Sta. Teresita de Lisieux

Oraciones 8 a 21

 

 

Or 8 [Oración para el abate Bellière]

 

J.M.J.T.

Jesús mío, te doy gracias por haber colmado uno de mis mayores deseos:

el de tener un hermano sacerdote y apóstol...

Me siento sumamente indigna de este favor; sin embargo, ya que has

querido concederle a tu pobre y humilde esposa la gracia de trabajar de

manera especial por la santificación de un alma destinada al sacerdocio, te

ofrezco por ella, muy contenta, todas<1> las oraciones y los sacrificios de

que puedo disponer; te pido, Dios mío, que no mires a lo que soy, sino a

los que debiera y quisiera ser, es decir una religiosa totalmente abrasada

en tu amor<2>.

Tú sabes, Señor, que mi única ambición es hacerte conocer y amar, y

ahora mi deseo se va convertir en realidad. Yo no puedo hacer más que

orar y sufrir, pero el alma a la que te has dignado unirme con los lazos de

la caridad irá a combatir a la llanura para conquistarte corazones, mientras

yo, en la montaña del Carmelo, te pediré que le des la victoria.

Divino Jesús, escucha la oración que te dirijo por el que quiere ser tu

misionero, guárdale en medio de los peligros del mundo<3>, y hazle sentir

cada día más la vanidad y la nada de las cosas pasajeras y la dicha de

saber despreciarlas por tu amor. Que su sublime apostolado se ejerza ya

desde ahora sobre los que lo rodean, y que sea un apóstol digno de tu

Sagrado Corazón<4>...

¡María, dulce Reina del Carmelo!, a ti te confío el alma de este futuro

sacerdote cuya indigna hermanita soy. Enséñale ya desde ahora con

cuánto amor tocabas tú al divino Niño Jesús y lo envolvías en pañales<5>,

para que él pueda un día subir al altar santo y llevar en sus manos al Rey

de los cielos.

Te pido también que lo guardes siempre a la sombra de tu manto virginal,

hasta el momento feliz en que, dejando este valle de lágrimas<5>, puede

contemplar tu esplendor y gozar por toda la eternidad de los frutos de su

glorioso apostolado...

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 

NOTAS Or 8 - ORACIÓN PARA EL ABATE BELLIÈRE

Doc.: autógrafo. - Fecha.: entre el 17 y el 21 de octubre de 1895. -

Compuesto para: Mauricio Bellière, seminarista. - Publ.: HA 53, pp. s.

Teresa compuso esta oración de manera espontánea, dedicándosela a su

nuevo hermano espiritual,que le había encomendado la madre Inés en

octubre de 1895 (cf Ms C 31vº s). Esta adjuntó la oración de Teresa a su

respuesta afirmativa al seminarista.


 

 

 

<1> El subrayado de «todas» responde a la petición del seminarista. Para

entender adecuadamente el sentido de esta ofrenda exclusiva, véase el

relato de Teresa, Ms C 33vº.

<2> Esta es la oración que Teresa pedirá a su hermano que haga por ella,

cf Cta 220.

<3> Los del cuartel sobre todo, cuando las «huellas de una vida ligera» aún

no se han borrado de la mente del joven, como acaba de escribirlo.

<4> Una devoción predilecta de M. Bellière, que añade tras su firma:

«Guardia de Honor del Sagrado Corazón».

<5> Reminiscencia de la oración de Teresa Durnerin, cf Cta 101 y RP 2,

nota 25.

<6> Reminiscencia de la Salve Regina.

 

 

Or 9 [Oración de Celina y de Teresa]

 

»Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para

pedir algo, mi Padre del cielo se lo concederá. Porque donde dos o tres

están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

San Mateo, c. 18, vv. 19-20.

Dios mío, te pedimos que tus dos lirios nunca estén separados en la tierra

<1>. Que juntas<2> os consuelen del poco amor que encuentras en este

valle de lágrimas, y que por toda la eternidad sus corolas brillen con un

mismo resplandor y derramen el mismo perfume cuando se inclinen hacia

ti.

Celina y Teresa

Recuerdo de la noche de Navidad de 1895

 

Or 9 - ORACIÓN DE CELINA Y DE TERESA

Doc.: autógrafo. - Fecha: Navidad de 1895. - Compuesto para: sor

Genoveva. - Publ.: Lettres 1948, p. 305.

Es texto se encuentra al dorso de una estampa con orla de encaje que

representa a un Niño Jesús segando lirios; debajo del grabado, este texto

impreso: «Dichoso el lirio que llegue sin mancha a la hora de la siega, su

blancura brillará eternamente en el paraíso». Bajo dos lirios segados se

lee: «Teresa» y «Celina», de mano de sor Genoveva (después del

30/9/1897). Esta estampa iba a ser colocada en la sandalia de la novicia la

noche de Navidad. Este gesto tan sencillo quiere subrayar que Teresa está

presente y vigilante en su afecto fraternal en medio de las dificultades que

sor Genoveva está encontrando para ser admitida a la profesión; cf

Prières, pp. 110-111.


 

 

<1> Recordemos el pensamiento de Teresa a este respecto en Ms A 82rº y

CA 16.7.2.

<2> Esta palabra es el centro de la oración, ya que traduce la intimidad de

las dos hermanas, especialmente en los últimos ocho años; cf CG, p. 223 y

1364; Ms A 47vº y Ms C 8vº. Para el símbolo de la flor, cf Cta 134.

 

 

 

Or 10 [Ofrenda del día]

 

Dios mío, te ofrezco todas las acciones que hoy realice por las intenciones

<1> del Sagrado Corazón y para su gloria. Quiero santificar los latidos de mi

corazón, mis pensamiento y mis obras más sencillas uniéndolo todo a sus

méritos infinitos, y reparar mis faltas arrojándolas al horno ardiente de su

amor misericordioso<2>.

Dios mío, te pido para mí y para todos mis seres queridos la gracia de

cumplir con toda perfección tu voluntad y aceptar por tu amor las alegrías y

lo sufrimientos de esta vida pasajera, para que un día podamos reunirnos

en el cielo por toda la eternidad. Amén.

 

NOTAS Or 10 - OFRENDA DEL DÍA

Doc.: copia MSC. - Fecha: 1895 (?). - Compuesta para: Edith de Mesmay.

- Publ.: NS 1927, p. 212s.

Esta oración fue compuesta «para una persona del mundo», Edith de

Mesmay (1860-1927), que nació en La Porte de Sainte Gemme, amiga

predilecta de María Martin en el internado de la Visitación de Le Mans. Se

puede tener por seguro que María del Sagrado Corazón pidió a Teresa

esta oración para su amiga Edith. Como antiguas alumnas de la Visitación,

las dos tenían en común una gran devoción al Sagrado Corazón.

 

<1> No se debe excluir que Teresa utilice un matiz entre orar «a intención

de alguien», es decir, en favor de ese persona (Cta 226) y orar «por las

intenciones « de alguien, es decir con ella, identificándose con sus

preocupaciones y sus ilusiones, como en el caso presente. Los libros de

oraciones de esa época recogen un buen número de fórmulas de ofrenda

de día en unión al Sagrado Corazón.

<2> Un eco del Acto de Ofrenda (Or 6). Las semejanzas de las expresión

permiten proponer la fecha del segundo semestre de 1895 para esta Or

10.

 

 

 

Or 11 Que yo me parezca a ti

 

Haz que yo me parezca a ti


 

 

(Viñeta

de la

Santa Faz

de Tours)

¡Jesús...!

(que significa)

¡Haz que yo me parezca a ti, Jesús...!

 

 

 

NOTAS Or 11 - QUE YO ME PAREZCA A TI

Doc.: autógrafo. - Fecha: 1896 (?). - Publ.: DE, p, 517.

Pergamino (7/4'2 cm.) plegado a la mitad. En el interior, al lado izquierdo,

una viñeta de la Santa Faz de Tours. Texto: sobre la viñeta: «Haz que yo

me parezca a ti»; debajo: «¡Jesús...!». En el sobre en que se conserva,

Celina escribió tardíamente a lápiz: «Pergamino que Sta. Teresa del N. J.

llevaba, con otras oraciones, en una bolsita prendida sobre el pecho».

Teresa expresó muchas veces los deseos que le inspiraba la

contemplación de la Santa Faz (cf CA 5.8.9). Lo cantó en una de sus

poesías: «Mi cielo en la tierra» (P 12). Y lo repitió en sus oraciones

apasionadas (Or 12 y 16). Aquí lo resume todo en un grito de amor:

aspiración a la transformación perfecta en su Amado, a la configuración

con Jesús en su Pasión. Tenemos aquí algo así como la oración

intemporal y fundamental de «Teresa de la Santa Faz» (sobre la

«semejanza», cf Prières, p. 117).

 

 

 

Or 12 Consagración a la Santa Faz

 

Escóndeme, Señor, en el secreto de tu Rostro...

Sor C. Genoveva de Sta. T. - María de la Santa Faz.

Sor L. J. María de la Trinidad y de la Santa Faz.

Sor María F. T. del N. Jesús y de la Santa Faz<1>.

»Un poquito de este puro amor más provecho hace a la Iglesia que todas

esas obras juntas»<2>. «Pro eso es gran negocio ejercitar mucho el amor,

para que, comsumándose aquí el alma, no se detenga mucho acá o allá

sin verle cara a cara»<3>...

Consagración a la Santa Faz

¡Oh Faz adorable de Jesús!, ya que has querido elegir nuestras almas de

manera especial para entregarte a ellas, venimos a consagrarlas a ti... Nos

parece, Jesús, oír que nos dices: «Abridme, hermanas mías, esposas mías

queridísimas, que tengo la Faz cubierta de rocío y los cabellos del relente

de la noche». Nuestras almas comprenden tu lenguaje de amor, nosotras

queremos enjugar tu dulce Faz y consolarte del olvido de los malvados. A


 

 

sus ojos, tú estás todavía escondido, te consideran como objeto de

desprecio...

¡Oh Faz más bella que los lirios y las rosas de primavera<4>, tú no estás

escondida a nuestros ojos... Las lágrimas que velan tu mirada divina nos

parecen diamantes preciosos que queremos recoger para con su valor

infinito comprar las almas de nuestros hermanos.

De tu boca adorada hemos escuchado la amorosa queja. Y sabiendo que

la sed<5> que te consume es una sed de amor, quisiéramos, para poder

apagártela, poseer un amor infinito... Esposo amadísimo de nuestras

almas, si tuviésemos el amor de todos los corazones, todo ese amor sería

para ti... Pues bien, danos tu ese amor y ven a apagar tu sed en tus pobres

esposas...

Almas, Señor, tenemos necesidad de almas<6>..., sobre todo de almas de

apóstoles y de mártires, para que gracias a ellas podamos iluminar con tu

Amor a la multitud de los pobres pecadores.

¡Oh Faz adorable, lograremos alcanzar de ti esta gracia!

Olvidándonos de que estamos desterradas junto a los canales de

Babilonia, te cantaremos al oído las más dulces melodías, y como tú eres

la verdadera, la única Patria de nuestros corazones, esos nuestros cantos

no serán cantados en tierra extranjera.

¡Oh Faz adorada de jesús!, mientras esperamos en día eterno en que

contemplaremos tu gloria infinita, nuestro único deseo es hechizar tus

divinos ojos escondiendo también nosotras nuestro rostro para nadie aquí

en la tierra pueda reconocernos...

Tu mirada velada: he ahí nuestro cielo<7>, Jesús.

Firmado:

T. del N. Jesús y de la Santa Faz

M. de la Trinidad y de la Santa Faz

G de Sta. T. María de la Santa Faz

 

NOTAS Or 12 - CONSAGRACIÓN A LA SANTA FAZ

Doc.: autógrafo. - Fecha: 6 de agosto de 1896. - Compuesto para: ella

misma, sor Genoveva y sor María de la Trinidad. - Publ.: HA 98, pp. 160-

161, sin el rº; para éste último: Mss I, pp. 20s. - Las palabra en cursiva

fueron escritas por Teresa con tinta roja.

Esta oración fue compuesta para el 6 de agosto, fiesta de la

Transfiguración. Teresa eligió esta fecha para consagrarse solemnemente

a la «Faz adorable de Jesús» junto con sus compañeras de noviciado que

llevaban el nombre «de la Santa Faz». Una primera versión, con

importantes variantes aparece reproducida en Prières, pp. 124s. - La

oración está escrita al dorso de un cartoncito de 13 por 9 cm. En el

anverso, una reproducción de la Santa Faz de Tours, rodeada de tres

medallones ovales dispuestos en semi-corona, y dentro de ellos las

fotografías de las firmantes cuyos nombres se reproducen.


 

 

 

<1> Teresa pone las iniciales de los nombres de pila de cada una de ellas:

«C» para sor Genoveva (Celina); «L. J.» (Luisa Josefina) para María de la

Trinidad; «María F.» (María Francisca) para sí misma. Sor Genoveva de

Santa Teresa se llamaba originariamente «María de la Santa Faz» (cf Cta

174), y sor María de la Trinidad «María Inés de la Santa Faz» (cf PN 11 y

12). Esta última tenía desde la infancia una marcada devoción a la Santa

Faz. Teresa fue la primera carmelita de Lisieux que llevó el «título de

nobleza» (cf Cta 118) «de la Santa Faz», así como también el «del Niño

Jesús».

<2> SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual, B, 29,1. Es la primera vez

que esta cita aparece en los Escritos. Se repetirá en Ms B 4vº; Cta 221 y

245.

<3> ID., Llama de amor viva, canción 1, n. 28. (Teresa señalará este pasaje

con una cruz a lápiz, ya en la enfermería, en 1897; cf UC, pp. 419-420).

Hay que hacer notar que si Teresa no cita estas palabras del Santo hasta

1896-1897, sí las está viviendo ya desde hace años; cf CA 27.7.5.

<4> Teresa se inspira aquí en las Letanías de la Santa Faz: «¡Oh Faz

adorable, más fresca que las rosas de primavera!».

<5> Este versículo (Jn 19,28) está en el origen del ardor apostólico de

Teresa; cf Ms A 45vº, 46vº. Algunas semanas más tarde, en el Manuscrito

B (8/9/96), esta dimensión apostólica se expresará en su dimensión

universal. Cf también P 20+.

<6> La mayor parte de los libros de oraciones de Tours proponen un «Grito

de amor» en el que se lee: «¡Almas! ¡Almas! ¡Tenemos necesidad de

almas!».

<7> Este final es como un eco de P 12: Mi cielo en la tierra (12 de agosto de

1895) y de P 21: Mi cielo (7 de junio de 1896); entre estas dos poesías se

sitúa la entrada de Teresa en la noche de la fe.

 

 

 

Or 13 «Padre eterno, tu Hijo único»

 

Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá...

Padre eterno<1>, tu Hijo único, el dulce Niño Jesús, es mío, porque tú me

lo diste<2>. Te ofrezco los méritos infinitos de su divina infancia, y te pido

en su nombre que llames a las alegrías del cielo a innumerables falanges

de niñitos que sigan eternamente al divino Cordero.

 

NOTAS Or 13 a 16

Doc.: autógrafo. - Fecha: verano (?) de 1896. - Publ.: HA 07, p. 305 (Ora

13 y 15); HA 98, p. 260 (Ora 14 y 16).

Por exigencias del análisis, hemos separado estas cuatro oraciones (13 a

16) que Teresa había reunido en una misma estampa de su breviario. Para


 

 

ella, se trata de algo así como un carnet de identidad que resume su

nombre religioso. Las compuso para sí misma, sin duda durante el verano

de 1896. En el dorso de la cartulina (8'6/12'8cm) está pegada una imagen

del Jesús adolescente (4'9/6'5); en los dos ángulos superiores se

encuentra el texto del la Ora 13; abajo, el texto de Or 14. Al dorso, una

imagen de la Santa Faz (3'1/4'4) idéntica a la de Or 12. Arriba, en los

márgenes, el texto de Or 15; abajo, el texto de Or 16.

 

NOTAS Or 13 - PADRE ETERNO, TU HIJO ÚNICO

<1> Este calificativo es excepcional en Teresa (aquí y en Or 15); escribe

más bien «Padre celestial» (Cta 107 y 247; Ms C 34rº/vº), «Padre santo»

(Ms C 34vº), «Padre misericordioso» (Cta 220).

<2> Podemos pensar en san Juan de la Cruz y su Oración del alma

enamorada: «Míos son los cielos y mía es la tierra (...) Cristo es mío y todo

para mí». Escuchamos también un eco del Acto de Ofrenda, que Teresa

repita «con mucha frecuencia». Cf también Cta 137.

 

 

 

Or 14 [Al Niño Jesús]

 

Yo soy Jesús de Teresa<1>

¡Niñito Jesús<2>!, mi único tesoro, yo me abandono a tus divinos

caprichos, y no quiero otra alegría que la hacerte sonreír. Imprime en mí tu

gracia<3> y tus virtudes infantiles<4>, para que en el día de mi nacimiento

para el cielo<5> los ángeles y los santos reconozcan a mí a tu pequeña

esposa,

Teresa del Niño Jesús

 

NOTAS Or 14 - AL NIÑO JESÚS

<1> Es la respuesta del «niño» que un día encontró Teresa de Avila en un

claustro; cf OTILIO RODRIGUEZ, Leyenda áurea teresiana, Madrid,

Espiritualidad, 1970, p. 2.

<2> Teresa tiene ante los ojos un Niño Jesús de uno doce años. Con el

dedo índice izquierdo muestra su corazón y con el derecho apunta hacia el

cielo; este detalle conmueve a Teresa en plena prueba de la fe. Lo seguirá

teniendo ante los ojos en la enfermería; cf CA 25.7.4.

<3> Expresión sacada del Cántico espiritual: «Cuando tú me mirabas, / su

gracia en mí tus ojos imprimían...» Es sabido cuánto le gustaban a Teresa

estas estrofas (canciones 32, 33 y 36). Una vez más hay que señalar la

gran importancia de san Juan de la Cruz en el itinerario espiritual de

Teresa en este verano de 1896. Es ésta, en efecto, la cuarta vez que se

inspira en los pensamientos del Santo para actualizar imágenes del

breviario: Glosa a lo divino (P 19); Cta 188, estampa con una imagen del


 

 

Santo y varios pensamientos de él al dorso; la Consagración a la Santa

Faz (Or 12); y este registro.

<4> Tenemos que recordar que no se trata de ninguna clase de

amaneramiento, sino de esas «humilde virtudes» (PN 35,3) contrarias a la

virtud orgullosa proclamada por Lucifer poco antes (RP 7, El triunfo de la

humildad). Este texto -la Or 14- ocupa, entre las Oraciones, el lugar del

«niñito», o el del pajarillo» del Ms B, casi contemporáneo de aquél. Cf P 8,

nota 4.

<5> Es el «dies natalis» del Martirologio, cuya lectura en francés Teresa

escuchaba todas las noches en el refectorio. Y es éste el único lugar

donde habla de su muerte en estos términos.

 

 

 

Or 15 «Padre eterno, ya que me has dado»

 

»Así como en un reino con la efigie del príncipe se obtiene todo lo que se

desea, así también con la moneda preciosa de mi santa humanidad, que

es mi Faz adorable, obtendréis cuanto queráis<1>».

(N.S. a sor María de San Pedro)

Padre eterno, ya que me has dado por herencia la Faz adorable de tu

divino Hijo, yo te la ofrezco, y te pido, a cambio de esta Moneda

infinitamente preciosa, que olvides las ingratitudes de las almas que se

han consagrado a ti y que perdones a los pobres pecadores.

 

NOTAS Or 15 - PADRE NUESTRO, YA QUE ME HAS DADO

<1> Transcripción simplificada de unas palabras interiores que escuchó sor

María de San Pedro (el 28/10/1845), citadas en su Vie, p. 234, y que se

convirtieron en la séptimo de las «Promesas de Nuestro Señor» a quien

honrare su Santa Faz. Varias de las expresiones que utiliza Teresa en este

registro de su Breviario provienen de esta fuente («Padre eterno»,

imprimir... su divina semejanza»).

 

 

 

Or 16 [A la Santa Faz]

 

Yo soy Jesús de Teresa<1>

¡Oh Faz adorable de Jesús, única Hermosura que cautiva mi corazón!,

dígnate imprimir en mí tu divina semejanza, para que no puedas mirar el

alma de tu humilde esposa sin contemplarte a ti mismo<2>.

¡Oh Amado mío!, yo acepto, por tu amor, no ver aquí abajo la dulzura de tu

mirada ni sentir<3> el inefable beso de tu boca; pero te pido que me

abrases en tu amor, a fin de que me consuma rápidamente<4> y haga

aparecer pronto ante tu presencia a

Teresa de la Santa Faz


 

 

 

 

NOTAS Or 16 - A LA SANTA FAZ

<1> Teresa se apropia audazmente y hace una transposición de la palabra

que atañe a Jesús niño. Y de la anécdota pasa al misterio del nombre,

poniendo a la par las dos expresiones que forman su apellido: Teresa del

Niño Jesús y de la Santa Faz.

<2> Encontramos de nuevo el Cántico Espiritual, canción 36, explicación del

v. 2: «Que da tal manera esté yo transformada en tu hermosura, que,

siendo semejante en hermosura, nos veamos entrambos en tu hermosura,

teniendo ya tu misma hermosura...» (CB 36,5).

<3>  «No ver ... ni sentir»: actitud fundamental en Teresa, que se acentúa

todavía más con la prueba de Pascua de 1896. «Por amor» acepta verse

privada de las manifestaciones sensibles del amor.

<4> Expresión inspirada en san Juan de la Cruz, quien escribe no obstante:

«consumiéndose rápidamente» (cf Or 12).

 

 

 

Or 17 «Señor Dios de los ejércitos»

 

Oración inspirada por una estampa

que representa a la Venerable Juana de Arco

Señor Dios de los ejércitos, que nos dijiste en el Evangelio: «No he venido

a sembrar paz, sino espadas»<1>, ármame para la lucha. Ardo en deseos

de combatir por tu gloria, pero te pido que fortalezcas mi valor... Así podré

exclamar con el santo rey David: «Tú solo, Señor, eres mi escudo, tú

adiestras mis manos para el combate...»

 

¡Amado mío!, sé muy bien a qué combate me tienes destinada, y que no

es en los campos de batalla<2> donde tendré que luchar...Yo soy

prisionera de tu amor, voluntariamente he remachado la cadena que me

une a ti y que me separa para siempre del mundo que tú maldijiste<3>... Mi

espada no es otra que el Amor; con ella arrojaré del reino al extranjero y te

haré proclamar Rey de las almas<4> que no quieren someterse a tu divino

poder.

Es cierto, Señor, que no necesitas de un instrumento tan débil como yo;

pero, como dijo Juana, tu virginal y valiente esposa: «Para que Dios dé la

victoria, hay que luchar»<5>. Pues bien, Jesús mío, yo lucharé por tu amor

hasta la tarde de mi vida<6>. Puesto que tú no has querido gozar de

descanso en la tierra, yo quiero seguir tu ejemplo, esperando que así se

realice en mí aquella promesa que salió de tus divinos labios: «El que

quiera servirme, que me siga, y donde esté yo allí estará también mi

servidor, y mi Padre lo honrará».


 

 

Estar contigo, estar en ti, ése es mi único deseo...La certeza que tú me das

de que esto se realizará me hace soportar el destierro, a la espera del día

radiante del cara a cara eterno...

 

Ora 17 - SEÑOR DIOS DE LOS EJÉRCITOS

Doc.: CE II, 175rº/vº. - Fecha: 1896-1897. - Publ.: HA 07, pp. 306-307

(retocada); Prières 1988, p. 50s.

La crítica interna permite fechar esta oración durante el invierno de 1896-

1897 (cf Prières, pp. 133s). Durante este invierno, la tuberculosis avanza y

va minando las fuerzas de Teresa que presiente cercana su muerte.

Además, la atormentan las tentaciones contra la fe. En esta lucha solitaria,

vuelve los ojos hacia Juana de Arco. ¿A qué estampa de Juana de Arco se

refiere el título (que no es de Teresa, sino de la copia de los Procesos)?

Las palabras «prisionera» y cadena» inclinarían a pensar que se trata de

VTL nº 13, Juana (= Teresa) en la prisión.

 

<1> Cf BT, pp. 164s. El texto repetirá más adelante. «Mi espada». Sobre

esta imagen, puede verse el fascículo Mes Armes (1895), pp. 102 y 121s.

<2> Cf Ms B 2vº y Cta 224. La palabra «batalla» aparece 13 veces en los

Escritos, y se repite sobre todo en 1896-1897 (nueve veces).

<3> Unica vez que esta expresión aparece en la pluma de Teresa. Se trata

del «mundo» en sentido joánico (cf Jn 17).

<4> La misma idea en Cta 224, donde Teresa hace una transposición

explícita de la misión de Juana.

<5> Réplica histórica de Juana a los jueces durante su proceso.

<6> Cf la afirmación fuerte de Teresa en CA 9.8.1.

 

 

Or 18 Santos Inocentes y San Sebastián

 

¡Santos Inocentes<1>, que mi palma y mi corona se parezcan a las

vuestras!

¡San Sebastián<2>, alcánzame tu amor y tu valor, para que yo pueda

combatir como tú por la gloria de Dios...!

Glorioso soldado de Cristo<3>, tú que peleaste victoriosamente por la gloria

del Dios de los ejércitos y que alcanzaste la palma y la corona del martirio,

escucha mi secreto<4>: «Como el angelical Tarsicio<5>, yo también llevo al

Señor». No soy más que una niña, y sin embargo tengo que luchar

continuamente para conservar el Tesoro inestimable que se esconde en mi

alma...... Con frecuencia debo enrojecer con la sangre de mi corazón<6> la

arena del combate...

¡Poderoso guerrero!, sé tú mi protector, sosténme con tu brazo victorioso y

no temeré a las fuerzas enemigas. Con tu ayuda, lucharé hasta la tarde de


 

 

la vida. Entonces me presentarás a Jesús, y recibiré de su mano la palma

que tú me ayudaste a conquistar...

 

Or 18 – SANTOS INOCENTES Y SAN SEBASTIÁN

Doc.: autógrafo. - Fecha: finales de 1896-comienzos de 1897 (?).

Compuesto para: sor Genoveva. - Publ.: NV 1927, pp. 213s e HA 53, pp.

258s.

Estampa con orla de encaje (11'9/8'2 cm) que representa a un soldado

(«San Sebastián») prestando auxilio a Tarsicio, y dos angelitos («los

santos Inocentes») que presentan la palma y la corona. Arriba, se puede

ver un copón con una hostia resplandeciente y estos dos versos en el

grabado: «A este soldado valiente, cuyo corazón conoce, / dice el niño su

secreto: 'Llevo al Señor'». Esta oración fue compuesta para sor Genoveva

(tal vez para el primer aniversario de su profesión, el 24 de febrero de

1897).

 

<1> Sobre este tema, cf RP 2,2rº; RP 6,5rº y 9rº; Cta 182; P 28

(28/12/1896).

<2> Este santo tan popular es uno de los héroes de Fabiola, obra muy leída

en los Buissonnets. A partir de 1893, la madre Inés comparaba a Celina

con san Sebastián (a quien esta última tenía especial devoción). Teresa

incluye a este guerrero en el cortejo de honor de la profesión de Celina

(Cta 182). Ya en su lecho de muerte, el 20 de enero de 1959 (día de la

fiesta del santo), sor Genoveva cantará una vez más: «¡Oh gran san

Sebastián, a quien Dios no niega nada!».

<3> Cf P 31,5, compuesta en enero de 1897.

<4> Teresa retoma por su cuenta el texto impreso en el anverso de la

estampa.

<5> Adolescente de la iglesia de Roma que murió mártir (hacia el 225)

mientras llevaba la eucaristía en secreto a los cristianos presos: al tropezar

con unos paganos, se negó a entregársela y fue asesinado.

<6> Cf P36,23. En la estampa Teresa pintó más sangre de la que había en

el modelo. Toda esa frase tiene un alcance autobiográfico: también Teresa

lucha «hasta la sangre» contra la tentación; cf Or 19.

 

 

 

Or 19 [Acto de fe]

 

Dios mío, con la ayuda de tu gracia estoy dispuesta a derramar toda mi

sangre por profesar mi fe

(Otra lectura: por todos y cada uno de los artículos del Símbolo).

 

NOTAS Or 19 - ACTO DE FE


 

 

Doc.: autógrafo. - Fecha: junio-julio (?) 1897. - Publ.: Le Triomphe de

l'Humilité, p. 114.

Fecha propuesta de acuerdo a la caligrafía y al contenido. El original de

esta oración, escrita a lápiz, se encuentra en un trozo del margen de una

carta (2/9 cm. aproximadamente) , rasgado de manera irregular.

Desde Pascua de 1896, la fe de Teresa en la vida eterna está sometida a

una dura prueba. Durante los ejercicios espirituales del mes de octubre de

1896, se abre con el P. Godofredo Madelaine, quien le aconseja escribir el

Credo y llevarlo sobre su pecho. Entonces, Teresa escribe, con su propia

sangre, el Símbolo de los Apóstoles y lo pega al final de su evangelio.

En 1897, las tinieblas se hacen más espesas. El 9 de junio, escribe: «Creo

que he hecho más actos de fe de un año a esta parte que en toda mi vida.

Cada vez que se presenta el combate (...), corro hacia Jesús y le digo que

estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar

que existe un cielo» s C 7rº). Cf también CA 7.8.4 y UC, p. 449. Cf Prières,

p. 142.

La madre Inés manifestó a sor Luisa de Jesús (carmelita de Lisieux desde

1919 hasta 1982) que Teresa se sentía en ocasiones asaltada con tal

violencia por el espíritu de blasfemia, que se mordía con fuerza los labios

para no proferir las palabras blasfemas que muy a su pesar le venían a la

mente (tradición oral, DCL).

 

 

 

Or 20 Oración para alcanzar la humildad

 

16 de julio de 1897

¡Jesús!

Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: «Aprended

de mí, que soy manso y humilde de corazón<1>, y vuestra alma encontrará

descanso». Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su

descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo,

te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de

aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la

humildad: «Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros,

vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro...

Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica». Yo

comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde,

y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.

Quiero abajarme con humildad y someter mi voluntad a la de mis

hermanas, sin contradecirlas en nada y sin andar averiguando si tienen

derecho o no a mandarme<2>. Nadie, Amor mío, tenía ese derecho sobre

ti, y sin embargo obedeciste, no sólo a la Virgen Santísima y a san José,

sino hasta a tus mismos verdugos. Y ahora te veo colmar en la hostia la

medida de tus anonadamientos<3>. ¡Qué humildad la tuya, Rey de la


 

 

gloria, al someterte a todos tus sacerdotes, sin hacer alguna distinción

entre los que te amen y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu

servicio...! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la

hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz...

¡Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de

la blanca hostia! Para enseñarme la humildad, ya no puedes abajarte más.

Por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis

hermanas me pongan siempre en el último lugar y compartir tus

humillaciones, para «tener parte contigo» en el reino de los cielos.

Pero tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana tomo la resolución de

practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer

muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que

el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío,

fundar mi esperanza sólo en ti. Ya que tú lo puedes todo, haz que nazca

en mi alma la virtud<4> que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita

misericordia, te repetiré muchas veces: «¡Jesús manso y humilde de

corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!»

 

 

 

NOTAS Or 20 - ORACIÓN PARA ALCANZAR LA HUMILDAD

Doc.: CE II, 181vº/183rº. - Fecha: 16 de julio de 1897. - Compuesta para:

sor Marta. - Public.: HA 07, pp. 307-308 (retocada); Prières 1988, p. 53.

Esta oración fue compuesta para sor Marta de Jesús, con ocasión de sus

treinta años, el 17 de julio de 1897 (confirmado por la Cta 256). La

condición de conversa de esta última la expone a que cualquiera de las

hermanas le mande lo que sea, y su espíritu de contradicción le hace difícil

la obediencia. Por eso Teresa la invita a mirar a «Jesús, manso y humilde

de corazón». En esa época, Teresa no usa ya otro lenguaje con las

novicias, María de la Trinidad (Cta 264), María de la Eucaristía (UC, p.

698) y sobre todo sor Genoveva (Cta 243).

 

<1> Esta frase, que se repite por tres veces en la oración, ayudaba a vivir a

Teresa, especialmente en las últimas semanas (Cf CA 15.5.3).

<2> Im II,49,7 y CSG, p. 118.

<3> Unica vez que se emplea esta palabra en los Escritos.

<4> Cf CA 6.8.8 y 7.8.4.

 

 

Or 21 «Si yo fuese la Reina del cielo»

 

¡¡¡María, si yo fuese la Reina del cielo y tú fueras Teresa, quisiera ser

Teresa para que tu fueses la Reina del cielo...!!!

8 de septiembre de 1897.


 

 

NOTAS Or 21 - SI YO FUERA LA REINA DEL CIELO

Doc.: autógrafo. - Fecha: 8 de septiembre de 1897. - Publ.: fuera de texto,

HA 07, pp. 48-49 (facsímil retocado) ; Lettres 1948, pp. 438s.

Este 8 de septiembre es un día de calma momentánea y de tranquilidad

para Teresa, enferma; cf CA 8.9. Pide «volver a ver la imagen de Nuestra

Señora de las Victorias, a la que había pegado la florecita que le dio (su)

padre cuando le permitió entrar en el Carmelo» (sor Genoveva, PO, p.

309). Fue en esa ocasión cuando escribió al dorso, con mano temblorosa,

esta última Oración: «Fueron las últimas líneas que escribió en la tierra».

Esta Or 21, un poco alambicada a primera vista, y por tanto sorprendente

en Teresa, ha sido considerada como inspirada en estas palabras

atribuidas comúnmente a san Agustín: «Señor, mi alma se alegra

inmensamente cuando piensa que eres Dios; pero si, por un imposible,

pudiera darse que Agustín fuese Dios y que tú fueses Agustín, preferiría

que tú fueses Dios a que lo fuese Agustín». Esta anécdota la cuenta el P.

Ribadeneira en la Vie des saints et fêtes de toutte l'année. Había

costumbre de leer esta Vie des saints en el refectorio, en tiempos de

Teresa. Es probable que la madre Inés le haya vuelto a leer algo en la

enfermería para la fiesta de san Agustín, el 28 de agosto. Por otra parte,

esta Or 21 evoca una idea que le gustaba mucho a Teresa: «Querida

Virgen Santísima, me parece que yo soy más dichosa que tú, porque yo te

tengo a ti por Madre, mientras que tú no tienes a una Santísima Virgen a

quien amar» (Cta 137, del 19 de octubre de 1892, idea que se repite de

otra forma en CA 11.8.4). Hay ahí una especie de cambio de identidad,

expresado en un grito de amor.

 

 

 

FIN DE LAS ORACIONES


 
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