primer Manuscrito.

La desafortunada falta de sintaxis (se rappeller de), que irá repitiendo

hasta el final, desfigura algunos versos [en el original francés,

naturalmente]. En cambio, apenas hay «escoria» en esta meditación lírica,

que fluye con soltura.

Un año más tarde, Teresa retomará la misma melodía y la misma métrica

para un gran poema contemplativo en el que recuerda a Jesús todo lo que

él ha hecho por ella (P 15).

 

(1) La señora de Martin había fallecido diez y siete años antes, el 28 de

agosto de 1877.

(2) Sobre la certeza que tiene Teresa de que su padre está en el cielo, cf

Ms A 82vº.

(3) Que María, la hermana mayor, sea la preferida de su padre no es un

secreto para ninguna de sus hermanas.

(4) Sobrenombre que el señor Martin daba a María y que Teresa usa con

frecuencia en las cartas que escribe a su padre.

(5) Sobrenombre que el señor Martin daba a Paulina.

(6) Inés había sido elegida priora el 20 de febrero de 1893.


 

 

(7) Leonia, entonces en la Visitación de Caen.

(8) Cf Cta 142, 161, 165 y Ms A 82rº.

(9) Para Teresa, el sufrimiento nace de una «elección gloriosa», de una

mirada de la Santa Faz a una persona, una «mirada velada» (Cta 120,

127, 134, 140; Or 12), que imprime en ella la imagen del Siervo sufriente.

(10) [En el original francés, «glorieux»] que en el Ms A se aplica cuatro

veces a la enfermedad del señor Martin (20vº, 21rº, 49vº, 73rº; cf Cta 83 y

CA 27.5.6).

(11) Así pues, la decisión está tomada: Celina entrará en el Carmelo un mes

más tarde: el 14 de septiembre.

(12) Dos sobrenombres que el señor Martin daba a Teresa.

(13) El mirador de los Buissonnets; cf Ms A 18rº y P 11, estr. 12 y 13.

(14) Dado que el cabeza de familia está ya en la gloria, todos los miembros

de la misma están también potencialmente allí (cf Cta 173).

 

 


 
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